Japón enfrenta una combinación inédita de yen débil, rendimientos crecientes y deuda pública superior al 200% del PIB. La posible repatriación de capitales amenaza con desarmar el carry trade del yen y presionar a los mercados estadounidenses.
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- El yen cayó hasta cerca de 160 unidades por dólar, su nivel más débil frente a la moneda estadounidense en aproximadamente 40 años.
- Japón podría incentivar el regreso de capitales invertidos en el extranjero, con efectos sobre los bonos del Tesoro de Estados Unidos y las tasas globales.
- La adopción de criptomonedas y stablecoins aparece como parte de una estrategia para atraer capital y crear compradores para la deuda japonesa.
Japón busca repatriar su riqueza mientras el yen amenaza al carry trade global
La economía japonesa atraviesa una combinación poco habitual de presiones cambiarias, rendimientos crecientes y endeudamiento extremo. El yen llegó a negociarse cerca de 160 unidades por dólar, mientras los bonos del Gobierno japonés registraron aumentos de rendimiento que alteran una estructura financiera construida durante décadas.
El análisis presentado por Andrei Jikh en Japan’s Money Is Collapsing sostiene que el problema no se limita a Japón. Según esa lectura, los mercados globales dependen parcialmente de capital japonés obtenido a bajo costo, por lo que un regreso de esos fondos podría impactar acciones, bonos, criptomonedas y cuentas de jubilación en Estados Unidos.
El modelo japonés enfrenta su mayor prueba
Japón acumula una deuda pública superior al 200% de su producto interno bruto, el nivel más alto entre las economías desarrolladas. En condiciones normales, una carga de ese tamaño elevaría el costo financiero del Estado y podría provocar una crisis de confianza.
Sin embargo, el país evitó ese desenlace durante décadas porque gran parte de sus obligaciones pertenece a instituciones japonesas. El Banco de Japón posee alrededor del 48% de los bonos gubernamentales, mientras las compañías de seguros tienen cerca del 20% y los bancos japoneses aproximadamente el 14%.
Los inversionistas extranjeros poseen menos del 8% de la deuda soberana japonesa, de acuerdo con las cifras citadas en el análisis. Esta estructura redujo el riesgo de una salida repentina de capital extranjero, como ocurrió en otros países que debían grandes cantidades a acreedores internacionales.
El contexto cambió después de la pandemia de 2020, cuando la expansión monetaria global, las interrupciones en las cadenas de suministro y el aumento de los precios energéticos impulsaron la inflación. Japón registró una inflación cercana al 2% en 2022, algo que no ocurría desde hacía décadas.
Durante unos 30 años, el Banco de Japón mantuvo las tasas de interés cerca de cero para combatir la deflación. Los precios permanecían estancados y los salarios apenas crecían, pero esa estabilidad también hizo que los préstamos en yenes fueran extremadamente baratos.
El carry trade del yen y la presión sobre los mercados
El carry trade del yen consiste en pedir prestado en Japón a tasas muy bajas y convertir esos fondos a otras monedas. Los inversionistas utilizan después el capital para comprar activos con mayores rendimientos, como bonos del Tesoro estadounidense, acciones tecnológicas o Bitcoin.
Esta estrategia atrajo a fondos de cobertura, bancos, empresas y ahorradores japoneses. Durante años, el dinero japonés salió del país en busca de mejores retornos, porque el mercado doméstico ofrecía pocas alternativas atractivas después de décadas de deflación.
Desde 2004, la oferta monetaria de Estados Unidos creció aproximadamente 280%, mientras Canadá registró un aumento cercano al 370%. Japón, en cambio, expandió su oferta monetaria alrededor de 90%, una diferencia que ayudó a mantener el yen como una fuente global de financiamiento barato.
Japón también se convirtió en el mayor tenedor extranjero de deuda del Gobierno estadounidense, con más de USD $1 billón en bonos del Tesoro. El fondo de pensiones GPIF, considerado el mayor del mundo, mantiene cientos de miles de millones de dólares en acciones y bonos estadounidenses, incluidos unos USD $230.000 millones en bonos del Tesoro.
El problema aparece cuando las tasas japonesas suben y el yen comienza a fortalecerse. Quienes tomaron préstamos en yenes pueden verse obligados a cerrar posiciones, recomprar la moneda japonesa y vender los activos adquiridos en otros mercados.
Ese proceso puede aumentar la volatilidad global, aunque el fortalecimiento del yen no necesariamente causa una crisis. En episodios anteriores, como 1998, 2008, 2011, 2016, marzo de 2020 y agosto de 2024, el yen subió con fuerza mientras una crisis externa impulsaba el desarme del apalancamiento.
La disyuntiva entre la moneda y los bonos
Japón enfrenta ahora una decisión compleja. Si mantiene las tasas cerca de cero, podría contener el costo de su deuda, pero arriesgaría una mayor depreciación del yen y una inflación más intensa para los hogares y jubilados.
La alternativa consiste en subir las tasas para respaldar la moneda. Esa medida encarece el servicio de una deuda pública superior al 200% del PIB y puede generar pérdidas en el balance del Banco de Japón, que concentra cerca de la mitad de los bonos soberanos.
El análisis describe la situación como una elección entre salvar el mercado de bonos o defender el valor del dinero. Una tercera vía, basada en pequeños aumentos de tasas y grandes intervenciones cambiarias, produjo hasta ahora resultados limitados.
El Ministerio de Finanzas japonés gastó USD $73.000 millones en abril y mayo para comprar yenes. La intervención fortaleció la moneda durante unas tres semanas, pero el yen volvió a debilitarse posteriormente.
Japón también elevó las tasas hasta niveles que no se observaban desde 1995. Pese a esas medidas, la moneda no recuperó una fortaleza sostenida, mientras los rendimientos de los bonos continuaron aumentando y el mercado comenzó a exigir mayor compensación por comprar deuda japonesa.
El bono japonés a 10 años pagaba cerca de 0,25% en 2022 y llegó alrededor de 2,7% en el periodo descrito. El bono a 30 años se ubicó cerca de 4%, un cambio relevante para un país con un volumen tan elevado de obligaciones públicas.
La repatriación de capital como nueva estrategia
La posible solución japonesa consiste en cambiar el lugar donde se mantiene el dinero. Si los fondos de pensiones, aseguradoras, bancos y hogares encuentran rendimientos atractivos en activos japoneses, podrían vender inversiones extranjeras, convertir dólares a yenes y comprar bonos domésticos.
El 10 de julio, la ministra de Finanzas de Japón planteó que el GPIF comenzara a mover inversiones desde activos extranjeros hacia activos japoneses. El fondo administra aproximadamente USD $1,8 billones y posee una exposición considerable a los mercados estadounidenses.
La señal dirigida al GPIF puede influir en otras instituciones financieras. Las aseguradoras japonesas, que durante gran parte de los dos años anteriores habían vendido bonos domésticos, registraron posteriormente su mayor compra neta en tres años, según los datos citados en el análisis.
La repatriación tendría dos efectos directos. Aumentaría la demanda de yenes y de bonos japoneses, pero también podría convertir a las instituciones japonesas en vendedoras de bonos del Tesoro estadounidense y de acciones extranjeras.
Menos compradores extranjeros para la deuda estadounidense podrían obligar al Gobierno de ese país a ofrecer mayores rendimientos. El bono del Tesoro a 10 años pagaba cerca de 4,7% en el periodo descrito, una referencia que influye en hipotecas, crédito corporativo y otras tasas financieras.
La cuenta anónima Uto publicó mensajes en japonés que advertían sobre el regreso de la riqueza japonesa y las dificultades futuras para refinanciar préstamos. El análisis reconoce que no existe confirmación oficial sobre la identidad de esa cuenta ni sobre sus supuestos vínculos con el Banco de Japón.
Uno de los mensajes mencionó el Artículo 589 y sugirió que los prestatarios extranjeros no deberían asumir que las aprobaciones pasadas garantizarían financiamiento futuro. La interpretación presentada sostiene que esa norma podría limitar el cobro de intereses cuando las condiciones no hayan quedado acordadas, aunque no existe una política confirmada que conecte el artículo con una operación de repatriación.
Criptomonedas y stablecoins en el plan japonés
Japón también avanzó hacia un marco que reconoce las criptomonedas como activos financieros. El cambio permitiría que los bancos japoneses mantengan esos activos y abriría una vía regulada para que capitales vinculados con criptoactivos regresen al sistema financiero local.
El análisis compara esta estrategia con la evolución regulatoria estadounidense. En Estados Unidos, los emisores de stablecoins se han convertido en compradores importantes de bonos del Tesoro porque deben respaldar sus tokens digitales con activos considerados seguros.
Una stablecoin japonesa podría utilizar bonos del Gobierno japonés como respaldo. De esa manera, el crecimiento de los tokens crearía demanda adicional para la deuda pública y trasladaríaparte de su financiamiento hacia empresas y usuarios del mercado digital.
También se mencionan posibles incentivos tributarios para los tenedores japoneses de criptomonedas. La carga fiscal aplicable a activos cripto mantenidos en el extranjero podría reducirse desde 55% hasta 20% si la riqueza regresara a exchanges regulados y denominados en yenes.
El objetivo descrito no sería impulsar el precio de Bitcoin, Ethereum o Solana por razones ideológicas. La motivación principal consistiría en atraer capital, fortalecer el yen y crear nuevos canales para financiar activos japoneses.
Esta estrategia todavía enfrenta incertidumbres. La adopción de stablecoins no garantiza que los usuarios compren bonos japoneses, mientras que una regulación favorable no asegura que los capitales extranjeros abandonen sus inversiones actuales.
Qué significa para Estados Unidos y los activos de riesgo
Un yen más fuerte podría provocar el desarme de posiciones financiadas con préstamos japoneses. Los inversionistas tendrían que recomprar yenes para devolver sus créditos y vender acciones, bonos, criptomonedas u otros activos adquiridos con ese apalancamiento.
En agosto de 2024, un aumento de solo 0,25 puntos porcentuales en las tasas del Banco de Japón coincidió con un avance del yen. Ese movimiento ayudó a desencadenar una caída de 12% en el mercado accionario japonés y de 3% en el mercado estadounidense durante una misma jornada.
El episodio mostró que los inversionistas pueden sufrir pérdidas en Estados Unidos sin que exista un evento doméstico visible. Una decisión monetaria en Tokio puede modificar el costo de financiamiento de posiciones globales y generar ventas simultáneas en varios mercados.
Los datos de la Comisión de Comercio de Futuros de Materias Primas citados en el análisis mostraban cerca de 150.000 contratos netos apostando contra el yen. Esa posición equivalía a unos USD $11.000 millones o USD $12.000 millones, aunque el mercado extrabursátil podría ocultar una exposición mucho mayor.
La fortaleza del yen funciona así como un indicador del apalancamiento global. Cuando la moneda sube rápidamente, puede señalar que los participantes están cerrando operaciones financiadas con yenes y reduciendo riesgos en otros mercados.
Sin embargo, la situación actual tiene una diferencia central frente a las crisis anteriores. En esta ocasión, un yen más fuerte podría formar parte de la política japonesa y no únicamente ser una consecuencia accidental de una crisis internacional.
La repatriación de capital puede beneficiar a los bonos japoneses, pero elevar las tasas estadounidenses y presionar a los activos de riesgo. Para los inversionistas, el principal desafío será evaluar cuánto del crecimiento reciente dependió de dinero barato y cuánto puede sostenerse sin ese financiamiento.
Las afirmaciones más alarmantes sobre un colapso inminente deben tomarse con cautela. Japón conserva herramientas monetarias y fiscales, pero su deuda, la debilidad cambiaria y el cambio en los incentivos de sus ahorradores crean una combinación que los mercados no pueden ignorar.
El desenlace dependerá de la velocidad con que suban las tasas japonesas, de la respuesta del yen y de las decisiones del GPIF y las aseguradoras. También será clave observar si las stablecoins y los incentivos fiscales logran atraer capital hacia Japón sin aumentar la inestabilidad financiera.
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