Por Canuto  

El debate sobre el futuro del euro digital sube de tono en Europa. Denis Beau, vicegobernador del Banco de Francia, defendió una estrategia conjunta entre sector público y privado para impulsar dinero tokenizado en euros, en una postura que choca con la visión más cautelosa de Christine Lagarde y reabre la discusión sobre cómo contener el dominio global de las stablecoins ligadas al dólar.
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  • Denis Beau pidió movilizar a actores públicos y privados para desarrollar dinero tokenizado basado en euros.
  • Su postura contrasta con la de Christine Lagarde, que desconfía de las stablecoins privadas y favorece una CBDC para 2029.
  • El debate crece mientras USDT y USDC concentran el 98% del mercado de stablecoins y Europa teme una dolarización digital.

 


La discusión sobre el euro digital entró en una nueva fase política y estratégica dentro de Europa. Denis Beau, vicegobernador del Banco de Francia, pidió una “movilización de todos los actores europeos relevantes, públicos y privados” para impulsar dinero tokenizado denominado en euros, en una señal clara de que parte del bloque quiere acelerar una respuesta al dominio de las stablecoins vinculadas al dólar.

La declaración marca un contraste visible con la postura de Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, quien recientemente sostuvo que “el argumento a favor de promover stablecoins denominadas en euros es mucho más débil de lo que parece”. Para Lagarde, el mercado privado de stablecoins sigue presentando riesgos que Europa no debería subestimar.

El trasfondo del choque no es menor. El mercado global de stablecoins ya ronda los USD $310.000 millones y está ampliamente liderado por USDT de Tether y USDC de Circle. En paralelo, Europa teme que la falta de alternativas líquidas y funcionales en euros dentro de redes blockchain termine empujando capitales, pagos y liquidaciones hacia instrumentos respaldados en dólares.

Ese fenómeno es descrito por reguladores y ejecutivos como una posible “dolarización digital”. La preocupación central es que, si la economía tokenizada crece hasta alcanzar billones de dólares en los próximos años, la ausencia de un euro competitivo en formato on-chain podría debilitar la influencia internacional de la moneda europea y, con ella, parte de la soberanía monetaria del bloque.

Dos visiones para defender al euro

Beau planteó que el desarrollo de finanzas tokenizadas en Europa necesita una base de pagos y liquidación construida en euros. Según explicó, ese pilar debe apoyarse en el actual sistema monetario de dos niveles, donde conviven el dinero del banco central y el dinero emitido por entidades privadas reguladas, reseña CoinDesk.

En su visión, la estrategia europea debe perseguir un “triple objetivo”. El primero consiste en adaptar los servicios de dinero de banco central de la Unión Europea. El segundo pasa por desarrollar “soluciones paneuropeas en dinero privado tokenizado emitido por instituciones financieras reguladas”. El tercero apunta a fortalecer el Reglamento de Mercados de Criptoactivos, conocido como MiCA.

La lógica detrás de esa propuesta es pragmática. Mientras el BCE avanza en el diseño de un euro digital público, el sector privado podría cubrir con mayor rapidez parte de la demanda del mercado, sobre todo en pagos, negociación y liquidación de activos tokenizados. Para Beau, ambos esfuerzos no deberían excluirse entre sí.

De hecho, el funcionario sostuvo que las iniciativas públicas y privadas “deberían complementarse y apoyarse mutuamente” para asegurar que el euro siga siendo un instrumento de liquidación viable en una economía cada vez más tokenizada. Esa frase resume el núcleo de su desacuerdo con la línea más escéptica que ha mantenido Lagarde frente a las stablecoins privadas.

Lagarde comparte la inquietud sobre el avance de activos digitales ligados al dólar, pero considera que las stablecoins emitidas por empresas privadas pueden amplificar vulnerabilidades financieras. Entre sus objeciones, ha advertido que estos instrumentos podrían transmitir estrés a los mercados de activos subyacentes durante periodos de turbulencia y no ofrecen la finalidad incondicional propia del dinero de banco central.

Por eso, la presidenta del BCE ha privilegiado el camino de una moneda digital del banco central, o CBDC, para la zona euro. En declaraciones previas, sugirió que un euro digital de ese tipo podría estar listo hacia 2029. El problema es que, para algunos actores del mercado y de la propia banca central, ese calendario podría resultar demasiado lento frente a la velocidad del ecosistema cripto.

Qivalis y el frente bancario privado

La postura de Beau se alinea con Qivalis, un consorcio integrado por 12 grandes bancos europeos entre los que figuran ING, BBVA y BNP Paribas. Ese grupo planea lanzar un euro digital privado más adelante este mismo año, en un intento por dotar al mercado de una opción usable y líquida en cadenas de bloques.

El apoyo implícito a Qivalis es relevante porque muestra que el debate dejó de ser teórico. Ya no se trata solo de discutir si Europa necesita o no una presencia monetaria sólida en blockchain. Ahora la discusión también gira en torno a quién debe construirla, con qué marco regulatorio y con qué urgencia.

Según declaraciones previas del CEO de Qivalis, Jan-Oliver Sell, la falta de un euro líquido on-chain deja a los participantes del mercado ante una sola salida práctica: recurrir al dólar estadounidense. Ese escenario, sostuvo, constituye un “riesgo para la soberanía financiera y digital de Europa”.

El argumento gana fuerza por una cifra contundente. Los tokens vinculados al dólar representan hoy el 98% del mercado global de stablecoins. Esa concentración no solo refleja una ventaja comercial de emisores estadounidenses, sino también la ausencia de una oferta europea con escala suficiente para competir en interoperabilidad, profundidad de mercado y adopción institucional.

En ese contexto, la posición de Beau puede leerse como una llamada a no dejar el terreno libre mientras el BCE completa su hoja de ruta. Para sus partidarios, si Europa espera hasta el despliegue total de una CBDC, el ecosistema de pagos y liquidación en blockchain podría consolidarse mucho antes alrededor de estándares dominados por el dólar.

La tensión política también revela una pregunta más profunda sobre el papel del sector privado en la nueva infraestructura monetaria. Mientras algunos reguladores lo ven como una fuente de riesgo, otros consideran que excluirlo de la arquitectura digital europea podría resultar más costoso que incorporarlo bajo supervisión estricta.

La carrera por la infraestructura de liquidación

Beau también señaló que el Eurosistema ya está dando pasos concretos para ofrecer opciones nativas de liquidación. Indicó que un primer entregable estará disponible a finales de este año con la apertura del servicio mayorista de dinero de banco central en forma tokenizada, en referencia a proyectos como Pontes.

Ese detalle importa porque sugiere que Europa no está inmóvil. Aunque el euro digital minorista del BCE tenga una meta más lejana, ya hay esfuerzos orientados a la liquidación mayorista, un segmento clave para bancos, mercados financieros y emisión de activos tokenizados. En otras palabras, la infraestructura pública empieza a moverse, pero todavía no cubre toda la demanda que visualiza el mercado.

Para lectores menos familiarizados con el tema, la diferencia entre ambos frentes es importante. Un euro digital mayorista suele pensarse para uso entre instituciones financieras, mientras que una CBDC minorista estaría diseñada para el público general. Las stablecoins privadas, por su parte, pueden funcionar en ambos mundos, dependiendo de su estructura y adopción.

Ahí radica buena parte de la urgencia del debate actual. Si el dinero programable y la tokenización de activos se convierten en un componente central de los mercados financieros, quien controle o provea las principales herramientas de liquidación tendrá una influencia considerable sobre la próxima capa de infraestructura monetaria.

Según la información reportada por CoinDesk, Beau considera que esa infraestructura europea debe estar en euros y descansar sobre fundamentos monetarios robustos. Su apuesta no es reemplazar al banco central, sino evitar que la transición digital ocurra en ausencia de opciones europeas competitivas.

En los hechos, el desacuerdo entre Beau y Lagarde no implica que uno quiera estabilidad y el otro no. Ambos parten de la necesidad de proteger a Europa del avance de stablecoins ligadas al dólar. La diferencia está en el ritmo y en el rol que debería tener el sector privado dentro de la respuesta europea.

Ese matiz puede definir buena parte del futuro financiero del bloque. Si prospera la visión de cooperación público-privada, Europa podría intentar construir un ecosistema híbrido con supervisión regulatoria y participación bancaria. Si se impone una línea más restrictiva, el proyecto quedará concentrado en el euro digital del banco central y en sus tiempos de implementación.

Por ahora, el mensaje desde Francia añade presión al BCE en un momento delicado. Con USDT y USDC dominando la escena, y con la tokenización ganando espacio en pagos y mercados, la pregunta ya no parece ser si Europa necesita una respuesta propia, sino cuán rápido está dispuesta a construirla.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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