Por Canuto  

Christine Lagarde puso freno al entusiasmo por las stablecoins en euros. En un discurso centrado en el futuro del dinero, la presidenta del BCE sostuvo que Europa no debe confundir la utilidad tecnológica de estos tokens con su función monetaria, y advirtió que promoverlos como respuesta al avance del dólar digital podría traer más riesgos que beneficios.

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  • Lagarde afirmó que el auge de las stablecoins exige separar su función monetaria de su función tecnológica.
  • El BCE advirtió que unas stablecoins en euros podrían afectar la estabilidad financiera y debilitar la transmisión de la política monetaria.
  • Europa apuesta por infraestructura pública como Pontes y Appia para llevar la tokenización a un marco anclado en dinero de banco central.

 


La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, cuestionó la idea de que Europa deba responder al auge de las stablecoins en dólares con una ofensiva propia de stablecoins denominadas en euros.

Su argumento fue directo: antes de adoptar un instrumento por presión competitiva o geopolítica, conviene distinguir con precisión qué problema resuelve y cuál es el costo de hacerlo parte del sistema financiero.

Durante un discurso pronunciado el 8 de mayo de 2026 en el foro económico LatAm del Banco de España, en Roda de Bará, España, Lagarde sostuvo que el debate actual mezcla dos planos distintos. Por un lado, las stablecoins cumplen una función monetaria, al facilitar el acceso y la circulación de monedas de reserva fuera de sus jurisdicciones originales. Por otro, cumplen una función tecnológica, al servir como activo de liquidación dentro de infraestructuras basadas en tecnología de registro distribuido.

Según la presidenta del BCE, ese cruce de funciones ha llevado a una confusión de fondo. Para Europa, dijo, la cuestión no es si las stablecoins deberían existir, sino si realmente son necesarias para obtener los beneficios que sus defensores prometen. Su conclusión fue que, en el caso europeo, la respuesta es mucho menos evidente de lo que suele asumirse.

Lagarde recordó que las stablecoins pasaron de menos de USD $10.000 millones hace seis años a más de USD $300.000 millones en la actualidad. También subrayó que están denominadas de forma abrumadora en dólares estadounidenses y que cerca del 90% del mercado está controlado por dos emisores, Tether y Circle, con sede en El Salvador y Estados Unidos, respectivamente.

Dos funciones distintas en un mismo instrumento

En su repaso histórico, Lagarde explicó que las stablecoins nacieron como una solución al problema de volatilidad dentro del ecosistema cripto. Al estar ancladas principalmente a dinero fiduciario y respaldadas uno a uno con efectivo y deuda pública de corto plazo, pasaron a convertirse en la principal moneda de liquidación de las finanzas descentralizadas y en el puente dominante entre criptoactivos y monedas tradicionales.

Sin embargo, dijo que su expansión fuera del nicho cripto abrió dos usos diferentes. El primero es monetario. En ese plano, las stablecoins amplían el alcance internacional de divisas de reserva como el dólar al reducir barreras históricas de acceso, tanto para pagos transfronterizos como para el ahorro en países con monedas débiles.

Lagarde señaló que esto se observa con especial claridad en los pagos transfronterizos entre empresas, que ya representarían alrededor del 60% del volumen de pagos con stablecoins. Aun así, matizó que ese volumen sigue siendo diminuto frente al total global, apenas el 0,01% de los flujos mundiales entre empresas. También advirtió que la conversión entre stablecoins y dinero tradicional puede erosionar parte de las aparentes ganancias de eficiencia.

En economías donde el acceso a una moneda estable ha sido históricamente restringido, el fenómeno es más visible. Citó estimaciones que ubican los flujos de transacciones con stablecoins en torno al 7,7% del PIB en América Latina y al 6,7% del PIB en África y Oriente Medio.

Impacto aún mayor si se incluyen rendimientos

La presidenta del BCE agregó que, si las stablecoins comenzaran a pagar rendimiento, su impacto sería aún mayor. En ese escenario, una stablecoin respaldada por letras del Tesoro de EE. UU. convertiría indirectamente a sus usuarios en tenedores de deuda estadounidense.

Citó investigaciones según las cuales una entrada de USD $3.500 millones en stablecoins respaldadas por dólares puede reducir los rendimientos de las letras del Tesoro a tres meses en unos 2,5 a 3,5 puntos básicos en condiciones normales, y más del doble en períodos de escasez de esos títulos.

La segunda función es tecnológica. Aquí, explicó Lagarde, las stablecoins operan como el efectivo nativo de los mercados tokenizados. A medida que los activos financieros migran a plataformas DLT, se requiere un activo de liquidación que funcione dentro del mismo entorno y permita la llamada liquidación atómica, es decir, la ejecución simultánea de dos patas de una transacción, donde ambas se completan o ninguna lo hace.

Ese atributo reduce el riesgo de liquidación por diseño. Lagarde destacó que las stablecoins han ocupado ese papel porque la mayoría de los demás criptoactivos son demasiado volátiles para servir como unidad estable de valor en cadena. También observó que la tokenización avanza con rapidez. Como ejemplo, mencionó que los fondos del mercado monetario tokenizados duplicaron aproximadamente su capitalización en 2025, hasta unos EUR €7.000 millones, superando el crecimiento tanto de las stablecoins como de los fondos tradicionales del mercado monetario.

Por qué el BCE no ve clara una estrategia europea de stablecoins

Con cerca del 98% de las stablecoins denominadas en dólares, y con Estados Unidos avanzando para consolidar esa posición mediante legislación, el argumento de que Europa necesita stablecoins en euros para seguir siendo competitiva ha ganado fuerza. Lagarde apuntó directamente a esa tesis y dijo que parte de una premisa equivocada, porque trata a las stablecoins como si cumplieran una sola función.

Si se analiza la función monetaria por separado, admitió que unas stablecoins en euros podrían atraer demanda adicional de activos seguros de la zona euro. Eso podría comprimir rendimientos soberanos, aliviar condiciones de financiación y ampliar el alcance internacional del euro a través de un canal digital.

No obstante, para el BCE ese posible beneficio viene acompañado de compensaciones relevantes. La primera es la estabilidad financiera. Lagarde insistió en que las stablecoins son pasivos privados cuya estabilidad depende de la credibilidad y liquidez de sus reservas. Cuando esa confianza se rompe, el proceso de reembolso puede volverse repentino y autorefuerzo.

Como ejemplo concreto, recordó el episodio de marzo de 2023, cuando colapsó Silicon Valley Bank. En ese momento, Circle reveló que USD $3.300 millones de las reservas de USD Coin estaban depositados allí. El token llegó a cotizar brevemente en USD $0,877, más de 12 centavos por debajo de la paridad prometida.

Por qué Lagarde ve peligros en las stablecoins privadas

Lagarde advirtió que, a escala, estos episodios pueden transmitir tensiones al mercado de los activos que respaldan las stablecoins. Cuanto mayor sea su adopción, mayor sería el riesgo de círculos de retroalimentación entre reembolsos y mercados financieros, sobre todo cuando los emisores no son bancos. Además, dijo que los esquemas con múltiples emisores añaden otra vulnerabilidad, ya que en un evento de estrés los usuarios buscarían reembolsar donde la protección regulatoria sea más fuerte, previsiblemente en la Unión Europea bajo MiCAR.

La segunda gran objeción es monetaria. Según Lagarde, si los depósitos minoristas migran a stablecoins no bancarias y luego regresan al sistema como financiación mayorista, el canal tradicional de transmisión de la política monetaria se estrecha. En una zona euro todavía muy dependiente del crédito bancario, eso podría traducirse en menos crédito a empresas y en menor eficacia de las decisiones de tasas del BCE.

Por eso, afirmó que si Europa busca fortalecer el papel internacional del euro, las stablecoins no son la vía eficiente. En su visión, el camino sigue siendo una mayor integración de mercados de capitales, una unión de ahorro e inversión y una base de activos seguros acorde con la escala de las ambiciones europeas.

La tecnología sí importa, pero con dinero de banco central en el centro

Pese a su tono crítico con la función monetaria de las stablecoins, Lagarde dejó claro que el BCE sí considera transformador el potencial tecnológico de la tokenización. La DLT, dijo, permite rediseñar desde cero la infraestructura de mercado, integrando emisión, negociación, liquidación y custodia en una misma plataforma transfronteriza.

Ese punto es especialmente relevante para Europa, cuya infraestructura sigue muy fragmentada. Lagarde indicó que en 2023 existían 295 centros de negociación, 14 entidades de contrapartida central y 32 depositarios centrales de valores en la Unión Europea, frente a dos cámaras de compensación y un solo depositario central de valores en Estados Unidos.

A su juicio, esa fragmentación hace que la DLT sea una oportunidad real para la integración financiera europea. Pero también eleva el riesgo de que las stablecoins en dólares se conviertan en el activo de liquidación por defecto en los mercados tokenizados del continente, afianzando la dependencia del dólar en la propia capa de infraestructura.

La respuesta del Eurosistema, según explicó, no es bloquear la innovación ni prohibir por completo las stablecoins. Lo que propone es construir infraestructura pública que permita que distintos instrumentos privados, incluidas stablecoins y otras formas de dinero tokenizado, operen dentro de un marco anclado en dinero de banco central.

Debilidades estructurales del modelo de stablecoin

Lagarde identificó dos debilidades estructurales del modelo de stablecoin como base principal de liquidación. La primera es la fragilidad. Aunque facilitan la liquidación atómica, esa promesa depende de que el activo mantenga su paridad. Cuando una stablecoin se desvía del valor prometido, no ofrece la finalidad incondicional que sí garantiza el dinero de banco central.

La segunda es la fragmentación. Si la liquidación depende de múltiples stablecoins privadas en competencia, el ecosistema tokenizado corre el riesgo de dividirse entre varios instrumentos sin un ancla común de convertibilidad. Según dijo, una encuesta del Eurosistema confirmó que la ausencia de un activo de liquidación en efectivo tokenizado ampliamente aceptado ya actúa como una restricción material para la adopción de la tokenización en Europa.

En ese contexto, Lagarde mencionó que los depósitos tokenizados de bancos comerciales podrían ofrecer una alternativa importante. Al estar ligados a instituciones reguladas, pueden circular en plataformas DLT y podrían resultar preferibles para varios casos de uso mayorista. Pero insistió en que, independientemente del instrumento privado que termine predominando, la infraestructura pública debe garantizar seguridad e interoperabilidad.

Esa es la lógica detrás de los próximos pasos del Eurosistema. Lagarde anunció que, desde septiembre, el BCE ofrecerá liquidación mayorista a través del proyecto Pontes, conectando plataformas DLT con TARGET, el sistema de liquidación existente del Eurosistema. Las pruebas realizadas en 2024, señaló, incluyeron 50 transacciones en nueve jurisdicciones, con alrededor de EUR €1.600 millones en valor liquidado.

También recordó que la hoja de ruta Appia, publicada en marzo, traza el camino hacia un ecosistema financiero europeo plenamente interoperable y tokenizado para 2028. La idea central es que, cuando el dinero de banco central esté disponible de forma nativa en cadena y conviva con depósitos tokenizados e instrumentos en euros compatibles con MiCAR, los actores del mercado no tendrán motivos para depender por defecto de un sustituto privado extranjero.

Una advertencia para el debate europeo

El mensaje político del discurso fue claro. Para Lagarde, Europa no debe copiar instrumentos desarrollados en otros lugares solo porque ganan terreno. Debe definir primero qué puerto quiere alcanzar y luego construir los cimientos adecuados para llegar a él, una idea que la presidenta del BCE reforzó con una cita de Séneca sobre la importancia de saber hacia dónde se navega.

En ese marco, su posición puede leerse como una advertencia frente al impulso regulatorio y geopolítico que está tomando el tema en Estados Unidos. Lagarde mencionó que la Ley GENIUS ha sido presentada por la administración estadounidense no solo como una norma de protección al consumidor y estabilidad financiera, sino como una herramienta para asegurar el dominio global continuado del dólar estadounidense y reforzar la demanda por bonos del Tesoro.

Frente a ese giro, el BCE no descarta la innovación tokenizada, pero sí rechaza la idea de que la respuesta automática de Europa deba ser promover stablecoins en euros como réplica estratégica. Según el discurso publicado por el Banco Central Europeo, la prioridad pasa por mercados de capitales más profundos, activos seguros suficientes y una infraestructura pública que preserve la unicidad del dinero.

En otras palabras, la discusión ya no es solo cripto. También es geopolítica, monetaria e institucional. Y en esa disputa por el futuro del dinero digital, el BCE está dejando claro que prefiere una arquitectura centrada en dinero de banco central antes que una expansión acelerada de pasivos privados tokenizados.


 

 


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