Por Canuto  

LandSpace recuperó en tierra la primera etapa del Zhuque-3, un logro que acerca a China a la reutilización orbital, aunque todavía debe demostrar que puede reacondicionar y volver a volar sus propulsores con rapidez y bajo costo.
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  • LandSpace aterrizó la primera etapa del Zhuque-3 sobre patas, después de enviar un satélite a órbita desde Jiuquan.
  • La empresa busca reutilizar el propulsor dentro de seis meses y aspira a que cada etapa vuele hasta 20 veces.
  • SpaceX conserva una amplia ventaja por la frecuencia de sus lanzamientos y el uso repetido de sus propulsores Falcon 9.

 


LandSpace recuperó la primera etapa de su cohete Zhuque-3 sobre patas en tierra firme, un logro que China alcanzó por primera vez con un propulsor de clase orbital. El aterrizaje ocurrió el miércoles en la provincia noroccidental de Gansu, después de que el vehículo despegara desde Jiuquan y ayudara a colocar un satélite en órbita. La hazaña ubica a la startup entre las pocas compañías privadas capaces de recuperar este tipo de hardware y estrecha, aunque todavía de forma limitada, la distancia tecnológica con Estados Unidos.

La primera etapa descendió aproximadamente 390 kilómetros desde el punto de lanzamiento, según reportes citados por Reuters, y terminó apoyada sobre sus patas en una zona terrestre preparada para la maniobra. La agencia estatal Xinhua difundió la información, posteriormente recogida por Bloomberg, mientras LandSpace presentó el resultado como un avance central para su estrategia de cohetes reutilizables. China ya había conseguido una recuperación en el mar el mes pasado, mediante una red instalada sobre una plataforma flotante, pero aquel procedimiento no equivalía al aterrizaje terrestre realizado esta vez.

Por qué importa la recuperación

La primera etapa concentra una parte importante del valor y de la complejidad de un cohete orbital, porque incorpora los motores, los tanques y buena parte de los sistemas necesarios para abandonar la atmósfera. Poder devolverla, recuperarla y reutilizarla permite repartir esos costos entre varios vuelos, en lugar de fabricar un vehículo nuevo después de cada lanzamiento. Por esa razón, la reutilización representa una condición decisiva para convertir las misiones orbitales en operaciones más frecuentes y comercialmente sostenibles.

El aterrizaje también modifica la economía de los lanzamientos porque reduce la dependencia de vuelos únicos, que obligan a absorber el costo completo del hardware en cada misión. Reuters describió esta evolución como un paso hacia una industria espacial comercial más viable, con una lógica comparable a la de la aviación civil, donde los aviones regresan y vuelven a operar. Sin embargo, recuperar un propulsor es apenas la primera parte del desafío: la compañía debe probar que puede inspeccionarlo, repararlo y prepararlo de nuevo sin convertir el proceso en una carga financiera.

LandSpace presenta al Zhuque-3 como la respuesta china al Falcon 9 de SpaceX, aunque las capacidades publicadas muestran una diferencia importante. El vehículo mide 66,1 metros de altura, utiliza nueve motores en su primera etapa y está construido con acero inoxidable, un material que la empresa considera más resistente al calor y potencialmente más barato de producir que la aleación de aluminio-litio empleada en el Falcon 9.

El Zhuque-3 funciona con metano y oxígeno líquido, una combinación que LandSpace describe como más limpia en su combustión que el queroseno utilizado por el Falcon 9. La compañía afirma que el cohete puede transportar 14,2 toneladas métricas a la órbita terrestre baja en una misión de ida, frente a las 22,8 toneladas que puede llevar el vehículo de SpaceX. Esa comparación muestra que el aterrizaje es relevante, pero no elimina las diferencias de capacidad, experiencia operativa y frecuencia de vuelo.

Una prueba decisiva para LandSpace

El vuelo del miércoles representó el segundo intento de LandSpace de aterrizar el Zhuque-3 y el cuarto esfuerzo general de China para recuperar un propulsor orbital. La startup realizó en diciembre de 2025 la primera prueba china de un cohete reutilizable, pero aunque el vehículo alcanzó la órbita según lo previsto, su primera etapa no completó un aterrizaje controlado. Semanas después, el Long March 12A, desarrollado por el Estado, también llegó a la órbita y falló durante su intento de recuperación.

En julio, China ensayó otra solución con el Long March 10B, cuyo propulsor fue capturado mediante cuatro ganchos livianos que sujetaron cables de acero instalados en una red sobre una plataforma flotante. Pekín sostuvo que ese método simplificaba la estructura, reducía la masa del cohete y aumentaba su capacidad de carga. El aterrizaje del Zhuque-3 utilizó un sistema diferente, porque la etapa desplegó patas y descendió sobre tierra firme, una maniobra que exige controlar con precisión la trayectoria, la velocidad y el contacto final.

La compañía ahora planea volver a utilizar una primera etapa recuperada dentro de los próximos seis meses, un plazo que se convertirá en la siguiente prueba relevante del diseño. LandSpace aspira a que cada propulsor pueda volar hasta 20 veces, una meta que permitiría reducir el precio de las misiones y elevar la cadencia de lanzamiento. La promesa, no obstante, todavía depende de operaciones que la startup no ha demostrado públicamente, entre ellas el reacondicionamiento rápido y el retorno seguro al servicio.

Eric Zhu, analista de Bloomberg Intelligence, calificó la recuperación como un momento decisivo para el sector espacial comercial de China, aunque advirtió que LandSpace enfrenta una tarea más difícil a partir de ahora. Según su evaluación, SpaceX necesitó varios años para dominar la revisión y reutilización económica de sus propulsores, por lo que el aterrizaje exitoso no garantiza que el modelo chino alcance de inmediato una operación rentable. La diferencia entre una demostración técnica y una flota reutilizable se medirá en la regularidad, el costo y la confiabilidad de los siguientes vuelos.

La ventaja que mantiene SpaceX

SpaceX comenzó a recuperar y reutilizar propulsores Falcon 9 en 2017, y desde entonces construyó una experiencia operativa que ninguna empresa china ha igualado. Bloomberg señala que la compañía estadounidense lanza actualmente el cohete alrededor de 150 veces al año y reutiliza algunos propulsores en docenas de misiones. Esa cadencia le permitió consolidar una posición dominante en los lanzamientos de carga pesada y apoyar el despliegue de la red de satélites Starlink.

El contraste no depende únicamente de cuántas veces puede volar un propulsor, sino también de la infraestructura que rodea cada misión. SpaceX combina plataformas, procesos de mantenimiento, producción de motores, coordinación logística y una cartera de clientes que sostiene vuelos frecuentes. LandSpace acaba de superar el obstáculo inicial del aterrizaje terrestre y todavía no ha vuelto a volar una etapa recuperada, de modo que su plan de seis meses será una prueba mucho más exigente que la demostración del miércoles.

SpaceX trabaja además en una etapa distinta de la reutilización con Starship, cuyo objetivo incluye atrapar el vehículo en el aire mediante estructuras instaladas cerca de la plataforma de lanzamiento. Blue Origin, respaldada por Jeff Bezos, también ha aterrizado un propulsor de clase orbital, por lo que ambas empresas estadounidenses conservan una ventaja histórica y operacional. La recuperación china reduce una brecha concreta, pero no cambia todavía el equilibrio general del mercado espacial privado.

China también enfrenta contratiempos en su programa de lanzamientos, incluido el caso de un cohete que explotó durante una misión a principios de este mes, según Bloomberg. Estos fallos recuerdan que la carrera no se define por una sola maniobra exitosa, sino por la capacidad de mantener seguridad y confiabilidad mientras aumentan la frecuencia y la complejidad de los vuelos. Para LandSpace, cada misión futura tendrá que demostrar que el aterrizaje puede integrarse en un sistema repetible y no quedar como un logro aislado.

Financiamiento y carrera comercial

LandSpace surgió entre las principales startups chinas que aparecieron después de que Pekín abriera su industria espacial a empresas privadas hace aproximadamente una década. En 2023, la compañía se convirtió en la primera empresa del mundo en lanzar un cohete alimentado por metano, adelantándose a SpaceX en ese hito tecnológico. Su reciente recuperación puede fortalecer la posición de la startup ante inversionistas, especialmente mientras busca recursos para ampliar su capacidad industrial y sostener una mayor cantidad de misiones.

La empresa pretende cotizar en el mercado STAR de Shanghái y busca recaudar CNY 7.500 millones, equivalentes a aproximadamente USD $1.110 millones, de acuerdo con Reuters. En un prospecto actualizado en junio, LandSpace indicó que aspira a alcanzar la rentabilidad para 2029. El aterrizaje puede ayudar a respaldar esa narrativa financiera, aunque los inversionistas tendrán que evaluar si la compañía transforma el avance técnico en contratos, lanzamientos recurrentes y márgenes capaces de justificar la inversión.

La presión comercial aumenta porque China está construyendo su propia red de satélites de internet, un proyecto que hasta ahora ha dependido de cohetes de un solo uso para colocar los equipos en órbita. Si LandSpace logra reutilizar sus etapas con rapidez, podría contribuir a reducir el costo de desplegar esa infraestructura y aumentar la velocidad de las misiones. El beneficio potencial no se limita al negocio de la startup, ya que una cadena de lanzamientos más barata fortalecería las ambiciones espaciales y de conectividad del país.

La competencia tampoco se limita a China y Estados Unidos, pues compañías de India trabajan en sistemas de recuperación propios. La startup AgniKul Cosmos prepara una misión para principios de 2027 que busca recuperar una primera etapa después de entregar su carga útil. En ese contexto, el aterrizaje del Zhuque-3 marca un avance relevante para China, pero el liderazgo se decidirá cuando las empresas puedan volar repetidamente, reacondicionar sus vehículos a bajo costo y demostrar que la reutilización funciona como negocio.


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Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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