Moody’s advierte que la expansión de los centros de datos puede elevar la demanda eléctrica y presionar las facturas europeas. Irlanda y Países Bajos destacan entre los mercados más expuestos, mientras los gobiernos evalúan nuevas reglas para distribuir los costos.
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- Moody’s calcula que los centros de datos podrían representar hasta 30% de la demanda eléctrica de Irlanda y 17% de la de Países Bajos para 2035.
- La inversión necesaria en generación y redes podría elevar los precios, mientras algunos operadores enfrentan demoras para recuperar sus gastos de capital.
- Irlanda exige generación o almacenamiento para ciertas conexiones y que los proyectos cubran al menos 80% de su demanda anual con renovables adicionales locales.
⚡🏗️ Moody’s alerta: los centros de datos podrían presionar las facturas eléctricas en Europa
Para 2035, podrían representar hasta el 30% de la demanda de Irlanda y el 17% de Países Bajos.
La expansión de redes y generación plantea un debate sobre cómo repartir los costos.… pic.twitter.com/V652PhcNMv
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) October 13, 2026
El auge de los centros de datos podría encarecer la electricidad en Europa
La expansión de los centros de datos podría trasladar parte de sus costos a los consumidores europeos, a medida que estas instalaciones demanden más electricidad y obliguen a ampliar la generación y las redes. Moody’s advierte que, si la tendencia continúa, los gobiernos podrían intervenir con subsidios, topes de precios, impuestos o límites para nuevas conexiones.
El riesgo no se distribuye por igual: mientras la proporción que consumen estas instalaciones sigue siendo modesta en la mayoría de los grandes mercados, Irlanda y Países Bajos podrían afrontar una presión considerable durante la próxima década. Las cifras reflejan una tensión entre el crecimiento de la infraestructura digital y la capacidad de los sistemas eléctricos para suministrarla sin encarecer las facturas.
La demanda eléctrica crecería de forma desigual
En 2025, los centros de datos representaban una proporción de un dígito bajo de la electricidad consumida en la mayoría de los principales mercados europeos, con un promedio cercano al 2,5%. Moody’s proyecta, sin embargo, que el crecimiento del número y el tamaño de estas instalaciones cambiará su peso en la demanda, especialmente en los países que atraen grandes proyectos de cómputo.
Para 2035, la agencia estima que los centros de datos representarían al menos el 5,7% de la demanda eléctrica en Francia y el Reino Unido. La previsión puede llegar hasta el 17% en Países Bajos y al 30% en Irlanda, dos proyecciones que muestran por qué el impacto puede variar mucho según la concentración de instalaciones y las condiciones de cada mercado.
Irlanda parte de una situación excepcional dentro de Europa: los centros de datos explicaban el 23% de su consumo eléctrico en 2025, frente al 5% registrado en 2015, según datos citados por Xataka. Por eso, el pronóstico del 30% para 2035 no describe un cambio que empiece desde cero, sino la continuidad de una tendencia que ya ha convertido a estas instalaciones en un componente importante de la demanda nacional.
La Comisión Europea plantea triplicar la capacidad de sus centros de datos en los próximos cinco a siete años, según la propia Comisión. La expansión también busca diversificar la ubicación de los proyectos más allá de mercados principales como Alemania, Irlanda, Francia y Países Bajos, hacia países nórdicos y del sur de Europa. En un análisis reciente, DiarioBitcoin abordó los desafíos energéticos y de infraestructura asociados a ese objetivo.
Redes e inversión, una parte central del costo
Para llevar electricidad a las nuevas instalaciones no basta con añadir centros de generación: también hacen falta redes capaces de transportar la energía hasta donde se conectan los proyectos. Moody’s advierte que ese esfuerzo puede presionar las finanzas de los operadores de red, sobre todo cuando la recuperación de las inversiones tarda en llegar bajo los marcos regulatorios europeos.
La presión puede sentirse con más fuerza en las redes de transmisión que en las de distribución, según el análisis. El motivo señalado por la agencia es que los operadores de centros de datos solo están obligados a cubrir el costo de su conexión, mientras que la ampliación de la infraestructura más amplia puede recaer inicialmente sobre las empresas que gestionan la red.
El informe también describe respuestas prácticas para aprovechar infraestructura existente o coordinar nuevas inversiones. Algunas empresas de servicios públicos reutilizan antiguas centrales de combustibles fósiles por sus conexiones eléctricas ya instaladas; al menos una de las Zonas de Crecimiento de IA del Gobierno británico seguiría ese enfoque, de acuerdo con la información citada.
Otra fórmula consiste en asociarse con desarrolladores para construir instalaciones y suministrarles energía. Estas alternativas pueden facilitar el acceso a la red, pero no eliminan la necesidad de ampliar la capacidad eléctrica ni resuelven por sí solas quién asume los costos de generación y transmisión cuando crece la demanda.
Gobiernos buscan proteger a los consumidores
El aumento de la inversión en redes y los desequilibrios entre oferta y demanda podrían empujar al alza los precios de la energía, advierte Moody’s. La agencia señala que, históricamente, las presiones de este tipo han llevado a los gobiernos a tomar medidas para limitar la carga que soportan los clientes, con opciones que van desde recortes fiscales hasta subsidios adicionales.
Las reglas de acceso a la red también pueden frenar solicitudes especulativas o duplicadas. Un número creciente de operadores de transmisión empieza a exigir garantías financieras para filtrar proyectos que todavía no están listos o que podrían estar reservando capacidad sin una necesidad real; el Gobierno británico sopesa una medida de ese tipo, según informó The Register.
Si la expansión continúa, la intervención pública podría volverse más directa mediante topes a los precios de la electricidad, impuestos adicionales o gravámenes. La discusión no se limita a cuánto cuesta construir nueva infraestructura: también incluye cómo repartir esos costos entre los centros de datos, las empresas de servicios públicos y los hogares que utilizan la red.
Irlanda ya reemplazó la moratoria a nuevas conexiones eléctricas para centros de datos con un marco que establece condiciones para los proyectos de gran tamaño. Quienes soliciten una conexión de 10 MVA o más deben aportar capacidad de generación o almacenamiento en el sitio o cerca de él, y cubrir al menos el 80% de su demanda eléctrica anual mediante proyectos renovables adicionales en Irlanda.
La expansión digital entra en el debate sobre las facturas
El debate también aparece en Estados Unidos, donde el presidente Donald Trump presentó un Compromiso de Protección del Consumidor para responder al malestar por el efecto de los centros de datos en las facturas eléctricas. La iniciativa incluye a empresas de servicios públicos, desarrolladores de centros de datos y gobiernos estatales, que se comprometen a evitar que los ciudadanos paguen toda la energía extra y la infraestructura de red necesaria.
El ejemplo estadounidense y las nuevas condiciones irlandesas apuntan a una preocupación compartida: que la infraestructura necesaria para la economía digital no termine financiándose sin límites mediante las tarifas de los hogares. Según The Register, Moody’s espera que más gobiernos europeos sigan esos precedentes e intervengan sobre la demanda eléctrica de los centros de datos si su expansión mantiene la trayectoria actual.
Las cifras proyectadas para 2035 no significan que cada país adoptará las mismas reglas ni que las facturas subirán automáticamente en todos los mercados. Sí muestran, en cambio, que la planificación energética tendrá que considerar el crecimiento de estas instalaciones y que las decisiones sobre conexiones, generación y financiación pueden influir en el costo que afronten los usuarios.
Para los operadores, el reto será asegurar acceso a energía y capacidad de red en un entorno donde las solicitudes podrían competir con otras necesidades eléctricas. Para los gobiernos, el desafío consiste en permitir que crezca la infraestructura digital sin dejar que sus costos recaigan de forma desproporcionada en los consumidores, un equilibrio que podría definir las condiciones de expansión de los centros de datos europeos.
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