Por Canuto  

El uso de tarjetas conectadas a stablecoins avanza con fuerza en América Latina y empieza a mostrar señales de integración real con el sistema global de pagos. Rain asegura que el gasto minorista ya crece a tasas de tres dígitos y que la liquidación on-chain puede mejorar de forma significativa la economía del negocio para emisores y redes.
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  • Rain dijo que el gasto minorista con tarjetas de stablecoins aumentó entre 105% y 106% en el último año.
  • La empresa sostiene que en algunos mercados de América Latina estas tarjetas podrían alcanzar pronto una cuota de mercado de dos dígitos.
  • La liquidación con stablecoins en fines de semana y feriados puede reducir en más de 40% el capital inmovilizado de los programas de tarjetas.


Las tarjetas basadas en stablecoins están comenzando a salir del nicho cripto y a acercarse al consumo cotidiano. La tesis es simple: permitir que saldos en activos digitales como USDT y USDC se gasten en comercios tradicionales sin obligar al usuario a pensar en la complejidad técnica que existe detrás.

Ese avance ya está mostrando números relevantes. Durante un panel en Consensus Miami 2026, John Timoney, director de asociaciones estratégicas de Rain, afirmó que el gasto minorista con tarjetas de stablecoins creció entre 105% y 106% en el último año.

Según Timoney, ese ritmo de expansión podría llevar a que estas tarjetas representen pronto porcentajes de dos dígitos dentro del mercado total de tarjetas en algunos países de América Latina. Aunque la referencia sigue siendo puntual y no regional en bloque, la afirmación sugiere que el segmento está acelerando con fuerza en una zona donde la demanda por dólares digitales ya era alta.

Para entender el fenómeno conviene hacer una distinción básica. Una tarjeta de stablecoins, ya sea física o virtual, permite gastar saldos mantenidos en una billetera digital, mientras la conversión y la conexión con el sistema de pagos tradicional ocurren en segundo plano. Para el comercio, en muchos casos, la operación termina liquidándose en moneda fiduciaria.

Infraestructura conocida, pero con liquidación distinta

Rain opera como proveedor de infraestructura para emisores de tarjetas vinculadas a stablecoins. La compañía se convirtió recientemente en miembro principal de Mastercard, una condición que le permite ofrecer tarjetas de crédito y prepago sobre esa red.

Timoney remarcó que la estrategia no busca sustituir a las grandes redes de pago. Por el contrario, el objetivo es aprovechar una infraestructura que ya conecta a cientos de millones de comercios en todo el mundo, en lugar de tratar de construir desde cero un sistema alternativo con el mismo alcance.

En esa línea, Rain y Mastercard también exploran la liquidación on-chain para ciertos flujos de programas de tarjetas utilizando stablecoins reguladas. La apuesta apunta a integrar activos digitales en los rieles existentes sin alterar la experiencia habitual del consumidor en caja o al pagar con el teléfono.

El ejecutivo resumió esa lógica al señalar que la empresa no quiso “reinventar la rueda”. La observación es importante porque marca una diferencia frente a otros proyectos cripto que intentan reemplazar por completo la infraestructura financiera actual en lugar de conectarse con ella.

Otro punto relevante es que el patrón de gasto empieza a parecerse al de cualquier tarjeta convencional. Timoney explicó que los usuarios están utilizando estas tarjetas en categorías comunes, incluidas compras diarias y transacciones con grandes comercios globales.

En su lectura, justamente allí radica la señal más llamativa. Si el comportamiento del usuario deja de verse exótico y empieza a parecer ordinario, entonces la tecnología subyacente comienza a desaparecer para el público, que es una de las condiciones más importantes para la adopción masiva.

América Latina como mercado de prueba y expansión

Timoney identificó a América Latina como uno de los mercados más claros para esta tendencia. No es una sorpresa: la región ya venía destacando por el uso de stablecoins en ahorro, remesas, cobertura cambiaria y transferencias transfronterizas, por lo que el salto hacia el gasto cotidiano luce como una evolución natural.

Las tarjetas con stablecoins están apareciendo tanto en billeteras con custodia como en soluciones de autocustodia, además de exchanges y productos que directamente ocultan al usuario la complejidad del manejo de una stablecoin. Ese diseño reduce fricción para públicos menos técnicos.

También hay una diferencia práctica frente a los pagos directos en cripto de tipo push. En esos esquemas, el comercio puede quedar más expuesto a la gestión de liquidación en cripto, a la volatilidad de ciertos activos y a riesgos operativos adicionales.

Con las tarjetas, en cambio, el comerciante suele continuar recibiendo dinero fiduciario a través de canales que ya conoce. Eso baja barreras de adopción en el punto de venta y permite que el peso de la innovación recaiga sobre la infraestructura de emisión, liquidación y conversión, no sobre el negocio minorista.

Aun con ese crecimiento, el mercado sigue siendo pequeño a escala global. Ray Hernandez, vicepresidente senior de desarrollo de negocios en Consensys, dijo durante el mismo panel que las tarjetas con stablecoins todavía representan menos del 1% del gasto mundial con tarjetas.

Ese dato sirve de contrapeso frente al entusiasmo. El crecimiento es acelerado, pero parte de una base baja. Por eso, aunque la narrativa sea de fuerte expansión, todavía se trata de una categoría emergente y no de un cambio consolidado en el sistema de pagos global.

La ventaja menos visible: liquidez y capital

Quizás el elemento más transformador no esté en la experiencia del consumidor, sino en la trastienda financiera del negocio. Rain sostiene que la liquidación con stablecoins permite cerrar operaciones en fines de semana y feriados, algo difícil de replicar con la infraestructura bancaria tradicional.

De acuerdo con la empresa, esa capacidad puede reducir en más de 40% el capital inmovilizado en ciertos programas de tarjetas. La mejora es relevante porque muchos emisores necesitan prefinanciar obligaciones con la red o incluso pedir prestado cuando los rieles bancarios están cerrados.

Si una stablecoin puede moverse fuera de los horarios de corte bancarios, el programa gana flexibilidad para operar y reasignar fondos. Timoney planteó que ese capital que antes quedaba ocioso puede dirigirse a otras áreas del negocio, mejorando la economía general del producto.

Eso abre la puerta a recompensas más atractivas, estructuras operativas más eficientes y menor dependencia de ventanas bancarias rígidas. En otras palabras, la utilidad de las stablecoins no se limitaría al usuario final, sino también al backend financiero que sostiene el sistema de tarjetas.

Mastercard viene profundizando este frente. A comienzos de año, Binance, PayPal y Ripple se sumaron al impulso más amplio de pagos blockchain de la compañía, que también acordó la compra de la firma de infraestructura de stablecoins BVNK por hasta USD $1.800 millones.

La magnitud de esa operación deja ver que las grandes redes no están observando el fenómeno desde la distancia. Están tratando de integrarlo, ordenarlo y capturar parte del nuevo flujo económico antes de que otros actores construyan una capa propia por encima del sistema existente.

La experiencia del usuario y el debate sobre intermediarios

Christian Rau, vicepresidente senior de activos digitales y blockchain de Mastercard, sostuvo que la adopción masiva dependerá de que la tecnología se vuelva invisible para el consumidor. En su visión, la gente no quiere pensar si una operación fue on-chain, sino simplemente pagar como lo hace hoy.

Rau explicó que la referencia cotidiana ya es tener una tarjeta en un iPhone o en un dispositivo Android, acercarlo al terminal y completar el pago. Desde esa óptica, la propuesta de valor no sería “hacer un pago on-chain”, sino poder gastar cualquier activo en tiempo real con protecciones familiares.

Hernandez añadió que la siguiente etapa requerirá rampas de entrada más fáciles, comisiones de red abstraídas e infraestructura local de pagos más amplia. Según dijo, los usuarios actuales de tarjetas cripto siguen siendo mayoritariamente personas nativas del ecosistema que ya poseen activos on-chain.

En ese contexto, MetaMask está ampliando su estrategia de tarjetas alrededor de la autocustodia. La MetaMask Card, desarrollada con Mastercard y Baanx, permite gastar desde una billetera de autocustodia mientras los activos se convierten a moneda fiduciaria en el momento de la compra.

Sin embargo, no todos comparten el mismo diagnóstico. Mark Zalan, CEO de GoMining, criticó la idea de apoyarse en stablecoins e infraestructura de tarjetas, al considerar que ambas capas introducen intermediarios innecesarios en pagos con cripto.

Zalan defendió una visión en la que los usuarios mantengan bitcoin en autocustodia y lo gasten directamente, sin necesidad de convertirlo a stablecoins ni de depender de off-ramps. En su argumento, cada capa adicional incorpora pequeños actores que retienen comisiones en cada transacción.

Incluso cuestionó el lenguaje de “protección” asociado a las redes de tarjetas y lo definió como una forma de búsqueda de rentas. La crítica apunta a una tensión conocida en la industria: la diferencia entre eficiencia descentralizada pura y soluciones híbridas que priorizan alcance, reversibilidad y cumplimiento operativo.

Timoney respondió que los pagos no consisten solo en mover dinero de un punto A a un punto B. Recordó que las redes de tarjetas también administran contracargos, riesgo de comercio y otras garantías que consumidores y negocios esperan en la economía digital actual.

Rau reforzó ese punto al señalar que la mayoría de los usuarios fue socializada en un sistema con seguro de depósitos y protección frente a contracargos. Desde esa perspectiva, la experiencia de pago incluye interoperabilidad, seguridad y protección, no solo velocidad o liquidación técnica.

En conjunto, el debate refleja el momento que vive la industria. Por un lado, crece la ambición de usar infraestructura blockchain para mejorar costos, liquidez y disponibilidad. Por el otro, persiste la discusión sobre cuánta intermediación debe conservarse para que el producto resulte masivo, confiable y competitivo frente al sistema tradicional.

Por ahora, los datos compartidos en el panel apuntan a una conclusión concreta: el gasto con tarjetas de stablecoins está creciendo con rapidez, América Latina aparece como una región clave, y la verdadera batalla podría librarse menos en el mostrador del comercio que en la ingeniería financiera que sostiene cada pago.


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