Por Canuto  

El fundador de Curve Finance, Michael Egorov, asegura que la presión regulatoria de la FATF podría empujar a los protocolos DeFi hacia una mayor descentralización y seguridad, al tiempo que critica la aplicación actual de las normas AML al sector.

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  • Egorov ve una oportunidad: la presión de la FATF podría forzar a los protocolos a eliminar acceso privilegiado, riesgos de actualización y la capacidad de interferir con fondos de usuarios.
  • Control real vs. etiquetas: para el fundador de Curve, los reguladores deben evaluar primero qué puede hacer técnicamente un protocolo, y no solo la identidad de sus desarrolladores.
  • Brecha global: 132 de 143 jurisdicciones aún no aplican la Recomendación 15 a DeFi, y solo 2 de 142 han licenciado un acuerdo DeFi.

 


 

El fundador de Curve Finance, Michael Egorov, cree que la presión regulatoria de la Financial Action Task Force (FATF) podría empujar a los protocolos de finanzas descentralizadas hacia una mayor descentralización y una seguridad más sólida.

La declaración llega después de que la FATF publicara en julio un informe sobre cómo aplicar sus estándares contra el lavado de dinero (AML) a DeFi, y mientras Egorov critica la forma en que las reglas se están aplicando al sector.

Cuanto más minimiza un protocolo el acceso privilegiado, elimina los riesgos de actualización y elimina la capacidad de cualquier parte de interferir con los fondos de los usuarios, más sólido es el caso que puede presentar en términos de seguridad”, dijo Egorov en una entrevista con The Block. Sus comentarios siguieron al informe del 21 de julio, que se centró en si una persona o entidad tiene “control o influencia suficiente” sobre un acuerdo DeFi, más que en si el protocolo se describe a sí mismo como descentralizado.

El informe de FATF establece que la infraestructura blockchain, el software de código abierto y los contratos inteligentes no determinan por sí mismos si se aplican requisitos AML/CFT. En cambio, los reguladores deberían examinar las estructuras de gobernanza, operativas y económicas para identificar quién ejerce control, considerando factores como la capacidad de cambiar parámetros del protocolo, actualizar contratos inteligentes o gestionar el acceso a funciones con permisos.

Egorov propone que los reguladores primero establezcan qué puede hacer técnicamente un protocolo antes de determinar quién lo controla. “Si la gobernanza no puede tocar los fondos de los usuarios, ¿por qué siquiera profundizar para descubrir qué tan descentralizada es esa gobernanza?”, cuestionó, y agregó que la capacidad de redirigir fondos de clientes debería tener más peso que la identidad de los desarrolladores.

El fundador de Curve también distinguió entre protocolos descentralizados y aquellos que llama “CeDeFi”, donde se retienen puntos de control centralizados y que podrían enfrentar mayor escrutinio. Mientras tanto, el informe de FATF subraya que las instituciones financieras y los proveedores de servicios de activos virtuales (VASP) que interactúan con DeFi deben evaluar estructuras de gobernanza y salvaguardas AML/CFT, con diligencia debida para exposiciones de alto riesgo.

Sin embargo, la implementación global sigue siendo muy desigual. Según el informe, 132 de 143 jurisdicciones que reportaron no habían aplicado la Recomendación 15 a los acuerdos DeFi que califican, y solo dos de 142 reportaron haber otorgado licencias o registrado un acuerdo. La FATF atribuyó las dificultades a la naturaleza global de DeFi, la falta de anclas jurisdiccionales claras y la limitada experiencia técnica de los supervisores.

El debate sobre el control: quién decide en DeFi

La posición central de Egorov es que los reguladores deben enfocarse en lo que los contratos inteligentes realmente permiten, y no en la identidad de quienes escriben el código o mantienen los front-ends. “Los front-ends, los equipos de desarrollo y la gobernanza pueden cambiar con el tiempo, pero la arquitectura de los contratos inteligentes determina lo que realmente es posible”, afirmó, calificando esa medida como “la más objetiva”.

Para Egorov, un protocolo es menos descentralizado cuando los fondos de los usuarios pueden ser redirigidos mediante una cuenta multisig o una cuenta de propiedad externa, y la capacidad de actualización de los contratos inteligentes es otro factor clave. Si la gobernanza puede introducir cambios que permitan redirigir fondos, entonces los reguladores deberían examinar la distribución del poder de voto, señaló.

La FATF también enumeró indicadores como la propiedad concentrada de la gobernanza, los derechos de propuesta y los poderes de veto, aunque aclaró que no son exhaustivos y no deben aplicarse como una lista de verificación rígida. El organismo divide los acuerdos DeFi en tres categorías: los que tienen controladores identificables, los que tienen controladores no identificables y los verdaderamente descentralizados, que quedan fuera del alcance directo de los estándares.

Egorov insistió en que la presencia de un equipo de desarrollo por sí sola no debería establecer control. “Escribir código y mantener software no se traduce automáticamente en tener control directo sobre el protocolo”, dijo, y precisó que su papel se vuelve relevante cuando tiene influencia en la gobernanza o puede actualizar contratos inteligentes mediante mecanismos de emergencia.

Presión regulatoria: ¿una oportunidad para DeFi?

El fundador de Curve no cree que las reglas AML/CFT actuales sean eficientes para DeFi, pero sí ve un efecto colateral positivo: la presión regulatoria podría empujar a los protocolos a ser más seguros y descentralizados. “Creo que este tipo de presión de los reguladores puede, irónicamente, obligar a DeFi a ser más seguro de lo que es”, declaró.

Egorov diferenciar entre protocolos descentralizados y lo que llamó “CeDeFi”, que retienen puntos de control centralizados y, por tanto, podrían enfrentar un mayor escrutinio. Para él, la clave está en que los reguladores tomen en cuenta las diferencias técnicas de DeFi al diseñar reglas, y no copien directamente las normas de las finanzas tradicionales.

“Si las reglas de las finanzas tradicionales simplemente se copian a DeFi, el resultado sería en gran medida negativo”, advirtió Egorov. “En DeFi, los mecanismos y los riesgos funcionan de manera muy diferente”, agregó, insistiendo en que la evaluación debería basarse en la capacidad técnica del protocolo antes que en la identidad de sus controladores.

El informe de FATF no es vinculante, pero se espera que influya en la legislación nacional, las decisiones de supervisión y el proceso de evaluación mutua de los países miembros. El siguiente paso será observar si los reguladores adoptan un enfoque flexible o si, como teme Egorov, imponen un modelo rígido que ignore la naturaleza descentralizada de muchos protocolos.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA.

 


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