Por Canuto  

Robert Pape sostiene que la guerra entre Estados Unidos e Irán se acerca a un punto de quiebre, con riesgos simultáneos para el petróleo, el comercio global, las elecciones estadounidenses y la seguridad de civiles y tropas.
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  • El analista Robert Pape calcula que el riesgo de una operación terrestre estadounidense limitada en Irán ronda el 70%.
  • La interrupción del estrecho de Hormuz y del tránsito petrolero por el mar Rojo podría agotar los amortiguadores energéticos y profundizar una crisis económica.
  • Pape advierte que un ataque masivo contra tropas o civiles estadounidenses podría intensificar el respaldo político a la guerra y acelerar la escalada.


Robert Pape advierte sobre un ataque masivo y una crisis energética por la guerra entre EE. UU. e Irán

La guerra entre Estados Unidos e Irán habría entrado en una etapa decisiva, marcada por la disputa sobre el estrecho de Hormuz, los ataques con drones y la presión sobre los mercados energéticos. En URGENT UPDATE – Iran War Expert: A Mass Casualty Attack Is Coming! | Robert Pape, el entrevistador Steven Bartlett conversó con el analista Robert Pape sobre los posibles escenarios de los próximos meses.

Pape sostuvo que el mayor riesgo inmediato consiste en un ataque con numerosas víctimas contra tropas o civiles estadounidenses. Según su análisis, la combinación entre una escalada militar, el cierre de rutas petroleras y la cercanía de las elecciones legislativas de Estados Unidos podría llevar el conflicto a un punto difícil de controlar.

Hormuz se convirtió en el centro de la disputa

De acuerdo con Pape, Irán es hoy más fuerte que antes del inicio de la guerra. El especialista atribuyó ese cambio al control efectivo que Teherán habría obtenido sobre el estrecho de Hormuz, una vía estratégica por la que antes del conflicto transitaban cerca de 20 millones de barriles de petróleo diarios.

El analista explicó que, antes del 28 de febrero, Irán no controlaba el estrecho ni cobraba tarifas a los barcos. Su lectura es que los bombardeos estadounidenses crearon una oportunidad inesperada para que el gobierno iraní pasara de una posición de supervivencia a una estrategia de ambición regional.

Pape describió el control de Hormuz como una fuente de poder militar y político, además de una fuente potencial de ingresos. El estrecho concentra alrededor del 20% del petróleo mundial, por lo que su dominio puede modificar el equilibrio de poder en el golfo Pérsico y en todo Oriente Medio.

El experto cuestionó la interpretación de Washington sobre un acuerdo de entendimiento con Irán. Según su explicación, el documento contemplaba que Teherán coordinara el tránsito marítimo por Hormuz y que no cobrara durante 60 días, pero no establecía un límite permanente sobre las tarifas futuras.

En esa lectura, Irán y Omán quedarían con capacidad para determinar las condiciones posteriores del tránsito. Pape afirmó que el texto no otorgaba a Estados Unidos una función clara para intervenir en esa decisión, lo que convertiría el acuerdo en una concesión estratégica para Teherán.

Un acuerdo frágil y una esfera de influencia regional

El analista sostuvo que la negociación se abordó como si fuera una transacción comercial. Sin embargo, consideró que Irán estaba negociando algo más amplio: el reconocimiento de un nuevo equilibrio regional y la posibilidad de convertirse en la potencia dominante del golfo Pérsico.

Según Pape, Teherán buscaría consolidar una franja de seguridad que conecte el Mediterráneo, el mar Rojo y el golfo. Esa estrategia incluiría vínculos con grupos aliados en Líbano y Yemen, capaces de amenazar rutas alternativas para el transporte de petróleo.

La importancia de esas rutas aumentó después del cierre de Hormuz. Arabia Saudita comenzó a enviar entre 4 y 5 millones de barriles diarios hacia el mar Rojo mediante un oleoducto existente, mientras Emiratos Árabes Unidos habría utilizado una conexión hacia Fujairah con capacidad cercana a 2 millones de barriles diarios.

En conjunto, esas alternativas permitirían desviar cerca de 7 millones de barriles diarios. Pape advirtió, sin embargo, que la capacidad de Irán para afectar esos corredores dependería de sus relaciones con los hutíes en Yemen y con Hezbollah en Líbano.

La situación se deterioraría aún más si los hutíes interrumpieran el tránsito petrolero desde el mar Rojo. Pape afirmó que esa posibilidad representaría un escenario especialmente grave, porque dejaría simultáneamente bloqueadas las principales rutas marítimas vinculadas con el golfo Pérsico.

Drones, misiles y límites de la respuesta militar

La entrevista también abordó la capacidad iraní para mantener ataques pese a los bombardeos estadounidenses. Pape explicó que destruir una parte de los misiles o drones no elimina la amenaza, porque Teherán habría comenzado la guerra con miles o incluso decenas de miles de sistemas no tripulados.

El especialista describió los ataques iraníes como operaciones de saturación. Un número reducido de drones y misiles que atraviese las defensas puede causar daños relevantes, especialmente cuando obliga a utilizar costosos interceptores contra objetivos relativamente baratos.

La localización de los drones complicaría cualquier campaña de eliminación total. Pape señaló que los aparatos pueden esconderse en almacenes, cavernas y zonas montañosas dentro de un territorio de aproximadamente 500 millas de radio, descrito durante la conversación como un área mayor que California.

El problema no sería únicamente bidimensional. Las fuerzas estadounidenses tendrían que buscar objetivos ocultos bajo distintas capas de terreno y en una geografía montañosa, mientras Irán continúa fabricando nuevas unidades.

Pape citó estimaciones del Pentágono según las cuales Irán producía unos 55.000 drones al año para entregarlos a Rusia. A partir de ese dato, sostuvo que Teherán podría haber fabricado miles de unidades adicionales desde abril, lo que dificultaría cualquier intento de garantizar una navegación segura.

El petróleo y el riesgo de una crisis económica

La reapertura de Hormuz no dependería solamente de la destrucción de drones o minas. Las compañías navieras tendrían que considerar el riesgo para sus tripulaciones, sus barcos y sus cargamentos antes de enviar buques por una zona donde cada petrolero podría transportar entre 700.000 y más de un millón de barriles.

Durante la conversación se estimó que un buque nuevo, junto con su carga completa de petróleo, puede representar un activo flotante de aproximadamente USD $300 millones. Las primas de seguro y el riesgo de pérdidas humanas aumentarían todavía más el costo de cada viaje.

Estados Unidos habría autorizado la liberación de 172 millones de barriles de su reserva estratégica para distribuirlos durante unos 120 días. Además, 32 países miembros de la Agencia Internacional de Energía habrían acordado liberar conjuntamente 400 millones de barriles.

La reserva estratégica estadounidense habría caído a unos 300 millones de barriles en julio de 2026, su nivel más bajo desde 1983. Pape relacionó ese descenso con la reducción del margen disponible para contener los precios del combustible y amortiguar una interrupción prolongada.

El problema también alcanza a las refinerías. Según Pape, una parte importante de la capacidad mundial de refinación se concentra en el golfo Pérsico, por lo que la crisis no solo afectaría al crudo, sino también a la producción de gasolina y diésel.

La escalada militar y el riesgo de una operación terrestre

Pape estimó en cerca de 70% la probabilidad de que Estados Unidos realice una operación terrestre limitada en Irán durante las próximas semanas. Su hipótesis contempla la captura temporal de un puerto o una zona costera, más como una victoria simbólica que como una solución definitiva para reabrir Hormuz.

El analista mencionó la concentración de fuerzas navales estadounidenses en el golfo de Omán. También señaló la presencia de unos 4.500 o 5.000 marines y alrededor de 4.000 efectivos de la 82.ª División Aerotransportada, aunque reconoció que no se conoce con precisión su ubicación.

Entre los posibles objetivos citados aparecen Chabahar y Jask, en la costa suroriental iraní. Pape consideró que esa zona podría ser relativamente vulnerable por su menor densidad poblacional frente a otras áreas del país.

Una operación de ese tipo no garantizaría una apertura permanente del estrecho. Irán podría concentrar sus fuerzas contra la posición ocupada, mientras Estados Unidos afrontaría bajas, presión política interna y el riesgo de iniciar una ocupación más prolongada.

El analista comparó el dilema con las decisiones de Lyndon Johnson durante la guerra de Vietnam. En su interpretación, un presidente puede continuar una estrategia que considera poco eficaz porque teme asumir públicamente una derrota antes de una elección.

El temor a un ataque con numerosas víctimas

La principal preocupación de Pape es un ataque masivo contra estadounidenses. Entre los posibles objetivos mencionó barcos navales en el golfo de Omán, bases en Oriente Medio, aviones comerciales, hoteles y zonas frecuentadas por empresarios estadounidenses.

El especialista también advirtió que el ataque podría producirse fuera de la región. En su opinión, una acción inspirada por declaraciones de líderes iraníes podría ocurrir en cualquier lugar con presencia de ciudadanos estadounidenses.

Pape basa su advertencia en décadas de investigación sobre terrorismo suicida. Su conclusión central es que la presencia de tropas extranjeras en un territorio que un grupo considera propio constituye uno de los principales factores de riesgo para este tipo de violencia.

La diferencia entre un bombardeo aéreo y una ocupación terrestre sería decisiva. Para Pape, el problema no reside únicamente en las muertes causadas por los ataques, sino en el control político que implica desplegar soldados sobre el terreno.

Un atentado con numerosas víctimas podría endurecer el respaldo interno a la guerra. El analista sostuvo que las muertes de soldados, al menos durante las primeras etapas, pueden reforzar la determinación de los sectores que apoyan el conflicto en lugar de reducirla.

Elecciones, Congreso y una posible guerra prolongada

La proximidad de las elecciones legislativas de Estados Unidos añade presión al conflicto. Pape afirmó que el aumento de los precios de la gasolina y una crisis económica podrían perjudicar al Partido Republicano, mientras un ataque masivo podría producir el efecto contrario.

Si los demócratas recuperaran una o ambas cámaras del Congreso, podrían intentar bloquear los fondos para la guerra. Pape recordó que el Congreso utilizó esa capacidad en 1974 para limitar la financiación de las operaciones militares en Vietnam.

El entrevistador planteó que el presidente podría vetar restricciones presupuestarias o usar facultades constitucionales y transferencias internas para mantener las operaciones. Pape respondió que ese choque derivaría en una crisis constitucional entre el Ejecutivo y el Legislativo.

En su opinión, el conflicto todavía no habría llegado a la etapa de una guerra eterna. Sin embargo, una operación terrestre fallida, nuevos ataques contra estadounidenses y el cierre prolongado de las rutas energéticas podrían empujar la situación hacia ese escenario.

Pape proyectó que Estados Unidos podría cruzar el umbral de una operación terrestre durante los próximos meses. Su argumento es que la presión económica y electoral aumentará la necesidad de mostrar una victoria, aunque esa victoria solo dure una o dos semanas.

El analista concluyó que la salida sostenible requeriría una estrategia de varios años para reconstruir el equilibrio de poder en la región. También advirtió que las necesidades electorales de un presidente pueden entrar en conflicto con la seguridad a largo plazo de Estados Unidos y del golfo Pérsico.

La conversación recordó que más de 90 millones de iraníes viven en medio del conflicto. Para las familias de Irán, cada bombardeo implica incertidumbre, desplazamientos y temor a una nueva ampliación de la guerra.

Las afirmaciones expuestas corresponden al análisis de Robert Pape y describen escenarios de riesgo, no hechos confirmados de manera independiente en esta nota. La evolución de Hormuz, el flujo petrolero y las decisiones militares dependerá de las acciones de Estados Unidos, Irán y sus aliados.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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