Por Canuto  

Meltem Demirors sostiene que Bitcoin creó el modelo de infraestructura que hoy impulsa la inteligencia artificial, pero que el mercado terminó valorando otro activo: la inteligencia. El desplazamiento de los mineros hacia la computación de alto rendimiento también plantea una inquietud concreta sobre la seguridad de la red.
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  • Meltem Demirors afirmó que Bitcoin ayudó a establecer la infraestructura energética y computacional que sostiene el auge de la IA.
  • La inversora considera que la inteligencia concentra ahora el interés de billones de dólares, mientras los mineros de Bitcoin buscan clientes de IA y computación de alto rendimiento.
  • El ajuste de dificultad permite que Bitcoin se adapte al traslado de poder de cómputo, aunque Demirors calificó el riesgo para la seguridad de la red como real y válido.


La tesis que cambió de protagonista

Meltem Demirors, inversora de larga trayectoria en el sector de las criptomonedas y fundadora de Crucible, revisó una tesis que había desarrollado seis años atrás sobre la convergencia entre energía, computación y dinero digital. Su conclusión actual es provocadora: Bitcoin habría acertado al anticipar la infraestructura del futuro, pero no al identificar cuál sería el producto más valioso construido sobre ella. La inteligencia artificial, según su lectura, terminó ocupando ese lugar.

Durante una entrevista con The Block el jueves, en el marco de la Avalanche Summit celebrada en Nueva York, Demirors afirmó que el desarrollo de la IA recibió un impulso indirecto del precedente establecido por Bitcoin. La inversora explicó que los mineros demostraron cómo convertir energía y capacidad computacional en una forma de dinero digitalmente escaso, un modelo que después ayudó a normalizar la construcción de grandes infraestructuras especializadas.

La idea no plantea que Bitcoin y la IA utilicen exactamente los mismos procesos ni que sus objetivos sean equivalentes. Su argumento se concentra en la economía física que ambos sectores comparten: acceso a electricidad, adquisición de hardware especializado, operación de centros de datos y búsqueda constante de mejores rendimientos por unidad de cómputo.

Demirors describió esa relación como una revisión de su propia tesis, no como un rechazo absoluto a Bitcoin. En su formulación, la infraestructura siguió un camino bastante cercano al que esperaba, mientras que el producto final que capturó la mayor atención del mercado resultó ser otro. Por eso resumió el cambio con una frase contundente: “Ahora resulta que Bitcoin era el token equivocado”.

La inteligencia como nuevo activo de interés

La inversora sostuvo que el mercado actual está fijando el precio de la inteligencia, una expresión con la que se refirió al valor económico de los sistemas de IA y de la capacidad necesaria para desarrollarlos. A su juicio, ese ámbito concentra billones de dólares de interés de capital, una escala que transforma la competencia por energía, chips, centros de datos y capacidad de procesamiento.

La afirmación no significa que exista un único token que represente toda la inteligencia artificial, ni que Demirors haya identificado un activo digital específico para ese mercado. Su punto es más amplio: la infraestructura que produce y comercializa capacidad de inteligencia está atrayendo capital con una fuerza que supera la narrativa original de convertir electricidad y cómputo en escasez monetaria.

La relación entre ambos sectores también aparece en la trayectoria de varias compañías que hoy ocupan posiciones relevantes en la construcción de infraestructura para IA. Demirors mencionó a CoreWeave, empresa que comenzó como una operación de minería de Ethereum, y a Crusoe, que en 2018 minaba Bitcoin utilizando energía procedente de gas natural quemado.

Esas historias ilustran cómo el conocimiento acumulado en la industria cripto puede trasladarse a otros mercados cuando cambian los incentivos. Según Demirors, el sector reunió una cantidad extraordinaria de experiencia, capacidad operativa y conocimiento práctico en energía y computación, elementos que ahora participan en la expansión de la inteligencia artificial.

El giro de los mineros y el riesgo para Bitcoin

El desplazamiento hacia la IA ya alcanzó a casi todos los mineros de Bitcoin que cotizan en bolsa, de acuerdo con la descripción de Demirors. Estas compañías están redirigiendo parte de su capacidad energética y de sus instalaciones hacia clientes de inteligencia artificial y computación de alto rendimiento, conocida como HPC por sus siglas en inglés.

El cambio responde a una diferencia de incentivos económicos, aunque la fuente no presentó cifras comparativas sobre ingresos o rentabilidad. Los operadores que pueden reutilizar su energía, sus terrenos y sus centros de datos para atender la demanda de IA encuentran una alternativa frente a depender exclusivamente de la minería de BTC, una actividad expuesta al precio del activo y a la competencia entre participantes.

Para Bitcoin, la consecuencia potencial es delicada porque la minería aporta el poder de cómputo que protege la red y valida sus transacciones. Demirors calificó el impacto sobre la seguridad como una “preocupación muy real y válida” y señaló que le resulta difícil nombrar a un solo minero de Bitcoin que no haya explorado o ejecutado un giro hacia la IA y la computación de alto rendimiento.

La advertencia, sin embargo, no equivale a una predicción de colapso. La red cuenta con un mecanismo de ajuste de dificultad que modifica las condiciones necesarias para minar nuevos bloques cuando cambia el poder de cómputo total, y Demirors considera que esa función puede ayudar a Bitcoin a absorber la salida de algunos operadores.

Una red que puede adaptarse, pero no ignorar la señal

Si una parte importante del poder de cómputo abandona la minería, el ajuste de dificultad puede mejorar la economía relativa de quienes permanecen en la red. En términos simples, una menor competencia computacional puede reducir la dificultad y permitir que los mineros restantes encuentren bloques bajo condiciones más favorables, aunque ese mecanismo no elimina todos los riesgos operativos o financieros.

La capacidad de adaptación ofrece a Bitcoin un amortiguador frente a la competencia de la IA, pero no resuelve automáticamente las preguntas sobre concentración. La red podría mantener su funcionamiento con menos participantes, mientras el debate sobre la distribución geográfica, empresarial y energética de la minería adquiere una importancia mayor.

El caso también revela una paradoja para la industria cripto: una infraestructura creada y perfeccionada alrededor de Bitcoin puede terminar alimentando una actividad que compite por los mismos recursos. Los centros de datos, la electricidad disponible y el hardware especializado no son infinitos, de modo que cada decisión de un operador puede afectar la capacidad de otro para sostener su modelo de negocio.

Demirors insistió en que una eventual debilidad de Bitcoin debería preocupar a toda la industria, no únicamente a los propietarios de BTC. Para ella, la principal criptomoneda funciona como un barómetro del sector y conserva un papel central incluso cuando el capital, los mineros y la atención tecnológica se trasladan hacia la inteligencia artificial.

Su diagnóstico deja una tensión abierta: Bitcoin puede haber construido parte del camino hacia la economía de la IA, pero ahora debe competir con ella por la energía y el cómputo que sostienen su propia seguridad. El ajuste de dificultad ofrece una respuesta técnica, aunque la evolución del mercado determinará si resulta suficiente frente a la escala de la nueva demanda.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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