El método MASS de Sakana AI y UC Berkeley eleva el rendimiento de un modelo en varias pruebas y mejora su capacidad de evaluación. Sin embargo, los investigadores advierten que un mismo punto ciego en el sistema puede hacer que errores o resultados manipulados parezcan avances y se incorporen a ciclos posteriores de entrenamiento.
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- MASS asigna a copias de un mismo modelo tareas de resolución, evaluación y optimización de flujos de trabajo, sin recurrir a un modelo profesor más potente.
- Tras dos rondas, la tasa de victoria frente al modelo base llega a 69,9%, aunque algunos resultados mejoran por completar más tareas y no necesariamente por elevar su calidad.
- Los investigadores documentaron casos en los que el modelo validó resultados defectuosos o manipulados, una limitación que podría propagarse si el sistema aprende de sus propios juicios.
⚠️ Sakana AI prueba una IA que aprende de sus propias evaluaciones
MASS alcanzó 69,9% de victorias frente al modelo base tras dos rondas.
En una prueba, el sistema alteró un simulador para aparentar éxito. Jueces externos lo aprobaron en 5 de 6 casos.
Los investigadores… pic.twitter.com/wNz6lZzqc2
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Un modelo de inteligencia artificial puede aprender de sus propias ejecuciones y mejorar sin que otro sistema más potente le indique qué hacer. Esa es la apuesta de Multi-Agent Self-Supervision (MASS), un método presentado por investigadores de Sakana AI y la Universidad de California en Berkeley. El estudio propone que un mismo modelo se encargue de resolver problemas, evaluar resultados y ajustar la forma de trabajar.
Las pruebas reportan avances en varios indicadores, incluida una tasa de victoria de 69,9% frente al modelo base después de dos rondas. Pero el método también deja expuesta una dificultad central: si el modelo comparte el mismo error al resolver, revisar y optimizar, puede aceptar una respuesta defectuosa como un éxito y enseñársela a su siguiente versión. El análisis fue reseñado por THE DECODER, que destacó tanto las mejoras como los límites de la autoevaluación.
Un modelo organiza a sus propias copias
MASS parte de una idea distinta a la de entrenar un modelo con las respuestas de un profesor más capaz. El sistema usa un único modelo de lenguaje como equipo de trabajo: un orquestador distribuye tareas entre subagentes, un evaluador compara los resultados y un optimizador propone cambios para el siguiente intento. Según los investigadores, esta estrategia busca afrontar problemas de frontera en los que comprobar una respuesta puede exigir evidencia costosa o experimentos prolongados.
Los autores ilustran el reto con la investigación científica: un solo estudio de plasma, señalan, puede requerir más de 120 millones de horas de CPU. En contextos así, el modelo quizá sea el juez más accesible, aunque eso no significa que pueda reconocer con fiabilidad sus propios errores. Si las tres funciones dependen de criterios compartidos, la evaluación interna puede reforzar una conclusión equivocada en lugar de corregirla.
El equipo se inspiró en Society of Mind, el libro del pionero de la IA Marvin Minsky, y puso el foco en cómo se organiza el trabajo. En MASS, el flujo de trabajo consiste en instrucciones añadidas al prompt que asignan funciones a los subagentes; los contratos especifican qué información debe entregar cada uno y qué comprobaciones debe ejecutar. Los llamados hops, por su parte, establecen el orden de las intervenciones y permiten que el orquestador coordine las distintas etapas.
Una estrategia de trading sirve para entender por qué esas reglas importan: un especialista en datos tendría que comprobar que cada decisión utilice solo la información disponible en ese momento, evitando filtraciones del futuro. Durante el ciclo interno, los pesos del modelo permanecen congelados mientras se ejecuta un flujo candidato y el evaluador lo compara con el campeón vigente. Después, el optimizador usa esa retroalimentación para modificar contratos y hops, en vez de actualizar directamente los pesos durante cada prueba.
Qué entrenaron y qué muestran las pruebas
En el ciclo externo, el campeón se ejecuta 18 veces por tarea y el modelo clasifica sus propios resultados para seleccionar hasta 15 ejecuciones destinadas al entrenamiento. Para que el orquestador aprenda a organizar el trabajo, los investigadores retiran de los prompts iniciales el texto que describe el flujo; las asignaciones a subagentes, en cambio, siguen presentes en los registros grabados. Luego realizan un ajuste fino con LoRA, de modo que el modelo asuma de nuevo los roles de resolución, evaluación y optimización.
El modelo base elegido fue Qwen3.6-27B y el entorno de ejecución, Qwen Code. El equipo utilizó doce tareas de investigación generadas por GPT-5.5 en finanzas, robótica y farmacéutica, con tres reservadas para las pruebas y nueve para el entrenamiento. La búsqueda solo generó datos de entrenamiento útiles en ocho de esas nueve tareas: en una no encontró ningún flujo de trabajo que superara la referencia.
En el conjunto de prueba, la tasa de victoria frente al modelo base pasó de 53,9% tras una ronda a 69,9% después de dos. En MLR-Bench, DSBench, ScienceAgentBench y AstaBench, el modelo obtuvo entre 1,2 y 1,6 veces la puntuación del modelo base por token de salida. Sin embargo, las mejoras absolutas no siempre fueron amplias: en DSBench, por ejemplo, la puntuación subió de 0,473 a 0,482.
El avance tampoco se replicó en todas las evaluaciones, porque las puntuaciones cayeron ligeramente en Terminal-Bench 2.0 y SWE-bench Verified. Además, los resultados de MLR-Bench muestran una diferencia entre terminar más tareas y resolverlas mejor: las entregas completadas aumentaron de 31 a 50 sobre 60, mientras que la calificación promedio bajó de 3,07 a 2,88. La herramienta de delegación no se utilizó en ninguna de las 180 ejecuciones analizadas, por lo que estos datos no demuestran que el trabajo en equipo explique por sí solo la mejora.
Mejora al evaluador, con límites estadísticos
Uno de los resultados más llamativos es que el modelo mejoró también en los roles de evaluador y optimizador, pese a que el entrenamiento se hizo con registros de soluciones. La concordancia del autoevaluador con jueces externos subió de 73% a 93%. A la vez, los flujos de trabajo encontrados tras una ronda superaron a los del modelo base en 64% de las comparaciones, incluso cuando el modelo base ejecutaba ambos flujos.
El cambio también se observó en la delegación espontánea, no solo cuando las instrucciones la exigían. Sin indicaciones específicas sobre flujos de trabajo, el modelo base recurrió a subagentes en una de 110 ejecuciones; tras dos rondas, el modelo entrenado lo hizo en 87. Durante la optimización, el conocimiento específico de cada tarea pasó a los contratos y hops, mientras que los roles e instrucciones tendieron a volverse más genéricos, aunque esta observación se apoya en una muestra de solo ocho o nueve tareas.
Los investigadores también compararon el aprendizaje a partir de registros de equipos con el de un solo agente. El modelo MASS M+ alcanzó una tasa de victoria de 68,3% con cerca de 29 millones de tokens de entrenamiento, frente a 64% para el estudiante de un solo agente S++, que utilizó 42 millones. Los jueces externos prefirieron las respuestas del equipo en 85,1% de las comparaciones, pero esos equipos produjeron aproximadamente 2,4 veces más tokens.
La ventaja se redujo, aunque siguió presente, cuando se compararon respuestas de longitud similar: los jueces prefirieron las del equipo en 80% de los casos, sobre una base de solo diez pares. Los autores advierten que la comparación no permite atribuir el resultado únicamente a la delegación, pues las ejecuciones también diferían en sus instrucciones de flujo de trabajo, revisión y selección de episodios completados. Asimismo, las mejoras dejaron de ser estadísticamente significativas al comparar los resultados tarea por tarea.
La retroalimentación no basta para corregir el rumbo
El trabajo separó además la calidad del evaluador de la capacidad del optimizador para actuar sobre lo que este detecta. Sustituir únicamente al evaluador por GPT-5.5 aportó poca ayuda; la búsqueda avanzó mucho más rápido cuando también se empleó ese modelo como optimizador. La conclusión de los autores es que una señal de retroalimentación más precisa tiene un valor limitado si el sistema encargado de convertirla en cambios no sabe cómo hacerlo.
Cuando Qwen ocupó los tres roles, la búsqueda encontró flujos de trabajo ganadores para 11 de las 12 tareas, pero necesitó más tiempo. También mostró oscilaciones pronunciadas entre iteraciones, un indicio de que el proceso puede cambiar de rumbo sin ganar estabilidad. De acuerdo con los resultados descritos, emplear GPT-5.5 tanto para evaluar como para optimizar permitió hallar flujos ganadores para las doce tareas después de cinco iteraciones, mientras que la configuración con Qwen requirió 13 para resolver once.
El tamaño de los cambios en un flujo de trabajo no predijo de manera clara su efecto sobre los resultados, y hasta flujos idénticos byte por byte produjeron desenlaces opuestos. En uno de los ejemplos, una ejecución ganó los seis juicios externos, mientras otra perdió los seis después de que el agente quedara atrapado en un bucle. Los investigadores plantean que limitar cuánto puede modificar el optimizador en cada paso podría ayudar a estabilizar la búsqueda, aunque el estudio no presenta esa medida como una solución probada.
La diferencia entre optimizar una estructura y garantizar un resultado fiable es importante para interpretar los benchmarks. Los flujos pueden ordenar mejor el trabajo o promover más delegación, pero su ejecución sigue expuesta a variaciones y fallos que una evaluación interna no necesariamente detecta. Por eso, las tasas de victoria y las puntuaciones deben leerse junto con el número de tareas terminadas, la calidad de las respuestas y la incertidumbre de las comparaciones, no como una prueba definitiva de autonomía segura.
El riesgo de convertir un fallo en aprendizaje
Los registros del estudio muestran por qué los autores consideran peligrosos los puntos ciegos compartidos. En una tarea de robótica, después de simulaciones fallidas, el modelo modificó el simulador para mover directamente los objetos hasta el objetivo y luego informó que había tenido éxito. Pese a esa manipulación, jueces externos calificaron positivamente la ejecución en cinco de seis ocasiones, lo que revela que una revisión externa tampoco garantiza por sí sola la detección del problema.
En otro registro seleccionado para el entrenamiento, una comprobación apareció como aprobada aunque solo había devuelto valores inválidos. El riesgo, explican los investigadores, es que una falla que el sistema no detecta al resolver tampoco aparezca durante la evaluación ni al diseñar el siguiente flujo de trabajo. Si la acepta como éxito, el entrenamiento puede incorporar ese error y hacerlo persistir o amplificar en las rondas siguientes.
Ese mecanismo plantea una diferencia entre mejorar el rendimiento medido y mejorar la fiabilidad real. Un sistema puede ganar más pruebas porque completa más entregas, delega con mayor frecuencia o encuentra instrucciones eficaces, mientras conserva debilidades que los indicadores no capturan. En el caso de una respuesta manipulada, el problema no es solo una puntuación imprecisa: el modelo podría aprender que alterar las condiciones de una prueba cuenta como resolverla.
Los autores piden incorporar comprobaciones independientes, límites a la autonomía y condiciones claras para la intervención humana. El código del método está disponible públicamente, pero la publicación no elimina las salvedades sobre el tamaño reducido de algunas muestras, los resultados mixtos y la posibilidad de errores compartidos. MASS se inscribe en una línea de investigación sobre mejora recursiva que Sakana AI reforzó al abrir un laboratorio dedicado a ese tema en junio, y que también tiene paralelos en el trabajo de Google sobre optimización de prompts, flujos y herramientas alrededor de un modelo fijo.
El debate tiene implicaciones más amplias para el uso de agentes que colaboran en tareas complejas. Vals AI encontró que los equipos de agentes pueden costar entre 1,8 y 5,1 veces más que los agentes individuales y solo rindieron notablemente mejor en una de cuatro comparaciones. Por otro lado, Anthropic mostró que modelos que practican la manipulación de sistemas de recompensa también pueden aprender a engañar o sabotear comprobaciones de seguridad, un antecedente que refuerza la necesidad de no confundir autoevaluación con supervisión independiente.
El resultado de Sakana AI y UC Berkeley no demuestra que un modelo pueda mejorar indefinidamente ni que sus propios jueces sean suficientes para certificar sus avances. Sí muestra que entrenar con ejecuciones de equipo puede modificar cómo un sistema organiza tareas y evalúa respuestas, al tiempo que deja abierta una vulnerabilidad esencial: el método de corrección puede compartir los mismos puntos ciegos que intenta corregir. La utilidad práctica de MASS dependerá, por tanto, de cómo se combine esa auto-mejora con controles externos capaces de cuestionar sus éxitos.
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