Por Canuto  

La guerra de Trump contra Irán ha fracasado en mantener libre el estrecho de Ormuz. Ahora, la única salida podría ser aceptar peajes que Irán impone, una humillación que muchos consideran inevitable.
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  • Irán exige el 7% del valor de la carga como tarifa para reabrir el estrecho.
  • Estados Unidos rechaza la medida por considerarla un precedente peligroso.
  • Los países del Golfo ya se están adaptando con rutas alternativas.


La guerra preventiva de Donald Trump contra Irán ha fracasado en su objetivo de mantener libre el estrecho de Ormuz. Según un análisis de Responsible Statecraft, la única salida viable para Estados Unidos sería aceptar un sistema de peajes o tarifas que Irán ha impuesto de facto.

Tras el colapso del Memorándum de Entendimiento entre ambas naciones, Washington y Teherán han fortalecido sus posiciones para una eventual reanudación de negociaciones. Trump ha reiterado amenazas de bombardeos, mientras Irán mantiene el estrecho como su principal carta de presión.

Escenario geopolítico: la sombra de la guerra

Irán ha cerrado en la práctica el estrecho, limitando el tráfico marítimo a un mínimo absoluto. Antes de la guerra, entre 120 y 150 barcos transitaban diariamente por esa vía, transportando petróleo y gas hacia mercados globales.

Las negociaciones entre Irán y Omán, países en cada extremo del estrecho, continúan sin un acuerdo final. Irán conservará casi con seguridad más poder sobre el tráfico que antes de febrero, cuando comenzó el conflicto.

La administración Trump se opone firmemente a cualquier estructura de peajes, porque le daría ingresos adicionales a Irán y sería una prueba visible del error estratégico de la guerra. El secretario de Estado, Marco Rubio, expresó en julio que aceptar un peaje sentaría un precedente peligroso para otras vías internacionales.

Sin embargo, la realidad es que Irán ha aprovechado su geografía para imponer un costo a Estados Unidos y sus aliados. El cierre del estrecho no solo busca aumentar el costo de la guerra, sino que se ha convertido en una herramienta de disuasión estratégica.

Teherán ha atacado embarcaciones que utilizan la ruta sur, cerca de la costa de Omán, dejando claro que intensificará los ataques si Estados Unidos continúa con bombardeos. La reapertura del estrecho es ahora tan importante para Washington como el programa nuclear iraní, si no más.

La estrategia militar estadounidense, que buscaba degradar la capacidad del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI), ha subestimado la capacidad de Irán para fabricar drones y misiles baratos a gran escala. Cada ataque estadounidense no hizo más que reafirmar la convicción iraní de que la guerra es existencial.

Fracaso militar y opciones de Washington

Los intentos de Estados Unidos por devolver el estrecho a su estado anterior han fracasado. Trump intentó mediante la fuerza militar degradar la capacidad de Irán, pero la estrategia sobreestimó el poder estadounidense y subestimó la resiliencia iraní.

En lugar de capitular, Irán contraatacó, atacando embarcaciones y dejando claro que un bombardeo más intenso provocaría más ataques contra la infraestructura energética del Golfo. La guerra se ha prolongado sin un final a la vista, y la presión interna en Washington aumenta.

Rubio reiteró que aceptar peajes sería un precedente internacional peligroso, ya que otros Estados-nación podrían imitar el ejemplo. Sin embargo, los halcones del Capitolio también se oponen, pero el análisis de Responsible Statecraft sugiere que es la opción más eficiente para retirarse del conflicto.

La propuesta iraní exige un peaje del 7% del valor de la carga de cada barco. Según el artículo, esto generaría ingresos que Irán no habría tenido antes de la guerra, pero incluso así, no es una catástrofe.

El argumento es que aceptar las tarifas es mejor que una guerra interminable. La decisión de Trump de ir a la guerra creó la situación actual, y ahora Estados Unidos debe pagar el precio de sus malas políticas. Las consecuencias imprevistas son parte de la realidad.

Existen precedentes de mecanismos de compensación en puntos de estrangulamiento estratégicos. El estrecho de Malaca, por ejemplo, tiene un fondo voluntario administrado por Malasia, Indonesia y Singapur para seguridad marítima y protección ambiental. Un esquema similar en Ormuz no sentaría un precedente novedoso.

Las navieras y aseguradoras podrían incluso considerar estos pagos como beneficiosos si contribuyen a prevenir accidentes costosos. La aceptación de peajes sería un reconocimiento vergonzoso del ascenso de Irán, pero podría ser la salida más pragmática.

Peajes: un mal menor con precedentes

La alternativa a los peajes es un conflicto indefinido que ya ha mostrado su ineficacia. Los estados árabes del Golfo no se quedan de brazos cruzados; se están adaptando para reducir su vulnerabilidad al control iraní.

Arabia Saudita está utilizando su oleoducto este-oeste para exportar más crudo a través del mar Rojo, aunque esta ruta también es vulnerable a ataques de los hutíes alineados con Irán. Aun así, le ha permitido al reino evitar detener completamente su producción.

Los Emiratos Árabes Unidos están enviando más petróleo a través de su terminal de exportación de Fujairah, situada fuera del estrecho. La participación de Fujairah en las exportaciones de los EAU aumentó al 66% en julio, frente al 51% del mes anterior.

Estas acciones reducen la capacidad de Irán para obstruir los flujos de energía en el futuro. La diversificación de rutas es una tendencia inevitable, y el conflicto solo la ha acelerado.

Si las negociaciones para reabrir el estrecho conducen a tarifas de tránsito, los responsables políticos estadounidenses deberían mantener la calma. Ceder en este punto sería la forma más eficiente de retirarse de un conflicto absurdo a un costo mínimo.

La pregunta no es si Estados Unidos quiere peajes, sino si está dispuesto a aceptar un mal menor para evitar un mal mayor. La historia de Malaca demuestra que tales acuerdos son posibles y no necesariamente desastrosos.

La administración Trump podría argumentar que está protegiendo el interés nacional, pero ya ha pagado un alto precio por su error de cálculo. La aceptación de tarifas no sería un triunfo, pero sería un fin de la guerra.

Conclusión: la encrucijada de Trump

El conflicto en el estrecho de Ormuz ha llegado a un punto en el que las opciones son limitadas. Estados Unidos no ha logrado su objetivo militar, e Irán no ha cedido. La única vía para resolver la crisis podría ser aceptar un acuerdo que implique algún tipo de peaje o tarifa.

Las negociaciones continúan, y cualquier solución tendrá que considerar las demandas iraníes. El artículo de Responsible Statecraft concluye que los responsables políticos deben evaluar el costo-beneficio de continuar una guerra sin fin versus aceptar un sistema de tarifas que, aunque incómodo, es más racional.

La decisión final recae en Trump, quien deberá enfrentar la realidad de sus propias políticas. La aceptación de peajes no sería el fin del mundo, sino una lección sobre las consecuencias imprevistas de la guerra.


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