Foundation Future Industries, una startup de robótica fundada en 2024 y vinculada a Eric Trump, probó robots humanoides en Ucrania y ahora apunta al ejército de EE. UU., en una señal de cómo la IA y la automatización empiezan a redefinir la guerra moderna.
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- Foundation envió dos unidades Phantom MK-1 a Ucrania para pruebas logísticas en zonas peligrosas del conflicto contra Rusia.
- La empresa recibió contratos gubernamentales de investigación por USD $24 millones y busca ensayos con el ejército de EE. UU. en 12 a 18 meses.
- Expertos advierten dudas técnicas, costos elevados y riesgos éticos por la toma de decisiones autónoma en escenarios de combate.
Mientras muchas empresas de Silicon Valley prometen robots capaces de doblar ropa, preparar café o atender tareas de servicio, Foundation Future Industries persigue una dirección mucho más sensible: llevar humanoides autónomos a entornos industriales pesados y, potencialmente, al campo de batalla.
La compañía, con sede en San Francisco y fundada en 2024, desarrolla robots de “doble uso” para trabajos peligrosos. Su visión combina inteligencia artificial, manufactura avanzada y aplicaciones militares, un cruce que cada vez atrae más atención de gobiernos, inversionistas y expertos en seguridad nacional.
Según informó CNBC, Foundation ya probó sus robots humanoides en Ucrania, en medio de la guerra contra Rusia. La empresa busca usar esas pruebas como base para una expansión hacia el ejército de Estados Unidos.
El caso también genera controversia política. Eric Trump, hijo del presidente en funciones, se incorporó recientemente como asesor jefe de estrategia de la startup, después de haber sido inversionista de la firma, según un portavoz de la empresa.
Una startup que apunta a trabajos peligrosos, no a tareas domésticas
Foundation Future Industries nació con una tesis distinta a la de buena parte del sector humanoide. Su CEO, Sankaet Pathak, sostiene que la robótica con forma humana debe enfocarse en los mayores desafíos de la humanidad, no solo en tareas domésticas o servicios comerciales.
“Estoy convencido de que la tecnología está alcanzando un nivel en el que puede reemplazar trabajos que son peligrosos para que los realicen los humanos, y si puedes hacer eso, es el mayor bien neto que puedes crear de todas las aplicaciones de la robótica”, dijo Pathak.
Pathak ya era conocido en el sector tecnológico por Synapse, una plataforma fintech que se declaró en bancarrota en 2024. Poco después fundó Foundation junto con Arjun Sethi, ex CEO de Tribe Capital, y Mike LeBlanc, cofundador de Cobalt Robotics.
La compañía también enfrentó escrutinio por sus comunicaciones públicas. Foundation sugirió que tenía vínculos estrechos con General Motors y que podría recibir inversión del fabricante automotor, pero GM rechazó posteriormente esas afirmaciones.
Ese historial acompaña ahora a una apuesta más ambiciosa. Pathak planea escalar la producción a miles de unidades este año y llevar la tecnología a pruebas con fuerzas estadounidenses en un plazo relativamente corto.
Ucrania como laboratorio de robótica militar
La startup ganó mayor visibilidad internacional cuando envió dos unidades Phantom MK-1 a Ucrania para una demostración piloto. Foundation describió el despliegue como el primer uso conocido de robots humanoides en un teatro de combate.
Las pruebas, realizadas con funcionarios ucranianos y respaldadas por el gobierno de Estados Unidos, se concentraron en logística dentro de áreas peligrosas. Ese tipo de misión resulta clave en la guerra moderna, ya que recoger o entregar suministros puede exponer a soldados a fuego enemigo, drones y artillería.
Ucrania se convirtió en un escenario natural para estas pruebas. El conflicto contra Rusia, que ya entra en su quinto año, impulsó el uso de drones, sistemas terrestres no tripulados y herramientas de IA para reconocimiento, entrega de suministros y ataques de precisión.
Pathak afirmó que las pruebas del MK-1 mostraron potencial para operaciones de recogida de suministros. Sin embargo, los robots actuales aún están lejos de la imagen del supersoldado autónomo que suele dominar la ciencia ficción.
Las unidades MK-1 solo transportan una carga útil de unas 44 libras. Además, carecen de impermeabilización y no ofrecen una duración de batería suficiente para un despliegue a gran escala en condiciones reales de combate.
Foundation busca enviar a Ucrania una versión mejorada, el Phantom 2, durante este año. Pathak dijo que el nuevo modelo tendrá “habilidades sobrehumanas” y el doble de capacidad de carga útil que el Phantom 1.
El Ministerio de Defensa de Ucrania declinó comentar sobre el tema. El Departamento de Defensa de Estados Unidos no respondió a una solicitud de comentario, de acuerdo con el reporte original.
Contratos, Washington y el factor Eric Trump
Foundation espera que su experiencia en Ucrania abra la puerta a proyectos militares más amplios en Estados Unidos. La startup ya recibió contratos gubernamentales de investigación por un total de USD $24 millones.
Esos contratos cubren pruebas de viabilidad en inspección, logística y manejo de armas para el Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea. Según Pathak, las conversaciones con funcionarios dejaron de centrarse solo en investigación y avanzaron hacia cómo escalar el uso de los robots.
El objetivo del CEO es desplegar la tecnología con el ejército estadounidense y, si resulta necesario, en primeras líneas de conflicto dentro de los próximos 12 a 18 meses. Ese calendario muestra la velocidad con la que algunos actores del sector quieren llevar la robótica humanoide fuera del laboratorio.
La llegada de Eric Trump como asesor jefe de estrategia añade una dimensión política. La senadora demócrata Elizabeth Warren criticó la relación entre la empresa, los contratos públicos y el entorno presidencial, y calificó el caso como “corrupción a plena vista”.
Un portavoz de Foundation dijo que Eric Trump había invertido en la firma antes de unirse como asesor. También afirmó que ambas partes comparten una visión sobre traer de vuelta la manufactura a Estados Unidos.
Foundation enmarca su proyecto dentro de la competencia geopolítica con China. Pathak dijo que la meta consiste en entregar al ejército estadounidense “los mejores robots que podamos construir”, superiores a cualquier tecnología disponible para China.
El Pentágono trabaja con varias empresas de Estados Unidos en robots autónomos para usos militares. Sin embargo, aún no ha revelado el despliegue de un robot humanoide para estas funciones.
China, la carrera tecnológica y la forma humana
China cuenta con varias compañías importantes de robots humanoides y ha respaldado públicamente iniciativas en el área. Sus programas se enfocan sobre todo en aplicaciones industriales y económicas, aunque investigadores militares chinos han publicado trabajos sobre usos potenciales en defensa.
El alcance de esas pruebas militares sigue poco claro. Aun así, el ejército chino ya mostró versiones tempranas de perros robóticos impulsados por IA para combate y soldados robots humanoides controlados por movimiento.
Los defensores de los humanoides argumentan que la forma humana ofrece ventajas concretas. Muchas ciudades, fábricas, escaleras, pasillos, sótanos y centros logísticos fueron diseñados para cuerpos humanos, no para ruedas, orugas o vehículos pesados.
Kateryna Bondar, investigadora sénior del Wadhwani AI Center en CSIS, explicó que los espacios modernos de combate urbano podrían favorecer a sistemas humanoides en ciertos escenarios. Según ella, escaleras, escalerillas, sótanos y pasillos estrechos podrían darles una ventaja sobre robots con orugas o cuadrúpedos.
La promesa, sin embargo, convive con obstáculos técnicos. Los humanoides requieren equilibrio dinámico, manos hábiles, percepción avanzada, baterías eficientes y software capaz de adaptarse a entornos caóticos.
También enfrentan una pregunta económica. Un robot con forma humana puede costar más que un dron, un vehículo terrestre simple o un sistema de orugas diseñado para una tarea específica.
El debate ético sobre la guerra autónoma
La llegada de robots humanoides a escenarios de guerra intensifica una discusión ya abierta por los drones autónomos y los sistemas de IA militar. El punto más sensible gira en torno a quién toma decisiones cuando hay vidas humanas en riesgo.
Pathak sostuvo que la mayoría de los usos armados de los robots Phantom mantendrán alguna confirmación humana en el ciclo de decisión. Aun así, también dijo que los robots de Foundation necesitarán tomar decisiones completamente autónomas en ciertos escenarios de tiempo crítico.
Esa posibilidad preocupa a especialistas en ética, defensa y tecnología. En combate, una decisión de segundos puede separar una operación logística de un acto letal, y los errores de clasificación pueden tener consecuencias irreversibles.
El ejército estadounidense ya ha mostrado disposición a usar modelos de IA. La tecnología habría sido utilizada para informar ataques y decisiones en su conflicto en curso con Irán, según el reporte.
Para empresas como Foundation, el reto no será solo demostrar capacidad técnica. También deberán probar que sus robots humanoides ofrecen más valor práctico y económico que alternativas más simples, rápidas de fabricar y baratas de reemplazar.
Melanie Sisson, investigadora sénior del programa de Política Exterior de Brookings, resumió una de las principales dudas. “Hacer que los robots parezcan humanos es un desafío de ingeniería complejo y caro, y lo que Ucrania nos ha enseñado es lo contrario: que necesitamos la capacidad de adaptarnos rápidamente y fabricar de forma rápida y barata”, dijo.
Toby Walsh, científico jefe del Instituto de IA de la University of New South Wales, también proyecta una transformación profunda. “Espero que robots con orugas, voladores y submarinos reemplacen a las fuerzas humanas”, afirmó.
Walsh, sin embargo, puso distancia frente a la imagen más cinematográfica del asunto. Para él, esperar robots humanoides tipo Terminator podría ser más un “tropo de ciencia ficción” que una descripción precisa de la guerra que viene.
La conclusión que emerge es menos espectacular, pero igual de trascendente. La IA y la robótica ya no pertenecen solo al laboratorio ni al mercado civil, sino que avanzan hacia el centro de la estrategia militar contemporánea.
Foundation representa una apuesta extrema dentro de esa tendencia. Sus robots aún deben superar limitaciones de carga, batería, resistencia y costo, pero sus pruebas en Ucrania muestran que la frontera entre automatización industrial y guerra autónoma se vuelve cada vez más delgada.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público
Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA
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