El auge de los mercados de predicción en torno a la Copa del Mundo abrió una pregunta incómoda en Estados Unidos: ¿las ganancias deben tributar como apuestas o como inversiones? La respuesta podría traducirse en una ventaja fiscal relevante frente a las casas de apuestas tradicionales, mientras el IRS sigue sin fijar una postura clara.
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- Expertos fiscales debaten si los contratos sobre resultados deportivos en mercados de predicción deben tratarse como juego o como instrumentos financieros.
- Si se consideran inversiones, los usuarios podrían deducir pérdidas con mayor amplitud e incluso aspirar, en ciertos casos, a tasas más bajas sobre ganancias.
- La falta de orientación del IRS deja a los contribuyentes expuestos a riesgos de impuestos atrasados y posibles sanciones.
Los estadounidenses que usen mercados de predicción para apostar sobre la Copa del Mundo podrían terminar con una carga fiscal menor que quienes apuestan mediante casas de apuestas tradicionales. La diferencia no nace del evento deportivo, sino de cómo se clasifica legal y tributariamente cada plataforma.
El debate se centra en si los pagos de estos contratos deben considerarse ingresos de juego o rendimientos de instrumentos financieros. Esa distinción importa porque el código fiscal de Estados Unidos favorece a las inversiones en varios frentes, mientras castiga con más dureza a las pérdidas derivadas del juego.
La discusión ha ganado peso a medida que crecen plataformas como Kalshi y Polymarket US, reguladas a nivel federal por la Comisión de Comercio de Futuros de Materias Primas, conocida como CFTC. También han entrado al segmento gigantes del juego en línea como DraftKings Inc. y FanDuel Inc. con productos propios de mercado de predicción.
Según explicó Bloomberg, el IRS todavía no ha dado una guía definitiva sobre cómo gravar estos pagos. Esa ausencia de definición ha dejado a los usuarios navegando un terreno incierto, justo cuando las apuestas deportivas y los productos híbridos entre trading y juego ganan terreno en el mercado estadounidense.
Para lectores nuevos en el tema, un mercado de predicción permite comprar y vender contratos ligados a un resultado futuro, como el ganador de un partido o torneo. En vez de hacer una apuesta directa contra una casa, el usuario participa en un sistema que se presenta como mercado regulado de derivados.
La diferencia fiscal entre apostar y operar contratos
Las reglas tributarias aplicables al juego en Estados Unidos son relativamente claras. Las ganancias de apuestas en casinos, casas deportivas y aplicaciones reguladas por los estados tributan como ingresos de juego y están sujetas a límites severos para deducir pérdidas.
Uno de los principales castigos fiscales aparece precisamente en el tratamiento de esas pérdidas. Los apostadores solo pueden deducirlas si detallan su declaración, algo que pocos contribuyentes hacen, porque ello implica renunciar a la deducción estándar de USD $16.100.
Además, no pueden deducir más de lo que ganaron. A eso se suma que están limitados a deducir no más del 90% de sus pérdidas, una restricción que vuelve mucho menos favorable la ecuación tributaria para quienes apuestan en plataformas tradicionales.
Si los contratos de mercados de predicción fueran tratados como inversiones, el panorama sería distinto. Bajo ese enfoque, las pérdidas podrían deducirse plenamente contra ganancias de capital, lo que mejora de forma notable la posición fiscal del contribuyente.
Incluso si las pérdidas superan a las ganancias, hasta USD $3.000 podrían usarse para reducir otros ingresos imponibles durante ese año. El remanente también podría trasladarse a ejercicios fiscales futuros, algo que no funciona igual en el universo del juego tradicional.
Esa posible ventaja explica por qué el tema empezó a llamar la atención más allá del nicho legal. En la práctica, dos usuarios que arriesgan dinero sobre el mismo partido del Mundial podrían terminar con tratamientos tributarios muy distintos solo por el tipo de plataforma elegida.
Por qué los mercados de predicción alegan que no son apuestas comunes
Quienes defienden un tratamiento fiscal más favorable sostienen que los mercados de predicción son diferentes a una casa de apuestas, no solo en marketing. Argumentan que el usuario compra y vende contratos estandarizados, liquidados mediante una infraestructura de mercado diseñada para productos financieros.
También remarcan que estas plataformas están bajo supervisión federal de la CFTC. Esa capa regulatoria, según sus partidarios, las separa de los sportsbooks regulados por los estados y de los casinos, donde la relación económica ocurre de forma más directa entre el jugador y el operador.
Nathan Goldman, profesor de contabilidad en el Poole College of Management de North Carolina State University, resumió ese argumento con claridad. A su juicio, ya no se trata simplemente de apuestas deportivas, dado el diseño de los contratos, la regulación aplicable y hasta la documentación fiscal que reciben los clientes.
Sobre esa base surgen dos rutas tributarias alternativas. La primera, considerada más directa, consiste en tratar los pagos de estos contratos como ganancias de capital, con el beneficio de poder deducir pérdidas de forma más amplia que en el juego.
La segunda ruta es bastante más agresiva y también más controvertida. Plantea que algunos de estos contratos podrían entrar en el régimen de la Sección 1256 del código fiscal, reservado a tipos específicos de derivados con un tratamiento especialmente atractivo.
Si esa interpretación prosperara, el 60% del pago podría tributar a la tasa más baja de ganancias de capital a largo plazo, sin importar cuánto tiempo se mantuvo el contrato. El 40% restante quedaría sujeto a la tasa ordinaria del impuesto sobre la renta del contribuyente.
Loren Lembo, socia de Katten Muchin Rosenman LLP, dijo que todos querrían que esos contratos calificaran para ese beneficio. Sin embargo, advirtió que no está nada claro que los eventos deportivos entren dentro de una disposición con parámetros tan específicos.
El argumento contrario: si parece apuesta, podría ser juego
No todos los especialistas aceptan la tesis de que la estructura legal cambia la esencia del producto. Para los críticos, la economía subyacente sigue siendo la misma: una persona arriesga dinero sobre un resultado incierto con la expectativa de obtener un pago si acierta.
Desde esa óptica, poco importa que exista una cámara de compensación, una arquitectura de mercado o supervisión de la CFTC. Lo determinante sería la naturaleza real de la actividad, algo que históricamente tanto tribunales como autoridades fiscales han tendido a mirar con atención.
James Creech, principal en la práctica fiscal especializada de Baker Tilly, planteó el asunto de forma frontal al preguntar si esto es juego o no. Esa es la cuestión central porque de ella depende si el contribuyente puede aspirar a reglas más benevolentes o debe asumir el régimen punitivo del juego.
Seth Hanlon, investigador senior en el Tax Law Center de NYU School of Law, dijo que casos judiciales previos sugieren que las actividades de mercados de predicción acabarán clasificadas como juego para fines fiscales. Su lectura apunta a que los jueces suelen mirar más allá del empaque formal.
Hanlon recordó que ya hubo contribuyentes que intentaron argumentar que sus actividades no eran apuestas. En esos casos, explicó, los tribunales respondieron en esencia que si algo parece juego y huele a juego, entonces es juego, aunque se lo vista de otra manera.
Ese razonamiento preocupa porque una reclasificación posterior por parte del IRS podría dejar a muchos usuarios con impuestos pendientes. A eso se sumarían posibles sanciones e intereses, elevando el costo de haber elegido la interpretación fiscal más conveniente sin respaldo explícito de la autoridad.
Silencio del IRS, expansión del sector y más presión política
Hasta ahora, el Departamento del Tesoro y el IRS no respondieron a solicitudes de comentarios sobre el tema. Esa cautela ocurre en un entorno políticamente sensible, donde algunos expertos creen que la autoridad podría evitar una definición rápida.
Parte de esa sensibilidad se debe a que la familia del presidente Donald Trump tiene participación en el sector, según indicó la cobertura original. En un clima así, cualquier pronunciamiento oficial podría leerse no solo como una decisión técnica, sino también como una señal política.
Andrew Lautz, director de políticas fiscales del Bipartisan Policy Center, describió la situación como un salvaje oeste. Su frase retrata bien el momento: no está claro quién impone las reglas finales ni cómo deben moverse los contribuyentes mientras persista ese vacío de orientación.
La incertidumbre no surge en un mercado pequeño. Más de una cuarta parte de los estadounidenses dice tener una cuenta activa de apuestas deportivas en línea, según el Siena College Research Institute.
En paralelo, los ingresos del juego regulado por los estados marcaron un récord de USD $16.960 millones el año pasado, de acuerdo con la American Gaming Association. Es un volumen que muestra por qué cualquier grieta regulatoria o fiscal tiene consecuencias económicas y competitivas importantes.
El crecimiento de los mercados de predicción sugiere además que el problema no desaparecerá pronto. Plataformas de criptomonedas, sportsbooks en línea y gigantes tecnológicos, incluido un experimento de Meta Platforms, han ampliado la presencia de este modelo en el mercado.
Lo que está en juego para usuarios, plataformas y reguladores
En el negocio de las apuestas deportivas tradicionales, aplicaciones como las operadas por DraftKings Inc. y FanDuel Inc. dominaron la expansión reciente del segmento en línea. Estas plataformas están reguladas por los estados y pagan gravámenes estatales, además de un impuesto federal al consumo.
Sus usuarios, por tanto, se mueven dentro de un marco mucho más establecido. Los pagos recibidos enfrentan el mismo tratamiento fiscal que las ganancias en casinos, con todas las limitaciones ya conocidas para compensar pérdidas.
Los mercados de predicción, en cambio, han sostenido que al funcionar como mercados de derivados regulados federalmente no deberían quedar sujetos a las mismas reglas estatales. Ese punto no resuelve por sí mismo la cuestión tributaria, pero sí alimenta la narrativa de que son una categoría distinta.
Carl Kennedy, socio y copresidente de Mercados Financieros y Regulación en Katten Muchin Rosenman LLP, defendió esa diferencia estructural. Señaló que en un casino o un sitio de apuestas en línea la relación es esencialmente entre el usuario y la casa, sin un tercero intermedio ni una cámara de compensación.
Para Kennedy, esa distinción importa aunque la exposición económica final pueda ser idéntica. Su posición sugiere que dos productos con el mismo resultado práctico pueden recibir un tratamiento diferente si su arquitectura legal, operativa y regulatoria no es la misma.
Del otro lado, un portavoz de FanDuel dijo que las preguntas sobre cómo podrían gravarse esos pagos corresponden a las autoridades. La respuesta refleja la incomodidad de una industria que ahora compite en un terreno donde la ventaja podría definirse no por cuotas o liquidez, sino por impuestos.
Robert Stoddard, socio fiscal de KPMG LLP con experiencia en la industria del juego, sostuvo que todo depende de la tolerancia al riesgo de cada persona. Sin una guía clara y definitiva, algunos contribuyentes optarán por la lectura conservadora y otros por la más agresiva.
Eso convierte a la Copa del Mundo en mucho más que un evento deportivo para este debate. También funciona como un caso de prueba para ver si Estados Unidos permitirá que un producto con apariencia de mercado financiero obtenga ventajas tributarias frente a las apuestas tradicionales.
En ausencia de una definición del IRS, el conflicto seguirá abierto entre forma y sustancia. Y mientras esa disputa continúe, cada boleto, contrato o posición sobre un resultado deportivo también será una apuesta sobre el futuro tratamiento fiscal.
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Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA.
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