Por Canuto  

Balancer Labs, la entidad corporativa detrás de uno de los nombres históricos de DeFi, cerrará tras meses de presión financiera y legal luego del exploit de noviembre de 2025. Aunque la empresa desaparecerá, los ejecutivos plantean que el protocolo continúe bajo una estructura más ligera, con la Balancer Foundation y la DAO al frente.

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  • Balancer Labs cerrará como empresa tras el exploit de noviembre de 2025, que drenó cerca de USD $110 millones a USD $116 millones.
  • El protocolo seguirá en línea bajo una reestructuración que contempla cero emisiones de BAL, nuevos esquemas de comisiones y menos costos operativos.
  • El TVL de Balancer cayó desde un máximo de entre USD $3.300 millones y casi USD $3.500 millones en 2021 hasta cerca de USD $157 millones a USD $158 millones.

 


Balancer Labs, la entidad corporativa que incubó y financió el protocolo DeFi Balancer, cerrará sus operaciones tras meses de presión financiera y legal derivada del hackeo sufrido en noviembre de 2025.

Pese al cierre de la empresa, los principales responsables del proyecto plantean que el protocolo continúe funcionando bajo una estructura más reducida, apoyada por la Balancer Foundation y la DAO de Balancer.

La decisión marca un punto de inflexión para uno de los nombres más reconocidos del auge de las finanzas descentralizadas de 2020 y 2021. En su mejor momento, Balancer llegó a figurar junto a Aave, Uniswap y Curve como parte de la infraestructura central para el trading descentralizado, pero el deterioro de sus métricas y la carga del último hack precipitaron una reestructuración profunda.

Fernando Martinelli, cofundador de Balancer Protocol, explicó en una publicación de gobernanza que cerrar Balancer Labs no fue una medida sencilla. Según sus palabras, la entidad corporativa se convirtió en “un pasivo más que en un activo para el futuro del protocolo”, en un contexto donde operaba sin ingresos y con una exposición legal continua ligada a incidentes de seguridad pasados.

Marcus Hardt, CEO de Balancer Labs, también sostuvo que la estructura vigente gastaba demasiado para atraer liquidez en relación con los ingresos reales generados por el protocolo. Esa estrategia, añadió, terminó diluyendo a los holders del token BAL, sin resolver los problemas de fondo del modelo económico.

Del liderazgo en DeFi a una caída prolongada

Para entender la magnitud del cambio, conviene recordar que Balancer fue uno de los protocolos más destacados del ciclo alcista anterior. De acuerdo con los reportes recogidos por Cointelegraph y CoinDesk, su valor total bloqueado, o TVL, alcanzó un máximo de más de USD $3.300 millones en noviembre de 2021.

Desde entonces, la trayectoria fue claramente descendente. Para octubre de 2025, el TVL ya se había reducido a cerca de USD $800 millones. Luego del exploit de noviembre, Balancer perdió otros USD $500 millones en TVL durante las dos semanas siguientes, lo que reflejó el daño que el incidente de seguridad causó sobre la confianza del mercado y la permanencia de liquidez.

En la actualidad, el TVL ronda entre USD $157 millones, según las cifras citadas en ambas historias. CoinDesk también indicó que la caída acumulada desde el máximo de 2021 ronda el 95 %, mientras que la capitalización de mercado se ubica en torno a USD $10 millones.

Ese retroceso no solo refleja la salida de capital del protocolo. También ilustra una realidad más amplia del sector: incluso cuando un producto sigue generando actividad y comisiones, un hack de gran escala puede alterar su viabilidad operativa, su percepción de riesgo y su capacidad para sostener una estructura corporativa tradicional.

El exploit de noviembre y la carga legal

El factor decisivo detrás del cierre fue el exploit de v2 ocurrido en noviembre de 2025. Como se reportó en su momento, el incidente drenó aproximadamente USD $110 millones en activos digitales, incluidos osETH, WETH y wstETH. En su informe reciente, Cointelegraph estimó el monto comprometido en USD $116 millones.

Más allá de la diferencia entre ambas estimaciones, el consenso es claro: se trató de una brecha de gran envergadura y de la tercera vulneración de seguridad conocida del proyecto. Martinelli afirmó que ese exploit creó una exposición legal “real y continua”, y que mantener una entidad corporativa que cargara con la responsabilidad de incidentes pasados ya no era sostenible.

El cofundador incluso señaló que consideró seriamente cerrar todo el protocolo. Sin embargo, descartó una liquidación total porque Balancer todavía genera ingresos reales. Esa observación es importante, ya que sugiere que el problema central no es la inutilidad del producto, sino el desajuste entre su actividad económica, su tokenómica y sus costos de operación.

En esa línea, Martinelli resumió la situación con una frase contundente: el problema no es que Balancer no funcione, sino que la economía alrededor de Balancer no está funcionando. Para el equipo remanente, esa es precisamente la parte que aún podría corregirse mediante una reestructuración agresiva.

Qué cambia en la nueva estructura propuesta

El plan hacia adelante consiste en que el protocolo sea gestionado por la Balancer Foundation y la DAO, con apoyo operativo de una nueva Balancer OpCo, sujeta a aprobación de gobernanza. Los miembros esenciales del equipo de Balancer Labs serían absorbidos por esa nueva estructura, mientras que Martinelli no mantendría una relación formal con el protocolo después del cierre, aunque se ofreció como asesor.

Entre las medidas más relevantes figura la reducción de las emisiones de BAL a cero. Martinelli describió el esquema vigente como una “economía circular de sobornos que cuesta más de lo que genera”, una crítica directa al sistema mediante el cual se incentivaba la liquidez con una carga creciente para la sostenibilidad del proyecto.

También se propone desmontar el modelo de gobernanza veBAL. Según el cofundador, ese sistema terminó capturado por protocolos de meta-gobernanza como Aura y por mercados de sobornos, lo que volvió la votación “no representativa del frente de batalla real de Balancer”. En otras palabras, la gobernanza dejó de reflejar con fidelidad las necesidades del protocolo y comenzó a responder a incentivos externos.

Otro cambio clave afectaría las comisiones. La propuesta busca que el tesoro de la DAO capture el 100 % de los ingresos del protocolo, frente al 17,5 % actual. En paralelo, la participación del protocolo v3 se reduciría al 25 % para intentar atraer liquidez más orgánica. Hardt defendió esta “ruta de continuación más ligera”, con menores costos operativos y un equipo tan reducido como sea posible.

Ingresos, recompra de BAL y recorte del producto

A pesar del deterioro, Balancer todavía produce ingresos. Cointelegraph señaló que el protocolo generó más de USD $1 millón a lo largo de los últimos tres meses, mientras que CoinDesk habló de más de USD $1 millón en comisiones anualizadas durante ese mismo periodo. En ambos casos, el mensaje es similar: esa cifra no sostiene la operación actual, pero sí podría sustentar una versión mucho más austera.

La reestructuración también contempla una recompra de BAL, diseñada para ofrecer a los holders una salida considerada justa por el equipo. La idea es que quienes no confíen en el Balancer reestructurado puedan retirarse con liquidez, mientras que quienes sí vean potencial en la nueva etapa permanezcan en el ecosistema sin la presión pendiente de un modelo insostenible.

En materia de producto, el recorte será amplio. El enfoque quedaría limitado a cinco áreas donde el equipo cree que Balancer aún tiene diferenciación: pools reCLAMM, pools de arranque de liquidez, pools de stablecoins y tokens de staking líquido, pools ponderados y la expansión a cadenas no EVM. Todo lo demás saldría de la hoja de ruta.

Ese ajuste busca concentrar recursos en los segmentos donde Balancer todavía puede competir. Es una señal clara de disciplina estratégica, pero también una admisión de que el protocolo ya no puede perseguir una agenda amplia como en los años de mayor abundancia en DeFi.

Un caso que refleja tensiones más amplias en DeFi

El cierre de Balancer Labs no implica la desaparición inmediata del protocolo, pero sí expone un dilema cada vez más visible en las finanzas descentralizadas. Cuando un protocolo mantiene una capa corporativa, esa estructura puede ayudar a organizar talento, recaudar capital y coordinar el desarrollo. Sin embargo, también puede concentrar riesgos legales y financieros cuando ocurre un exploit.

El caso Balancer muestra además cómo un protocolo puede seguir siendo funcional y generar ingresos, pero quedar atrapado por una tokenómica ineficiente y por una estructura de costos demasiado pesada. La combinación de incentivos inflacionarios, gobernanza distorsionada y dependencia de subsidios para atraer liquidez terminó pasando factura.

En el mercado, BAL reflejó ese deterioro. CoinDesk indicó que el token cotizaba a USD $0,16 frente a una valoración totalmente diluida de USD $11 millones, aunque también señaló que la mañana del martes se negociaba en torno a USD $0,72, con una caída aproximada del 88 % desde su máximo histórico. Más allá de esa discrepancia puntual, ambas referencias coinciden en un desplome severo del valor del activo.

Lo que ocurra ahora dependerá de la gobernanza. Los miembros de la Balancer DAO ya fueron llamados a votar sobre propuestas vinculadas a la reestructuración operativa y a la tokenómica de BAL. Si la transición prospera, Balancer podría intentar una segunda vida con menos ambición, menos gastos y una arquitectura más alineada con sus ingresos reales. Si falla, el cierre de Balancer Labs podría ser recordado como el principio del fin de otro nombre emblemático de DeFi.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA

 


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