Por Canuto  

La presión de Donald Trump para que Ucrania deje de atacar refinerías rusas, junto con su acuerdo de exportación de diésel con Moscú, eleva el riesgo de una ruptura con Volodymyr Zelenskyy justo cuando Kyiv necesita armas, inteligencia y fondos.
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  • Zelenskyy dijo que Ucrania apoya un alto el fuego energético, pero espera que Rusia también lo acepte y pidió detalles a Washington.
  • Negociadores estadounidenses advirtieron a Kyiv que sus ataques a refinerías podían perjudicar a consumidores de EE.UU.; funcionarios ucranianos interpretaron el mensaje como una amenaza implícita sobre el intercambio de inteligencia.
  • La tensión ocurre mientras Ucrania enfrenta escasez de interceptores Patriot, ataques rusos intensos y un déficit de financiamiento superior a USD $30.000 millones para 2027.


La disputa por los ataques ucranianos contra refinerías rusas amenaza con abrir una nueva grieta entre Volodymyr Zelenskyy y Donald Trump. El presidente estadounidense anunció un alto el fuego energético con Moscú y presionó a Kyiv para que frenara sus operaciones contra instalaciones petroleras, mientras defiende un acuerdo con Vladimir Putin para liberar diésel ruso a los mercados internacionales.

Zelenskyy dijo que Ucrania está dispuesta a respaldar la tregua, pero solo si Rusia también la cumple, una condición que Kyiv ha sostenido antes y cuya viabilidad cuestiona. La tensión adquiere especial relevancia porque Ucrania todavía depende de armas financiadas por otros miembros de la OTAN y del intercambio de inteligencia con Washington, además de afrontar necesidades financieras crecientes antes de su quinto invierno de guerra.

Una tregua que enfrenta la estrategia de Kyiv con la agenda de Trump

El anuncio de Trump sorprendió a Zelenskyy, según informó Bloomberg, porque presentó un acuerdo energético entre Rusia y Ucrania cuando Washington también exige que Kyiv deje de bombardear refinerías rusas. El mandatario ucraniano respondió que su país apoya el alto el fuego, aunque añadió que Moscú debe respaldarlo igualmente y que Kyiv espera recibir detalles de Estados Unidos.

La cautela de Zelenskyy refleja una diferencia central entre ambos gobiernos: para Kyiv, los ataques de largo alcance contra la infraestructura petrolera rusa buscan debilitar los recursos con que el Kremlin financia la guerra; para Trump, el conflicto se conecta cada vez más con el costo de la energía. La administración estadounidense busca contener el alza de los combustibles antes de las elecciones legislativas de noviembre, que ha encarecido las operaciones de agricultores y camioneros.

El acuerdo que Trump alcanzó con Putin permitiría que más diésel ruso llegue al mercado internacional, pero podría generar costos geopolíticos sin aumentar la oferta lo suficiente para reducir de forma sustancial los precios. También provocó resistencia bipartidista en Estados Unidos: cuatro senadores republicanos y tres demócratas afirmaron que el Congreso prohibió las importaciones de energía rusa desde 2022 y calificaron el pacto de ilegal.

La situación del combustible ruso añade una incógnita a ese entendimiento. Después de que los ataques ucranianos presionaran la capacidad de Moscú para abastecer su mercado interno, el Kremlin había prohibido las exportaciones de diésel y aumentado los subsidios a las petroleras; el sábado, sin embargo, levantó parcialmente la restricción y autorizó la salida de 500.000 toneladas métricas.

La advertencia sobre armas e inteligencia eleva el costo para Ucrania

Las diferencias pasaron de las declaraciones públicas a las conversaciones entre las delegaciones. El viernes, después del acuerdo de exportación de diésel entre Trump y Putin, los negociadores ucranianos terminaron antes de lo previsto una reunión en Miami con representantes estadounidenses, según personas familiarizadas con el encuentro que hablaron bajo condición de anonimato.

La delegación de Estados Unidos estuvo encabezada por Jared Kushner, yerno de Trump, y Steve Witkoff, enviado especial. En la reunión, ambos dijeron a los funcionarios ucranianos que Washington era un socio sólido, pues proporcionaba municiones e inteligencia, y sostuvieron que Kyiv debía evitar acciones que perjudicaran a consumidores estadounidenses, como atacar refinerías.

Varias personas presentes interpretaron ese mensaje como una amenaza implícita de limitar el intercambio de inteligencia con Ucrania; el Financial Times fue el primero en informar sobre ese comentario. Una persona familiarizada con la reunión señaló además que los funcionarios europeos que participaron no habían recibido aviso previo de Estados Unidos sobre el inminente acuerdo de diésel con Moscú.

Una eventual reducción de la cooperación tendría consecuencias distintas según el recurso afectado. Jennifer Kavanaugh, directora de análisis militar del centro de estudios Defense Priorities, dijo que Estados Unidos podría dejar de compartir parte de la inteligencia en tiempo real que Ucrania utiliza para sus ataques contra refinerías; en cambio, consideró bastante pequeñas las probabilidades de que Washington corte el acceso a Starlink, la red satelital clave para las comunicaciones militares ucranianas.

Más significativo sería que Estados Unidos dejara de vender armas a través del programa Prioritised Ukraine Requirements List de la OTAN, advirtió Kavanaugh, porque Europa no puede reponer esos suministros. Ucrania ya enfrenta una escasez crónica de interceptores fabricados en Estados Unidos para los sistemas Patriot, su única defensa eficaz contra misiles balísticos, y el ejército sigue dependiendo de otras armas estadounidenses y de inteligencia aunque los aliados europeos cubran gran parte del costo de la asistencia militar.

Presión militar, déficit financiero y riesgos políticos

La discusión se desarrolla mientras Rusia mantiene sus ataques, sin señales de moderarlos. Zelenskyy afirmó el domingo que Moscú había lanzado contra Ucrania, solo durante esa semana, unas 1.450 bombas aéreas guiadas, 75 misiles de distintos tipos y más de 1.640 drones de ataque; cerca del 60% de estos últimos eran propulsados a chorro.

El presidente ucraniano también dijo que Kyiv conversa con socios europeos para conseguir sistemas antiaéreos adicionales y municiones para aviones de combate, con el objetivo de contrarrestar los drones más rápidos. Estas necesidades coinciden con la escasez de interceptores Patriot y con la posibilidad de que se reduzca el acceso a información militar estadounidense, una combinación que dejaría a Ucrania con menos margen para responder a los ataques.

La guerra también presiona las cuentas públicas. Los ataques rusos han interrumpido las exportaciones ucranianas por el mar Negro, una fuente importante de ingresos, mientras que el Fondo Monetario Internacional calcula que el país enfrentará un déficit de financiamiento superior a USD $30.000 millones en 2027.

El parlamento ucraniano debía considerar esa semana un amplio paquete legislativo que Kyiv necesita aprobar para asegurar fondos adicionales de la Unión Europea y del FMI. Las medidas contemplan cerrar vacíos legales en materia tributaria y aumentar el escrutinio sobre personas políticamente expuestas, propuestas que, según el reporte, resultan impopulares tanto entre la población como entre las élites.

La tensión entre Trump y Zelenskyy ha fluctuado desde el regreso del presidente estadounidense a la Casa Blanca, con la promesa de terminar rápidamente la guerra. El año anterior, ambos discutieron frente a frente en el Despacho Oval y Washington suspendió temporalmente la ayuda militar y el intercambio de inteligencia; la cooperación se reanudó poco después, pero el nuevo choque ocurre cuando Ucrania se aproxima a otro invierno bajo fuego.

Fiona Hill, quien fue la principal asesora sobre Rusia en el Consejo de Seguridad Nacional durante el primer mandato de Trump y ahora es investigadora sénior en Brookings Institution, advirtió que el riesgo político podría ser mayor si el mandatario estadounidense interviene activamente en los asuntos internos ucranianos. Hill sostuvo que esa conducta podría convertirse en una forma de subversión política y causar más daño que una disputa pública aislada.

En Moscú, personas cercanas al Kremlin dijeron que todavía ven pocas probabilidades de que Trump consiga pronto un acuerdo para poner fin a la guerra en términos favorables a Putin, aunque también afirmaron que los sorprendió la dureza de sus críticas a Zelenskyy. Una de ellas sostuvo que los ataques verbales no ayudarán a Rusia a menos que Estados Unidos corte la inteligencia y la venta de armas a Ucrania.

Dmitry Medvedev, expresidente de Rusia y vicejefe del Consejo de Seguridad del país, reaccionó en la red social Max, respaldada por el Estado, con una crítica a la posición de Trump y una reivindicación de la campaña militar rusa. «¿Trump? Él nunca cambia de posición, como sabemos demasiado bien», escribió, antes de afirmar que los misiles balísticos y los drones Gerán acercan la victoria rusa.

Para Kyiv, el alto el fuego energético no resuelve la cuestión de fondo: si puede mantener la presión sobre la economía rusa sin poner en peligro el respaldo del que depende para defenderse. Para Washington, en cambio, la disputa combina la guerra con el costo de la energía y la presión electoral, mientras Ucrania encara necesidades militares y financieras que no pueden esperar a que se despeje el desacuerdo.


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Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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