La propuesta de SpaceX para desplegar hasta un millón de satélites con capacidad de inteligencia artificial podría sacar del ciclo material de la Tierra cantidades sorprendentes de cobre, oro, paladio y otros elementos, además de crear una nueva forma de residuo electrónico orbital.
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- La vida útil estimada de cinco años para las GPU obligaría a retirar cerca de 200.000 satélites cada año, bajo los supuestos del análisis.
- Un cálculo basado únicamente en GPU A100 estima pérdidas anuales de 30.000 toneladas de cobre, 170 kilogramos de oro y más de 2 toneladas de paladio.
- SpaceX ha planteado fabricar satélites en la Luna con materias primas lunares, aunque la viabilidad económica y ambiental del plan sigue abierta.
SpaceX ha planteado una visión de centros de datos orbitales para inteligencia artificial que, de concretarse a la escala descrita, trasladaría al espacio una cantidad extraordinaria de materiales terrestres. La propuesta contempla una megaconstelación de hasta un millón de satélites, una dimensión que superaría ampliamente el impacto material de Starlink y abriría una categoría poco habitual de residuos electrónicos: equipos que no regresarían a la Tierra para ser reciclados.
El análisis publicado por Ars Technica advierte que el debate no se limita al costo de lanzar hardware al espacio ni al consumo energético de la IA. También involucra la pérdida del ciclo de vida de metales valiosos, la dispersión atmosférica de componentes al final de su operación y la posibilidad de que una parte de los satélites sea enviada a órbitas alejadas, donde dejaría de ser recuperable desde el punto de vista material.
Una renovación anual de escala inédita
La estimación parte de una vida útil aproximada de cinco años para las GPU utilizadas en centros de datos. Si la constelación llegara a reunir un millón de satélites de IA, cerca de 200.000 unidades tendrían que retirarse cada año para sustituir sus procesadores, incluso antes de considerar el desgaste de paneles solares, sistemas de refrigeración, servidores, redes y demás componentes.
Según una solicitud presentada ante la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos el 29 de mayo, alrededor de 40.000 satélites serían retirados definitivamente de la órbita y se quemarían durante el reingreso atmosférico. Los aproximadamente 160.000 restantes podrían desplazarse o expulsarse hacia órbitas de desecho, una alternativa que evita el reingreso inmediato, pero también elimina cualquier posibilidad práctica de recuperar sus materiales.
El problema ambiental cambia de naturaleza cuando los satélites se queman en la atmósfera. En lugar de ingresar a una cadena de recolección y reciclaje, sus materiales se dispersarían ampliamente y terminarían depositándose de forma gradual sobre el planeta. Estudios citados por Data Center Dynamics han advertido que los metales, productos químicos y otros materiales de los satélites podrían afectar la atmósfera superior; sin embargo, la magnitud concreta de esos efectos continúa siendo incierta.
La comparación con Starlink ayuda a dimensionar el escenario, aunque no resuelve sus incertidumbres. Un sistema de un millón de satélites de IA dejaría la expansión de la infraestructura orbital en una escala muy superior a la de las constelaciones actuales.
Metales valiosos fuera del ciclo terrestre
La falta de especificaciones completas sobre el diseño de los satélites impide calcular con precisión la masa total que SpaceX enviaría fuera del circuito terrestre. Para construir una aproximación conservadora, el análisis considera únicamente las GPU y supone que cada satélite contiene 72 GPU A100 desnudas, sin incluir disipadores, paneles, refrigeración ni otros equipos que normalmente formarían parte del sistema.
La referencia tecnológica descrita por Musk es un bastidor Nvidia Vera Rubin NVL72 modificado, con 72 GPU. Como el análisis químico completo de una GPU A100 identifica 32 elementos, retirar el enorme disipador de aire, que representa 88% de la masa de la tarjeta, permite estimar el contenido elemental mínimo que se perdería cada año bajo ese supuesto.
El resultado incluye aproximadamente 30.000 toneladas de cobre, 170 kilogramos de oro, casi 2 toneladas de plata, más de 20 toneladas de bismuto y una cantidad superior a 20 toneladas de titanio. La estimación también alcanza más de 2 toneladas de paladio y 76 kilogramos de lantano, materiales que abandonarían el sistema terrestre o se dispersarían durante la destrucción atmosférica.
Algunas de esas cifras pueden parecer pequeñas frente a la extracción minera mundial anual, pero la proporción cambia cuando se observan ciertos metales específicos. El cálculo indica que el cobre, el paladio y el litio involucrados representarían alrededor de 1% de la producción anual global de algunos de esos materiales, una cantidad llamativa para ser expulsada al espacio en lugar de conservarse dentro de una economía circular.
La comparación con la minería de asteroides
Otra forma de medir la magnitud consiste en calcular qué tamaño tendría un asteroide capaz de contener cantidades equivalentes de esos elementos. Un estudio de 2023 citado en el análisis señala que pocos materiales aparecen en concentraciones comparables a las de las minas terrestres, aunque los metales del grupo del platino pueden ser una excepción relevante en ciertos cuerpos espaciales.
Con base en la composición promedio y la densidad de asteroides de tipo condrita carbonácea CM y de asteroides de tipo M ricos en hierro, algunos elementos perdidos equivaldrían al contenido de cuerpos relativamente modestos. El platino, por ejemplo, correspondería aproximadamente a un asteroide de entre 16 y 43 metros de diámetro, mientras que los 180 kilogramos de cobalto podrían encontrarse en uno de entre 3 y 6 metros.
La escala aumenta de manera considerable para otros materiales. Recuperar una cantidad equivalente de cobre exigiría explotar un asteroide de entre 140 y 190 metros, mientras que la plata y el estaño requerirían cuerpos de entre 225 y 300 metros, y el estaño por sí solo llegaría a una equivalencia cercana a un asteroide de 530 metros.
La comparación no plantea que la minería de asteroides sea una solución económica inmediata para compensar las pérdidas, sino que ilustra la magnitud física del flujo de materiales. Además, el proceso tendría que repetirse cada año para equilibrar la renovación de una constelación de esa escala, aunque la mayoría de esos elementos no tendría un valor suficiente para convertirse en objetivos plausibles de extracción espacial.
La alternativa lunar y sus interrogantes
Algunos materiales, especialmente el aluminio y el titanio, podrían resultar más interesantes para una economía espacial porque tienen aplicaciones directas en la fabricación de estructuras y equipos fuera de la Tierra. Desde una perspectiva técnica, extraer ambos elementos en la Luna es posible, pero esa posibilidad no demuestra por sí sola que fabricar satélites allí sea más barato que producirlos en instalaciones terrestres.
En una presentación ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos, SpaceX indicó que pretende establecer capacidades de fabricación en la Luna, incluidas fábricas para producir satélites de computación de IA a gran escala. La empresa también planteó utilizar materias primas lunares para fabricar la mayor parte de la masa de los satélites y transportar desde la Tierra los chips y los componentes de menor masa.
El supuesto ahorro dependería de reducir la cantidad de masa que debe lanzarse desde la superficie terrestre, pero el cálculo tendría que incluir la construcción previa de una base lunar, un complejo minero y una fábrica de satélites. Esas instalaciones también necesitarían transporte, energía, mantenimiento y cadenas de suministro, por lo que la reducción del peso inicial no basta para demostrar una ventaja económica.
La propuesta espacial añade preguntas que no aparecen con la misma intensidad cuando una empresa construye servidores en la Tierra. En ese escenario, los equipos pueden reutilizarse, venderse en mercados secundarios o enviarse a instalaciones de reciclaje cuando termina su vida útil; en órbita, recuperar los materiales puede ser demasiado costoso o directamente imposible.
Causas de movimientos recientes
No se identifica en la información disponible un movimiento de mercado concreto asociado a esta propuesta. El posible impacto ambiental y material descrito corresponde a un escenario proyectado, no a un catalizador confirmado de precios o de cotizaciones.
Un marco ambiental todavía pendiente
La discusión también plantea si los grandes proyectos espaciales necesitarán evaluaciones ambientales capaces de contabilizar toda la masa que extraen del sistema terrestre. No bastaría con medir los lanzamientos, las emisiones o el riesgo de colisiones, porque el destino final de los materiales también determinaría el impacto de la actividad.
La regulación de la extracción de minerales en el espacio todavía presenta áreas poco definidas, y el debate suele concentrarse en quién puede explotar recursos extraterrestres y bajo qué condiciones. Sin embargo, una megaconstelación que envía chips, metales, baterías y estructuras fuera de la Tierra obligaría a considerar el problema inverso: qué ocurre cuando los recursos terrestres se convierten en residuos orbitales o atmosféricos.
La basura espacial ya constituye una preocupación por la congestión de las órbitas y el riesgo que representa para satélites, estaciones y futuras misiones. Los centros de datos orbitales añadirían una dimensión material a ese desafío, porque cada reemplazo implicaría decidir entre quemar componentes, desplazarlos a una órbita remota o intentar recuperar una infraestructura diseñada para operar lejos del planeta.
El plan sigue siendo una propuesta y su practicidad y viabilidad económica no están demostradas. Aun así, obliga a discutir la sostenibilidad de la infraestructura de IA antes de que la carrera por capacidad de cómputo convierta el espacio cercano en un depósito permanente de hardware difícil de recuperar.
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