El operador del mercado eléctrico australiano proyecta que los centros de datos podrían multiplicar su consumo hasta alcanzar unos 34 TWh anuales y cerca del 12% de la demanda del mercado nacional hacia 2035-36, mientras Australia retira parte de su generación a carbón y gas.
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- AEMO prevé que la demanda eléctrica de los centros de datos alcance aproximadamente 34 TWh anuales y alrededor del 12% de la red hacia 2035-36, frente a cerca de 3% actualmente.
- Australia retirará aproximadamente 13 GW de plantas de carbón y casi 2 GW de generación a gas durante la próxima década.
- Las conexiones de nuevos proyectos de generación y almacenamiento aumentaron con fuerza, pero más de un tercio de los proyectos de centros de datos identificados el año anterior fue cancelado.
La demanda que cambia el mapa eléctrico
Los centros de datos australianos podrían consumir aproximadamente 34 teravatios hora anuales hacia 2035-36, según las proyecciones del Operador del Mercado de Energía de Australia, AEMO. Esa demanda equivaldría a cerca del 12% del mercado eléctrico nacional, frente a aproximadamente 3% en la actualidad, un aumento de casi siete veces que coloca a la infraestructura digital en el centro de la planificación energética del país.
La estimación aparece en los análisis de planificación de AEMO para el Mercado Nacional de Electricidad, utilizados por empresas de servicios públicos y gobiernos para evaluar si la oferta disponible podrá cubrir la demanda durante los siguientes diez años. El pronóstico no constituye un calendario definitivo de construcción, sino una referencia para estudiar inversiones, conexiones y medidas destinadas a preservar la confiabilidad de la red.
El escenario llega en un momento especialmente delicado para Australia, que avanza hacia el retiro de parte de su antigua generación de base. Aproximadamente 13 gigavatios de plantas de carbón dejarían de operar durante la próxima década, mientras que casi 2 gigavatios adicionales de generación a gas también desaparecerían, según el escenario descrito por el operador.
Las cifras de consumo y retiro no pueden compararse como si midieran lo mismo. Los 34 teravatios hora representan energía utilizada a lo largo de un año, mientras que los 13 gigavatios de carbón y casi 2 gigavatios de gas describen capacidad de generación, una diferencia importante para interpretar el efecto real sobre el sistema.
Una carga constante para una red en transición
AEMO considera que los centros de datos tienen una influencia particularmente alta porque operan de forma relativamente constante durante el día y a lo largo de las estaciones, de manera parecida a las grandes cargas industriales. Esa estabilidad puede beneficiar la previsibilidad del consumo, pero también mantiene una presión continua sobre la red.
La demanda residencial aumenta, por ejemplo, cuando las personas cocinan o utilizan aire acondicionado, mientras que las fábricas organizan sus operaciones por turnos. Una fila de servidores, en cambio, puede continuar funcionando sin seguir esos ciclos cotidianos.
La diferencia adquiere relevancia cuando el sistema enfrenta sus horas más tensas, especialmente si la producción renovable disminuye o una instalación importante queda fuera de servicio. Un centro de datos que mantiene sus equipos activos durante esas ventanas no necesariamente puede trasladar su consumo a otra hora, por lo que cada nueva conexión exige evaluar la capacidad de transmisión, generación y respaldo.
El desafío se relaciona directamente con la expansión de la inteligencia artificial, cuyos servicios requieren grandes instalaciones de cómputo y sistemas de refrigeración. Australia busca atraer la inversión asociada con esa construcción, pero también debe administrar la presión sobre su red eléctrica y sus recursos hídricos.
Más generación, pero también más incertidumbre
El panorama no está definido únicamente por el riesgo de escasez. Las conexiones de proyectos de generación y almacenamiento superaron en más del doble el récord registrado el año anterior, según la información disponible, una señal de que la cartera de nueva capacidad está creciendo con rapidez.
Alrededor de 9 gigavatios de nueva generación y almacenamiento alcanzaron plena operación durante 2025-26, aproximadamente el doble de lo incorporado en el ejercicio previo. Ese avance puede mejorar las perspectivas de confiabilidad, aunque no garantiza por sí solo que la oferta llegue a tiempo para cubrir el crecimiento de la demanda de los centros de datos.
El mensaje combina una señal de confianza con una advertencia sobre los tiempos. La red puede mejorar si los proyectos de energía renovable y almacenamiento llegan a operar antes de que se retiren las plantas antiguas, pero la expansión de los centros de datos podría avanzar a un ritmo que deje poco margen para completar cables, subestaciones y capacidad firme.
Proyectos anunciados frente a proyectos reales
La proyección de AEMO también enfrenta una corrección relevante en la cartera de infraestructura digital. Los desarrolladores cancelaron desde entonces más de un tercio de los proyectos de centros de datos que el operador había enumerado el año anterior, lo que muestra la distancia que puede existir entre los anuncios corporativos, los planes preliminares y las instalaciones que finalmente se conectan.
La reducción no elimina automáticamente el riesgo para la red, porque los proyectos que permanecen podrían concentrar una demanda mayor o avanzar con mayor rapidez. Además, una iniciativa que pierde parte de su capacidad durante un año todavía puede volver a modificarse, mientras que nuevos proyectos pueden incorporarse antes de que la infraestructura eléctrica asociada esté lista.
La inversión potencial explica por qué el gobierno australiano no puede tratar el asunto como una simple disputa técnica entre desarrolladores y empresas eléctricas. Commonwealth Bank of Australia estima que la construcción de centros de datos en el país podría alcanzar AUD $150.000 millones, equivalentes a cerca de USD $108.000 millones, para 2030, según la información de origen.
Esa oportunidad económica convive con costos que no aparecen en el valor de la construcción. La Corporación Financiera de Energía Limpia ha señalado riesgos de cuellos de botella, precios más altos para los consumidores y una dependencia de combustibles fósiles superior a la prevista, mientras otros análisis han identificado un desajuste entre la llegada de la demanda y la disponibilidad de redes.
Conexiones, permisos y decisiones políticas
Un centro de datos puede comenzar a operar mucho antes de que exista la infraestructura necesaria para suministrarle electricidad, un desfase que obliga a coordinar las decisiones de inversión con años de anticipación. Cuando la demanda llega primero, el proyecto puede enfrentar una larga espera para conectarse o presionar al operador para encontrar soluciones provisionales que encarezcan el sistema.
La política federal australiana busca que los nuevos centros de datos funcionen mayoritariamente con energía renovable, según un reporte de Reuters. La medida implica que los centros alimentados exclusivamente con gas no cumplirían los estándares nacionales para registrarse, aunque el diseño final de las reglas y su aplicación siguen siendo asuntos regulatorios.
Algunas administraciones regionales se oponen a determinadas propuestas y reclaman mayor claridad sobre la autoridad que tendrá cada nivel de gobierno para aprobar instalaciones vinculadas con la inteligencia artificial. La disputa refleja la tensión entre atraer inversión, proteger la capacidad de la red y limitar los impactos locales.
Alternativas fuera de la red
Algunos desarrolladores intentan evitar la espera por una conexión convencional mediante instalaciones capaces de producir su propia energía. Entre las propuestas figura un centro de datos de inteligencia artificial de AUD $28.000 millones en una estación remota rica en gas, diseñado para funcionar fuera de la red eléctrica principal, según reportes de The Next Web y World Oil.
La estrategia resolvería un problema inmediato para el operador, porque el sitio dejaría de competir por capacidad de transmisión o por una conexión disponible en el Mercado Nacional de Electricidad. Sin embargo, trasladaría la discusión hacia las emisiones, ya que generar electricidad con gas por cuenta propia no elimina el impacto climático asociado al consumo energético.
Además, la política federal anunciada en agosto de 2026 plantea un límite para los modelos basados exclusivamente en gas: Reuters informó que los nuevos centros de datos deberán ser mayoritariamente abastecidos con energía renovable. Por ello, un proyecto fuera de la red tendría que demostrar cómo cumple los requisitos nacionales, si estos resultan aplicables a su registro.
Causas de movimientos recientes
El aumento proyectado de la demanda no representa un movimiento bursátil o de precios cuyo catalizador esté identificado en la evidencia disponible. La explicación más directa es una proyección de crecimiento de las cargas asociadas con centros de datos e inteligencia artificial, pero debe considerarse una explicación plausible del escenario energético, no una causa confirmada de un movimiento de mercado.
Como contexto confirmado, AEMO señala que la demanda de electricidad de los centros de datos podría crecer con rapidez hasta aproximarse a 34 TWh y cerca del 12% de la red. Al mismo tiempo, la expansión de generación y almacenamiento mejora las perspectivas de oferta, mientras los retiros de carbón y gas mantienen la presión sobre la planificación.
Qué queda sin resolver
La proyección de 34 teravatios hora no identifica qué centros de datos se construirán, qué proyectos recibirán alimentación ni cuáles quedarán fuera de la cartera final. La incertidumbre aumenta porque la lista utilizada por AEMO ya perdió más de un tercio de sus proyectos desde el año anterior, aunque no existe garantía de que la reducción continúe al mismo ritmo.
Tampoco está claro qué participación alcanzará finalmente el sector si la inversión esperada después de 2030 no se materializa. El resultado dependerá tanto de la demanda de servidores como de la capacidad del país para entregar generación, almacenamiento y redes de transmisión a tiempo.
El problema central no consiste únicamente en encontrar electricidad para alimentar servidores, sino en coordinar tres calendarios que avanzan a velocidades diferentes: la construcción de centros de datos, el retiro de plantas antiguas y el desarrollo de nuevas líneas eléctricas. Si esos procesos no coinciden, Australia podría obtener parte de la inversión que busca a costa de mayores precios, más combustibles fósiles o restricciones para otros consumidores.
La decisión política también permanece abierta, porque los gobiernos estatales y federales todavía deben definir cómo se aprobarán y conectarán los nuevos centros de datos. Mientras esa definición no llegue, la proyección de AEMO seguirá siendo una alerta útil, pero no una respuesta definitiva sobre cómo el país sostendrá el crecimiento de la IA.
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