Por Canuto  

Un plan interno de 2017 habría planteado ofrecer derechos sobre una futura AGI a gobiernos, entre ellos Estados Unidos, China y Rusia. Dario Amodei se opuso y advirtió que la iniciativa podía alimentar una carrera armamentista y dañar la legitimidad moral de OpenAI.

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  • Greg Brockman e Ilya Sutskever impulsaron una propuesta de financiación conocida internamente como el «plan de los países».
  • OpenAI afirmó que no consideró vender AGI a China ni a Rusia, y dijo que abandonó la iniciativa tras obtener financiación de Microsoft.
  • El desacuerdo fue uno de varios que precedieron la salida de Amodei y otros seis colegas para fundar Anthropic en 2020.

 


Una propuesta interna de OpenAI de 2017 habría planteado subastar a gobiernos los derechos de una futura inteligencia artificial general, o AGI, en un momento en que la empresa buscaba nuevas fuentes de financiación. El plan habría contemplado a Estados Unidos, China y Rusia, pero OpenAI negó que evaluara vender AGI a China o Rusia, una diferencia importante entre el relato de personas familiarizadas con la iniciativa y la versión de la empresa.

Una idea de financiación que cambió de alcance

El periodista Kevin Roose relató el episodio en un extracto de su próximo libro, The AGI Chronicles, publicado por The Atlantic. Según su investigación, cinco personas familiarizadas con la iniciativa describieron una propuesta que comenzó como una posible coalición internacional para gestionar los riesgos de la AGI y luego adquirió otro propósito dentro de OpenAI: recaudar fondos.

La discusión se produjo cuando Elon Musk se alejaba de OpenAI y el laboratorio necesitaba capital, de acuerdo con el relato de Roose. En el invierno de 2017, Greg Brockman e Ilya Sutskever presentaron la propuesta al personal; para entonces, la iniciativa se conocía internamente como el «plan de los países» y vinculaba la financiación con una posible transferencia de derechos sobre la tecnología.

Dos personas familiarizadas con el razonamiento de Brockman y Sutskever dijeron a Roose que ambos creían que los gobiernos acabarían incautando la AGI a las empresas que lograran desarrollarla. Desde esa premisa, se preguntaron por qué OpenAI no debía venderla mientras aún necesitaba dinero, una lógica que una persona presente en la exposición describió como una propuesta tecnológica extravagante cuyo desenlace consistía en hacer que el gobierno pagara.

El alcance de la idea no queda presentado de manera idéntica por todos los involucrados. Un portavoz de OpenAI dijo a Roose que la empresa consideró brevemente transformarse en un esfuerzo cooperativo internacional, pero que no evaluó vender AGI a China ni a Rusia; el reporte, en cambio, recoge testimonios sobre una propuesta de subasta a gobiernos que incluía a esos países.

La objeción de Amodei y el desenlace del plan

Dario Amodei se opuso a la iniciativa y dejó constancia de sus reparos en un correo enviado en diciembre de 2017 a Brockman, Sutskever y otros ejecutivos, según el extracto. Allí sostuvo que el plan podía agravar, en lugar de reducir, las carreras armamentistas, facilitar atrocidades contra los derechos humanos y debilitar la legitimidad moral de OpenAI.

La objeción no fue un desacuerdo menor sobre cómo captar recursos: cuestionaba las consecuencias políticas y éticas de ofrecer a gobiernos derechos sobre una tecnología que la propia empresa consideraba de gran impacto. La advertencia de Amodei también apuntaba a una contradicción entre el propósito declarado de gestionar los riesgos de la AGI y una estrategia que, según él, podía intensificar la competencia entre Estados.

OpenAI abandonó el plan después de conseguir financiación de Microsoft, de acuerdo con el reporte. La información disponible no detalla qué derechos concretos se habrían ofrecido, cómo se habría estructurado una eventual subasta ni cuánto dinero esperaba recaudar la compañía, por lo que el episodio describe una propuesta discutida internamente y no una venta que haya llegado a ejecutarse.

La disputa fue una de varias que contribuyeron a la salida de Amodei, aunque el material no la presenta como la única causa. Roose también recoge desacuerdos sobre una lista de clientes autorizados para acceder a GPT-3 y sobre las condiciones de seguridad del acuerdo de USD $1.000 millones con Microsoft; Amodei mantenía una lista de momentos en los que, a su juicio, Sam Altman lo había engañado.

La ruptura y las tensiones entre las compañías

En 2020, Amodei y seis colegas dejaron OpenAI para fundar Anthropic, y el grupo llamó «el divorcio» a los términos de su salida, según el extracto. El acuerdo permitió al equipo contratar personal de OpenAI durante varias semanas e incluyó un compromiso mutuo de no desacreditarse públicamente; la nueva empresa, añade el relato, había considerado inicialmente el nombre Sparrow Systems.

Otro episodio citado por Roose se refiere a Kanye West y el acceso anticipado a GPT-3. En 2020, Altman habría ofrecido al músico acceso a la beta privada del modelo, según dos personas consultadas por el periodista, pero Jack Clark, entonces director de políticas de OpenAI, bloqueó la posibilidad.

El reporte también retrata una relación todavía hostil entre los fundadores y ejecutivos de ambas compañías. Varias personas que conocen a Dario y Daniela Amodei dijeron a Roose que ambos «desprecian» a Altman y Brockman; además, el texto atribuye a Amodei el uso de la palabra «malvados» para referirse a Altman y OpenAI en mensajes internos de Slack, mientras algunas personas de OpenAI describen a los Amodei como señalizadores de virtud con hambre de poder.

Como muestra del contexto más reciente, el artículo señaló que Altman y Amodei se saltarían una investigación australiana y que ambos aparecieron junto al primer ministro de India, Narendra Modi, en la inauguración de la India AI Impact Summit en Nueva Delhi, el 19 de febrero de 2026. También mencionó que Anthropic se preparaba para salir a bolsa y que su prospecto mostraba pérdidas de USD $42.000 millones en 2025, mientras Brockman retiró una promesa de USD $25 millones a un super PAC de IA.

Lo que revela el episodio sobre el debate de la AGI

La discusión de 2017 expone una tensión central en el desarrollo de sistemas de IA avanzada: cómo financiar proyectos de alto costo sin convertir la búsqueda de capital en un incentivo para transferir capacidades sensibles. En la versión atribuida a los impulsores del plan, la posibilidad de que un gobierno se apropiara de la tecnología justificaba intentar negociar de antemano; Amodei objetó que ese enfoque podía intensificar precisamente los riesgos que pretendía contener.

La distinción entre una propuesta de cooperación internacional y una subasta comercial resulta esencial para entender el desacuerdo. OpenAI reconoce que evaluó brevemente una estructura cooperativa, pero rechaza que considerara ventas a China o Rusia; por eso, los detalles sobre el alcance de la iniciativa descansan en testimonios recogidos por Roose y deben leerse junto con la respuesta oficial de la compañía.

El caso tampoco demuestra que OpenAI haya transferido derechos de AGI a un gobierno, ni que la propuesta hubiera avanzado hasta una negociación formal. Lo que el reporte documenta es una idea presentada al personal, una oposición interna explícita y el abandono del plan después de que Microsoft aportara financiación, elementos que ayudan a explicar las tensiones que desembocaron en la salida de Amodei.

La historia vuelve a poner el foco en las diferencias entre OpenAI y Anthropic sobre el control, la seguridad y la legitimidad del desarrollo de IA, aunque el extracto no resuelve cuál enfoque resulta más adecuado. Sí deja claro que, antes de la ruptura, sus directivos debatieron si la futura AGI debía tratarse como una tecnología bajo cooperación internacional o como un activo capaz de atraer recursos mediante acuerdos con gobiernos.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.

 


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