Mo Gawdat, exdirectivo de Google y autor de libros sobre inteligencia artificial, lanzó una advertencia dura: la IA puede traer abundancia, pero antes podría provocar desempleo, vigilancia, armas autónomas y una crisis política si gobiernos y empresas priorizan poder y ganancias sobre ética.
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- Gawdat sostiene que la inteligencia artificial no es el enemigo, sino el uso que humanos, gobiernos y corporaciones hagan de ella.
- El exdirectivo prevé impacto severo en empleos de oficina desde 2027 y hasta 30% de pérdida en ciertos sectores para 2028.
- También alertó sobre armas autónomas, concentración de poder, vigilancia y la necesidad de presionar por una IA ética.
Mo Gawdat, exdirectivo de Google y autor conocido por sus libros sobre felicidad e inteligencia artificial, volvió a colocar el debate sobre IA en un terreno incómodo. En una conversación con Steven Bartlett para The Diary Of A CEO, el tecnólogo dijo que la humanidad enfrenta una encrucijada donde la mayor amenaza no proviene de las máquinas por sí mismas, sino de los humanos que las usan para ganar poder.
En Tech Whistleblower: You Only Have 3 Years Left Before It Hits! – Mo Gawdat, Gawdat afirmó que no teme que la IA “se vuelva contra nosotros”. Su preocupación central es otra: “me preocupa que los humanos le digan a la IA que se vuelva contra nosotros”. Esa frase resume la tesis de una entrevista marcada por advertencias sobre empleos, armas autónomas, vigilancia y modelos económicos que podrían tensionarse antes de 2030.
El exejecutivo recordó que entró a Google en 2007, cuando la compañía ya usaba IA en sistemas internos. También mencionó experiencias tempranas con proyectos de robótica, incluido uno de 2016 sobre pinzas capaces de aprender a sujetar objetos. Según dijo, allí comenzó a sentir que la industria estaba construyendo “el ápice de la inteligencia”.
Gawdat matizó que la IA puede ser una fuerza profundamente positiva. A su juicio, “la inteligencia abundante es maravillosa” y puede aumentar la capacidad humana. Pero también sostuvo que la primera fase de adopción está favoreciendo a pocos actores, como empresas que reducen costos, ejércitos que automatizan capacidades y sistemas de vigilancia que buscan mayor control.
La ia no es el enemigo, pero el incentivo sí puede serlo
El punto más repetido por Gawdat fue que no hay que demonizar la tecnología. En su visión, la IA no despierta con deseos de oprimir humanos. El problema aparece cuando quienes tienen poder político, militar o económico la orientan hacia control, eficiencia extrema o ventaja competitiva sin considerar el impacto social.
Para explicar el momento actual, comparó la IA con la energía nuclear. La primera gran aplicación de aquel descubrimiento no fue la energía civil, sino la bomba atómica. Gawdat cree que algo similar ocurre ahora, porque muchos de los primeros usos de la IA se concentran en productividad, armas, vigilancia y reducción de costos laborales.
También criticó la forma en que el público percibe la tecnología. Dijo que hay una “dicotomía del hype”: la parte visible, como videos falsos o chatbots llamativos, recibe demasiada atención, mientras que los avances internos de laboratorio muestran capacidades mucho más profundas. Según él, los sistemas que ya revisan su propio código, ejecutan experimentos y optimizan versiones pueden acelerar el desarrollo de forma difícil de comprender para la mayoría.
Ese avance no significa, en su lectura, que la IA sea necesariamente destructiva. Gawdat incluso se declaró optimista sobre el futuro largo. Pero fue mucho menos optimista sobre el presente y el corto plazo, porque cree que las estructuras de incentivos actuales favorecen una carrera sin suficiente control ético.
Empleos: el golpe llegaría primero al trabajo de oficina
Uno de los temas más concretos fue el empleo. Gawdat coincidió con Bartlett en que la disrupción no empezará necesariamente por los trabajos manuales. En cambio, cree que los puestos de conocimiento de entrada y las tareas repetitivas de oficina recibirán el primer golpe.
Entre los ejemplos mencionó agentes de call center, asistentes, agentes de viaje y funciones que dependen de clics, gestión de información o respuestas estandarizadas. También incluyó perfiles de mayor formación, como asistentes legales, analistas financieros, diseñadores gráficos, compositores, médicos dedicados a diagnóstico y mandos medios.
Gawdat estimó que el impacto “muy serio” puede verse desde 2027. Según su lectura, en los últimos años ya ocurrió una señal previa: muchas compañías dejaron de contratar perfiles de entrada. Eso no se reflejó de inmediato como despidos masivos, pero sí como una base laboral que dejó de crecer.
El exdirectivo fue más lejos y dijo que hasta 30% de los empleos de ciertos sectores podría desaparecer para 2028. Aclaró que no hablaba de todos los sectores, sino de áreas específicas como centros de llamadas o diseño gráfico. Para los recién graduados, su consejo fue directo: aprender a usar la herramienta y enfocarse en trabajos centrados en humanos.
El riesgo mayor, agregó, no está solo en que algunos puestos cambien. Su preocupación es macroeconómica. Si 10% o 20% de la fuerza laboral pierde poder adquisitivo en medio de inflación y presión por reducir costos, la economía podría entrar en una dinámica descendente. En ese escenario, gobiernos tendrían que preparar mecanismos de apoyo, como ocurrió durante los años de COVID con subsidios y permisos remunerados.
Robots, autos autónomos y el futuro del trabajo manual
Gawdat no descartó que la automatización alcance con fuerza al trabajo manual. Pero sostuvo que el público se concentra demasiado en robots humanoides y olvida que muchos robots útiles no tendrán forma humana. Para él, un auto autónomo ya es un robot funcional.
El entrevistador mencionó videos de Figure AI, donde robots clasificaban paquetes durante largas jornadas, además de la ambición de Elon Musk de llevar robots humanoides a escala masiva. Gawdat respondió que Musk no está necesariamente fuera de rango al hablar de miles de millones de robots, aunque muchos tendrán diseños especializados y no humanoides.
También mencionó vehículos autónomos y la decisión de BYD de asumir responsabilidad por accidentes de sus autos, según lo discutido en la entrevista. En su visión, la primera ola de robótica masiva puede incluir conducción autónoma, sistemas militares, vigilancia, aplicación de la ley e inteligencia automatizada.
Sin embargo, el tecnólogo insistió en que nada de esto “tiene” que ocurrir de la forma más dañina. Para él, automatizar tareas podría liberar a los humanos de trabajo repetitivo y peligroso. El problema surge si esa ganancia de productividad no se distribuye y solo aumenta la concentración de poder.
Armas autónomas y vigilancia: el riesgo que más le preocupa
Aunque el debate laboral ocupó gran parte de la conversación, Gawdat dijo que no considera el desempleo el mayor riesgo. En su opinión, las armas autónomas representan una amenaza más inmediata. Su razonamiento es simple: cuando matar se vuelve más barato, más distante y con menor carga emocional, aumenta la probabilidad de que se use la fuerza.
El exdirectivo afirmó que la guerra ya se está volviendo más barata por drones y sistemas de selección de objetivos. También alertó que presupuestos militares enormes podrían financiar grandes cantidades de armas autónomas si cada unidad baja a decenas de miles de dólares. En ese mundo, incluso países medianos podrían desarrollar capacidades destructivas a gran escala.
Bartlett planteó que la defensa también puede abaratarse. Gawdat aceptó esa posibilidad, pero preguntó si la humanidad quiere vivir en un mundo donde drones defensivos y ofensivos se enfrentan constantemente. La lógica final, dijo, podría parecerse a una nueva forma de destrucción mutuamente asegurada, pero con armas mucho más accesibles que las nucleares.
La vigilancia fue otro punto crítico. Gawdat habló de sistemas capaces de monitorear, identificar y seleccionar personas. También criticó a empresas tecnológicas que, según su evaluación, aceptan contratos de seguridad o defensa que otras compañías rechazan por razones éticas. En ese contexto mencionó a Anthropic, OpenAI y Palantir como ejemplos dentro de un debate más amplio sobre límites corporativos.
Altman, anthropic y la pregunta por la ia ética
La conversación también abordó declaraciones de Sam Altman sobre destrucción de empleos. Bartlett citó cambios de tono atribuidos al líder de OpenAI, desde advertencias fuertes sobre desaparición de puestos hasta mensajes más recientes que moderan esa visión. Gawdat interpretó esas variaciones como señales de una comunicación ajustada a incentivos y presión pública.
Sobre Altman, Gawdat evitó una condena absoluta. Dijo que no ha decidido si es “pro humanidad” o si simplemente quedó atrapado en una oportunidad demasiado grande. Sin embargo, afirmó que lo ve “pro OpenAI” antes que “pro humanidad”. Esa fue una opinión personal, no una acusación jurídica.
El contraste con Anthropic apareció varias veces. Gawdat y Bartlett destacaron como señal ética la disposición a sacrificar ingresos de corto plazo cuando un uso de IA cruza límites morales. Para ellos, la prueba de valores no está en comunicados, sino en qué beneficios una empresa está dispuesta a rechazar.
Bartlett propuso una idea regulatoria: crear benchmarks éticos que los modelos deban aprobar antes de lanzarse al mercado. Gawdat apoyó la propuesta y dijo que ya existen señales parciales, como decisiones corporativas visibles o proyectos científicos abiertos. Pero insistió en que usuarios, desarrolladores y gobiernos deben castigar con su uso a quienes tomen decisiones peligrosas.
China, estados unidos y el dilema de competir sin destruir
La entrevista también llevó el debate hacia geopolítica. Gawdat dijo que la carrera de IA se concentra entre Estados Unidos y China, mientras otras regiones, incluido Reino Unido y parte de Europa, corren el riesgo de quedar rezagadas. Según él, importar tecnología sin construir capacidades propias puede empujar a países enteros hacia una nueva periferia tecnológica.
Bartlett planteó el dilema central: si un país no compite, queda atrás; si compite sin límites, agrava los riesgos. Gawdat respondió que existe una vía intermedia: construir IA para el bien de la comunidad, no para dominar a otros. Admitió, sin embargo, que lograrlo será difícil bajo incentivos actuales.
También habló de infraestructura, energía y regulaciones. Señaló que China tiene ventajas por decisiones estratégicas en energía, permisos e industria. Recordó reuniones de gobierno en China durante su etapa en Google y describió una mentalidad orientada a competir contra el mundo, no solo contra empresas individuales.
Para países como Reino Unido, propuso fomentar independencia tecnológica en capas concretas. No habló solo de modelos frontera, sino de reemplazar software tradicional con herramientas locales creadas con IA. Usó ejemplos como procesadores de texto, sistemas empresariales, CRM, hojas de cálculo o sistemas contables.
Una posible utopía después de la crisis
A pesar del tono alarmante, Gawdat no cerró con pesimismo absoluto. Dijo que la inteligencia artificial general, o AGI, podría llegar entre 2026 y 2027, e incluso sugirió que en ciertos sentidos ya existe. La definió como IA capaz de hacer la mayoría de tareas humanas mejor que las personas.
También sostuvo que la inteligencia artificial superinteligente llegaría muy poco después de la AGI. En su visión, si una máquina supera ampliamente a los humanos, no importa demasiado si lo hace por dos veces o por miles de millones. El salto relevante ocurre al cruzar el umbral.
Su tesis más optimista es que una superinteligencia verdaderamente avanzada tendería a reducir desperdicio, conflicto y destrucción. Gawdat recurrió a ideas de física, biología evolutiva y cooperación para sostener que la inteligencia superior buscaría orden, eficiencia y diversidad. Por eso cree que, si la humanidad sobrevive a la transición, podría llegar a una era de abundancia.
La fecha que mencionó para esa posibilidad fue 2038. “Quienes lleguen a 2038 la disfrutarán”, dijo en esencia, comparando el proceso con guerras históricas que no destruyeron el mundo, pero sí causaron enorme sufrimiento a quienes las vivieron. Antes de esa etapa, anticipa una década marcada por empleo, guerra, economía, vigilancia, monedas digitales, conexión humana y concentración de poder.
Cómo prepararse, según gawdat
Gawdat ofreció recomendaciones prácticas. La primera fue aprender IA. No como una forma de delegar tareas de manera perezosa, sino como una herramienta para ampliar inteligencia, criterio y capacidad de análisis.
También pidió entender agentes de IA y prepararse para un mundo híbrido donde humanos y sistemas automatizados trabajen juntos. Según él, quienes sepan colaborar con estas herramientas tendrán ventaja. Quienes no lo hagan pueden enfrentar más dificultades para conseguir empleo.
La segunda recomendación fue fortalecer habilidades humanas. Mencionó enfermería, consejería, cuidado, música y trabajos donde la conexión personal tenga valor. Bartlett añadió que incluso cuando la información pueda generarla una máquina, la experiencia vivida y la resonancia emocional seguirán importando.
La tercera fue buscar verdad y ética. Gawdat pidió no aceptar pasivamente productos o sistemas que vulneren principios fundamentales. Para él, cada usuario puede actuar: cambiar de herramienta, apoyar alternativas, escribir a legisladores, construir startups responsables o dejar de amplificar contenido dañino.
La conversación cerró con una idea menos técnica y más personal. Gawdat dijo que acepta el caos del mundo como punto de partida, no como excusa para rendirse. Su objetivo, afirmó, no es dejar un legado visible, sino producir un impacto positivo y cargar ese resultado como karma hacia su “siguiente viaje”.
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