Por Canuto  

Lake Mead, el mayor embalse de Estados Unidos, llegó a su nivel más bajo registrado y quedó a pocos pies de detener parte de sus turbinas. La sequía del río Colorado amenaza el suministro de agua, la generación hidroeléctrica y las facturas de hasta 40 millones de personas en el suroeste del país.
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  • Lake Mead opera por debajo del 27% de su capacidad y su nivel ronda los 1.040 pies sobre el nivel del mar.
  • Las turbinas antiguas de la presa Hoover podrían detenerse cuando el agua baje otros cinco pies, mientras el cierre total ocurriría por debajo de 950 pies.
  • La Oficina de Reclamación proyecta posibles recortes de agua de hasta 40% para Arizona, California y Nevada bajo las nuevas reglas de operación.


Lake Mead, el mayor embalse de Estados Unidos, alcanzó su nivel de agua más bajo de la historia y abrió un nuevo frente de preocupación para el suroeste del país. El descenso amenaza tanto el suministro destinado a ciudades y agricultores como la generación hidroeléctrica de la presa Hoover, mientras las autoridades advierten que entre 30 y 40 millones de personas dependen directa o indirectamente del río Colorado.

El embalse se formó detrás de la presa Hoover, sobre el río Colorado, entre Nevada y Arizona, y durante décadas funcionó como una reserva estratégica para una región que combina crecimiento urbano, agricultura intensiva y altas temperaturas. Se consideraba lleno cuando el agua llegaba a 1.220 pies sobre el nivel del mar, pero el martes citado en el reporte se encontraba apenas por debajo de los 1.040 pies, una caída que expone la dimensión de la sequía.

La Oficina de Reclamación de Estados Unidos, organismo encargado de administrar presas y embalses federales, alertó que Lake Mead y el lago Powell, sostenido por la presa Glen Canyon, están a pocos pies de los niveles que obligarían a suspender turbinas. Ambas instalaciones suministran electricidad a casi dos millones de personas en Arizona, California, Colorado, Nuevo México, Nevada, Nebraska, Wyoming y Utah, aunque el impacto general de la escasez podría alcanzar a una población mucho mayor.

Las ciudades de Las Vegas, Phoenix y Los Ángeles obtienen una parte importante de su agua de los embalses del río Colorado, al igual que numerosas comunidades pequeñas del suroeste. El recurso abastece agua potable, necesidades domésticas y cultivos, por lo que una reducción sostenida no representa únicamente un problema ambiental, sino también una presión sobre los presupuestos municipales, los hogares y la producción agrícola.

Las turbinas se acercan al límite

En Lake Mead, la alerta energética ya alcanzó una fase crítica porque el nivel actual se encuentra a solo cinco pies del punto que obligaría a detener las turbinas más antiguas de la central hidroeléctrica. Esos equipos tendrían que apagarse para evitar daños, mientras las turbinas más nuevas, conocidas como unidades de cabeza ancha, todavía podrían operar con niveles inferiores, aunque con una reducción marcada de la producción.

La electricidad generada en la presa Hoover abastece a más de un millón de personas en Arizona, California y Nevada, y la instalación produce alrededor de 4.000 millones de kilovatios-hora de energía hidroeléctrica cada año. Si la sequía lleva Lake Mead por debajo de los 950 pies, toda la central tendría que cerrar, según los datos recogidos en el informe, lo que eliminaría una fuente relevante de electricidad relativamente barata.

El lago Powell enfrenta un umbral similar, aunque con un margen distinto: sus turbinas hidroeléctricas tendrían que apagarse si el nivel desciende otros 30 pies. Esa eventualidad añadiría a unas 300.000 personas de las Grandes Llanuras y del suroeste a la exposición directa a la crisis energética, además de reducir la flexibilidad con la que las empresas de servicios públicos equilibran la red regional.

Cuando las presas dejan de producir suficiente energía, las compañías que normalmente compran electricidad hidroeléctrica barata deben recurrir a fuentes alternativas, como el gas natural, que suele resultar más costoso. El cambio puede elevar las facturas de los clientes y ejercer mayor presión sobre una red que ya enfrenta una demanda intensa durante episodios de calor extremo, aumentando el riesgo de apagones en condiciones especialmente severas.

Sequía, calor y falta de nieve

La crisis se explica por condiciones de sequía extrema en buena parte de la región, con un problema especialmente agudo cerca del nacimiento del río Colorado, en las Montañas Rocosas. La escasez de nieve redujo la cantidad de agua congelada disponible para derretirse durante la temporada cálida, de modo que menos escorrentía llegó al río y a los embalses que dependen de su caudal.

El deterioro resulta tan visible que las líneas de costa en retroceso de Lake Mead y del lago Powell pueden distinguirse desde aviones de pasajeros que vuelan a miles de pies de altura hacia el suroeste. La imagen de los embalses desde el aire muestra una amplia franja de terreno expuesto, conocida informalmente por la marca que deja el nivel anterior del agua, y convirtió la disminución en un símbolo visible de una crisis que durante años avanzó de manera gradual.

El panorama inmediato tampoco ofrece alivio, ya que una enorme cúpula de calor avanzaría sobre la mitad occidental de Estados Unidos durante la semana mencionada en el reporte. AccuWeather pronosticó que la combinación de temperaturas elevadas y humedad llevaría la sensación térmica cerca o por encima de los 100 grados Fahrenheit en estados que se extienden desde Arkansas hasta California.

El calor intensifica la evaporación y reduce la cantidad de agua que finalmente escurre hacia los cauces, una combinación que puede limitar todavía más la recuperación de los embalses. Por ello, incluso si la infraestructura continúa liberando agua río abajo, el sistema enfrenta menos margen para administrar reservas destinadas simultáneamente al consumo doméstico, las ciudades y las granjas.

Un sistema con menos margen de maniobra

El agua todavía puede liberarse hacia las zonas ubicadas río abajo a través de tuberías más pequeñas, pero esas vías tienen menor capacidad y ofrecen menos control operativo. Esa restricción complica la planificación de los suministros, porque las autoridades deben administrar un recurso decreciente para usos urbanos, necesidades básicas de los hogares y cultivos que dependen de entregas regulares.

JB Hamby, presidente de la Junta del Río Colorado de California, declaró a Associated Press que la situación es “extremadamente significativa y extremadamente preocupante”. Según su evaluación, tres cuartas partes de la población de la cuenca del río Colorado, aproximadamente 30 millones de personas, están directamente expuestas a los riesgos relacionados con Lake Mead.

La advertencia adquiere mayor peso porque no se limita a una temporada de bajos niveles, sino que refleja un desajuste entre la cantidad de agua disponible y los compromisos construidos alrededor del río. Las expectativas de suministro de estados, ciudades, agricultores y operadores eléctricos se diseñaron durante periodos en los que el Colorado entregaba más agua de forma confiable, una condición que la sequía prolongada puso en duda.

Un informe de julio de la Oficina de Reclamación proyectó que Lake Mead podría perder otros 33 pies durante los próximos dos años. El embalse opera actualmente por debajo del 27% de su capacidad, una cifra que reduce el colchón disponible frente a nuevas temporadas de calor, precipitaciones débiles o acumulaciones de nieve inferiores a las necesarias.

Recortes de agua y nuevas reglas

El mes pasado, la Oficina de Reclamación publicó un plan de diez años para operar Lake Mead y el lago Powell una vez que las reglas vigentes expiren al final de 2026. Con ambos embalses en mínimos históricos, la propuesta contempla recortes obligatorios de agua, conocidos como escaseces, para Arizona, California y Nevada.

La estimación incluida en el reporte sitúa esos recortes en hasta 40% de las asignaciones que actualmente reciben los tres estados desde los embalses. Una reducción de ese tamaño podría modificar la distribución del agua para ciudades y agricultores, aunque la noticia no detalla cómo se repartiría cada ajuste entre los distintos usuarios ni qué medidas específicas tomarían las autoridades locales.

El plan busca responder a una realidad operativa cada vez más difícil: las presas deben atender múltiples demandas con reservas que continúan disminuyendo. En ese contexto, mantener la generación hidroeléctrica, el abastecimiento urbano y la irrigación al mismo tiempo exige decisiones más estrictas, porque cada pie adicional de descenso reduce las opciones disponibles para manejar el sistema.

Hamby resumió el problema al señalar que la propuesta responde a una realidad fundamental: el río Colorado “ya no produce de manera confiable suficiente agua para sustentar todos los usos y expectativas construidos a su alrededor”. Mientras las autoridades preparan las reglas posteriores a 2026, los niveles de Lake Mead y Lake Powell convierten esa advertencia en una disputa concreta por agua, energía y costos para millones de habitantes.

El margen de recuperación dependerá en gran medida de las condiciones climáticas y de la nieve que se acumule en las Montañas Rocosas, pero el escenario descrito para los próximos meses mantiene la presión sobre el sistema. Un residente identificado como John Belton escribió en línea que solo dos factores podrían salvar a Mead y Powell: cinco años consecutivos con una capa de nieve equivalente al 150% de la normal en las Rocosas de Colorado, o una intervención divina, una frase que refleja el pesimismo creciente en la región.

La evolución de los embalses también tendrá consecuencias financieras indirectas, porque la sustitución de energía hidroeléctrica barata por gas natural u otras fuentes puede trasladar costos a empresas y consumidores. La combinación de facturas eléctricas más altas, posibles restricciones de agua y tensión agrícola convierte la crisis del río Colorado en un riesgo transversal para la economía del suroeste estadounidense.


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Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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