Por Canuto  

En el contexto de una operación en la que tropas ucranianas recorrieron más de 15 kilómetros por un gasoducto, el cuerpo Khartiia desarrolla vehículos terrestres no tripulados para misiones en espacios subterráneos.
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  • El 21.º Regimiento de Sistemas No Tripulados Lava, perteneciente al 2.º Cuerpo Khartiia, adapta robots existentes para operar en tuberías estrechas.
  • Khartiia atribuyó a la Operación Veles más de 100 bajas rusas y más de 30 capturas; esas cifras no cuentan con verificación independiente.
  • La iniciativa busca que máquinas realicen algunas tareas en pasajes de poca visibilidad y con comunicaciones difíciles, aunque el proyecto sigue en desarrollo.


Ucrania trabaja en la adaptación de vehículos terrestres no tripulados para misiones de reconocimiento y combate en tuberías y otros espacios confinados. El proyecto está a cargo del 21.º Regimiento de Sistemas No Tripulados Lava, perteneciente al 2.º Cuerpo Khartiia de la Guardia Nacional, y parte de modificar robots existentes, según la información difundida sobre la iniciativa.

El desarrollo se presenta en el contexto de la Operación Veles, durante la cual soldados ucranianos avanzaron más de 15 kilómetros por infraestructura subterránea cerca de Kupiansk, de acuerdo con reportes sobre la operación. La experiencia ilustra los riesgos de enviar personal por pasajes estrechos, donde la visibilidad, las comunicaciones y el margen de maniobra son limitados. Khartiia busca que algunas tareas puedan realizarse con máquinas, aunque el proyecto aún está en desarrollo.

Robots diseñados para un entorno distinto

Una nota de Tom’s Hardware, que atribuye la información del proyecto a United24Media, describe la adaptación de vehículos terrestres no tripulados, conocidos por sus siglas en inglés como UGV. El cuerpo ucraniano trabaja en varios sistemas para responder a las limitaciones de operar bajo tierra, donde los equipos habituales de campo podrían no caber ni cumplir las mismas funciones.

El comandante del batallón de sistemas robóticos terrestres de Lava, identificado por el indicativo Matematyk, señaló que estas operaciones plantean problemas distintos a los de la robótica convencional en el campo de batalla. “Hay una lista muy larga de tareas que deben cumplirse para combatir bajo tierra y contrarrestar al enemigo bajo tierra. Se trata de una nueva clase de tecnologías y desafíos que tendremos que enfrentar”, dijo.

Uno de los requisitos es que las máquinas puedan desplazarse por tuberías estrechas y conservar utilidad para misiones militares. La maquinaria subterránea comercial suele estar diseñada para construcción, perforación o excavación de túneles, no para reconocimiento y combate; por eso, el proyecto requiere adaptar los equipos a otro tipo de tareas.

Khartiia plantea que los sistemas robóticos puedan entrar en zonas peligrosas para cumplir funciones que, de otro modo, exigirían la presencia directa de soldados. Entre los objetivos mencionados están reconocer el terreno, enfrentar posiciones enemigas y despejar áreas. La información difundida no detalla las capacidades concretas de los modelos ni cuándo podrían desplegarse.

La Operación Veles y las rutas subterráneas

La Operación Veles puso de relieve cómo una infraestructura de gas puede convertirse en una vía de movimiento militar bajo las posiciones del frente. Según los reportes citados sobre la misión, los soldados ucranianos recorrieron más de 15 kilómetros por un gasoducto cerca de Kupiansk. El trayecto los obligó a avanzar por un espacio restringido, con poco margen para maniobrar.

El grupo ucraniano de seguimiento del campo de batalla DeepState informó en septiembre de 2025 de un intento ruso de infiltración por una tubería bajo el río Oskil. Ese antecedente ayuda a explicar por qué Khartiia considera que las operaciones subterráneas requieren herramientas y procedimientos específicos.

Khartiia afirmó que la Operación Veles causó más de 100 bajas rusas y dejó más de 30 soldados capturados. Volodymyr Zelenskyy también atribuyó esos resultados a la operación. Se trata de cifras difundidas por la parte ucraniana que no han sido verificadas de forma independiente.

La experiencia de Veles también mostró las dificultades físicas de enviar tropas por un conducto. La visibilidad reducida puede dificultar identificar lo que ocurre más adelante, las comunicaciones se complican y el equipo ocupa un espacio estrecho. En esas condiciones, incluso desplazarse puede ser exigente, antes de considerar tareas de reconocimiento o combate.

El reto de llevar sistemas no tripulados al frente

Matematyk resumió el desafío con una advertencia sobre la expansión de estas operaciones: “La guerra ya es subterránea y se expandirá. La cuestión es cómo nos adaptamos a esta guerra”. La declaración expresa la motivación del proyecto, pero no implica que los robots ya estén desplegados ni que puedan reemplazar por completo a los soldados en ese entorno.

La nota de Tom’s Hardware menciona también otros experimentos con sistemas no tripulados, incluidos drones aéreos y vehículos terrestres. Esos antecedentes corresponden a plataformas y usos distintos: no permiten anticipar las capacidades de los UGV que Khartiia busca adaptar para operar bajo tierra.

Los sistemas terrestres autónomos pueden afrontar problemas de control y limitaciones del terreno, además de los desafíos de navegación y comunicación propios de un espacio cerrado. La adaptación para tuberías, por tanto, no consiste solo en reducir el tamaño de una máquina: también requiere comprobar si puede desplazarse y cumplir tareas útiles en condiciones difíciles.

La información difundida no precisa plazos, modelos específicos ni resultados de pruebas. Por ahora, el proyecto refleja la búsqueda de herramientas para reducir la exposición de los soldados en una dimensión del conflicto que, según los reportes citados, ambos bandos han utilizado.


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