Por Canuto  

La Agencia Internacional de la Energía advirtió que el mercado petrolero podría entrar en una “zona roja” entre julio y agosto si continúan cayendo las existencias globales y el estrecho de Ormuz no reabre por completo. En plena guerra con Irán, el repunte de la demanda estacional y la pérdida de suministro elevan la presión sobre los precios y sobre la seguridad energética mundial.
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  • Fatih Birol, director ejecutivo de la IEA, dijo que el mercado petrolero podría entrar en una “zona roja” en julio o agosto.
  • La reapertura total e incondicional del estrecho de Ormuz fue señalada como la medida más importante para aliviar el shock energético.
  • Brent y WTI subieron en Londres, mientras la IEA dijo estar lista para coordinar nuevas liberaciones de reservas estratégicas.


Los mercados mundiales de petróleo podrían acercarse a una fase crítica en las próximas semanas. La advertencia provino de Fatih Birol, director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía, quien aseguró que la combinación entre inventarios en descenso, interrupciones de suministro y mayor consumo estacional podría llevar al mercado a una “zona roja” entre julio y agosto.

El factor central de esta tensión es la guerra con Irán y su impacto sobre el estrecho de Ormuz, uno de los puntos más sensibles para el comercio global de energía. Según explicó Birol, la reapertura total e incondicional de ese paso marítimo es la solución más importante para contener el actual shock energético.

Para entender la magnitud del problema, basta recordar que normalmente alrededor del 20% del petróleo del mundo y del gas natural licuado atraviesa ese estrecho. Sin embargo, el tráfico marítimo prácticamente se ha detenido desde que comenzaron los ataques liderados por Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero.

De acuerdo con la información reportada por CNBC, Birol hizo estas declaraciones durante una sesión de Chatham House centrada en la crisis del estrecho de Ormuz y la seguridad energética mundial. Allí sostuvo que, si el paso no se reabre y no entra nuevo petróleo desde Oriente Medio, la reducción continua de las reservas globales, combinada con el aumento de la demanda típico del verano, puede llevar al mercado a una situación mucho más delicada.

Inventarios en descenso y presión sobre el verano

La IEA ya había advertido antes que el mercado global enfrenta la interrupción más severa de suministro en su historia. Aun así, Birol señaló que el sistema llegó al inicio de la crisis en una posición “afortunada”, gracias a un excedente previo que ayudó a absorber parte del golpe inicial.

Ese colchón, no obstante, se está agotando. La erosión de las existencias es uno de los elementos que más preocupan al organismo, especialmente cuando se acerca la temporada de viajes de verano en el hemisferio norte, un período en el que el consumo de combustibles suele aumentar de forma importante.

La advertencia de “zona roja” para julio o agosto no estuvo acompañada de detalles cuantitativos adicionales en la intervención de Birol. Pero el mensaje fue claro: sin un restablecimiento del flujo energético desde Oriente Medio, el balance entre oferta y demanda puede tensionarse todavía más.

Este tipo de alertas suele ser relevante no solo para el mercado petrolero tradicional. También importa para inversionistas de otros activos, incluidos los mercados financieros, el forex y segmentos de riesgo como las criptomonedas, porque una subida persistente del petróleo puede empujar inflación, alterar expectativas de tasas y elevar la aversión global al riesgo.

Ormuz, el cuello de botella energético

El estrecho de Ormuz es uno de los corredores marítimos más estratégicos del planeta. Su importancia radica en que conecta a productores clave de Oriente Medio con los mercados internacionales, especialmente en Asia, donde varias economías dependen en gran medida de las importaciones energéticas.

Por eso, Birol afirmó que el mayor dolor de la crisis se sentirá en Asia en desarrollo y en África. Su preocupación fue más allá del combustible, ya que también dijo estar tan inquieto por el impacto de la guerra con Irán sobre la seguridad alimentaria mundial como sobre la seguridad energética.

Ese vínculo entre energía y alimentos no es menor. Cuando suben el petróleo y el gas, aumentan los costos de transporte, fertilizantes, generación eléctrica y cadenas logísticas, lo que termina presionando el precio de bienes básicos en regiones con menor capacidad de absorción.

Birol también advirtió que probablemente llevará “mucho tiempo” que la producción y el refinado de petróleo en Oriente Medio vuelvan a sus niveles previos a la guerra. En otras palabras, incluso si el estrecho se reabriera pronto, el proceso de normalización no sería inmediato.

Reservas estratégicas y la respuesta de la IEA

Ante este panorama, la IEA aseguró que está “lista para actuar” si las condiciones del mercado lo exigen. El organismo ya coordinó en marzo la liberación de 400 millones de barriles de petróleo desde reservas estratégicas para responder a la disrupción causada por la guerra con Irán.

Esa medida fue descrita como la mayor acción de este tipo en la historia de la organización. La decisión ayudó a contener parte del shock inicial, pero la persistencia del conflicto y la erosión de los inventarios vuelven a poner sobre la mesa la posibilidad de nuevas intervenciones.

La existencia de reservas estratégicas cumple una función clave en episodios de crisis. Sirve como amortiguador temporal cuando la oferta comercial se ve afectada, aunque no sustituye una solución estructural si las interrupciones se prolongan o si una ruta crítica como Ormuz sigue parcialmente cerrada.

En ese sentido, el mensaje del organismo fue doble. Por un lado, hay herramientas de emergencia disponibles. Por el otro, la salida más relevante sigue siendo geopolítica y logística: que el crudo vuelva a fluir desde Oriente Medio con normalidad.

Precios al alza y un mercado bajo tensión

La sensibilidad del mercado quedó reflejada en la cotización de los futuros durante la sesión del jueves en Londres. Los operadores seguían de cerca el resultado de las conversaciones entre Estados Unidos e Irán, mientras los precios del crudo recuperaban parte del terreno perdido en la jornada previa.

Los futuros internacionales del Brent subían un 1,9% y se ubicaban en USD $106,92 por barril. Al mismo tiempo, los futuros del West Texas Intermediate en Estados Unidos avanzaban un 2,4% hasta USD $100,59 por barril.

Ambos contratos acumulan un alza cercana al 45% desde que comenzó la guerra con Irán. Ese repunte da cuenta de la magnitud del shock y del temor persistente del mercado a una interrupción prolongada en uno de los nodos energéticos más importantes del mundo.

Lydia Rainforth, responsable de estrategia de renta variable europea en Barclays, describió el panorama como una “situación increíblemente difícil” para los mercados mundiales del petróleo. En declaraciones citadas por la cobertura original, sostuvo que se trata del mayor recorte de suministro visto hasta ahora.

Rainforth añadió que la pérdida de producción ya supera los 1.000 millones de barriles y que la normalización tardará mucho tiempo, incluso si el estrecho se abriera mañana. Esa apreciación coincide con la idea de que el daño no se limita al transporte marítimo, sino que también alcanza a la capacidad productiva y de refinación regional.

En conjunto, el cuadro es el de un mercado que todavía cuenta con mecanismos de contingencia, pero que empieza a mostrar señales de fatiga. Si el bloqueo persiste y la demanda veraniega gana fuerza, el petróleo podría entrar en una fase aún más volátil, con efectos que irían mucho más allá del sector energético.


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