Por Canuto  

Un tribunal de Qingdao sentenció a un hombre a 10 años y 9 meses de prisión por robar BTC 107 tras memorizar casi toda la frase de recuperación de la billetera de un conocido. El fallo no solo castiga un método de robo cada vez más temido, también vuelve a poner sobre la mesa cómo China trata a Bitcoin como propiedad en el ámbito penal.

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  • Zhang fue condenado en China por drenar BTC 107 de la billetera de un conocido y venderlos por ¥ 660.000.
  • El tribunal rechazó su argumento de que tomó los fondos para “protegerlos” de hackers y confirmó el delito de robo.
  • El caso refuerza la idea de que Bitcoin puede ser tratado como propiedad bajo el derecho penal chino, pese a la prohibición cripto.

 


Un tribunal en Qingdao, China, condenó a un hombre de apellido Zhang a 10 años y 9 meses de prisión por robar 107 bitcoins (BTC) de la billetera de un conocido. Además de la pena de cárcel, la justicia le impuso una multa de ¥ 100.000, equivalente a unos USD $13.800 según la información divulgada sobre el caso.

El hecho llamó la atención por dos razones. La primera es el método: Zhang habría memorizado 11 de las 12 palabras de la frase de recuperación de la víctima y anotado la inicial de la palabra restante para reconstruir la secuencia completa.

La segunda es el enfoque legal del tribunal, que trató a Bitcoin como propiedad a efectos penales, pese a que China mantiene prohibido el comercio y la minería de criptomonedas desde 2021.

De acuerdo con la información citada por Cryptopolitan, el Tribunal Popular del Distrito de Licang concluyó que Zhang robó los fondos, los movió a través de varias plataformas de intercambio y finalmente los vendió por ¥ 660.000, alrededor de USD $91.000. Un recurso posterior ante el Tribunal Popular Intermedio de Qingdao fracasó, y los jueces mantuvieron el veredicto original en noviembre de 2025.

Para los usuarios nuevos en el ecosistema, el caso sirve como recordatorio de un principio básico de seguridad. En las billeteras de autocustodia, la frase semilla o frase de recuperación funciona como la llave maestra de los activos. Quien controla esa secuencia puede restaurar la billetera y mover los fondos, incluso sin tocar físicamente el dispositivo original.

Cómo ocurrió el robo de 107 BTC

Zhang, residente de Shandong, habría ganado la confianza de la víctima, identificada como Feng, tras un período de transacciones regulares con criptomonedas. Esa relación previa fue importante, porque le permitió acercarse lo suficiente como para influir en la forma en que Feng gestionaba sus activos digitales.

Según el relato oficial, Zhang convenció a Feng de trasladar sus tenencias a otra billetera digital. Cuando Feng anotó la nueva frase de recuperación, Zhang observó con atención. En ese momento, logró memorizar 11 de las 12 palabras y tomó nota de la primera letra de la palabra faltante.

Más tarde, esa misma noche, Zhang trabajó las combinaciones posibles hasta descifrar la secuencia completa. Después ingresó en la billetera de Feng y transfirió todos los BTC 107 mediante múltiples operaciones. La maniobra no dependió de un hackeo remoto tradicional, sino del acceso visual a una credencial crítica.

Feng descubrió la desaparición de los fondos al día siguiente, cuando intentó hacer una transacción. En un primer momento creyó que había sufrido un ataque informático y acudió a una firma de seguridad blockchain. Los analistas concluyeron que el robo probablemente había sido cometido por alguien con acceso directo a las credenciales de la billetera.

Este detalle resulta clave en términos de seguridad. El almacenamiento en frío puede reducir el riesgo de ataques remotos, pero no protege frente a una persona que observa la frase semilla, copia claves privadas o aprovecha un momento de descuido. En otras palabras, la amenaza puede estar al lado del usuario y no necesariamente al otro lado de internet.

La defensa de “toma protectora” no convenció al tribunal

La policía rastreó la actividad vinculada a Zhang mediante análisis de direcciones IP. Tras ese seguimiento, el acusado admitió haber tomado los Bitcoin. Sin embargo, su explicación fue que actuó para proteger los fondos de Feng frente a un supuesto riesgo de hackeo, una defensa que presentó como una “toma protectora”.

Los fiscales desmontaron ese argumento siguiendo la ruta del dinero. Los registros mostraron que Zhang no solo había movido los activos, sino que también los había pasado por múltiples exchanges, los convirtió en moneda fiduciaria y canalizó el efectivo a través de cuentas bancarias de terceros.

Ese patrón pesó de forma decisiva en la evaluación judicial. Si el objetivo hubiera sido resguardar temporalmente los activos, habría sido difícil justificar la venta de los 107 BTC y la dispersión del dinero por distintas cuentas. Para la fiscalía, esa secuencia probaba una intención clara de apropiación.

Otro aspecto relevante fue la valoración económica del caso. Al momento del robo, los 107 BTC valían aproximadamente ¥ 22,54 millones, unos USD $3,1 millones a precios de mercado. No obstante, los fiscales fijaron el monto del delito en ¥ 660.000, es decir, lo que Zhang realmente obtuvo tras vender las monedas.

Ese criterio de valoración podría tener implicaciones futuras. Observadores legales siguen de cerca si otros tribunales chinos adoptarán este enfoque, basado en el producto real de la venta y no en el valor de mercado del activo en la fecha del delito. Si se generaliza, podría influir directamente en las acusaciones y en la severidad de las sentencias en casos similares.

Bitcoin como propiedad bajo el derecho penal chino

El caso dependía de una cuestión de fondo: si Bitcoin puede considerarse “propiedad” bajo el código penal chino. La discusión no es menor, porque China no reconoce los criptoactivos como moneda de curso legal y, además, mantiene en vigor la prohibición del comercio y la minería anunciada en 2021.

Los fiscales en Licang argumentaron que Bitcoin encaja en la definición legal de propiedad por varias razones. Señalaron que adquirirlo requiere capital y poder de cómputo, que posee un valor económico medible y que los propietarios pueden ejercer control exclusivo mediante claves privadas y frases semilla.

El tribunal aceptó esa lógica y condenó a Zhang por robo. Desde esta perspectiva, reconocer a Bitcoin como propiedad para fines penales no significa legitimarlo como instrumento financiero ni relajar las restricciones regulatorias existentes. Se trata, más bien, de una forma de encuadrar legalmente la sustracción de un bien con valor económico.

Ese matiz es importante para entender la posición china. El fallo no convierte a Bitcoin en una moneda autorizada ni abre la puerta al comercio local de criptoactivos. Lo que hace es permitir que el sistema penal procese a quien se apropia indebidamente de ellos, aun dentro de un marco regulatorio hostil hacia el sector.

Para los mercados y para los usuarios, la señal es doble. Por un lado, la prohibición cripto sigue intacta. Por otro, los tribunales muestran que no consideran estos activos como algo carente de valor jurídico, al menos cuando deben resolver delitos patrimoniales.

Un patrón creciente en robos de frases semilla

El caso de Qingdao no es aislado. La propia narrativa oficial lo presenta como un “nuevo tipo de robo de moneda virtual”, lo que sugiere que las autoridades ven un patrón emergente. La diferencia frente a otros ciberdelitos está en que aquí el atacante aprovecha confianza personal, proximidad física o acceso visual a las credenciales.

Un antecedente citado en la cobertura es otro caso revelado en mayo. En Fuzhou, un hombre identificado como Lin fue sentenciado a 12 años y 7 meses por robar 4 BTC de un conocido que lo había contratado para liquidar sus activos. En ese episodio, Lin copió claves privadas desde un laptop y una billetera de hardware, vendió las monedas por cerca de ¥ 900.000 y permaneció sin ser detectado durante casi cuatro años.

Ambos casos comparten un elemento central: el agresor no era un extraño. Era una persona con acceso cercano, capaz de aprovechar momentos de confianza para observar, copiar o reconstruir credenciales. Esa característica hace que el riesgo sea especialmente difícil de detectar, porque muchas medidas de seguridad se diseñan pensando en amenazas externas.

También hay una enseñanza para quienes operan con autocustodia. La protección de la frase semilla no se limita a evitar capturas de pantalla o malware. Incluye cuidar el entorno físico, impedir que otros vean la secuencia, no delegar procesos delicados en terceros y reducir al mínimo la exposición durante la creación o restauración de billeteras.

El caso de Zhang, en ese sentido, va más allá de una condena penal. Expone una vulnerabilidad humana en la custodia de criptoactivos y muestra cómo los tribunales chinos están empezando a perfilar criterios más concretos para castigar este tipo de hechos. Si esa línea se consolida, podría definir tanto la persecución penal como la valoración económica de futuros robos de criptomonedas en el país.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA

 


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