Siete caídas diarias de al menos 3,5% ponen al oro en camino a su año más volátil desde 1982, mientras el avance de los rendimientos del Tesoro presiona al metal. Aun así, Goldman Sachs y JPMorgan mantienen objetivos de cierre de 2026 por encima de su cotización actual.
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- Los futuros del oro registraron siete descensos diarios de 3,5% o más en 2026, la cifra más alta desde 2008.
- El rendimiento del bono del Tesoro a 10 años llegó a su nivel más alto desde junio de 2007 y el de 30 años alcanzó 5,60%, máximo desde 2002.
- Goldman Sachs estima USD $4.650 para el cierre de 2026 y JPMorgan proyecta USD $4.500 para el cuarto trimestre.
🚨📉 Oro: 7 caídas diarias de 3,5% o más en 2026 lo acercan a su año más volátil desde 1982.
El bono a 10 años tocó máximos desde 2007; el de 30 años llegó a 5,60%, nivel no visto desde 2002.
Goldman y JPMorgan proyectan USD 4.650 y USD 4.500 para 2026, por encima del precio… pic.twitter.com/RVedVz0juZ
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) September 30, 2026
El oro se acerca a su año más volátil desde 1982 en medio de ventas bruscas
El mercado del oro acumula en 2026 una sucesión de movimientos diarios inusualmente pronunciados y podría cerrar el año con su mayor volatilidad en más de cuatro décadas. Los rendimientos crecientes de los bonos del Tesoro han añadido presión al metal, que no genera intereses, mientras los inversores revisan sus expectativas sobre las tasas de la Reserva Federal.
Datos de Bespoke Investment Group difundidos por The Kobeissi Letter contabilizan siete caídas diarias de los futuros del oro de al menos 3,5% hasta el 30 de septiembre. Es el registro anual más alto desde 2008 y supera en más del doble las tres caídas de esa magnitud observadas durante 2025, con todavía tres meses de negociación por delante.
Caídas excepcionales y presión de los bonos
La cifra de siete descensos no significa que el oro haya bajado todos los días ni que cada jornada de ventas haya tenido la misma causa. Sí muestra que los movimientos extremos se han repetido con una frecuencia poco habitual: la medición de Kobeissi apunta a que 2026 podría convertirse en el año más volátil del metal desde 1982, si el patrón se mantiene hasta diciembre.
El episodio más reciente ocurrió el lunes 28 de septiembre, cuando el oro al contado llegó a retroceder hasta 4% durante la jornada y tocó su nivel más bajo desde el 5 de agosto, según informó Reuters. Kobeissi calculó la caída diaria en 3,4% y describió el movimiento como uno de los descensos de una sola sesión más infrecuentes de las últimas dos décadas.
La firma también midió el movimiento con una puntuación Z de -2,90, una lectura que, de acuerdo con su estimación, correspondería a una caída esperada aproximadamente una vez cada dos años. El indicador compara el movimiento observado con una distribución habitual, por lo que ayuda a dimensionar cuán inusual fue la sesión, aunque no anticipa por sí solo qué hará el precio después.
El comportamiento de los bonos ofrece una de las explicaciones centrales para la presión sobre el oro. El rendimiento del Tesoro a 10 años tocó su máximo desde junio de 2007, mientras el rendimiento a 30 años subió a 5,60%, su nivel más alto desde 2002; cuando esos retornos avanzan, mantener un activo que no paga intereses puede resultar menos atractivo frente a alternativas que sí ofrecen rendimiento.
Expectativas de tasas cambian el panorama
La subida de los rendimientos refleja un cambio marcado en las expectativas de política monetaria que maneja el mercado. Según la información citada por Kobeissi, los operadores ahora descuentan cuatro alzas adicionales de un cuarto de punto de la Reserva Federal hasta junio de 2027, además del aumento de septiembre.
Ese escenario contrasta con el que los operadores contemplaban nueve meses antes, cuando esperaban al menos 100 puntos básicos de recortes durante el mismo período. El cambio no confirma que la Reserva Federal vaya a ejecutar esas alzas, pero sí indica que las apuestas sobre las tasas se han endurecido y que esa revisión coincide con un entorno más difícil para el oro.
La relación no implica que los rendimientos sean el único factor que mueve el precio del metal. Sin embargo, cuando los bonos pagan más, el costo de oportunidad de conservar oro aumenta, y las expectativas sobre la inflación, la política monetaria y el apetito por activos alternativos pueden influir en la demanda.
Los próximos datos mencionados en el informe podrían ayudar a determinar si las apuestas por un aumento de tasas en octubre ganan fuerza. El indicador de inflación PCE, previsto para el miércoles, y el informe de nóminas del viernes ofrecerán nuevas referencias económicas, aunque sus resultados no garantizan por sí mismos una decisión específica de la Fed ni una reacción predeterminada del precio del oro.
Del repunte geopolítico a los recortes de pronósticos
La etapa de volatilidad descrita en el informe se remonta al 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel atacaron a Irán y el oro subió brevemente. Después, el encarecimiento del petróleo elevó los riesgos de inflación y redujo las expectativas de una flexibilización monetaria, una combinación que modificó el entorno que inicialmente había impulsado al metal.
Para el cierre del 23 de junio, el oro al contado había perdido más de 25%, según la cronología presentada por la fuente. Por separado, Kobeissi indicó que los futuros acumulaban una caída de 5,4% en el año y que estaban encaminados a registrar su primera pérdida anual desde 2022; esas cifras corresponden a referencias y períodos distintos, por lo que describen medidas diferentes del comportamiento del oro.
Los bancos también ajustaron sus expectativas de precio. Goldman Sachs redujo su valor justo para finales de 2026 a USD $4.650, mientras JPMorgan proyectó USD $4.500 para el cuarto trimestre; pese a esos recortes, ambos objetivos se ubican por encima del nivel al que cotizaba el metal en el momento descrito por el informe.
Goldman Sachs conserva, además, un objetivo de USD $5.400 para finales de 2027, aunque esa proyección convive con una advertencia sobre los riesgos bajistas. Lina Thomas, analista de la entidad, señaló que una trayectoria de la Fed significativamente más agresiva podría provocar una corrección más pronunciada de lo habitual, un escenario que subraya la sensibilidad del oro a las expectativas de tasas.
Por ahora, el dato de volatilidad no resuelve la dirección futura del mercado: muestra que las caídas bruscas se han acumulado con una frecuencia elevada, mientras los rendimientos y las apuestas de política monetaria siguen ejerciendo presión. El cierre de 2026 dependerá de cómo evolucionen esas condiciones y de si los pronósticos bancarios logran sostenerse frente a nuevos movimientos de precios y datos económicos.
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