Charles Hoskinson lanzó una dura crítica contra Bitcoin a raíz de BIP 361, una propuesta orientada a enfrentar el riesgo que la computación cuántica representa para fondos protegidos con esquemas criptográficos heredados. En su exposición, sostuvo que una parte sustancial del suministro de BTC ya sería vulnerable si apareciera un computador cuántico suficientemente potente, y argumentó que la red enfrenta un dilema técnico y político para el que, según él, no tiene un mecanismo claro de coordinación.
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- Hoskinson afirmó que más del 34% del suministro de Bitcoin ya habría expuesto claves públicas en cadena y podría quedar vulnerable ante ataques cuánticos.
- Según su lectura de BIP 361, la solución real requeriría un hard fork y podría volver irrecuperables hasta BTC 1.700.000 asociados a esquemas antiguos.
- El fundador de Cardano aprovechó la controversia para cuestionar la gobernanza de Bitcoin y defender modelos con actualizaciones y voto en cadena.
Charles Hoskinson volvió a colocarse en el centro del debate cripto con una crítica frontal al rumbo de Bitcoin frente a la amenaza de la computación cuántica. El fundador de Cardano utilizó como punto de partida la propuesta BIP 361 para sostener que la red enfrenta un problema estructural que no puede resolverse solo con ajustes cosméticos ni con la narrativa tradicional de inmutabilidad.
En su intervención, Hoskinson aseguró que el ecosistema de Bitcoin se acerca a una decisión incómoda. A su juicio, si aparece una computadora cuántica capaz de romper algunos de los supuestos criptográficos sobre los que opera la red, millones de monedas podrían quedar expuestas a robo, forzando una migración hacia esquemas postcuánticos o incluso un cambio más agresivo en las reglas del protocolo.
El argumento no es nuevo dentro de la discusión técnica de Bitcoin, pero esta vez vino acompañado de cifras concretas y de una acusación política más amplia. Hoskinson afirmó que, al 1 de marzo de 2026, más del 34% de todos los Bitcoin ya habían revelado su clave pública en cadena, sea por reutilización de direcciones o por modelos antiguos como pay-to-pubkey-hash, lo que los volvería vulnerables ante un atacante con capacidad cuántica suficiente.
Para un lector que no siga de cerca estos debates, el punto central es sencillo. Bitcoin se apoya en criptografía de clave pública para asegurar los fondos. Si en el futuro una máquina cuántica pudiera quebrar con rapidez ese tipo de protección, ciertas monedas con claves ya expuestas en la blockchain podrían ser movidas por terceros. La discusión actual gira en torno a cómo prevenir ese escenario antes de que sea viable en la práctica.
Qué cuestiona Hoskinson sobre BIP 361
Hoskinson enmarcó sus observaciones alrededor de BIP 361: Welcome to ShitcoinLand, Bitcoin, donde planteó que la propuesta parte de una premisa válida, pero al mismo tiempo oculta la magnitud política de lo que implicaría. En particular, dijo que presentar el mecanismo como un soft fork sería incorrecto y que, en realidad, el tipo de cambio necesario terminaría pareciéndose a un hard fork.
Su razonamiento fue el siguiente. Si el objetivo es impedir que monedas protegidas con esquemas considerados vulnerables sigan siendo gastables con el sistema heredado, entonces el protocolo tendría que congelar ciertos fondos o forzar su migración a direcciones postcuánticas. Para Hoskinson, ese paso no es menor, porque cambiaría las reglas de validación de una forma que afectaría derechos de gasto ya existentes.
El fundador de Cardano sostuvo además que la propuesta no puede prometer una recuperación universal de fondos mediante pruebas de conocimiento cero asociadas a semillas HD modernas. Según explicó, ese enfoque podría funcionar para una parte de los BTC en circulación, pero no para todos los que fueron creados o almacenados bajo esquemas previos a la estandarización de BIP 39 en 2013.
Ese punto fue central en su crítica. Hoskinson señaló que cerca de BTC 1.700.000 no podrían recuperarse bajo ese modelo, de los cuales BTC 1.100.000 corresponderían a Satoshi Nakamoto. Bajo esa lectura, una parte relevante del suministro quedaría en la práctica confiscada o volvería permanentemente imposible su gasto, no porque los propietarios hubiesen autorizado el cambio, sino porque el nuevo esquema no sería compatible con la manera en que esos fondos fueron creados originalmente.
También trazó una distinción técnica entre los modelos actuales de billeteras, basados en semillas y derivación jerárquica de claves, y el funcionamiento de las billeteras antiguas de Bitcoin Core, que usaban pools de claves generadas de otro modo. Afirmó que no existiría una prueba de conocimiento cero simple y universal que permitiera demostrar propiedad sobre esos fondos heredados usando el mismo marco que sí serviría para billeteras más recientes.
Las cifras del riesgo y el trasfondo del debate
En el centro de la polémica está la cifra que repitió varias veces: más del 34% del suministro de Bitcoin sería vulnerable si un atacante dispusiera de una computadora cuántica suficientemente poderosa. Hoskinson estimó esa exposición en torno a BTC 8.000.000, una cantidad que describió como capaz de generar una crisis sistémica si llegara a ser robada o liquidada en mercado abierto durante la próxima década.
Su proyección temporal fue explícita. Dijo que nadie sabe si ese punto llegará en 2029, 2033 o 2035, pero sostuvo que el problema no puede seguir tratándose como una hipótesis remota. En su visión, el riesgo se ubica en la década de 2030 y exige decisiones antes de que el ataque sea factible, porque una vez que exista la capacidad de extraer claves privadas desde claves públicas expuestas, la reacción llegaría tarde.
Hoskinson añadió que el problema podría ser incluso mayor que BTC 8.000.000 si se considera la cantidad de monedas perdidas o fondos cuyo dueño ya no puede rotar a una dirección moderna. Desde su perspectiva, la red enfrenta una tensión entre preservar la propiedad histórica de esos BTC y defender la estabilidad general del sistema frente al eventual robo de una fracción muy alta del suministro.
Ese es justamente el corazón del dilema. Si Bitcoin no actúa, una porción importante de monedas podría ser tomada por atacantes cuánticos y luego vendida. Si sí actúa, podría terminar inmovilizando fondos legítimos de usuarios que no migren a tiempo o que simplemente usen esquemas demasiado viejos para demostrar propiedad bajo el nuevo estándar. Hoskinson resumió esa disyuntiva como una forma de confiscación encubierta.
En su exposición también mencionó otro frente de preocupación. Dijo que el asunto no se limita a las direcciones vulnerables, porque una transición auténticamente postcuántica también obligaría a revisar cómo se firman los bloques. Con ello buscó remarcar que la superficie de impacto del cambio sería más amplia que solo actualizar las firmas de transacciones futuras.
Gobernanza, maximalismo e instituciones
Más allá de la técnica, Hoskinson usó el episodio para reabrir su vieja crítica a la cultura política de Bitcoin. Afirmó que el ecosistema convirtió una tecnología en una religión y que eso impidió discutir con madurez cambios complejos cuando aún había tiempo. Según su argumento, la expulsión histórica de voces favorables a la innovación dejó a Bitcoin sin herramientas de gobernanza para enfrentar un conflicto de esta escala.
En contraste, defendió los modelos de gobernanza onchain de redes como Cardano, Polkadot y Tezos. Dijo que esos sistemas permiten una conversación adulta y una toma de decisiones coordinada en entornos descentralizados, algo que, a su juicio, Bitcoin no tiene. Presentó ese contraste como prueba de que muchas de las ideas desestimadas durante años por el maximalismo ahora resultan precisamente las que harían falta.
También vinculó el problema con la creciente presencia institucional en Bitcoin. Señaló que grandes actores como BlackRock, MicroStrategy, el gobierno de Estados Unidos y empresas vinculadas a la minería tendrían fuertes incentivos para empujar un hard fork si perciben que un 10% o más del suministro corre riesgo de ser robado y vendido. Para Hoskinson, esa presión podría terminar imponiéndose sobre la resistencia ideológica al cambio.
Desde esa óptica, su conclusión fue que Bitcoin terminaría enfrentando de todos modos el tipo de actualización que durante años aseguró que nunca necesitaría. Y si eso ocurre, dijo, la red podría fracturarse políticamente, ya que una parte de la comunidad vería el cambio como una violación de principios básicos de autocustodia, inmutabilidad y respeto a la propiedad.
Hoskinson aprovechó además para presentar a Cardano y otras redes como ejemplos de ecosistemas capaces de adoptar nuevas tecnologías, desde firmas postcuánticas hasta contratos inteligentes, privacidad, escalabilidad y modelos de programación más flexibles. Lo hizo en un tono abiertamente confrontacional, argumentando que el sector de las altcoins fue demonizado durante años pese a haber trabajado precisamente en los problemas que ahora Bitcoin tendría que resolver.
El debate, sin embargo, sigue abierto. La computación cuántica útil para comprometer Bitcoin todavía no existe en la práctica con el nivel de capacidad descrito, y dentro del ecosistema hay distintas posturas sobre el alcance real del riesgo, el número exacto de monedas expuestas y las mejores rutas de migración. Aun así, la crítica de Hoskinson vuelve a poner el foco sobre una pregunta incómoda: cómo equilibrar seguridad futura, derechos de propiedad y gobernanza en la red más valiosa del mercado cripto.
Por ahora, su mensaje es que ignorar el problema no lo hará desaparecer. Y aunque sus palabras estuvieron cargadas de provocación, sí reflejan un punto que gana relevancia en la industria: la resistencia de Bitcoin al cambio podría convertirse, llegado el momento, en su mayor debilidad frente a una amenaza tecnológica que no responde a consignas ideológicas.
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