El cierre del oleoducto Este-Oeste, dañado por drones lanzados desde Irak, vuelve a poner en riesgo una ruta clave para exportar crudo sin atravesar el estrecho de Ormuz. El Brent y el WTI subieron mientras el mercado evalúa cuánto tiempo pueden sostenerse los envíos con inventarios saudíes limitados.
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- Arabia Saudita cerró el oleoducto Este-Oeste después de que drones lanzados desde Irak dañaran la infraestructura.
- El Brent subió 3,46% hasta USD $108,23 y el WTI avanzó 3% hasta USD $103,14 por barril.
- Una reunión diplomática entre Irán y los estados árabes del Golfo fue pospuesta tras el ataque, mientras otro petrolero sufrió un incendio en Ormuz.
🚨 Petróleo supera los USD 108
Arabia Saudita cerró el oleoducto Este-Oeste tras daños causados por drones lanzados desde Irak.
Brent: USD 108,23. WTI: USD 103,14.
Inventarios saudíes cubrirían entre 5 y 7 días. Reunión sobre Ormuz fue aplazada. pic.twitter.com/iSL7ko7y11
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) September 14, 2026
Los precios del petróleo comenzaron la semana con nuevas ganancias después de que Arabia Saudita cerrara el oleoducto Este-Oeste, una infraestructura estratégica que permite enviar crudo hacia el mar Rojo sin atravesar el estrecho de Ormuz.
La decisión llegó tras un ataque con drones lanzados desde Irak, en un momento en que la guerra entre Estados Unidos e Irán ya había elevado la tensión sobre las rutas energéticas de Oriente Medio.
Los futuros del West Texas Intermediate estadounidense avanzaban 3% hasta USD $103,14 por barril a las 7:43 a. m., hora del Este de Estados Unidos. El Brent, referencia internacional, subía 3,46% hasta USD $108,23, después de haber acumulado un incremento cercano al 9% durante la semana anterior por la intensificación de los combates entre Washington y Teherán.
El cierre saudí no solo afecta una instalación industrial, sino también una de las principales alternativas disponibles para mantener las exportaciones cuando el tránsito por Ormuz enfrenta amenazas. El gobierno de Riad no ha informado la magnitud de los daños ni cuánto tiempo permanecerá fuera de servicio el oleoducto, dos datos que determinarán si la reacción inicial del mercado termina convirtiéndose en una crisis de suministro más profunda.
Una ruta alternativa bajo presión
El oleoducto Este-Oeste atraviesa Arabia Saudita desde las zonas productoras cercanas al golfo Pérsico hasta las terminales de exportación ubicadas en la costa del mar Rojo. Su capacidad alcanza 7 millones de barriles por día, por lo que ofrece a la monarquía una vía para desplazar parte del crudo lejos del estrecho de Ormuz, un corredor marítimo cuya seguridad se ha deteriorado durante la confrontación militar.
Arabia Saudita ha dependido de esta infraestructura para sostener los embarques desde el puerto de Yanbu mientras Irán y Estados Unidos disputan el control y la seguridad del estrecho. La ruta terrestre reduce la exposición directa de esas exportaciones a un paso marítimo que conecta el golfo Pérsico con los mercados internacionales y concentra una parte significativa del flujo energético regional.
El oleoducto también ha adquirido un peso mayor en la estabilización de los mercados que la liberación masiva de reservas estratégicas coordinada por Estados Unidos, según Amin Nasser, director ejecutivo de Saudi Aramco, durante la llamada de resultados de agosto de la compañía. La afirmación refleja la importancia que la empresa atribuye a la capacidad operativa de la red saudí para mantener los embarques cuando las rutas marítimas enfrentan interrupciones.
El ataque, por tanto, golpea una pieza que había ayudado a amortiguar el impacto de la guerra sobre el suministro mundial. Mientras el estrecho siga expuesto a ataques y advertencias de seguridad, cualquier interrupción adicional en el oleoducto podría limitar las opciones de Riad para redirigir sus exportaciones y aumentar la sensibilidad de los precios ante cada incidente.
Inventarios y riesgo para las exportaciones
La reacción relativamente contenida de los precios sugiere que los operadores todavía esperan que Arabia Saudita utilice inventarios para sostener sus exportaciones durante los primeros días del cierre. Janiv Shah, analista del mercado petrolero de Rystad Energy, señaló que el colchón disponible podría cubrir aproximadamente entre cinco y siete días, aunque la situación cambiaría rápidamente si la reparación se prolonga más allá de ese plazo.
Los cargamentos de crudo destinados a la exportación desde Yanbu promediaron 2,6 millones de barriles por día durante los siete días previos, de acuerdo con el análisis de Shah. Ese volumen representa la cantidad que quedaría expuesta si el oleoducto continúa cerrado y se agotan las existencias limitadas almacenadas en el puerto del mar Rojo.
La diferencia entre la capacidad máxima de la tubería y los embarques recientes también resulta relevante para medir el impacto inmediato. Aunque el oleoducto puede transportar hasta 7 millones de barriles diarios, el riesgo operativo señalado por Rystad se concentra en los 2,6 millones de barriles que Yanbu movilizó en promedio durante la última semana.
El mercado vigilará, por ello, tres variables estrechamente relacionadas: la duración del cierre, el nivel de inventarios disponibles en Arabia Saudita y la posibilidad de que otras rutas marítimas sufran nuevos ataques. Si esas reservas solo consiguen ganar algunos días, los compradores podrían comenzar a exigir una prima mayor por el riesgo geopolítico incorporado en cada barril.
Diplomacia suspendida y amenazas marítimas
Una reunión prevista para el lunes en Omán entre Irán y los estados árabes del Golfo fue pospuesta abruptamente después del ataque contra el oleoducto. El encuentro debía abordar la situación en el estrecho de Ormuz, pero el ministro de Exteriores omaní, Badr Albusaidi, comunicó que la cita regional prevista en Salalah quedaba aplazada y reiteró el compromiso de su país con el diálogo, la estabilidad y la cooperación duradera.
La suspensión muestra cómo un ataque contra una infraestructura energética puede repercutir de inmediato en los esfuerzos diplomáticos de la región. En lugar de ofrecer un espacio para discutir medidas de seguridad en Ormuz, el incidente añadió un nuevo foco de tensión entre gobiernos que ya enfrentan la posibilidad de interrupciones prolongadas en las rutas de transporte.
La situación marítima tampoco ofrece señales de normalización. El Centro de Operaciones de Comercio Marítimo del Reino Unido informó que otro petrolero fue atacado el domingo y que el incidente provocó un incendio grave a bordo, lo que mantiene elevada la percepción de riesgo para las tripulaciones, los armadores y las compañías que aseguran los cargamentos.
Con la diplomacia temporalmente aplazada y otro barco afectado, las empresas deben evaluar tanto el estado del oleoducto saudí como la seguridad de los corredores marítimos alternativos. Cada nuevo ataque puede elevar los costos de transporte y seguros, además de obligar a los operadores a considerar desvíos que alarguen los tiempos de entrega del crudo.
El frente de Bab el-Mandeb
Arabia Saudita también ha enfrentado una serie de ataques de grupos militantes aliados de Irán durante los últimos días. A comienzos de la semana anterior, militantes hutíes en Yemen atacaron instalaciones energéticas y otros activos civiles dentro del reino, dejando más de 70 personas heridas según medios estatales saudíes.
Informes citados en la cobertura señalan además que los hutíes tomaron la estratégica isla de Perim, en el estrecho de Bab el-Mandeb, después de capturar la ciudad portuaria de Mokha en la costa occidental de Yemen. Esos avances podrían darles una posición más favorable para presionar los flujos de petróleo que pasan entre el extremo sur del mar Rojo y los mercados globales.
Bab el-Mandeb constituye otro punto sensible para la logística energética porque conecta el sur del mar Rojo con las rutas comerciales internacionales. Si los militantes consiguen interrumpir ese corredor mientras el oleoducto Este-Oeste permanece cerrado, Arabia Saudita enfrentaría presiones simultáneas sobre la alternativa terrestre y sobre una de las principales salidas marítimas de la región.
Los hutíes declararon en julio un embargo marítimo contra Arabia Saudita, una amenaza que ahora adquiere mayor relevancia por el deterioro paralelo de la seguridad en Ormuz. Para los mercados, la combinación de ataques a infraestructura, barcos en llamas y negociaciones suspendidas mantiene abierta la posibilidad de nuevas subidas, aunque la magnitud dependerá de la duración de cada interrupción y de la capacidad saudí para recurrir a sus inventarios.
El próximo movimiento de los precios dependerá menos del incidente aislado que de su persistencia y de la capacidad de las autoridades para restablecer rutas confiables. Mientras no se conozca el alcance de los daños en el oleoducto, el mercado seguirá negociando con información incompleta y una prima de riesgo elevada.
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