La disputa judicial por BTC 3,8 millones vinculados a direcciones inactivas, incluidas billeteras asociadas con la minería temprana de Satoshi Nakamoto, suma nuevos actores en Nueva York. La Cámara Digital presentó un nuevo escrito para oponerse al reclamo de “Noah Doe”, mientras una persona identificada como “John Doe 33” asegura poseer una de las direcciones incluidas y pide tumbar por completo la demanda.
***
- La Cámara Digital presentó un segundo escrito amicus curiae contra el intento de reclamar BTC 3,8 millones como propiedad abandonada.
- La demanda abarca 39.069 direcciones de Bitcoin, incluidas billeteras ligadas al patrón Patoshi y una dirección asociada al hack de Mt. Gox de 2011.
- Un supuesto titular real de una de las direcciones, “John Doe 33”, intervino en el caso y solicitó su desestimación total.
La batalla legal en Nueva York, Estados Unidos, por el control de 3,8 millones de bitcoins (BTC) vinculados a direcciones inactivas desde hace años, acaba de sumar un nuevo frente. Un segundo escrito amicus curiae fue presentado para oponerse al intento de tratarlos como “propiedad abandonada” bajo la ley estatal.
La nueva presentación provino de la Cámara Digital, una asociación comercial del sector Blockchain, con apoyo de la consultora CahillNXT y del abogado Stephen Palley, de Brown Rudnick. El caso ha captado atención porque entre las direcciones incluidas figuran billeteras asociadas a la actividad minera temprana de Satoshi Nakamoto.
Con Bitcoin cotizando alrededor de USD $63.200 al momento referido por la cobertura original, ese conjunto de monedas supera un valor estimado de USD $240.000 millones. La magnitud económica del litigio ayuda a explicar por qué la controversia ya rebasa el interés de las partes directamente nombradas.
La causa fue presentada como ABC Company, XYZ Company y Noah Doe contra John Does. Su tesis central es que miles de direcciones inactivas durante largos períodos podrían ser consideradas propiedad perdida o abandonada conforme al marco legal de Nueva York.
Ese planteamiento no solo ha generado rechazo entre abogados y actores de la industria. También abrió un debate más amplio sobre si una dirección de blockchain, por sí sola, puede ser tratada como sujeto pasible de litigio dentro de un tribunal tradicional.
Un segundo amicus refuerza la oposición al reclamo
El nuevo escrito amicus curiae representa el segundo desafío formal a la teoría legal de los demandantes. Su objetivo es persuadir a la Corte Suprema de Nueva York de que rechace la idea de que direcciones inactivas de Bitcoin pueden ser apropiadas mediante normas pensadas para bienes abandonados.
Antes de esta presentación, el 29 de mayo ya había sido introducido un primer amicus por el abogado Ian Cohen. Ese escrito buscó “educar” al tribunal sobre las “inadecuaciones” de los argumentos presentados por los demandantes.
En términos jurídicos, un amicus curiae es un tercero que no forma parte directa del litigio, pero que aporta experiencia o interés relevante sobre el asunto. Los tribunales suelen considerar este tipo de documentos cuando enfrentan cuestiones novedosas o técnicamente complejas.
Aquí la novedad es evidente. Bitcoin no funciona como una cuenta bancaria convencional ni como un bien físico con registro central, por lo que trasladar automáticamente categorías legales tradicionales al ecosistema de direcciones y claves privadas genera fricciones importantes.
Según explicó Yahoo Finance al resumir la nueva presentación, la oposición se concentra en desmontar la base jurídica del reclamo. El foco está en la imposibilidad de equiparar la mera inactividad de una dirección con abandono legal de los activos contenidos en ella.
Ese punto es especialmente sensible porque, en Bitcoin, la ausencia de movimientos no prueba desinterés ni pérdida de derechos. Puede responder a estrategia patrimonial, custodia de largo plazo, muerte del titular o simple inaccesibilidad de las claves, entre otras razones.
Qué direcciones están en juego y por qué importa tanto
La demanda original fue presentada en marzo de 2026 y luego ampliada en mayo. La expansión llevó el alcance del caso a 39.069 direcciones de Bitcoin que, en conjunto, albergarían aproximadamente 3.800.000 BTC.
Dentro de ese universo aparecen direcciones relacionadas con la minería temprana atribuida al creador de Bitcoin, Satoshi Nakamoto, cuya identidad se desconoce. La identificación se apoya en el llamado patrón nonce de Patoshi, una heurística utilizada desde hace años para agrupar bloques minados en los primeros tiempos de la red.
También figura una dirección vinculada con el hack de Mt. Gox de 2011. Ese detalle amplía aún más la sensibilidad del caso, ya que mezcla monedas asociadas al origen histórico de Bitcoin con fondos ligados a uno de los episodios más notorios de seguridad en la industria.
Los demandantes habrían valorado cada billetera en menos de USD $10. Esa estructura, según la cobertura original, buscó acomodar la reclamación al umbral exigido por el estatuto de propiedad perdida del estado de Nueva York.
El diseño de la estrategia procesal ha llamado la atención porque intenta encajar direcciones de blockchain en categorías legales de bajo valor unitario, pese a que el saldo agregado del caso equivale a una cifra extraordinaria. Esa tensión entre forma jurídica y realidad económica es uno de los ejes del conflicto.
Conviene subrayar que una dirección de Bitcoin no es una persona ni una cuenta abierta por una institución. Es un identificador criptográfico, y el control real sobre los fondos depende de la posesión de las claves privadas correspondientes.
La aparición de John Doe 33 cambia la dinámica del litigio
La semana pasada surgió un actor nuevo que podría alterar la lógica del proceso. Una persona identificada como “John Doe 33” pidió intervenir en la causa alegando que sí posee una de las direcciones de Bitcoin nombradas en la demanda.
Su entrada es significativa porque ya no se trata solo de terceros ofreciendo contexto legal desde afuera. A diferencia de un amicus, este solicitante busca participar como demandado genuino dentro del expediente.
Además, John Doe 33 presentó el primer pedido directo para desestimar el caso. No está solicitando ser excluido del litigio de forma individual, sino que sostiene que toda la acción debería ser anulada por completo.
La presentación lo describe como “un ser humano real”, no como “cualquier forma de datos inanimados”. Esa formulación apunta de manera frontal al problema conceptual de demandar direcciones de blockchain como si fueran entidades litigables en sí mismas.
El argumento toca un nervio central del caso. Si una dirección no puede ser tratada como parte legal autónoma, entonces la arquitectura misma de la demanda podría quedar comprometida antes de entrar al fondo del reclamo sobre titularidad o abandono.
En paralelo, la intervención de un supuesto titular real introduce una dimensión práctica adicional. Ya no solo se discute una teoría abstracta sobre billeteras dormidas, sino la posibilidad de que al menos una de las direcciones reclamadas sí tenga un propietario que comparece y objeta el proceso.
Próxima audiencia y alcance potencial del fallo
En junio, un juez de la Corte Suprema de Nueva York suspendió todos los procedimientos de la demanda. Esa decisión bloqueó cualquier avance hacia un juicio en rebeldía antes de la audiencia fijada para el 14 de julio.
La pausa judicial sugiere cautela frente a un expediente inusual. También refleja que el tribunal podría querer escuchar con más detalle los argumentos sobre jurisdicción, legitimación y naturaleza jurídica de las direcciones implicadas.
Lo que se resuelva no solo importará para este caso específico. Un criterio favorable a la tesis de “propiedad abandonada” podría abrir la puerta a reclamos similares sobre otras billeteras inactivas, con efectos difíciles de contener para la industria.
En cambio, si el tribunal considera inviable esa construcción legal, el fallo podría convertirse en una referencia importante para futuras disputas sobre activos onchain dormidos. El impacto sería relevante en temas de custodia, herencia, recuperación de fondos y delimitación de derechos sobre claves perdidas.
Por ahora, el expediente sigue en una fase preliminar, pero ya ha conseguido algo poco común. Logró convertir un debate técnico sobre direcciones, inactividad y control criptográfico en un choque legal de alto perfil que involucra a actores del ecosistema, abogados especializados y una corte estatal clave.
La controversia también ilustra una fricción persistente entre la arquitectura descentralizada de Bitcoin y las herramientas del derecho tradicional. Cuando no existe un intermediario central ni un registro nominativo, traducir la propiedad digital a categorías legales convencionales se vuelve una tarea incierta y políticamente delicada.
De cara a la audiencia del 14 de julio, la atención estará puesta en si el tribunal permite que el caso avance, si da mayor peso a los amicus ya presentados o si considera suficientes los argumentos de John Doe 33 para descartarlo. En cualquiera de esos escenarios, la discusión ya dejó claro que los BTC asociados a Satoshi siguen generando disputas tan intensas como su propio misterio histórico.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.
Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA.
ADVERTENCIA: DiarioBitcoin ofrece contenido informativo y educativo sobre diversos temas, incluyendo criptomonedas, IA, tecnología y regulaciones. No brindamos asesoramiento financiero. Las inversiones en criptoactivos son de alto riesgo y pueden no ser adecuadas para todos. Investigue, consulte a un experto y verifique la legislación aplicable antes de invertir. Podría perder todo su capital.
Suscríbete a nuestro boletín
Artículos Relacionados
Corea del Sur
Naver retrasa otra vez compra del exchange cripto coreano, Upbit
Estados Unidos
IA pone bajo la lupa al Congreso: GovGreed mide operaciones y riqueza de legisladores
China
China evalúa restringir el acceso extranjero a modelos de IA de vanguardia
Exchanges