Un estudio atribuye al lanzamiento de Artemis II perturbaciones ionosféricas que podrían haber causado errores temporales de varios metros en el GPS, aunque la fecha del despegue que indica la fuente es posterior a la fecha actual.
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- Investigadores analizaron receptores GPS terrestres y reportaron dos perturbaciones ionosféricas que se extenderían por unos 5.000 kilómetros.
- El equipo estimó errores de posicionamiento de varios metros, con posibles consecuencias para vehículos autónomos y drones.
- La fuente sitúa el lanzamiento el 1 de abril de 2026, una fecha futura respecto al 25 de enero de 2026, por lo que la cronología requiere verificación.
🚀 Artemis II y el GPS: un estudio reporta posibles errores de varios metros
La investigación atribuye al lanzamiento dos perturbaciones ionosféricas de unos 5.000 km.
⚠️ La fuente fecha el despegue el 1 de abril de 2026, posterior al 25 de enero. La cronología requiere… pic.twitter.com/ROGpl2EAAo
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Un estudio atribuido a investigadores de la Universidad Nacional Cheng Kung, en Taiwán, vincula el lanzamiento de Artemis II con perturbaciones en la ionosfera que podrían haber alterado temporalmente la precisión del GPS. Sin embargo, la información publicada por Space.com sitúa el despegue el 1 de abril de 2026, una fecha posterior al 25 de enero de 2026, por lo que no es posible presentar ese lanzamiento como un hecho ya ocurrido con base en la cronología disponible.
La discrepancia importa porque el relato describe mediciones posteriores al despegue y un estudio que habría analizado sus efectos. La información suministrada no aclara cómo se compatibilizan esas afirmaciones con una fecha de lanzamiento futura, así que los resultados deben leerse como los presenta la fuente y no como una verificación independiente de un evento sucedido.
Según esa descripción, el equipo examinó datos de receptores GPS fijos y de alta precisión instalados en tierra. Esas redes, utilizadas por instituciones científicas de Estados Unidos para medir movimientos muy pequeños de las placas tectónicas antes de terremotos, también permitieron observar cambios en las señales que atraviesan la atmósfera.
Los investigadores aprovecharon el tiempo que tardan las señales en viajar desde los satélites hasta las estaciones terrestres para reconstruir variaciones en la concentración de electrones libres. El análisis, de acuerdo con la nota, relacionó esas modificaciones con el paso del cohete Space Launch System, o SLS, y con sus maniobras posteriores.
Cómo un cohete puede alterar las señales
El GPS calcula una posición comparando señales recibidas desde cuatro satélites distintos. Aunque estos orbitan a unos 20.200 kilómetros de altura, muy por encima del límite superior de la ionosfera, sus transmisiones deben atravesar esa capa eléctricamente cargada antes de alcanzar los receptores en la superficie.
La ionosfera comienza por encima de unos 50 kilómetros de altitud y su contenido de electrones puede modificar el tiempo de viaje de las señales. Si la transmisión llega más rápido o más lento de lo esperado, el receptor calcula distancias inexactas y, con ellas, una ubicación menos precisa; ese mecanismo también explica por qué la actividad solar puede afectar los sistemas de navegación.
La nota distingue esos efectos de los provocados por tormentas solares severas, capaces de interrumpir señales GPS durante días. En el caso de un cohete, el cambio descrito sería más breve: la onda de choque que genera al atravesar aire a gran altitud produciría una perturbación que, en términos figurados, abre un agujero en la ionosfera.
Para Artemis II, el equipo habría identificado dos zonas alteradas que se extendían de este a oeste sobre el continente americano, como estelas de condensación de aproximadamente 5.000 kilómetros cada una. Una se atribuyó al paso de la etapa central del SLS, de 65 metros de largo, y la otra a dos encendidos posteriores de los propulsores de la etapa superior.
El impacto potencial en navegación y seguridad
Las mediciones reportadas equivaldrían a errores de posicionamiento de varios metros durante la perturbación. Charles Lin, profesor de ciencias de la Tierra en la Universidad Nacional Cheng Kung y coautor del trabajo, dijo a Space.com que un desvío de esa magnitud podría afectar a vehículos autónomos y drones, cuyas operaciones dependen de ubicaciones precisas.
Lin advirtió que un error de un par de metros podría bastar para que un automóvil autónomo cambiara de carril y, en determinadas circunstancias, provocara una colisión. La observación expresa un riesgo potencial, no un accidente documentado por el estudio; tampoco implica que todos los sistemas de navegación pierdan precisión de la misma manera o durante el mismo intervalo.
Según la investigación descrita, las perturbaciones asociadas al lanzamiento habrían sido más intensas que las observadas tras otros despegues de cohetes. La nota las compara con las registradas luego de pruebas de Starship, vehículo que, según el mismo artículo, tiene el doble de fuerza de despegue que el SLS, y sostiene que los efectos de Artemis II llegaron a ser hasta diez veces más intensos.
La etapa central no habría producido la señal más marcada pese a su potencia. Los efectos más prominentes se asociaron con dos encendidos de la etapa superior, realizados a unos 185 kilómetros de altitud y más de una hora después del despegue, cuando la cápsula Orion se separaba de la gravedad terrestre rumbo a la Luna.
Un antecedente para futuras misiones
Lin señaló que los lanzamientos desde la superficie ya producen efectos de este tipo, pero que el equipo no había observado una maniobra orbital comparable en una misión interplanetaria. En su opinión, la actividad de futuros vuelos hacia la Luna y Marte podría volver más relevantes estos fenómenos de clima espacial, en particular por las alteraciones que causan en la capa por la que pasan las señales de navegación.
La misión Artemis II representa, según el relato de Space.com, el regreso de seres humanos al espacio lunar por primera vez en más de cincuenta años. La NASA espera que abra el camino a alunizajes y, más adelante, a una presencia humana sostenida en la Luna; el estudio descrito agrega que las operaciones espaciales también pueden tener efectos medibles sobre sistemas terrestres cotidianos.
El trabajo se publicó como preimpresión en línea en la revista Geophysical Research Letters, según la información disponible. La fuente no proporciona en el material compartido el título del estudio ni una fecha de publicación, de modo que no es posible añadir esos datos sin especular.
La conclusión técnica que presenta la nota es que los cambios ionosféricos pueden traducirse en variaciones temporales de posicionamiento, no que el GPS haya dejado de funcionar de forma generalizada. Antes de considerar el caso como un registro confirmado del lanzamiento, queda por aclarar la inconsistencia entre la fecha futura del despegue indicada en la fuente y la narración de mediciones ya realizadas.
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