Francia completó la salida de 129 toneladas de oro que mantenía en la Reserva Federal de Nueva York mediante la venta de lingotes antiguos y la compra de otros en Europa. Países Bajos trasladó unas 86 toneladas desde Nueva York y Canadá a Londres. Los movimientos reflejan una revisión más amplia de las reservas oficiales: en tiempos de tensión, los bancos centrales ponderan no solo dónde está más seguro el oro, sino también qué tan accesible y negociable resulta.
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- Francia completó entre julio de 2025 y enero de 2026 la salida de 129 toneladas de oro que mantenía en la Reserva Federal de Nueva York, mediante ventas y compras de lingotes en Europa.
- Países Bajos trasladó unas 86 toneladas de oro desde Nueva York y Canadá a Londres para fortalecer su preparación ante crisis.
- El Consejo Mundial del Oro observa una diversificación de custodios y ubicaciones, no necesariamente una señal de que los bancos centrales planeen vender.
🏦🌍 Bancos centrales reubican oro ante la incertidumbre geopolítica
Francia dejó de custodiar 129 toneladas en Nueva York mediante ventas y compras en Europa.
Países Bajos trasladó unas 86 toneladas desde Nueva York y Canadá a Londres.
Los movimientos buscan ajustar custodia… pic.twitter.com/YMTWGzGL4T
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) October 19, 2026
La custodia del oro entra en una nueva etapa
Los bancos centrales están revisando dónde guardan sus reservas de oro mientras la incertidumbre geopolítica aumenta la atención sobre la custodia, el acceso y la capacidad de movilizar el metal. Francia completó la salida de 129 toneladas que mantenía en la Reserva Federal de Nueva York y Países Bajos trasladó oro que tenía en Nueva York y Canadá a Londres. Los movimientos forman parte de una tendencia más amplia de reorganización, aunque no implican por sí mismos que las autoridades monetarias quieran vender sus reservas.
La Reserva Federal de Nueva York ha actuado durante décadas como custodio del oro de Estados Unidos, gobiernos extranjeros, otros bancos centrales y organizaciones internacionales oficiales. Una parte importante de ese metal llegó durante la Segunda Guerra Mundial y en los años posteriores, cuando varios países buscaban conservar sus reservas en un lugar considerado seguro. Esa función hizo de Nueva York un punto central de custodia, pero la distribución de las tenencias oficiales ha cambiado con el paso del tiempo.
Las reservas depositadas allí alcanzaron su máximo a comienzos de la década de 1970, de acuerdo con la información de Fortune, y luego comenzaron a descender de manera gradual. El cambio coincidió con la decisión de Estados Unidos de abandonar el patrón oro para el dólar, y hoy la cantidad custodiada representa aproximadamente la mitad de aquel máximo. La disminución prolongada precede a las tensiones geopolíticas recientes, por lo que no puede explicarse únicamente como una reacción a ellas.
Lo que sí ha cambiado, según Krishan Gopaul, analista sénior del Consejo Mundial del Oro, es la complejidad de la oleada actual de movimientos. En una publicación de blog del mes pasado, Gopaul señaló que las reubicaciones ocurrieron en distintas etapas y comenzaron antes de que la geopolítica se convirtiera en una preocupación tan visible. La discusión contemporánea, añadió, se centra en la jurisdicción, el acceso durante una crisis y la exposición a infraestructura financiera extranjera.
Francia y Países Bajos ajustan la ubicación de sus reservas
Francia completó entre julio de 2025 y enero de 2026 la salida de las 129 toneladas de oro que mantenía en la Reserva Federal de Nueva York. La operación no consistió en trasladar físicamente a Europa esos mismos lingotes: según un reporte de Reporte Minero que cita a Reuters, el Banco de Francia vendió allí lingotes antiguos o no estándar y compró otros en Europa. Así, dejó de mantener oro en ese custodio, aunque el cambio se hizo mediante operaciones de compraventa y reemplazo.
El banco central neerlandés, De Nederlandsche Bank (DNB), trasladó unas 86 toneladas de oro a Londres: más de 78 toneladas procedentes de Nueva York y otras siete de Canadá. El organismo vinculó la decisión con la creciente inestabilidad geopolítica y con la necesidad de mejorar su preparación ante crisis. La elección de Londres no equivale a una repatriación total: supone trasladar metal entre centros internacionales de custodia.
El gobernador del DNB, Olaf Sleijpen, explicó que el tamaño de Londres como centro mundial de negociación de metales preciosos vuelve más accesible el oro guardado allí. «Esperamos no tener que usarlos nunca, pero sí necesitamos fortalecer nuestra resiliencia y preparación», afirmó. Su argumento combina una preocupación por la capacidad de respuesta en momentos difíciles con una consideración práctica: la ubicación puede facilitar el acceso al mercado si el banco central necesita movilizar sus reservas.
La operación neerlandesa ilustra por qué la reorganización no se reduce a elegir entre guardar oro en casa o dejarlo en el extranjero. Gopaul planteó que las entidades consideran cada vez más tres elementos: el riesgo asociado al custodio, el acceso físico y la liquidez del mercado. Londres fue elegido por la disponibilidad que ofrece como centro de negociación, mientras que otros bancos centrales pueden dar prioridad a mantener una mayor proporción de sus reservas dentro de su propia jurisdicción.
Una tendencia con antecedentes en Europa y otros países
Las reubicaciones de reservas oficiales no comenzaron con los traslados recientes de Francia y Países Bajos. Entre 2013 y 2017, el Bundesbank trasladó 300 toneladas de oro desde Nueva York y otras 374 desde París hasta Frankfurt. Esos movimientos muestran que los bancos centrales ya revisaban la distribución geográfica del metal antes del actual periodo de mayor tensión política.
También hubo movimientos en otros países europeos: Países Bajos trasladó 122,5 toneladas de Nueva York a Ámsterdam en 2014, mientras Austria repatrió 90 toneladas desde Londres entre 2015 y 2018. Fuera de Europa, Venezuela llevó de regreso 160 toneladas entre 2011 y 2012. La variedad de destinos y periodos apunta a decisiones nacionales distintas, en vez de una política uniforme de traslado hacia las bóvedas domésticas.
India, por su parte, ha acelerado el ritmo de reubicación de sus reservas desde 2023, aunque la información disponible no detalla cuántas toneladas movió ni a qué lugares. Ese caso amplía el alcance geográfico de la tendencia y recuerda que las decisiones sobre custodia no se limitan a Europa. Sin una cifra o una explicación más específica, no es posible atribuir a India los mismos motivos que el DNB expuso para su traslado a Londres.
Para Gopaul, la oleada actual es más compleja porque los bancos centrales combinan preocupaciones sobre seguridad con preguntas sobre jurisdicción, accesibilidad y funcionamiento del sistema financiero bajo presión. Algunos aumentan el almacenamiento interno, mientras otros distribuyen el oro entre más ubicaciones extranjeras. La diversificación de custodios se vuelve así una prioridad, pero la estrategia concreta depende de cómo cada institución evalúa esos riesgos y necesidades.
Las tensiones políticas elevan el debate sobre el oro en EE. UU.
En Alemania e Italia, legisladores han pedido que se retire más oro de Estados Unidos; ambos países poseen, respectivamente, las segundas y terceras mayores reservas de oro del mundo. Sus demandas citan la hostilidad del presidente Donald Trump hacia Europa, incluidas sus amenazas de apoderarse de Groenlandia. Se trata de solicitudes de legisladores, no de una confirmación de que los bancos centrales de ambos países hayan decidido ejecutar nuevos traslados.
El banco central alemán desestimó los temores de que el oro del país pudiera ser vulnerable en Nueva York. Su argumento es que Estados Unidos se perjudicaría si amenazara la confianza de los mercados financieros, una consecuencia que, a su juicio, desincentivaría un riesgo de ese tipo. Esta respuesta contrasta con las advertencias de quienes reclaman retirar más metal y muestra que la discusión también depende de cómo se evalúa la credibilidad de las instituciones custodias.
Las decisiones recientes tampoco prueban que los bancos centrales se preparen para vender sus reservas. Gopaul destacó que el traslado puede responder a la necesidad de contar con metal físicamente accesible, negociable y ubicado en plazas que sigan siendo confiables bajo presión. Desde esa perspectiva, mover oro cambia su disponibilidad y su distribución, pero no determina automáticamente el destino final de la tenencia ni constituye una señal de venta.
El panorama que emerge pone en tensión dos objetivos que no siempre conducen al mismo lugar: mantener el oro en una jurisdicción considerada segura y conservarlo donde pueda utilizarse con rapidez. El análisis de Gopaul sugiere que la seguridad, por sí sola, ya no basta para algunos bancos centrales; también importan la accesibilidad y la liquidez. Las operaciones de Francia y Países Bajos muestran respuestas distintas a esa revisión, mientras los antecedentes de otros países confirman que la redistribución de reservas lleva años en marcha.
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