Por Canuto  

Irán defendió su postura frente a Estados Unidos e Israel en medio de una nueva escalada, rechazó que esté suplicando un acuerdo y afirmó que cualquier salida diplomática pasa por el levantamiento de sanciones, la liberación de activos bloqueados y el reconocimiento de su derecho a desarrollar energía nuclear con fines pacíficos.
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  • Teherán afirmó que no busca concesiones de Washington, sino la restitución de derechos que considera vulnerados por sanciones y bloqueos.
  • El portavoz iraní sostuvo que la actual crisis deriva de la salida unilateral de Estados Unidos del acuerdo nuclear de 2015.
  • Irán advirtió que una guerra regional podría expandirse si continúan los ataques y el uso de bases militares cercanas.


Irán elevó de nuevo el tono frente a Estados Unidos e Israel en un momento de máxima tensión regional. En una entrevista con Shane Smith incluida en Iran Speaks Out: Inside Tehran’s Response to Trump, Israel & War | Shane Smith Has Questions, publicado por VICE News, Esel Bagoi, portavoz del ministro de Exteriores iraní, defendió la postura oficial de Teherán sobre las sanciones, el programa nuclear, el estrecho de Ormuz y el riesgo de una guerra más amplia.

El intercambio se produjo tras reportes sobre una propuesta iraní enviada a través de Pakistán para intentar poner fin a las hostilidades con Estados Unidos. Bagoi negó que su país esté pidiendo concesiones y afirmó que lo que Irán reclama es la restauración de derechos que, a su juicio, han sido vulnerados durante décadas por Washington.

La entrevista también respondió a declaraciones recientes de Donald Trump, quien aseguró que Irán está siendo derrotado con claridad y que estaría rogando por un acuerdo. Desde la perspectiva iraní, esa caracterización forma parte del lenguaje político estadounidense y no altera la posición de Teherán, que se presenta como una nación soberana dispuesta a defender su dignidad e intereses nacionales.

El trasfondo del diálogo es delicado. La posibilidad de una crisis energética global, la seguridad del estrecho de Ormuz y la presencia de activos militares estadounidenses en la región han convertido cualquier escalada en un asunto con implicaciones que van mucho más allá de Oriente Medio.

Irán dice que no pide concesiones, sino el fin de las sanciones

Consultado sobre la propuesta enviada por Pakistán, Bagoi sostuvo que hablar de concesiones puede llevar a una lectura equivocada del conflicto. Según explicó, Irán no está pidiendo favores a Washington, sino el restablecimiento de derechos que considera legítimos bajo el derecho internacional y en el marco de los acuerdos previos sobre su programa nuclear.

Entre las exigencias planteadas, mencionó el levantamiento de sanciones que describió como “paralizantes” y que, según dijo, han pesado sobre Irán durante cinco décadas con distintos pretextos, principalmente la supuesta amenaza nuclear. También reclamó la liberación de activos iraníes bloqueados y el fin de lo que calificó como un bloqueo marítimo ilegal.

Para Teherán, el centro del desacuerdo es claro. Bagoi afirmó que las negociaciones entre Irán y Estados Unidos han girado alrededor de una contradicción estructural: Irán exige el reconocimiento de sus derechos, mientras que Washington busca que renuncie a ellos.

Ese punto, dijo, se conecta de forma directa con el Tratado de No Proliferación Nuclear, conocido como NPT por sus siglas en inglés, del que Irán es parte desde 1970. También recordó que desde 1974 Irán promovió la idea de un Oriente Medio libre de armas nucleares y señaló a Israel como el principal obstáculo para materializar ese objetivo.

La defensa del programa nuclear iraní

Uno de los ejes centrales de la entrevista fue la defensa del programa nuclear iraní como un proyecto estrictamente pacífico. Bagoi insistió en que no existe una amenaza nuclear iraní para ningún actor regional o global y subrayó que el país tiene derecho, bajo el artículo 4 del NPT, a utilizar energía nuclear con fines pacíficos.

En ese contexto, recordó que el líder supremo emitió una fatwa que prohíbe el desarrollo de armas nucleares. A su juicio, ese hecho, sumado a los informes del Organismo Internacional de Energía Atómica, debería bastar para demostrar que el programa iraní no persigue objetivos militares.

El portavoz también respondió a una objeción habitual: si Irán dispone de vastas reservas de petróleo y gas, por qué insiste en desarrollar energía nuclear. Su respuesta fue que el país necesita esa fuente para sostener su desarrollo industrial y cubrir necesidades energéticas de largo plazo. Añadió que, antes de la revolución, instituciones de investigación estadounidenses concluyeron que Irán necesitaría al menos ocho reactores nucleares.

Bagoi remarcó además que la energía atómica no se limita a la generación eléctrica. También habló de aplicaciones médicas, sanitarias e industriales. Desde esa óptica, argumentó que sugerir que Irán debe renunciar a la energía nuclear por contar con combustibles fósiles simplifica en exceso un asunto estratégico y técnico.

Otro punto que mencionó es la tensión entre esa crítica y las demandas ambientales. Según dijo, al mismo tiempo que se cuestiona el programa nuclear iraní, también se presiona al país para reducir el uso de combustibles fósiles por sus efectos ecológicos.

El peso del acuerdo nuclear de 2015 y la salida de Washington

Bagoi ubicó buena parte de la crisis actual en la retirada unilateral de Estados Unidos del acuerdo nuclear de 2015, conocido como JCPOA. Según relató, ese entendimiento permitió concentrar el debate en las preocupaciones sobre la naturaleza del programa nuclear iraní y ofreció garantías de monitoreo por parte del OIEA.

De acuerdo con su versión, Irán cumplió con lo pactado hasta mayo de 2018, cuando la administración Trump abandonó el acuerdo sin justificación. El vocero afirmó que esa salida no fue un acto inocente, ya que vino acompañada por la reimposición de sanciones como parte de la campaña de “máxima presión”.

Teherán, sostuvo, esperó durante un año a que los europeos y los demás integrantes del pacto compensaran el retiro estadounidense. Al no conseguirlo, decidió reducir gradualmente sus compromisos. Antes de ese punto, recordó, Irán enriquecía uranio al 3,67 %, nivel que describió como el mínimo para fines pacíficos.

Su conclusión fue contundente: la situación actual es consecuencia directa de la decisión estadounidense de abandonar el JCPOA. Desde la posición iraní, esa medida desencadenó la cadena de eventos que desembocó en la crisis presente.

La respuesta a Trump y la ruta hacia la paz

Cuando se le preguntó por las declaraciones de Trump sobre una supuesta derrota iraní y la idea de que Teherán está mendigando un acuerdo, Bagoi evitó entrar en una confrontación personal. Dijo que ese tipo de afirmaciones pertenece al nuevo lenguaje político de Estados Unidos y que Irán toma decisiones en función de sus propios intereses.

También insistió en que la vía real hacia la paz debe examinarse a partir de quién inició la confrontación. Según su relato, Irán no lanzó una guerra de elección, ni dio la bienvenida al conflicto, ni abandonó primero el camino diplomático. Por el contrario, aseguró que el problema fue fabricado durante años por Israel y agravado por Washington.

El portavoz afirmó que Estados Unidos desplegó fuerzas en la región y utilizó el territorio de países vecinos para lanzar una guerra de agresión contra Irán junto con Israel. En esa narrativa, Teherán se presenta como víctima de un ataque no provocado y no como el iniciador de la escalada.

Bagoi sostuvo además que, durante el último año y medio, Irán intentó llegar a un compromiso. Sin embargo, consideró que esa búsqueda se topó con una política estadounidense centrada en negar derechos que Teherán considera inherentes e irrenunciables.

Estrecho de Ormuz, defensa y riesgo de escalada regional

La seguridad del estrecho de Ormuz fue otro de los asuntos clave. Bagoi afirmó que esa vía marítima permaneció abierta antes del 28 de febrero y dijo que Irán ha actuado durante mucho tiempo como guardián de ese paso junto con Omán. Señaló que el país depende de ese corredor para sus importaciones y exportaciones.

Sobre las restricciones adoptadas, defendió que fueron coherentes con el derecho internacional en un contexto de guerra. Argumentó que un Estado agredido tiene derecho a impedir que sus enemigos utilicen ese corredor para dañar su seguridad nacional o facilitar ataques en su contra.

Aun así, subrayó que Irán mantiene el compromiso de preservar la seguridad del paso marítimo. Añadió que Teherán busca trabajar con Omán y con organizaciones internacionales relevantes para garantizar el tránsito seguro por el estrecho, sin permitir que vuelva a ser utilizado por actores beligerantes para atacar territorio iraní.

Bagoi fue más allá al advertir sobre el riesgo de una expansión del conflicto si otros países de la región son arrastrados por bases militares o presión política internacional. Dijo que nadie puede controlar del todo los límites de una guerra y recurrió a una metáfora directa: la guerra es como un fuego y, si no se extingue, se expande.

Según explicó, Irán ya había mostrado contención incluso cuando, durante la guerra de junio del año pasado, ciertas bases en países de la región fueron utilizadas por Estados Unidos e Israel para atacarlo. Esta vez, sostuvo, el nivel de apoyo logístico y operativo fue tan grande que Teherán se vio obligado a responder.

El vocero cerró con una advertencia sobria. Dijo que espera que no haya una próxima vez, pero señaló que el creciente envío de armas estadounidenses a la región sugiere que Washington no ha aprendido la lección de los últimos meses. Para Irán, eso incrementa la posibilidad de nuevos choques y de una expansión de la crisis regional.

El mensaje final de Teherán

En la parte final de la conversación, Bagoi reconoció que nadie puede predecir con certeza qué ocurrirá en los próximos días o semanas. Afirmó que Irán desea el mejor escenario posible, pero que también ha aprendido a prepararse para todas las alternativas.

Su mensaje hacia la audiencia occidental fue que la comunidad internacional debe reconocer qué ocurrió realmente en la región. Según su versión, Irán fue víctima de un acto de agresión no provocado y esa es la base desde la cual debe analizarse cualquier intento de negociación o desescalada.

Más allá del lenguaje diplomático, la entrevista dejó ver una línea política nítida. Teherán insiste en ligar cualquier salida a tres elementos: fin de sanciones, reconocimiento de su derecho al uso pacífico de energía nuclear y cese de acciones militares directas o indirectas en su entorno inmediato.

Mientras tanto, el riesgo para los mercados energéticos, la navegación por el estrecho de Ormuz y la estabilidad de Oriente Medio sigue abierto. Si la retórica se convierte en más acciones militares, el costo podría trascender la disputa bilateral y sentirse a escala global.


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Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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