La administración de Donald Trump no considera urgente cerrar un acuerdo con Canadá, aunque nuevas prohibiciones de importación entrarán en vigor la próxima semana y Washington amenaza con aranceles de 50% para autos, piezas y acero desde enero. Jamieson Greer sostiene que el comercio bilateral sigue activo, mientras las represalias y las negociaciones fallidas ponen en duda el futuro del pacto norteamericano.
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- Jamieson Greer dijo que Washington está cómodo con el estado actual de la disputa y no siente urgencia por alcanzar un acuerdo con Canadá.
- Estados Unidos aplicará desde la próxima semana prohibiciones a varios productos canadienses y amenaza con aranceles de 50% a autos, piezas y acero desde enero.
- Las represalias de ambos países y el colapso de varias rondas de negociación alimentan dudas sobre el futuro del acuerdo comercial entre EE.UU., México y Canadá.
🚨 Trump no ve urgencia en cerrar un acuerdo con Canadá
La próxima semana entrarán en vigor nuevas prohibiciones a productos canadienses.
Washington amenaza con aranceles del 50% a autos, piezas y acero desde enero.
Canadá ya aplica represalias y crecen las dudas sobre el… pic.twitter.com/CDdQYc9mVS
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La Casa Blanca mantiene su postura de negociación pese a la escalada de medidas comerciales y a las advertencias de represalias.
Trump no ve urgencia para un acuerdo con Canadá mientras crece la disputa comercial
Washington dice estar cómodo con el conflicto
La administración del presidente Donald Trump no considera necesario acelerar un acuerdo comercial con Canadá, incluso cuando se aproxima una nueva ronda de restricciones y Washington amenaza con elevar aranceles a sectores clave. El representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, afirmó el viernes 25 de septiembre que su gobierno está cómodo con la situación actual, una postura que deja pocas señales de una salida inmediata a la disputa entre los dos antiguos aliados.
En declaraciones a CNBC, Greer sostuvo que Estados Unidos sigue obteniendo de Canadá recursos que considera importantes, entre ellos petróleo, gas y potasa. También señaló que productos agrícolas cruzan la frontera en ambas direcciones y describió ese intercambio como una muestra de que todavía existe un volumen sólido de comercio bilateral, pese al deterioro de las relaciones y a las medidas arancelarias adoptadas por los dos países.
El funcionario añadió que las autoridades canadienses se comunican ocasionalmente con Washington y que ambas partes mantienen conversaciones sobre posibles acuerdos. Sin embargo, dijo que esos contactos no generan presión para cerrar un pacto de inmediato; la lectura de Greer es que el comercio continúa en áreas importantes y que Estados Unidos puede sostener su posición mientras las conversaciones siguen abiertas.
La declaración importa porque llega cuando las restricciones estadounidenses están a punto de ampliarse y las represalias canadienses ya comenzaron. En lugar de presentar las medidas como un incentivo para negociar pronto, Greer transmitió que Washington acepta el costo de mantener el desacuerdo, al menos por ahora, mientras evalúa posibles acuerdos sin comprometerse a un calendario de resolución.
Prohibiciones y aranceles amplían la presión
La próxima semana entrarán en vigor nuevas prohibiciones de importación de Estados Unidos sobre una amplia gama de productos canadienses. La lista incluye bebidas alcohólicas, motocicletas y productos lácteos, aunque la información disponible no detalla el valor de las mercancías afectadas ni precisa cuántos productos quedarán sujetos a cada restricción.
Además de esas prohibiciones, Washington amenaza con aplicar desde enero aranceles de 50% a los automóviles, las piezas y el acero canadienses. La advertencia podría tener consecuencias relevantes para la producción automotriz de América del Norte, según el reporte, debido al alcance regional de esa actividad; la fuente no cuantifica el impacto ni anticipa cómo responderían las empresas del sector.
Las medidas se suman a aranceles estadounidenses de 50% que, el mes pasado, alcanzaron unos USD $20.000 millones en productos canadienses. Canadá respondió con aranceles de represalia sobre bienes estadounidenses, que entraron en vigor a principios de septiembre, de acuerdo con la información publicada por Reuters; así, las decisiones de ambos gobiernos ya se traducen en costos comerciales concretos, aunque no se especifica su efecto económico agregado.
La secuencia muestra una escalada en dos frentes: Washington combina restricciones a las importaciones con la amenaza de gravámenes futuros, mientras Ottawa aplica sus propias medidas de respuesta. No se trata solamente de una discusión sobre los términos de un pacto, sino de un conflicto que afecta el acceso de productos de cada país al mercado del otro y que puede extender la incertidumbre a industrias conectadas a través de la frontera.
Negociaciones fallidas y dudas sobre el acuerdo regional
Las represalias canadienses siguieron a la imposición de aranceles estadounidenses y al fracaso de varias rondas de negociación. Ambos gobiernos se han culpado mutuamente por el colapso de las conversaciones, lo que ha ensanchado la brecha entre socios que mantienen un intercambio comercial significativo, según la descripción de la disputa recogida en el reporte.
El deterioro también llevó al primer ministro canadiense, Mark Carney, a instar a su país a alejarse más de su mayor socio comercial. Esa postura refleja el efecto político del conflicto: la relación ya no se limita a discutir tarifas y acceso a mercados, pues la prolongación de las tensiones alimenta en Canadá un debate sobre la dependencia económica respecto de Estados Unidos.
La disputa, además, pone en duda la viabilidad del Acuerdo entre Estados Unidos, México y Canadá. El reporte no afirma que el pacto haya dejado de existir, pero sí señala que el conflicto bilateral plantea interrogantes sobre su futuro; las fricciones entre dos de sus integrantes complican el panorama de un marco comercial que involucra a los tres países.
Algunos expertos consideran que la administración Trump podría buscar primero un acuerdo con México, antes de retomar un entendimiento con Canadá. Según esa interpretación, un pacto previo con el gobierno mexicano daría a Washington más poder de negociación frente a Ottawa, aunque se trata de una lectura atribuida a esos expertos y no de una estrategia confirmada por la Casa Blanca.
La ruta de las conversaciones sigue abierta
Funcionarios mexicanos dijeron esta semana que la próxima ronda de conversaciones entre México y Estados Unidos podría celebrarse en octubre. La fecha aún aparece como una posibilidad, no como un encuentro confirmado, pero su cercanía puede influir en la secuencia de negociaciones que algunos observadores esperan para la región.
Por ahora, Greer no ofreció una fecha límite para resolver la disputa con Canadá y describió como periódicos los contactos entre las partes. Esa combinación de conversaciones abiertas y falta de urgencia sugiere que Washington no descarta un acuerdo, pero tampoco presenta las negociaciones como una prioridad que deba concluir antes de que entren en vigor las medidas anunciadas.
La Embajada de Canadá en Washington no respondió de inmediato a una solicitud de comentarios, según el reporte. Por tanto, la posición canadiense no quedó representada en las declaraciones públicas citadas en esta información, aunque las medidas de represalia y el llamado de Carney a reducir la dependencia de Estados Unidos muestran decisiones y señales políticas atribuidas a Ottawa.
El siguiente tramo de la disputa estará marcado por la entrada en vigor de las prohibiciones la próxima semana y por la amenaza de aranceles automotrices, a piezas y acero desde enero. Mientras tanto, la posibilidad de conversaciones con México en octubre y los contactos ocasionales entre Washington y Ottawa dejan abierta una vía diplomática, pero la administración Trump no ha expresado que tenga prisa por recorrerla.
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