Por Canuto  

Moscú ha puesto bajo administración temporal activos de compañías europeas mientras mantiene, en su mayoría, a las firmas estadounidenses al margen. El contraste coincide con un acercamiento entre Rusia y la administración de Donald Trump, aunque la disputa por Ucrania y el riesgo de nuevas intervenciones siguen tensando el panorama empresarial.
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  • Un análisis de Reuters contabilizó 20 empresas extranjeras puestas bajo administración temporal desde enero de 2025: solo tres estaban vinculadas a Estados Unidos.
  • Entre los activos europeos intervenidos figuran unidades locales de Nestlé, Auchan y Metro, además de cuatro firmas más pequeñas de Francia, Alemania, Suecia y Bélgica.
  • Moscú busca reactivar negocios con Washington, mientras la Comisión Europea califica las intervenciones como expropiaciones forzadas y advierte de posibles sanciones.


Rusia aumenta la presión sobre empresas europeas mientras corteja a Washington

Rusia ha intensificado las medidas contra empresas europeas presentes en su territorio, en un contexto marcado por el respaldo de varios gobiernos de Europa a Ucrania. Al mismo tiempo, Moscú ha dejado en gran medida al margen a sus rivales estadounidenses y busca recuperar vínculos comerciales con Washington, según funcionarios rusos y empresarios citados por Reuters.

Un análisis de datos oficiales citado por la agencia contabilizó 20 compañías de propiedad extranjera que el presidente ruso Vladimir Putin puso bajo administración temporal desde la investidura de Donald Trump, en enero de 2025. Solo tres de esas empresas tenían vínculos con Estados Unidos, mientras las demás estaban controladas por compañías europeas. La diferencia refleja el trato desigual denunciado por representantes empresariales y funcionarios europeos.

Activos europeos bajo control temporal

Desde el mes pasado, Rusia tomó el control de unidades locales del grupo alimentario suizo Nestlé y de los minoristas Auchan y Metro. La semana pasada, el gobierno también intervino activos rusos de cuatro compañías más pequeñas con sede en Francia, Alemania, Suecia y Bélgica, aunque la información publicada no detalló sus nombres ni los sectores en los que operan.

El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, afirmó que el país de origen de las compañías figuró entre los factores considerados para decidir las medidas. También sostuvo que los países afectados participan en «expropiaciones ilegales de propiedad rusa», una justificación del gobierno que contrasta con las objeciones europeas sobre el proceso utilizado para transferir el control de los activos.

Nestlé había dicho en septiembre que tomaría medidas para proteger sus derechos en Rusia, pero se negó a hacer nuevos comentarios sobre la intervención. Las demás empresas tampoco respondieron a las solicitudes de información recogidas en el reporte, por lo que no se conoció allí qué acciones legales o comerciales planean emprender ante la pérdida de control de sus unidades locales.

Una persona cercana a los reguladores financieros rusos dijo que Moscú no considera conveniente actuar con la misma dureza contra las firmas estadounidenses mientras mantiene negociaciones comerciales con Washington. En paralelo, un portavoz de la Secretaría de Estado de Asuntos Económicos de Suiza señaló que la información disponible respaldaba la percepción de que las empresas europeas enfrentan más medidas que las estadounidenses.

El acercamiento con Estados Unidos

La diferencia de trato coincide con un intento ruso de recomponer sus relaciones económicas con Estados Unidos. El enviado especial estadounidense Steve Witkoff se reunió el miércoles con Putin en San Petersburgo para conversar sobre una posible salida a la guerra en Ucrania, y agencias rusas informaron que el mandatario expresó interés en restablecer los vínculos económicos entre ambos países.

El Kremlin ha defendido públicamente esa aproximación al comparar las posiciones de Washington y las capitales europeas. Tras la publicación del reporte, Peskov afirmó que la administración estadounidense trabaja para alcanzar un acuerdo pacífico, mientras que, según él, los gobiernos europeos no contribuyen a ese objetivo y hacen mucho por prolongar las operaciones militares.

La guerra sigue siendo el trasfondo de ese contraste político. Ucrania y sus aliados han expresado preocupación por lo que consideran un retroceso de Estados Unidos en su respaldo a Kiev, mientras Trump ha criticado los ataques ucranianos contra refinerías de petróleo rusas y los líderes europeos han reiterado su apoyo al presidente ucraniano Volodymyr Zelenskiy.

En el plano comercial, Estados Unidos anunció este mes un acuerdo para comprar diésel ruso y, de acuerdo con el reporte, en reuniones de los últimos meses también se discutieron posibles acuerdos sobre gas. Además, Trump firmó el sábado un decreto que eximió a productos rusos de sanciones y aranceles clave, una medida que el negociador ruso Kirill Dmitriev calificó como un «momento histórico».

Acuerdos potenciales y límites del deshielo

Dmitriev, banquero de inversiones formado en Estados Unidos y responsable del Fondo de Inversión Directa Ruso, ha promovido el regreso y la expansión de compañías estadounidenses en Rusia. Desde el inicio de las conversaciones en Riad, en febrero de 2025, los enviados de Trump, Witkoff y Jared Kushner, han presentado la perspectiva de acuerdos multimillonarios como un incentivo para que Putin avance hacia un pacto de paz.

La posibilidad de nuevos negocios, sin embargo, no equivale a acuerdos ya concretados ni elimina las reservas sobre la continuidad de la guerra. Dmitriev dijo la semana pasada que Rusia y Estados Unidos anunciarían pronto iniciativas conjuntas que podrían avanzar antes de que termine el conflicto, aunque Washington había señalado anteriormente que veía improbable la firma de acuerdos mientras siguieran los combates.

Una persona familiarizada con la situación advirtió que algunos funcionarios rusos contrarios a los esfuerzos de paz todavía podrían presionar para que las medidas del Kremlin incluyan a más compañías estadounidenses. La advertencia introduce un límite a la expectativa de protección que hoy perciben algunas firmas de Estados Unidos: el trato más favorable descrito en el reporte depende también de una relación política que sigue ligada a las negociaciones sobre Ucrania.

La colaboración empresarial actual entre el fondo ruso y una compañía estadounidense es acotada, según la información publicada: el RDIF mantiene una inversión conjunta con Titan International, empresa que cotiza en Nueva York, para una fábrica de neumáticos en Volgogrado. Otra persona familiarizada con el asunto dijo que Dmitriev ha presentado en privado ese proyecto como ejemplo de un negocio estadounidense próspero en Rusia; Titan no respondió a la solicitud de comentarios.

Riesgos para las compañías y respuesta europea

Dos empresarios estadounidenses en Moscú atribuyeron parte de la protección de los intereses de sus compañías al compromiso de Trump con la cooperación económica y a las conversaciones en curso. Robert Agee, presidente de la Cámara de Comercio Americana en Rusia, había dicho en diciembre del año pasado que las empresas europeas eran menos optimistas que las estadounidenses debido a la política europea, y resumió la diferencia con la frase: «Tenemos a Trump y ellos no, y nuestras esperanzas están ligadas a él».

Agee y la cámara declinaron hacer nuevos comentarios sobre el caso. La organización calcula que todavía quedan unas 300 empresas estadounidenses en Rusia, pero el trato relativamente favorable no significa que todas estén a salvo: el reporte recordó que Moscú apuntó contra algunas compañías estadounidenses medianas durante la redistribución de propiedades posterior al inicio de la guerra.

La escala general de esas medidas también aparece en estimaciones previas citadas por Reuters, según las cuales Moscú confiscó más de USD $50.000 millones en propiedades privadas de dueños rusos y extranjeros. La cifra no corresponde únicamente a las empresas europeas mencionadas en la noticia, pero muestra el alcance que puede adquirir la intervención estatal en los activos empresariales dentro del país.

La Comisión Europea, con sede en Bruselas, no ofreció una cifra comparativa sobre cuántas empresas de la Unión Europea han sido afectadas frente a las estadounidenses. Sí afirmó que las intervenciones recientes ocurrieron sin el debido proceso y constituyen «expropiación forzada en todo menos en nombre», además de calificarlas como parte de un patrón de represalia económica.

Un portavoz de la Comisión añadió que la Unión Europea cuenta con medidas para responder y que puede sancionar a quienes se beneficien de expropiaciones forzadas. En su valoración, los movimientos rusos demuestran que el país no ofrece un entorno seguro para los negocios, mientras la continuidad de las conversaciones entre Moscú y Washington deja abierta la posibilidad de que el trato a las empresas cambie según evolucione la relación política y la guerra.


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