Curve estudia una vía poco común para resolver una deuda incobrable en LlamaLend: crear un mercado donde los prestamistas atrapados puedan vender sus reclamaciones con descuento, mientras compradores externos apuestan por una eventual recuperación de CRV. La propuesta de Michael Egorov aparece justo cuando DeFi debate si estos agujeros deben cubrirse con rescates coordinados o con mecanismos abiertos de precio.
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- Michael Egorov propuso un pool para negociar reclamaciones tokenizadas sobre depósitos afectados por una deuda incobrable de cerca de USD $700.000 en LlamaLend.
- El diseño permitiría a los prestamistas vender con descuento sus posiciones atrapadas, mientras otros participantes compran una exposición similar a una opción sobre una recuperación de CRV.
- La iniciativa contrasta con el caso reciente de Aave, donde una deuda incobrable de hasta USD $230.000.000 activó un esfuerzo coordinado de rescate en la industria.
La propuesta de Curve para enfrentar una deuda incobrable de casi USD $700.000 en LlamaLend pone sobre la mesa un enfoque distinto al de los rescates tradicionales en DeFi.
En vez de pedir que el déficit sea cubierto por el tesoro del protocolo, Michael Egorov plantea crear un mercado para que las reclamaciones en dificultades encuentren precio por oferta y demanda.
El plan surge además en un momento sensible para las finanzas descentralizadas, tras el agujero multimillonario que golpeó a Aave y obligó a movilizar apoyo externo.
El fundador de Curve, Michael Egorov, propuso una solución basada en el libre mercado para aproximadamente USD $700.000 en deuda incobrable vinculada a LlamaLend, la plataforma de préstamos del ecosistema Curve. La idea fue presentada en una publicación de gobernanza, donde sostuvo que Curve DAO está invitada a participar, pero no obligada a hacerlo.
Según explicó, el objetivo es ofrecer una vía de salida a los prestamistas que quedaron atrapados tras el deterioro de ciertas posiciones en el mercado CRV-long. En ese segmento, los usuarios pueden pedir prestada la stablecoin crvUSD usando CRV, el token de gobernanza de Curve, como garantía.
Ese mecanismo equivale, en la práctica, a una apuesta apalancada a favor de CRV. Si el precio del token se mantiene o sube, el esquema funciona con normalidad. Pero si la cotización cae con demasiada rapidez, la garantía puede no liquidarse a tiempo para reembolsar plenamente a los prestamistas.
Eso fue precisamente lo que ocurrió después del desplome del 10 de octubre, cuando el presidente Donald Trump anunció aranceles sobre todos los bienes chinos mediante una publicación en Truth Social. La sacudida disparó una venta masiva que tensionó varios mecanismos automáticos de DeFi.
Bóveda tokenizada para atender la insolvencia
En lugar de pedir que Curve DAO absorba directamente la pérdida, Egorov quiere empaquetar las posiciones afectadas de los prestamistas en una bóveda tokenizada. Luego, esos tokens podrían comprarse y venderse en un pool dedicado dentro de Curve, permitiendo que el mercado determine cuánto valen esas reclamaciones deterioradas.
De acuerdo con la información reportada por CoinDesk, el plan busca convertir un problema de insolvencia parcial en un activo negociable. Así, los depositantes afectados podrían vender con descuento y recuperar liquidez, mientras que nuevos compradores asumirían el riesgo con la esperanza de que CRV se recupere en el tiempo.
La idea no elimina la pérdida ya producida, pero sí intenta repartirla de otra forma. En vez de socializarla mediante un rescate, crea un instrumento que deja en manos de traders e inversionistas la decisión sobre precio, riesgo y horizonte de recuperación.
Cómo se originó la deuda incobrable en LlamaLend
La deuda incobrable se originó en el mercado CRV-long de LlamaLend tras una caída abrupta que dejó más de USD $19.000 millones en liquidaciones apalancadas en horas. El episodio fue descrito como el mayor desapalancamiento en un solo día del que se tenga registro.
Aunque los mercados de emisión de crvUSD dentro de Curve resistieron la venta masiva, LlamaLend no salió ileso. La combinación de un descenso violento en los precios y un fuerte aumento en los costos del gas impidió que algunas liquidaciones se ejecutaran con la velocidad necesaria.
Como resultado, los prestamistas del mercado CRV-long quedaron con depósitos respaldados por cerca del 70% de su valor declarado. En otras palabras, sus posiciones no desaparecieron por completo, pero tampoco podían retirarse al valor esperado originalmente.
El diseño del sistema intenta amortiguar estos episodios a través de LLAMMA, un creador de mercado automatizado integrado en el motor de préstamos. En vez de liquidar de golpe toda la garantía de un prestatario, LLAMMA la convierte gradualmente a medida que cambia el mercado.
Egorov señaló que los proveedores de liquidez prestable en ese mercado estuvieron expuestos a pérdidas durante la protección de liquidación. Por esa razón, añadió, hoy no pueden retirar sus posiciones, que permanecen respaldadas solo en torno al 70%.
Durante el desplome de octubre, sin embargo, la velocidad del movimiento superó la capacidad de respuesta del sistema. Los arbitrajistas, que suelen ayudar a equilibrar precios y mantener la eficiencia del mecanismo, no lograron seguir el ritmo de los cambios.
Eso dejó parte de las posiciones de los prestamistas encerradas en un token de bóveda que ya no puede rescatarse a valor completo. Desde entonces, el debate en Curve ha girado en torno a cómo dar salida a esos usuarios sin recurrir a una inyección directa desde la tesorería del protocolo.
Por qué Egorov cree que esas posiciones todavía tienen valor
La tesis central de Egorov es que el activo deteriorado no vale cero. Las posiciones en dificultades ya poseen crvUSD que fue convertido desde CRV, por lo que una nueva caída del token no debería profundizar el déficit en la misma medida que antes.
Según su explicación, si CRV sube por encima de aproximadamente USD $0,96, la conversión empezaría a revertirse. En ese punto, las posiciones comenzarían a recibir de nuevo garantía en CRV, lo que mejoraría su respaldo.
La recuperación total ocurriría alrededor de USD $1,24. Mientras tanto, al momento de redactarse la nota original, CRV cotizaba cerca de USD $0,23, muy por debajo de ambos niveles, lo que muestra lo lejana que sigue siendo una normalización completa de esas posiciones.
En palabras de Egorov, si el precio de CRV sube, las posiciones con deuda incobrable se desliquidarán, es decir, el sistema empezará a convertir crvUSD de nuevo en garantía CRV. Si CRV baja, en cambio, la garantía ya está convertida a crvUSD, por lo que los depósitos de la bóveda no deberían quedar menos respaldados.
Esa asimetría es la base del argumento financiero de la propuesta. Egorov sostiene que el token afectado tiene una propiedad parecida a una opción, porque su valor justo y su piso de precio podrían subir si CRV rebota, pero no caerían del mismo modo si CRV continuara debilitándose.
Para quienes compren esos reclamos, la operación se parece a una apuesta de largo plazo sobre la recuperación de CRV. No se trataría de una posición pura y desnuda, ya que existe cierto respaldo actual, pero sí de una exposición claramente especulativa a una mejora futura del mercado.
Para los prestamistas atrapados, en cambio, el incentivo es diferente. Ellos tendrían la posibilidad de elegir entre esperar una eventual recuperación o vender sus tokens de bóveda con descuento para cerrar el capítulo y recuperar parte de su capital ahora.
Cómo funcionaría el pool propuesto por Curve
El pool sugerido usaría el diseño Stableswap de Curve, con una comisión de intercambio del 1%. La liquidez estaría centrada en una solvencia del 71% y no en el valor nominal completo de los activos negociados.
Eso significa que el mercado no trataría el token en dificultades como si valiera uno por uno frente al dólar. Lo valoraría más cerca de la cantidad que efectivamente lo respalda en este momento, incorporando la pérdida ya materializada y la posibilidad de una recuperación futura.
En la práctica, el mecanismo serviría como un descubridor de precios para un activo problemático. En lugar de fijar administrativamente un valor o de imponer un rescate, Curve abriría un mercado para que compradores y vendedores definan el descuento adecuado.
Los proveedores de liquidez en ese nuevo pool ganarían comisiones por intercambio y también podrían recibir incentivos en CRV si Curve DAO decide asignarlos. Además, parte de las comisiones de administración se acumularía en el propio token de bóveda afectado.
Egorov pidió al DAO conservar esos tokens en lugar de convertirlos. De esa manera, una porción de la deuda incobrable se transferiría lentamente al balance de Curve a través de la actividad comercial del pool, en vez de hacerlo mediante una absorción inmediata y explícita.
El experimento tiene una dimensión más amplia que el caso puntual de LlamaLend. Si logra funcionar, Curve podría presentar este esquema como un modelo reutilizable para otras situaciones de estrés, tanto dentro de su propio ecosistema como en protocolos externos.
El contraste con Aave y el debate sobre rescates en DeFi
El momento de la propuesta es relevante porque llega poco después de otro episodio grave en las finanzas descentralizadas. A comienzos del mes, un atacante explotó el puente LayerZero de Kelp DAO y liberó 116.500 rsETH sin respaldo, valorados en unos USD $292.000.000.
Luego, ese rsETH sin respaldo fue depositado en Aave como garantía para tomar prestado WETH real. A raíz de esa maniobra, Aave enfrenta ahora hasta USD $230.000.000 en deuda incobrable, una cifra muchísimo mayor que la observada en LlamaLend.
La respuesta en ese caso ha sido muy distinta. La industria impulsó un rescate coordinado a través de DeFi United, un esfuerzo de recuperación liderado por proveedores de servicios de Aave que ya ha reunido cerca de USD $160.000.000 de los aproximadamente USD $200.000.000 necesarios hasta ahora.
Entre los participantes mencionados se encuentran Mantle, Aave DAO, EtherFi, Lido y el fundador de Aave, Stani Kulechov. KelpDAO, una de las entidades afectadas por el exploit, también se comprometió a aportar ETH 2.000 a la iniciativa.
Por ahora no está claro si LayerZero participa de esa operación de rescate. Lo que sí queda claro es el contraste narrativo y operativo entre ambos casos: en uno, se organiza una red de apoyo para tapar el agujero; en el otro, se propone crear un mercado para negociar el daño.
Egorov presentó el pool de Curve como un modelo diferente. En vez de pasar el sombrero por toda la industria, su enfoque dejaría que los compradores decidan el precio de las reclamaciones en dificultades y asuman el riesgo solo si consideran atractiva la relación entre respaldo actual y potencial de recuperación.
Ese contraste toca un tema sensible en DeFi. Cada vez que aparece una deuda incobrable, los protocolos y sus comunidades deben decidir si priorizan la protección inmediata de usuarios afectados o si preservan la lógica de mercado, aunque eso implique pérdidas más visibles y descuentos severos.
Si la propuesta prospera, Curve no solo intentará resolver un problema puntual de LlamaLend. También podría abrir una discusión más profunda sobre cómo debería manejarse la deuda mala en protocolos descentralizados cuando los mecanismos automáticos fallan bajo condiciones extremas.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público
Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA
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