Por Canuto  

Una cláusula incluida dentro de una ley de vivienda en EE. UU. terminó bloqueando hasta finales de 2030 cualquier intento de la Reserva Federal por emitir un dólar digital. Aunque Trump no firmó el proyecto, la norma entró en vigor de forma automática y reconfigura el debate sobre CBDC, stablecoins y regulación cripto en la mayor economía del mundo.

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  • La Ley de Vivienda del SIGLO XXI entró en vigor sin la firma de Donald Trump y prohibió una CBDC de EE. UU. hasta el 31 de diciembre de 2030.
  • La norma impide a la Reserva Federal emitir un dólar digital de forma directa o indirecta sin autorización previa del Congreso.
  • La decisión fortalece la posición política y comercial de las stablecoins privadas, mientras Europa y China siguen avanzando con sus monedas digitales.

 


Estados Unidos acaba de fijar por ley un freno temporal a la creación de un dólar digital. La medida no llegó a través de una reforma financiera independiente, sino por una disposición insertada dentro de una ley bipartidista sobre vivienda que terminó entrando en vigor a medianoche.

El detalle político más llamativo es que Donald Trump nunca firmó el proyecto. Aun así, la legislación se convirtió en ley debido al mecanismo constitucional que permite la promulgación automática cuando el presidente no firma ni veta un texto dentro del plazo establecido y el Congreso sigue en sesión.

La disposición prohíbe a la Reserva Federal emitir una moneda digital de banco central, conocida como CBDC por sus siglas en inglés. La prohibición se extiende hasta el 31 de diciembre de 2030 y cubre tanto una emisión directa al público como una implementación indirecta por medio de bancos u otros intermediarios.

En la práctica, cualquier intento futuro para lanzar un dólar digital requerirá antes la autorización del Congreso. Eso transforma en ley una postura que hasta ahora dependía de señales políticas, declaraciones de funcionarios y una orden ejecutiva previa de la Casa Blanca.

La decisión llega en un momento delicado para el sector cripto en Washington. Mientras parte de la industria veía a una CBDC como una amenaza para la privacidad y para el negocio de las stablecoins, otros actores advertían que bloquear esta vía podría dejar a EE. UU. rezagado frente al euro digital y el yuan digital.

Cómo una ley sin firma presidencial terminó prohibiendo la CBDC

Cuando el Congreso envía un proyecto a la Casa Blanca, el presidente tiene tres opciones. Puede firmarlo, vetarlo o no hacer nada.

Trump optó por no actuar. Según la versión recogida por TheStreet, publicó en Truth Social que no firmaría el proyecto de vivienda “en PROTESTA” por la falta de avance de otro proyecto electoral que él respalda.

Ese proyecto electoral, de acuerdo con la nota original, busca imponer nuevos requisitos de prueba de ciudadanía e identidad a los votantes. La negativa de Trump a firmar la ley de vivienda estuvo vinculada a esa disputa y no al contenido sobre CBDC incluido en el paquete.

Sin embargo, la Constitución de EE. UU., en su Artículo I, Sección 7, establece que un proyecto se convierte en ley tras 10 días si el presidente no lo firma, siempre que el Congreso permanezca en sesión. Como no hubo veto formal y el Congreso seguía reunido, la ley avanzó sola.

Ese matiz es importante porque no se trató de un veto de bolsillo. Ese escenario solo ocurre cuando el Congreso se suspende y ya no puede recibir un veto presidencial dentro del plazo constitucional.

Por eso, aunque Trump dijo que no firmaría el texto, su inacción no impidió su entrada en vigor. En los hechos, el paquete legislativo terminó promulgándose de manera automática tres semanas después de haber sido aprobado por el Senado el 22 de junio.

La cláusula anti-CBDC y la campaña política detrás de su inclusión

La prohibición del dólar digital no apareció de la nada. Fue el resultado de una campaña prolongada impulsada por el líder de la mayoría en la Cámara de Representantes, Tom Emmer, republicano por Minnesota.

Emmer ha descrito una CBDC como “la herramienta de vigilancia definitiva”. Esa idea se convirtió en uno de los ejes más repetidos por los opositores al dólar digital administrado por el gobierno federal.

La Ley Anti-CBDC de Vigilancia de Emmer fue aprobada por la Cámara el 17 de julio de 2025 con una votación de 219 a 210. Pese a ese respaldo, el texto quedó estancado, como había ocurrido con versiones anteriores.

Los republicanos intentaron mover la prohibición como proyecto independiente y también buscaron anexarla a otras piezas legislativas. Entre esas maniobras figuró un intento de sumarla a un proyecto de vigilancia de inteligencia extranjera.

El Senado nunca abordó esas propuestas de forma exitosa. Según el recuento de la historia original, la cámara alta no tenía ningún antecedente de aprobar una prohibición independiente de CBDC.

Ante ese bloqueo, los partidarios optaron por otra vía. Insertaron la cláusula dentro de un paquete de vivienda bipartidista y popular, una estrategia que dificultó políticamente su rechazo.

Así, una medida de política monetaria digital terminó enterrada en una legislación sin relación directa con criptoactivos. Tres semanas después de la aprobación del Senado, ya formaba parte del marco legal de EE. UU.

Qué es una CBDC y por qué el sector cripto se movilizó contra ella

Una moneda digital de banco central es dinero emitido directamente por la Reserva Federal en formato digital. No debe confundirse con los dólares tokenizados que hoy circulan en redes blockchain mediante emisores privados.

Ejemplos de ese segundo grupo son USDC y USDT. Ambos son stablecoins creadas por empresas privadas y no por el gobierno estadounidense.

La oposición a la CBDC se articuló alrededor de dos argumentos. El primero, y el más visible en el debate público, fue la privacidad.

Los críticos sostienen que un dólar digital emitido y rastreado por el banco central podría ofrecer al gobierno mayor visibilidad sobre el gasto cotidiano de los ciudadanos. También podría abrir la puerta, al menos en teoría, a formas de control sobre cómo se usa el dinero.

Esa narrativa convirtió el rechazo a la CBDC en una consigna política duradera. En un entorno polarizado, la imagen de un Estado con capacidad de supervisar pagos digitales resultó especialmente poderosa.

El segundo argumento fue menos explícito, pero igualmente relevante. Una CBDC de la Reserva Federal competiría de forma directa con las stablecoins privadas, uno de los segmentos más lucrativos dentro del mercado cripto.

Desde ese ángulo, frenar el dólar digital también protege un espacio económico donde operan emisores privados y plataformas vinculadas al ecosistema blockchain. La victoria política contra la CBDC también tiene, por tanto, una dimensión comercial.

Qué cambia realmente para la Reserva Federal y para la industria

En términos inmediatos, el cambio puede parecer menos dramático de lo que sugiere el titular. La Reserva Federal no estaba cerca de lanzar un dólar digital de todos modos.

Jerome Powell dijo al Congreso en 2024 que el banco central estaba “muy lejos” de perseguir una CBDC. Además, afirmó que la institución no espiaría a los estadounidenses y que no desarrollaría una moneda digital durante su mandato sin autorización explícita del Congreso.

Kevin Warsh, quien reemplazó a Powell este año como presidente de la Reserva Federal, endureció aún más ese tono durante su confirmación. Allí calificó a un dólar digital estadounidense como una “mala elección de política”.

También pesaba el antecedente del propio banco central. Su documento de investigación de 2022 expuso ventajas y desventajas de una CBDC, pero evitó respaldar su emisión.

Trump ya había prohibido antes este camino por otra vía. En enero de 2025 firmó una orden ejecutiva que impedía a las agencias federales establecer, emitir o promover una moneda digital de banco central.

La diferencia clave es la permanencia. Una orden ejecutiva puede ser revertida por un nuevo presidente con relativa facilidad, mientras que una ley solo puede modificarse mediante otro acto legislativo.

Eso significa que la industria obtuvo algo más sólido que una promesa política. Al menos hasta finales de 2030, la restricción deja de depender del color de la Casa Blanca y pasa a formar parte de la estructura legal federal.

El efecto sobre la agenda cripto de Trump y la competencia global

La entrada en vigor automática de esta ley también proyecta dudas sobre otras piezas legislativas en curso. Entre ellas destaca la Ley CLARIDAD del Mercado de Activos Digitales, una reforma de estructura de mercado que la industria lleva años impulsando.

Trump ha dicho que no firmará nada hasta que el Congreso apruebe su proyecto de ley electoral, el cual, según la nota original, actualmente no tiene los votos necesarios. Su argumento es que, sin esa reforma, los republicanos podrían perder las elecciones de medio mandato.

Si una ley clave para cripto llega a su escritorio en medio de ese pulso, podría quedarse sin firma presidencial. Aunque este episodio demuestra que un proyecto aún puede convertirse en ley por el mero paso del tiempo, ese camino exige 10 días y que el Congreso continúe en sesión.

Para una legislación tan importante como la de estructura de mercado, depender de ese mecanismo sería políticamente incómodo e incierto. El precedente actual muestra que es posible, pero no necesariamente deseable para quienes buscan seguridad regulatoria.

Más allá del juego interno en Washington, la nueva prohibición también tiene implicaciones geopolíticas. Estados Unidos está legislando contra una tecnología que otras grandes potencias económicas siguen desarrollando activamente.

El euro digital superó su último obstáculo en el Parlamento Europeo el mes pasado. Según la historia original, ese avance fue enmarcado explícitamente como una forma de aflojar la dominación estadounidense sobre los pagos.

China, por su parte, continúa expandiendo el yuan digital. Frente a ese panorama, EE. UU. queda fuera de la carrera de la CBDC, al menos durante los próximos cuatro años y medio.

Para los defensores de la privacidad y de las stablecoins privadas, eso representa una victoria clara. Para quienes ven la innovación monetaria estatal como una herramienta estratégica, el saldo puede interpretarse como una renuncia temporal en una competencia tecnológica global.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA.

 


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