La propuesta BIP-110, diseñada para restringir datos no monetarios en la blockchain de Bitcoin, llega a julio con un respaldo minero marginal y pocas opciones reales de activación anticipada. Su débil tracción revela tanto la fuerza económica de protocolos como Ordinals y Runes como los límites prácticos del consenso en la red.
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- BIP-110 apenas reúne cerca de 0,31% del hashrate total de Bitcoin, muy lejos del 55% requerido para una activación anticipada.
- La iniciativa busca limitar el tamaño de ciertos datos en transacciones para dificultar imágenes, tokens y otros usos no monetarios en la capa base.
- El escaso apoyo de pools y nodos sugiere que Ordinals y Runes seguirán operando sin cambios relevantes en el corto plazo.
💔🚨 BIP-110 se hunde: solo 0,31% de apoyo minero
La propuesta para restringir datos no monetarios en Bitcoin no logra el respaldo necesario.
Con un 55% requerido y solo 0,31% actual, la activación anticipada se ve lejana.
Ordinals y Runes seguirán operando sin cambios… pic.twitter.com/MihPUEzRa1
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) June 29, 2026
Bitcoin se encamina en 2026 a una nueva disputa de gobernanza que, por ahora, luce más cerca del estancamiento que de una reforma efectiva. La propuesta BIP-110, planteada para restringir la presencia de datos no monetarios en la blockchain, llega al cierre de junio con un respaldo minero casi inexistente.
De acuerdo con datos reportados por Crypto Briefing, la iniciativa apenas concentraba cerca de 0,31% del hashrate total de la red hacia finales de mes. Esa cifra deja a BIP-110 muy lejos del umbral de 55% que necesita para una activación anticipada antes de que inicie la fase obligatoria de señalización en agosto.
El dato es relevante porque Bitcoin no cambia sus reglas por simple entusiasmo técnico. En la práctica, las modificaciones importantes requieren coordinación entre desarrolladores, operadores de nodos, empresas y, sobre todo, mineros con suficiente poder de cómputo para volver viable una activación ordenada.
En este caso, la distancia entre la ambición de la propuesta y su apoyo real es enorme. La fase de señalización obligatoria se proyecta alrededor de la altura de bloque 961.632, en una ventana estimada entre el 7 y el 15 de agosto.
El panorama, por tanto, no apunta a una aprobación inminente sino a una derrota silenciosa. Más allá del debate técnico, el episodio también deja una señal para inversores y usuarios sobre qué tan difícil es revertir usos de Bitcoin que ya generan incentivos económicos claros.
Qué busca cambiar BIP-110 en Bitcoin
BIP-110 es una propuesta de bifurcación suave de consenso orientada a limitar el uso de la red para almacenar o transportar datos ajenos a una función monetaria directa. Su meta es hacer más difícil que se inserten imágenes, tokens y otros contenidos similares en la capa base de Bitcoin.
En términos técnicos, la propuesta limitaría los datos de salida de transacciones a 34 bytes. También restringiría el uso de OP_RETURN a 83 bytes.
Esas restricciones atacarían, en la práctica, varios mecanismos usados por protocolos y aplicaciones que han ganado presencia en Bitcoin durante los últimos años. Entre ellos suelen mencionarse Ordinals y Runes, dos desarrollos muy discutidos dentro del ecosistema por su impacto sobre el espacio en bloque y las comisiones.
La propuesta fue presentada originalmente como BIP-444 en octubre de 2025 antes de recibir su asignación formal actual. Su autor es Dathon Ohm, quien la concibió como una medida temporal de un año para someter a Bitcoin a una especie de período de prueba con reglas más estrictas sobre el uso de datos.
Los defensores de la idea sostienen que este tipo de protocolos ha elevado los costos de transacción y añadido presión innecesaria a quienes operan nodos. Desde esa óptica, BIP-110 intenta recentrar el uso de la red en funciones más estrechamente vinculadas con pagos y liquidación monetaria.
Ese argumento conecta con una tensión que viene creciendo dentro de Bitcoin. Para una parte de la comunidad, la red debe resistirse a convertirse en un contenedor para activos o archivos que compiten por espacio con las transacciones financieras tradicionales.
Los números del apoyo muestran un panorama adverso
La debilidad de BIP-110 no se limita al debate ideológico, sino que aparece con claridad en las métricas de respaldo. A inicios de 2026, el apoyo entre nodos se movía en un rango de 2% a 3%.
Eso equivalía a aproximadamente 583 nodos de un total cercano a 24.481 en enero. Según la información disponible, buena parte de ese respaldo estaba asociada al software Bitcoin Knots más que a una adhesión deliberada y explícita a la propuesta en sí.
En minería, el apoyo era aún menor. El 0,31% de hashrate representaba unos 5 EH/s sobre un hashrate total de red estimado en alrededor de 940 EH/s.
La cifra importa porque el mecanismo de activación exige mucho más que una minoría simbólica. Si la propuesta necesita 55% para adelantar su entrada en vigor y solo tiene 0,31%, la distancia no es de matiz sino de orden de magnitud.
El primer bloque que señaló apoyo a BIP-110 fue minado por Ocean en marzo de 2026. Desde entonces, ningún pool minero importante se ha sumado de forma visible al esfuerzo.
Ocean, dirigido por Luke Dashjr, ha sido durante años una excepción dentro del negocio minero. El pool es conocido por filtrar ciertos tipos de transacciones que otros operadores de gran escala procesan sin mayores reservas.
La falta de adhesión posterior sugiere que ese gesto inicial no generó efecto arrastre. Sin la entrada de pools dominantes, cualquier expectativa de alcanzar un consenso operativo antes de agosto queda severamente comprometida.
Por qué los grandes pools no se han alineado
La resistencia de los pools no parece ser accidental ni producto de una simple demora administrativa. Varios críticos influyentes han señalado riesgos técnicos y políticos que reducen los incentivos para respaldar una bifurcación de este tipo.
Entre quienes han expresado reparos figuran Adam Back, CEO de Blockstream, y el desarrollador Jameson Lopp. Sus objeciones se concentran en la posibilidad de un split de cadena si la ejecución resulta inconsistente entre distintos actores de la red.
También han advertido sobre el posible daño reputacional para Bitcoin si se impulsa una bifurcación controvertida sin apoyo amplio. En una red que valora la estabilidad por encima de cambios apresurados, ese riesgo pesa tanto como los aspectos técnicos.
Existe además un problema práctico de ejecución. Incluso si BIP-110 se activara de alguna manera, las restricciones solo serían aplicadas por nodos que decidieran ejecutar las nuevas reglas.
Eso significa que mineros y nodos no actualizados seguirían procesando las transacciones que la propuesta pretende bloquear. En otras palabras, la medida podría nacer con un nivel de cumplimiento fragmentado y con resultados inferiores a los prometidos por sus defensores.
Para los grandes pools, ese escenario mezcla costos con beneficios inciertos. Apoyar un cambio divisivo que no garantiza una aplicación uniforme reduce el atractivo económico y aumenta la cautela empresarial.
Además, los mineros responden a incentivos directos de ingresos por comisiones. Si los datos no monetarios continúan pagando por espacio en bloque, la motivación financiera para rechazarlos de forma coordinada sigue siendo limitada.
Lo que deja este episodio para inversores y usuarios
Para el mercado, la lectura más inmediata es que Ordinals, Runes y protocolos comparables no parecen estar cerca de desaparecer de la capa base de Bitcoin. El fracaso casi seguro de BIP-110 sugiere que la voluntad política necesaria para restringirlos no existe donde realmente cuenta.
Eso no implica que el debate haya terminado. Sí indica, al menos por ahora, que los incentivos económicos para incluir esas transacciones siguen pesando más que los reclamos por una red más enfocada en usos monetarios.
El caso también ilustra cómo funciona la gobernanza real de Bitcoin. No basta con que una propuesta movilice simpatías de base o tenga defensores muy comprometidos si no logra alinearse con la economía de mineros, pools y operadores de infraestructura.
Desde fuera del ecosistema, a veces se asume que Bitcoin puede actualizarse con relativa facilidad, como ocurre en proyectos con estructuras más centralizadas. La experiencia de BIP-110 muestra lo contrario y refuerza la idea de que el consenso en esta red suele ser lento, costoso y difícil de alcanzar.
Para los inversores, esa rigidez tiene dos lecturas. Por un lado, protege a Bitcoin de cambios abruptos; por otro, complica la corrección rápida de dinámicas que ciertos sectores consideran problemáticas.
También hay una derivada operativa para quienes siguen la evolución de comisiones y demanda de bloque. Si no prosperan nuevas restricciones, el espacio en la red seguirá abierto a la competencia entre pagos, inscripciones, tokens y otros formatos que paguen por entrar.
En ese contexto, BIP-110 queda como un recordatorio de que la arquitectura social de Bitcoin es tan determinante como su código. La propuesta puso sobre la mesa una disputa sobre identidad y prioridades, pero los números actuales indican que no logró traducir esa discusión en respaldo suficiente para cambiar las reglas.
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