Un análisis sobre la expansión de centros de datos en Texas advierte que, si los proyectos previstos dependen de la mezcla eléctrica proyectada, el hollín y los contaminantes que forman esmog podrían regresar a niveles de hace dos décadas. El resultado, sin embargo, dependerá de cuánto se construya y de si los desarrolladores recurren a energías renovables o a turbinas de gas.
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- En el escenario evaluado, el hollín del sector eléctrico más que se triplicaría y las emisiones de NOx subirían 136%.
- Las emisiones de dióxido de carbono podrían quedar 90% por encima de las de 2025.
- La energía renovable generada en las instalaciones podría reducir hasta diez veces las emisiones de NOx frente a la mezcla eléctrica considerada.
El costo ambiental de alimentar la infraestructura de IA
La rápida expansión de los centros de datos en Texas podría revertir parte de los avances logrados durante décadas para mejorar la calidad del aire. Un análisis del Houston Advanced Research Center (HARC), reportado por The Verge y Infobae, evaluó qué ocurriría si los proyectos existentes y propuestos se conectaran a la red eléctrica del estado y consumieran energía conforme a la mezcla prevista. En ese escenario, el aumento de la demanda tendría consecuencias no solo para el sistema eléctrico, sino también para las emisiones.
Los centros de datos concentran equipos informáticos que requieren grandes cantidades de electricidad, y su crecimiento está ligado a la infraestructura que sostiene servicios digitales y aplicaciones de inteligencia artificial generativa. Texas se ha convertido en un punto central de esa expansión, pero atender el consumo previsto exige decidir cómo producir o suministrar la energía. Según el análisis, el tipo de fuente que elijan desarrolladores y compañías eléctricas puede inclinar el resultado hacia un aumento considerable de contaminantes o hacia un impacto menor.
El informe no presenta el deterioro como un desenlace inevitable, sino como el resultado posible de un escenario de expansión y abastecimiento específico. La advertencia central es que, si todos los proyectos planificados llegan a operar con la mezcla eléctrica proyectada para la red texana, la contaminación del sector eléctrico aumentaría con rapidez. En un horizonte de cinco años, ese incremento bastaría para borrar décadas de avances en calidad del aire, de acuerdo con el análisis.
La preocupación abarca contaminantes distintos, con efectos diferentes sobre el entorno: partículas finas, también llamadas hollín, y óxidos de nitrógeno (NOx), que contribuyen a la formación de esmog, además de dióxido de carbono. El contraste entre estos indicadores muestra que la discusión no se limita a las emisiones que calientan el planeta. La forma de alimentar una infraestructura digital de gran escala también puede determinar el nivel de contaminación atmosférica local asociado a la generación de electricidad.
Las proyecciones de emisiones bajo presión
En el escenario que incorpora la demanda prevista y la mezcla de la red, la contaminación por partículas finas procedente del sector eléctrico más que se triplicaría. El nivel resultante sería el más alto desde 2006, según el informe. La comparación con ese año da una medida del posible retroceso: el crecimiento de una nueva infraestructura tecnológica podría llevar las emisiones de hollín a registros que no se observaban desde hace dos décadas.
Las emisiones de NOx aumentarían 136% en esa misma proyección, acercándose a los niveles de contaminación registrados en 2004. El dato importa porque estos óxidos contribuyen a la formación de esmog, por lo que el efecto no se reduce a un indicador abstracto de actividad industrial. El análisis vincula el incremento con la electricidad requerida para los centros de datos y con el modo en que se cubriría esa demanda.
El dióxido de carbono también crecería de forma marcada: las emisiones que calientan el planeta quedarían 90% por encima del nivel de 2025 en el escenario descrito. Esa cifra se refiere al impacto asociado a la generación de electricidad necesaria para la expansión, no a una medición de emisiones de cada instalación individual. En conjunto, los tres indicadores ilustran que el costo ambiental podría abarcar tanto la contaminación del aire como el aumento de gases de efecto invernadero.
Las estimaciones reflejan proyecciones, no mediciones de un deterioro que ya se haya producido. HARC modeló resultados distintos a partir de tres proyecciones de demanda energética para los centros de datos, y la materialización de cada escenario depende de cuántos proyectos se construyan y de cómo obtengan energía. Por eso, las cifras describen riesgos condicionados por decisiones futuras, no una certeza de que Texas alcanzará esos niveles.
La fuente de energía puede cambiar el resultado
La elección entre depender de la red y producir electricidad en el propio sitio aparece como una variable decisiva. Los desarrolladores pueden instalar granjas solares y eólicas para suministrar parte de la energía de sus centros de datos, una alternativa que modificaría el perfil de emisiones del proyecto. Según los cálculos citados, las emisiones de NOx podrían ser hasta diez veces menores si las instalaciones combinan electricidad de la red con energía renovable generada en sus terrenos.
Ese resultado, sin embargo, requiere que las fuentes renovables formen parte de la solución energética y no sean solo una opción sobre el papel. La proyección favorable citada compara el uso combinado de la red y generación renovable en el sitio con escenarios de mayor contaminación. No significa que toda instalación vaya a reducir sus emisiones en la misma proporción ni que el informe garantice una disminución uniforme para todos los proyectos.
En el extremo opuesto, algunos desarrolladores podrían instalar motores de gas para abastecer sus centros de datos sin esperar una conexión a la red. La fuente señala que los largos tiempos de espera para conectarse están impulsando la búsqueda de alternativas de generación en el propio lugar, aunque el combustible y la tecnología elegidos también condicionan el impacto. Si se recurre a motores de gas, el resultado podría ser el nivel más alto de contaminación entre los escenarios considerados.
También preocupa el uso de turbinas de gas menos eficientes, una tecnología a la que algunos desarrolladores recurren para acelerar la construcción de capacidad energética. La rapidez de instalación puede resolver una necesidad operativa, pero no elimina las consecuencias ambientales de producir electricidad mediante combustibles fósiles. En el análisis, las decisiones de diseño y suministro energético no son detalles secundarios: pueden separar un escenario de emisiones más contenidas de otro mucho más contaminante.
Texas concentra una parte importante del crecimiento
La escala de la expansión ayuda a explicar por qué el estado ocupa un lugar central en la discusión. Texas suma 26 gigavatios de capacidad de centros de datos existente y en construcción, una medida que refleja la potencia que estas instalaciones pueden consumir. Además, un informe separado de Wood Mackenzie, publicado en marzo, calculó que el estado se prepara para tener cuatro veces más capacidad propuesta de centros de datos alimentados con generación en el sitio que cualquier otro estado.
La cobertura de Infobae señala que hay al menos 288 proyectos de centros de datos previstos en Texas. Esa cifra se refiere a proyectos planificados, no a instalaciones que ya estén operando ni a una garantía de que todos se construyan. La propia evaluación advierte que muchos proyectos son especulativos y podrían descartarse durante el proceso. Aun así, el volumen de propuestas importa porque anticipa el tamaño de la demanda que los planificadores eléctricos y los desarrolladores podrían intentar atender si los anuncios se convierten en instalaciones operativas.
La diferencia entre capacidad existente, proyectos en construcción y capacidad propuesta exige cautela al interpretar las proyecciones. No todas esas categorías equivalen a centros de datos que ya consumen electricidad, y un proyecto anunciado no representa por sí solo una emisión comprobada. El análisis plantea un escenario condicionado a que los planes avancen y se conecten a la red bajo la mezcla eléctrica prevista, de modo que la brecha entre anuncios y obras reales puede cambiar el resultado.
John Hall, director ejecutivo de HARC, advirtió que existe una posibilidad considerable de que las próximas generaciones respiren aire más sucio que el actual. También señaló que el sector del transporte, el estado y otras partes interesadas trabajaron durante décadas para reducir las emisiones, y que esos avances están en riesgo. Su comentario subraya el conflicto que plantea la expansión tecnológica: cubrir una demanda creciente sin deshacer mejoras ambientales que requirieron años de esfuerzo.
Una advertencia condicionada a las decisiones futuras
El panorama final dependerá de cuántos proyectos superen la etapa de propuesta, de cómo se conecten al sistema y de qué fuentes usen para generar electricidad. Si los planes se reducen o se abandonan, la presión sobre la red y las emisiones podría ser menor que en el escenario más amplio modelado. Si, en cambio, la expansión continúa y se apoya en generación de gas en las instalaciones, el aumento de contaminantes podría acercarse a los resultados más desfavorables.
Las opciones renovables ofrecen una vía para limitar parte de ese impacto, aunque el informe no presenta una solución única que elimine todos los riesgos. La generación eólica y solar en el sitio podría reducir de manera importante las emisiones de NOx en la comparación analizada, mientras que la electricidad de la red seguiría formando parte de la combinación. La diferencia entre alternativas muestra por qué la infraestructura energética debe evaluarse junto con los planes de expansión de los centros de datos.
Para Texas, el desafío consiste en atender una demanda eléctrica que puede crecer con rapidez sin asumir que cualquier nueva capacidad será ambientalmente equivalente. La evaluación de HARC plantea que las decisiones de abastecimiento tendrán consecuencias mensurables en partículas finas, NOx y dióxido de carbono. La magnitud del riesgo no convierte el retroceso en un hecho inevitable, pero sí hace que la selección de tecnologías y fuentes de energía sea crucial.
La alerta también ofrece una advertencia más amplia sobre el costo material de la inteligencia artificial y otros servicios digitales: detrás de cada nueva instalación hay una necesidad de energía que alguien debe producir. En Texas, el resultado podría ir desde emisiones considerablemente menores con renovables hasta niveles que reviertan décadas de avances en calidad del aire. El rumbo dependerá de cuáles proyectos se concreten y de las decisiones energéticas que acompañen su construcción.
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