Por Canuto  

El plan del alcalde Mamdani para crear supermercados municipales en Nueva York promete abaratar alimentos un 30% y combatir los desiertos alimentarios, pero los economistas y la historia advierten que estas iniciativas estatales rara vez superan al mercado. La verdadera barrera podría ser una ley de zonificación obsoleta que impide la llegada de grandes cadenas privadas.
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  • El alcalde Zohran Mamdani planea cinco supermercados municipales con precios 30% más bajos, uno por distrito, con un costo de USD $70 millones.
  • La ciudad de Nueva York tiene una regulación de zonificación de los años 70 que prohíbe tiendas minoristas de más de 10.000 pies cuadrados en áreas industriales, bloqueando a cadenas como Whole Foods y Aldi.
  • Los fracasos previos en Chicago y Kansas City demuestran que los supermercados financiados por el gobierno suelen fracasar y hasta agravar los desiertos de alimentos.


El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, ha puesto sobre la mesa una propuesta que promete sacudir los cimientos del comercio local: cinco supermercados de propiedad municipal, con precios un 30% más bajos que el mercado, para combatir los llamados desiertos alimentarios. La medida, bautizada como “NYC Groceries”, surge de su agenda de asequibilidad y se presenta como una solución radical a los altos costos de los alimentos.

Sin embargo, la historia demuestra que este tipo de intervenciones estatales rara vez triunfan frente a las fuerzas del mercado, y los expertos advierten que el plan podría terminar agravando el problema que busca resolver. La revista Fortune, en un análisis firmado por Shawn Tully, destaca que el verdadero obstáculo para los neoyorquinos no es la falta de voluntad privada, sino una regulación de zonificación que data de los años 70.

Los detalles de NYC Groceries

El plan contempla la construcción de cinco establecimientos, uno por cada distrito, con un costo total estimado de USD $70 millones. Las dos primeras tiendas ya están planificadas: una en Hunts Point, el Bronx, que abrirá en 2027 sobre un antiguo centro de detención juvenil, y otra en East Harlem, Manhattan, programada para 2029.

Cada tienda ofrecerá un “carrito básico” de alrededor de 20 productos saludables, incluyendo carne, mariscos, leche, huevos y mantequilla, con precios promedio un 30% por debajo de los minoristas prevalecientes. El gobierno no administrará los locales; en lugar de ello, la Corporación de Desarrollo Económico (EDC) contratará operadores privados mediante una solicitud de propuestas de 44 páginas.

Los operadores recibirán “pagos de asequibilidad” anuales para compensar la pérdida generada por vender productos básicos por debajo del mercado, y no pagarán alquiler ni impuestos a la propiedad. La administración sostiene que esto permitirá a los compradores predecir sus gastos mensuales, ya que los precios se ajustarán solo una vez al mes.

Mamdani calcula que los ahorros ascenderán a alrededor de USD $90 mensuales o USD $1.000 anuales por familia. No obstante, críticos como el economista E.J. Antoni, de la Heritage Foundation, señalan que el programa no reduce el gasto de alimentos para los neoyorquinos en general, sino que transfiere el costo a todos los contribuyentes vía impuestos.

Además, los minoristas de alimentos operan con márgenes de apenas el 2%, por lo que igualar los precios de NYC Groceries en el “carrito básico” implicaría pérdidas del 28% para los supermercados privados cercanos, lo que podría forzarlos a cerrar. Eso expandiría los desiertos en lugar de reducirlos.

El problema real: zonificación obsoleta

El análisis de Fortune desmonta la idea de que el mercado privado no ha respondido en Nueva York. De hecho, en las últimas décadas han llegado cadenas como Whole Foods (16 ubicaciones), Trader Joe’s (18), Stop & Shop (24) y los alemanes Aldi (26) y Lidl (8). Sin embargo, muchas de estas tiendas se concentran en barrios de altos ingresos, dejando huecos en zonas como Central Harlem, el South Bronx, Bed-Stuy y Brownsville.

La razón principal no es la falta de atención de las grandes cadenas, sino una regla de zonificación que prohíbe abrir tiendas minoristas de más de 10.000 pies cuadrados en áreas marcadas como “M” (manufactura). Estas zonas incluyen lugares con amplio terreno y estacionamiento, perfectos para supermercados de gran formato, como Bedford Avenue en Brooklyn, Gowanus o gran parte de SoHo.

Cualquier empresa que desee construir una tienda en estas áreas necesita un permiso especial de la Comisión de Planificación y la aprobación del concejo municipal. El proceso es tan costoso y lento que desalienta a la mayoría de los inversionistas. Mitchell Korbey, presidente del grupo de zonificación Herrick Feinstein LLP, que ha representado a grandes cadenas, afirma a Fortune que muchas tiendas abrirían si la ciudad levantara estas reglas obsoletas.

El ejemplo de Wegman’s en Brooklyn Navy Yard es ilustrativo: obtuvo la aprobación solo después de prometer construir espacio comercial y de oficinas que aún no ha sido ocupado. Whole Foods en Gowanus debió instalar turbinas eólicas y paneles solares para conseguir su ubicación.

Stephen Smith, analista de políticas urbanas, documentó en un artículo para Vital City cómo estas barreras artificiales crean monopolios para las pequeñas bodegas locales, que venden principalmente productos procesados a altos precios. La zona M es la valla que impide el surgimiento de supermercados eficientes.

Experiencias previas fallidas

Mamdani no es el primer alcalde en intentar esta aventura. La ciudad de Chicago canceló el año pasado un proyecto de supermercado municipal por considerarlo impráctico. Kansas City, que fue la única gran área metropolitana en abrir un emporio financiado por los contribuyentes, cerró la fallida incursión a principios de 2025.

Incluso el predecesor de Mamdani, Eric Adams, dio marcha atrás en la expansión de fibra óptica municipal de USD $2 mil millones iniciada bajo Bill de Blasio, un proyecto similar en cuanto a la competencia estatal con el sector privado. Todas estas experiencias terminaron en fracaso.

Los defensores del plan argumentan que NYC Groceries es diferente porque se enfocará en precios bajos, pero los economistas subrayan que la estructura es un manual de cómo luchar contra las fuerzas del mercado cuando estas son las que ganan. La historia de los controles de precios muestra que los productos subsidiados se agotan rápidamente y crean mercados negros.

Así ocurrió en Cuba, donde las tiendas estatales prometen abundancia y los estantes suelen estar vacíos. Nueva York tiene una gran comunidad cubana que conoce bien ese sistema. Los artículos del “carrito básico” podrían desaparecer en horas, dejando a los clientes con nada que comprar.

Además, no hay mecanismos para prevenir el arbitraje: individuos o grupos podrían comprar en grandes cantidades y revender los productos a precios superiores. Mamdani no ha propuesto ningún sistema de monitoreo ni restricciones de compra para evitar este abuso evidente.

Por qué el plan es contraproducente

El principal defecto del plan, según analistas como Antoni, es que no ataca la raíz del problema. La desregulación de la zonificación permitiría que las cadenas nacionales e internacionales inviertan miles de millones de dólares en abrir supermercados en los barrios desatendidos, aumentando la competencia y bajando los precios de forma sostenible.

NYC Groceries, por el contrario, ofrece subsidios permanentes que distorsionan el mercado, y si esos subsidios permiten precios más bajos que los de sus competidores, los supermercados privados cercanos podrían quebrar. Eso reduciría la oferta de alimentos frescos y dejaría a los residentes con aún menos opciones.

El alcalde menciona que un problema son los precios altos, pero no reconoce que esos precios son resultado de las regulaciones que limitan la competencia. La zonificación de la era de los 70 fue diseñada para proteger la industria, pero ha tenido el efecto opuesto: ha ahogado el comercio minorista eficiente.

Mientras tanto, los supermercados de formato pequeño, como Gristedes y Food Town, siguen dominando en zonas no afectadas por la regla, con precios más altos y menos variedad. Las grandes cadenas que sí entraron lo hicieron en áreas con zonificación favorable, a menudo ubicándose en sótanos para evitar la prohibición, como el Whole Foods en Bedford Avenue.

El verdadero cambio que necesita Nueva York es la eliminación del requisito de permiso especial para tiendas de más de 10.000 pies cuadrados en zonas M. Con eso, el mercado privado podría expandirse naturalmente a los desiertos alimentarios.

Conclusión: el mercado siempre gana

Mamdani promete que NYC Groceries será un “golpe por la justicia económica”, pero la evidencia histórica y económica apunta a lo contrario. Los controles de precios, los subsidios y la competencia estatal directa contra empresas privadas han fracasado en innumerables ocasiones.

La revista Fortune concluye que este experimento -el mayor que una ciudad haya intentado para lanzar su propio negocio en medio de una industria privada arraigada- terminará probablemente en estantes vacíos, mercados negros y un aumento de los desiertos alimentarios.

La ciudad no necesita que el gobierno se convierta en supermercadista; necesita que se eliminen las barreras legales que impiden a las grandes cadenas ofrecer alimentos asequibles y frescos en todos los barrios. La desregulación sería una solución mucho más efectiva y sostenible.

Mientras tanto, los neoyorquinos deberán decidir si confían en el aparato estatal para abaratar su comida o en el poder del mercado para competir por su lealtad. La historia tiene una respuesta clara.


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Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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