La Agencia Internacional de la Energía estima que el consumo eléctrico mundial de los centros de datos alcanzará cerca de 945 TWh en 2030, con Estados Unidos y China como principales impulsores del aumento.
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- La demanda eléctrica de los centros de datos pasaría de 415 TWh en 2024 a 945 TWh en 2030.
- Estados Unidos y China representarían casi 80% del crecimiento proyectado, según la AIE.
- La competencia por energía, interconexión y capacidad podría presionar a los mineros de Bitcoin a ofrecer servicios de IA.
⚡ La IA disparará el consumo eléctrico de los centros de datos
De 415 TWh en 2024 a 945 TWh en 2030.
🇺🇸🇨🇳 EE. UU. y China concentrarán casi el 80% del crecimiento.
⛏️ Mineros de Bitcoin exploran servicios de IA ante la competencia por energía. pic.twitter.com/m79sbmNlv9
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) September 20, 2026
La expansión de la inteligencia artificial está trasladando la competencia tecnológica hacia un terreno más tangible: la electricidad. La Agencia Internacional de la Energía, considerada una de las principales referencias mundiales para las proyecciones del sector energético, estima que el consumo de los centros de datos aumentará de aproximadamente 415 TWh en 2024 a cerca de 945 TWh en 2030, un salto que llevaría a estas instalaciones a representar casi 3% de la demanda eléctrica global.
La magnitud de la previsión ayuda a dimensionar el desafío para gobiernos, empresas y mercados. Un consumo de 945 TWh se aproximaría al uso anual combinado de electricidad de Francia y Alemania, mientras que la infraestructura necesaria para sostenerlo competirá con otras industrias intensivas en energía, incluida la minería de BTC.
La demanda eléctrica crece al ritmo de la inteligencia artificial
Los centros de datos son instalaciones que concentran servidores, sistemas de almacenamiento y equipos de refrigeración para procesar grandes volúmenes de información. En los últimos años, la incorporación de aceleradores especializados para cargas de trabajo de IA ha elevado la intensidad energética de esas operaciones, porque los modelos requieren una capacidad de cómputo mayor que muchas tareas digitales tradicionales.
Según el informe Energía e IA, publicado por la AIE en abril de 2025, el consumo eléctrico de los centros de datos creció a una tasa aproximada de 12% anual desde 2019. La agencia prevé que el ritmo se acelere hasta alrededor de 15% anual durante el resto de la década, impulsado casi por completo por los servidores acelerados que sostienen las cargas de trabajo de inteligencia artificial.
La proyección no describe únicamente un aumento de la actividad digital, sino una transformación en la forma en que se distribuye la nueva demanda eléctrica. Los centros de datos podrían absorber una porción cada vez mayor de la capacidad adicional disponible, especialmente en regiones donde las redes ya operan cerca de sus límites y donde sumar generación requiere permisos, inversiones y obras de transmisión.
El gasto empresarial refleja la confianza en ese crecimiento, aunque también anticipa la presión que enfrentará el suministro. La inversión mundial en centros de datos alcanzó aproximadamente USD $500.000 millones en 2024, casi el doble que dos años antes, en 2022, mientras las compañías buscan asegurar capacidad para servicios de IA y computación de alto rendimiento.
Estados Unidos y China concentran el aumento
La distribución geográfica de la demanda proyectada es uno de los aspectos más llamativos del escenario de la AIE. Estados Unidos y China representarían, por sí solos, casi 80% del aumento total del consumo eléctrico de los centros de datos hasta 2030, una concentración que vincula la expansión de la IA con las decisiones energéticas de las dos mayores potencias tecnológicas.
En Estados Unidos, la agencia calcula que los centros de datos añadirán aproximadamente 240 TWh de carga para 2030. Ese incremento equivaldría a un salto de 130% frente a los niveles de 2024 y representaría casi la mitad de todo el crecimiento previsto para la demanda eléctrica total del país durante el mismo periodo.
La cifra estadounidense muestra por qué la expansión de la IA ya no puede analizarse únicamente como una historia de chips, software o servicios en la nube. Cada nuevo complejo necesita una conexión estable, disponibilidad permanente de electricidad y una red capaz de transportar la energía desde las plantas de generación hasta los servidores, condiciones que pueden convertirse en restricciones más severas que la construcción del edificio.
En China, el crecimiento también se integrará a una estrategia de ampliación de infraestructura digital y capacidad energética, aunque la información disponible en la fuente no desglosa una cifra individual comparable con la estadounidense. En conjunto, la participación de ambos países significa que las decisiones sobre generación, transmisión y permisos adoptadas en sus territorios tendrán una influencia desproporcionada sobre la demanda mundial asociada con la IA.
La red eléctrica aparece como el principal cuello de botella
La AIE advierte que el calendario de construcción de los centros de datos no coincide con el de la infraestructura energética. Una instalación de este tipo puede levantarse en un plazo de 18 a 24 meses, mientras que una nueva línea de transmisión o una planta de generación suele requerir entre cinco y diez años para obtener aprobaciones y completar su construcción.
Ese desfase puede dejar a los desarrolladores con edificios listos, pero sin suficiente capacidad de conexión o suministro. La tensión ya se observa particularmente en el norte de Virginia, el centro de Texas y algunas zonas del sureste de Estados Unidos, donde la concentración de centros de datos está sometiendo a una presión creciente a los sistemas eléctricos locales.
El problema no se resuelve únicamente instalando más servidores o acelerando la construcción de los inmuebles. También exige agilizar los procesos de permisos, coordinar la expansión de las redes y diversificar las fuentes de generación, porque una demanda concentrada en pocos territorios puede crear cuellos de botella incluso cuando existe suficiente producción eléctrica en otras regiones.
La composición de la oferta prevista por la AIE combina varias tecnologías. Las energías renovables cubrirían cerca de 50% de la demanda incremental de los centros de datos para 2030, mientras que el gas natural y el carbón aportarían juntos más de 40% en el corto plazo; la energía nuclear completaría el resto según la disponibilidad de cada región.
La competencia energética alcanza a la minería de Bitcoin
El crecimiento de los centros de datos introduce una tensión directa para las operaciones de minería de BTC, que también buscan electricidad barata, acceso a la red y entornos regulatorios favorables. Si los proyectos de IA aseguran una proporción creciente de la nueva capacidad, los mineros podrían enfrentar un mercado más restringido para contratar energía o ampliar sus instalaciones.
La competencia no depende solamente del volumen de electricidad disponible, sino también de la calidad de la conexión y de la previsibilidad de los ingresos. La minería de Bitcoin está vinculada a un activo cuyo precio puede fluctuar con fuerza, mientras que el alojamiento de cargas de IA y computación de alto rendimiento puede ofrecer contratos más previsibles a los operadores que ya poseen terrenos, conexiones y edificios adaptados para un consumo intensivo.
Por esa razón, varios mineros de Bitcoin que cotizan en bolsa comenzaron a orientarse hacia el alojamiento de IA y la computación de alto rendimiento. La estrategia busca aprovechar infraestructuras energéticas existentes y convertir activos construidos para la minería en espacios capaces de atender a clientes tecnológicos, especialmente cuando la economía de esos contratos resulta más estable que la rentabilidad asociada directamente con la producción de BTC.
Core Scientific y Hut 8 figuran entre las compañías que han convertido esa transición en un componente central de su estrategia corporativa, de acuerdo con la información reportada. Ambas buscan utilizar contratos energéticos y estructuras de centros de datos existentes para atender cargas de trabajo de IA, una decisión que ilustra cómo la demanda tecnológica puede modificar el modelo de negocio de empresas originalmente vinculadas con la minería.
Un mercado energético más disputado
El escenario proyectado no implica que la minería de Bitcoin vaya a desaparecer ni que toda la electricidad destinada a la IA provenga de fuentes fósiles. Sí muestra, en cambio, que dos sectores intensivos en energía competirán por recursos similares, desde la generación disponible hasta la interconexión y los permisos necesarios para operar en determinadas jurisdicciones.
La participación de las renovables será determinante para limitar la presión adicional sobre los combustibles convencionales, aunque la AIE también prevé una contribución relevante del gas natural y el carbón en el corto plazo. La mezcla final dependerá de la disponibilidad regional, la velocidad de las obras y la capacidad de los sistemas eléctricos para integrar nueva generación sin comprometer su estabilidad.
Para los mercados, la cuestión central será identificar quién puede asegurar electricidad confiable antes de que la demanda supere la capacidad de las redes. Las empresas de IA necesitarán contratos y conexiones de largo plazo, mientras los mineros de BTC deberán decidir si conservan su exposición directa al precio del activo o si diversifican sus instalaciones hacia servicios de computación para clientes corporativos.
La previsión de 945 TWh convierte a la energía en una variable estratégica de la economía de la inteligencia artificial. A medida que Estados Unidos y China concentren la mayor parte del aumento, los permisos, las redes y las fuentes de generación podrían definir tanto la velocidad de expansión de la IA como el espacio que quede para otras industrias digitales intensivas en electricidad.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.
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