The New York Times, AFP y The Economist se incorporaron a SPUR, una coalición internacional que prepara estándares y herramientas para que los editores registren cuándo los sistemas de IA consultan, citan o muestran sus noticias y respalden sus negociaciones sobre el uso de esos contenidos.
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- SPUR ya reúne a más de 80 miembros en más de 20 países y no negocia licencias en nombre de sus integrantes.
- Su primer estándar busca registrar cuándo una herramienta de IA recupera un artículo, se basa en él, lo cita, lo muestra o registra interacciones con su contenido.
- La disputa ocurre en paralelo a demandas, reclamos ante legisladores y una caída de las referencias de Google a sitios de noticias.
🚨 NYT, AFP y The Economist se suman a SPUR para rastrear el uso de noticias en IA.
La coalición reúne más de 80 miembros en 20 países. Su estándar busca registrar cuándo la IA recupera, cita o muestra contenidos.
SPUR no negocia licencias colectivas: cada medio conserva sus… pic.twitter.com/BOITS4gQwe
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) October 13, 2026
Los medios de comunicación buscan una forma común de saber cuándo los sistemas de inteligencia artificial utilizan su trabajo y qué hacen con él. The New York Times, Agence France-Presse (AFP) y The Economist se sumaron a SPUR, una coalición que promueve reglas y herramientas para registrar esos usos y respaldar las negociaciones de los editores sobre licencias o compensaciones. El grupo anunció las incorporaciones el lunes y ya supera los 80 miembros en más de 20 países.
Una coalición para medir el uso de las noticias
SPUR, sigla de Standards for Publisher Usage Rights, nació en febrero con el impulso de BBC, Financial Times, The Guardian, The Telegraph y Sky News. Associated Press se incorporó después, y la lista también incluye a The Atlantic, ITV News, The Observer, L’Equipe, Radio France, NZZ y la asociación alemana de editores BDZV. La ampliación suma organizaciones de distintas regiones y refleja que el debate sobre el uso de contenidos periodísticos en IA no se limita a un solo mercado.
Entre los integrantes hay además grupos de prensa de Japón, Brasil, Argentina y México, aunque la información publicada no identifica por nombre a todas esas organizaciones. El tamaño y alcance internacional de la coalición le permiten plantear estándares compartidos, pero no significan que todos sus miembros hayan adoptado una misma estrategia comercial. Cada editor conserva la posibilidad de negociar sus propios términos con las compañías de IA.
Rebecca Grossman-Cohen, responsable de alianzas estratégicas en The New York Times, sostuvo que la protección de la propiedad intelectual puede coexistir con el avance tecnológico. Su incorporación a SPUR coloca a uno de los medios que mantiene una disputa judicial sobre derechos de autor con empresas de IA dentro de un esfuerzo colectivo enfocado en estándares. La coalición, sin embargo, no reemplaza las negociaciones ni determina por sí misma qué condiciones aceptará cada publicación.
Ese límite es central para entender el papel del grupo: SPUR no licencia artículos en nombre de sus integrantes ni firma acuerdos colectivos con desarrolladores. Según explicó la organización en su sitio, trabaja en reglas compartidas y herramientas técnicas para que los editores puedan observar el uso de sus contenidos y respaldar sus negociaciones. El proyecto apunta así a crear una infraestructura común para documentar actividades que, de otro modo, pueden resultar difíciles de seguir desde cada redacción.
El estándar busca dejar un registro de cada interacción
Este mes SPUR presentó su primer estándar, dirigido a desarrolladores de herramientas y modelos de inteligencia artificial. La especificación contempla cinco tipos de eventos: cuándo un sistema recupera un contenido, basa una respuesta en él, lo cita, lo muestra o registra una interacción con ese contenido. Después, esos registros se envían de vuelta a los editores, que podrían tener información más concreta sobre el recorrido de sus publicaciones dentro de productos basados en IA. La coalición describe el sistema en su estándar compartido para informar sobre el uso de contenidos.
La propuesta se ocupa de una dificultad práctica: no basta con saber que un sistema fue entrenado o funciona con información periodística, también importa identificar cómo utiliza un artículo en una interacción determinada. Registrar recuperaciones, respuestas basadas en contenido, citas y exhibiciones puede ayudar a distinguir actividades diferentes, aunque la fuente no detalla cómo se resolverán todos los casos técnicos ni qué herramientas específicas deberán implementar las empresas. El estándar ofrece un método de registro, no una garantía automática de pago o de cumplimiento.
En esa diferencia entre medir y cobrar está uno de los desafíos del proyecto. Un historial de uso puede aportar evidencia para las conversaciones comerciales, pero el grupo no establece tarifas ni obliga a los desarrolladores a firmar licencias, según la descripción de su propio alcance. Los editores todavía deben acordar de manera individual las condiciones para permitir el acceso a sus artículos y decidir qué pasos tomar si consideran que una compañía los utilizó sin autorización.
David Buttle, cofundador de SPUR, afirmó que los editores no pueden limitarse a esperar que las empresas de IA actúen de manera favorable para el futuro de la industria. Su comentario resume la apuesta por mecanismos técnicos comunes, aunque el estándar tendrá que convivir con las prácticas y decisiones de cada empresa. La cuestión inmediata para los medios será conseguir que los desarrolladores adopten sistemas capaces de generar y devolver registros útiles.
Los tribunales y los legisladores también forman parte del pulso
La iniciativa de estándares avanza mientras los medios recurren a tribunales y a instancias políticas para defender sus derechos. The New York Times demandó a OpenAI y Microsoft por derechos de autor, y USA Today Co junto con varios de sus periódicos demandaron a OpenAI a principios de este mes, según informó Reuters. Esas acciones plantean disputas legales sobre el uso de material periodístico, pero no equivalen a una decisión judicial definitiva sobre el conjunto de los casos.
El debate también llegó al Congreso de Estados Unidos: el mes pasado, alrededor de 300 editores pidieron a los legisladores que prohibieran los bots de IA furtivos que rastrean sus sitios. La petición apunta a la recopilación automatizada de contenidos, una actividad que puede permitir a los sistemas acceder a publicaciones sin que los medios sepan con claridad qué artículos consultan. La coalición SPUR propone una respuesta centrada en normas y registros, mientras ese reclamo solicita una intervención legislativa.
En sentido contrario, el Departamento de Justicia de Estados Unidos respaldó la posición de OpenAI en un caso y argumentó que entrenar sistemas de IA con trabajo de los editores puede considerarse uso legítimo, conocido como fair use. Ese planteamiento muestra que la controversia no enfrenta únicamente a empresas tecnológicas y medios, sino también distintas interpretaciones sobre los límites de la legislación de derechos de autor. La información disponible no indica que ese argumento haya resuelto las demandas ni que exista una regla uniforme para todos los usos.
La disputa comercial se combina con un cambio en la distribución de lectores. Más de 2.500 sitios registraron una caída de un tercio en las referencias de búsqueda de Google en todo el mundo entre noviembre de 2024 y noviembre de 2025, de acuerdo con el Reuters Institute. La cifra describe el tráfico enviado desde el buscador hacia esos sitios, mientras que la noticia también señala que los motores de búsqueda ofrecen respuestas generadas por IA; no establece que esa función sea la causa única del descenso.
El reto será convertir las reglas en prácticas verificables
Para las redacciones, la capacidad de rastrear el uso de sus artículos puede ser importante tanto para negociar como para decidir cómo proteger su trabajo. Si los sistemas devuelven información consistente, los editores podrían identificar qué materiales aparecen en respuestas o interfaces de IA y evaluar qué acuerdos desean explorar. Pero la iniciativa necesita que las empresas tecnológicas participen en la generación de registros; sin esa colaboración, el estándar no bastaría por sí solo para ofrecer una visión completa.
La diversidad de integrantes plantea otra tarea: construir herramientas que sirvan a medios de distintos países y modelos de negocio. SPUR agrupa a organizaciones de prensa con presencia internacional, junto con asociaciones y medios de varios mercados, pero cada miembro conserva sus propias negociaciones y decisiones. Por eso, una norma técnica común puede facilitar el seguimiento sin borrar las diferencias sobre licencias, compensaciones o respuestas legales.
También habrá que distinguir entre los distintos usos que el estándar pretende registrar. Que un modelo recupere una noticia, base una respuesta en ella, la cite, la muestre directamente a una persona o registre una interacción con su contenido son acciones que la coalición identifica por separado. Contar con ese detalle puede aportar claridad a las conversaciones entre las partes. Aun así, el registro no determina automáticamente si una actividad infringe derechos de autor: esa cuestión sigue sujeta a acuerdos y, cuando hay litigios, a los procesos legales correspondientes.
La incorporación de The New York Times, AFP y The Economist refuerza la visibilidad de SPUR y amplía su representación internacional, pero el resultado dependerá de la adopción de sus estándares y de las decisiones que tomen las empresas de IA. La coalición no ofrece una licencia colectiva ni una solución inmediata a las disputas; propone herramientas para hacer más rastreable un uso que los editores quieren negociar. Mientras los tribunales, los legisladores y las compañías discuten las reglas, los medios intentan convertir ese registro en mayor transparencia y capacidad de negociación.
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