Por Canuto  

Según la reconstrucción descrita por Anthropic, Claude vinculó en menos de 30 minutos cinco semillas criptográficas con el generador lrand48 y marcas de tiempo de los años noventa. La explicación debilita una antigua sospecha sobre una posible puerta trasera, aunque no resuelve todas las preguntas ni altera la seguridad práctica de Bitcoin.

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  • Anthropic afirma que el modelo vinculó cinco semillas de curvas elípticas del NIST con lrand48 y marcas de tiempo de 1997 y 1998.
  • La reconstrucción hace menos plausible una puerta trasera deliberada, pero no aclara por qué se descartaron algunos candidatos.
  • Bitcoin usa secp256k1, una curva distinta; el hallazgo no identifica una falla ni exige acciones a sus usuarios.

 


 

Una investigación de Claude, el modelo de inteligencia artificial (IA) de Anthropic, reconstruyó una posible explicación para el origen de cinco números que durante décadas alimentaron sospechas sobre estándares criptográficos de Estados Unidos.

Según la empresa, el modelo los vinculó con un generador de números pseudoaleatorios común en antiguos entornos de programación y con marcas de tiempo de 1997 y 1998. La correspondencia debilita la hipótesis de una puerta trasera deliberada de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), pero no demuestra por sí sola quién generó las semillas ni con qué intención.

El hallazgo no significa que Claude haya roto la criptografía ni que se hayan encontrado fallas explotables en los sistemas que usan esas curvas. Tampoco cambia la seguridad de Bitcoin: la red recurre a secp256k1, una curva diferente de las cinco investigadas. Algunas preguntas sobre la selección de parámetros siguen abiertas.

La semilla que alimentó décadas de sospechas

Las curvas elípticas son estructuras matemáticas que permiten verificar firmas digitales sin revelar las claves privadas que las producen. Por eso forman parte de herramientas que protegen comunicaciones, sitios web, transacciones financieras y sistemas gubernamentales; entre ellas está ECDSA, un algoritmo usado para comprobar la autenticidad de mensajes y operaciones digitales.

A finales de la década de 1990, el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos (NIST) preparó varias curvas para sus estándares, adoptados en 2000. Cinco de ellas, P-192, P-224, P-256, P-384 y P-521, se construyeron a partir de semillas de 160 bits cuyo procedimiento matemático podía revisarse, aunque no se conocía el origen de los números iniciales asociados a la NSA.

La falta de una explicación verificable dio pie a una pregunta difícil de descartar: ¿había escogido la agencia las semillas para introducir una debilidad que sus propios especialistas pudieran aprovechar? Nunca se demostró una puerta trasera práctica, pero la opacidad mantuvo viva la sospecha y convirtió el origen de esos parámetros en un debate persistente entre criptógrafos.

Los investigadores Neal Koblitz y Alfred Menezes examinaron el asunto en 2015 en un artículo cuyo título aludía a un enigma envuelto en misterio. Durante años circuló la versión de que el matemático de la NSA Jerry Solinas había generado las semillas mediante hashes de frases humorísticas en inglés, pero nadie logró recuperar las palabras exactas ni reconstruir ese supuesto método.

Cómo Claude reconstruyó el proceso

La investigación descrita por Anthropic tomó menos de 30 minutos y, según la empresa, el modelo recibió la tarea de examinar las semillas sin que le indicaran la teoría de la frase secreta. En vez de buscar expresiones olvidadas, Claude analizó patrones en los números y detectó grupos con bits más altos en cero, una característica cuya aparición aleatoria se estimó en aproximadamente una posibilidad entre 5.810.

Ese patrón apuntó a lrand48, un generador pseudoaleatorio disponible en antiguos entornos de programación Unix y en bibliotecas de C. Estos generadores producen secuencias que pueden parecer aleatorias, pero que se vuelven reproducibles cuando se conoce el estado inicial; Claude trabajó hacia atrás en sus operaciones matemáticas para recuperar esos estados.

Los valores recuperados correspondían a marcas de tiempo de Unix, representaciones numéricas de fechas y horas, ubicadas entre mayo de 1997 y abril de 1998. Según la reconstrucción de Anthropic, al alimentar el generador con esos puntos de partida se reproducían exactamente las semillas publicadas, no solo cifras parecidas. El análisis relacionó P-192 con el 18 de mayo de 1997; P-521, con el 8 de agosto; P-256, con el 16 de agosto; P-384, con el 30 de agosto, y P-224, con el 3 de abril de 1998.

La receta reconstruida consistía, aparentemente, en iniciar el generador con una marca de tiempo, producir semillas candidatas y probarlas hasta hallar una que permitiera obtener una curva aceptable. Para P-256, la semilla elegida apareció entre las primeras 1.842 candidatas; para P-224, se requirieron 7.026. Esas cifras describen el proceso de búsqueda que propone la reconstrucción, no una explicación completa de todas las decisiones históricas.

Qué cambia para la seguridad y qué sigue sin saberse

El programador Filippo Valsorda reprodujo los resultados de forma independiente con el lenguaje Go, mientras Anthropic publicó código para que otros puedan verificarlos. La correspondencia entre las semillas conocidas, el generador y las fechas aporta evidencia a favor del método propuesto, aunque no identifica con certeza quién ejecutó el software original ni por qué escogió esas fechas concretas.

El análisis reduce la plausibilidad de una hipótesis específica de manipulación, no de toda posibilidad imaginable de debilidad. Anthropic estimó que el proceso habría dejado alrededor de 30 bits de libertad de selección bajo supuestos generosos, menos que los cerca de 70 bits considerados en un escenario hipotético de elección de curvas vulnerables. Esa comparación no equivale a una prueba de que cada decisión histórica fuera inocua.

En particular, los investigadores no explicaron por completo por qué se descartaron algunas candidatas que parecían cumplir los requisitos para producir curvas válidas. Además, permanecen sin aclarar el origen de otros parámetros de curvas, entre ellos una semilla y los puntos base de cuatro curvas principales del NIST; la información disponible también identifica B-163 como otro caso cuyo origen sigue sin resolverse.

La investigación vinculó asimismo seis curvas más antiguas con un generador de números aleatorios incluido en un paquete de software matemático desarrollado por Arjen Lenstra. Esa pista amplía el alcance de la reconstrucción histórica, pero no despeja las preguntas sobre todos los parámetros ni demuestra que se hayan examinado o descartado todas las formas posibles de debilitar los estándares.

Bitcoin no queda comprometido por el hallazgo

Bitcoin utiliza secp256k1, una curva distinta de las cinco semillas examinadas. Su diseño se basa en números descritos públicamente, y la reconstrucción atribuida a Claude no señaló debilidades en esa curva ni en la criptografía de Bitcoin. Anthropic indicó que los resultados no revelan una falla de seguridad y que los usuarios no necesitan tomar medidas.

Satoshi Nakamoto no explicó públicamente por qué eligió secp256k1, pero el contraste entre esa curva y las opciones del NIST volvió a cobrar relevancia tras las revelaciones de Edward Snowden en 2013 sobre esfuerzos de la NSA para debilitar otro estándar de cifrado. La elección de Bitcoin pasó a ser vista por algunos como una decisión prudente frente a parámetros cuyo origen no estaba explicado, aunque el nuevo hallazgo cambia parte del contexto sin probar cuál fue la motivación de Satoshi.

El cofundador de Ledger, Nicolas Bacca, reaccionó con la expresión «jaque mate, Satoshi», al sostener que la industria había evitado curvas de la NSA en favor de una alternativa más compleja. Adam Back, director ejecutivo de Blockstream, respondió que la agencia tenía la responsabilidad de explicar sus decisiones. Esas reacciones reflejan el debate sobre la confianza institucional, pero no son evidencia técnica de que Bitcoin o las curvas investigadas hayan sido vulneradas.

El desarrollador de Bitcoin Gregory Maxwell ofreció una lectura más escéptica sobre la demostración pública de las capacidades de Claude. Dijo que el 20 de septiembre había sugerido a un amigo investigar el mismo misterio con créditos de IA de Anthropic próximos a vencer, pero que el agente de ese conocido pasó horas sin resolverlo. Maxwell cuestionó si el rendimiento del modelo podía variar y se burló de la publicidad, aunque no reclamó la autoría ni disputó los resultados publicados.

Recompensa pagada y preguntas pendientes

La búsqueda había adquirido un incentivo económico en octubre de 2023, cuando Valsorda ofreció USD $12.288 a quien explicara el origen de las semillas. Un acuerdo de donación conjunta elevó la recompensa potencial a USD $36.864, que el equipo de Anthropic destinó al Internet Security Research Group, organización que opera Let’s Encrypt.

Valsorda describió la reconstrucción como una forma de completar una página de la historia criptográfica y de reforzar la confianza en primitivas importantes para la seguridad digital. La recompensa premia una explicación que otros pueden comprobar, pero no convierte el resultado en una auditoría completa de todos los parámetros del NIST ni en una certificación universal de seguridad.

La conclusión más firme es más acotada que la idea de un misterio resuelto por completo: cinco semillas tienen una explicación reproducible que encaja con marcas de tiempo y un generador ordinario, según la reconstrucción descrita por Anthropic. El resultado reduce el espacio para una sospecha concreta sobre la NSA, pero deja incógnitas históricas y no altera la evaluación práctica de Bitcoin. A largo plazo, la computación cuántica sigue figurando entre los desafíos que podrían afectar tanto a criptomonedas como a sistemas criptográficos tradicionales.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.

 


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