Por Canuto  

Anthony Pompliano lanzó una de las críticas más duras que se recuerdan contra el ecosistema de activos digitales: sostiene que la mayor parte de la industria cripto ya está muerta, que no regresará y que solo unos pocos segmentos, como Bitcoin, las stablecoins, la infraestructura y la tokenización, conservarán valor en el tiempo.
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  • Anthony Pompliano aseguró que la mayoría de la industria cripto está muerta y que millones de monedas y miles de blockchains no tienen futuro real.
  • El analista argumentó que el sector se llenó de “cadenas fantasma”, “monedas zombis” y actores motivados más por la especulación que por una misión tecnológica.
  • Según su tesis, los ganadores serán Bitcoin, las stablecoins, la infraestructura y la tokenización, mientras las finanzas tradicionales capturan cada vez más terreno.


Anthony Pompliano, inversionista y comentarista del mercado, afirmó que la mayor parte de la industria cripto “está muerta y nunca volverá”. La declaración, que presentó primero en una publicación y luego desarrolló ampliamente en su programa This Is The End Of The Crypto Industry, resume una visión profundamente crítica sobre el estado actual del sector.

Según Pompliano, la reacción dentro del ecosistema fue inmediata. Relató que recibió insultos, cuestionamientos y decenas de preguntas durante su paso por la conferencia Consensus en Miami. Sin embargo, dijo haber salido del evento todavía más convencido de que la mayor parte del mercado cripto ya no tiene un futuro viable.

Su argumento central no es que toda la industria vaya a desaparecer. Por el contrario, sostiene que una fracción sí sobrevivirá y prosperará. Pero también insiste en que existe una porción enorme del ecosistema que sigue operando solo por inercia, sin utilidad real, sin adopción significativa y sin posibilidades creíbles de convertirse en una pieza duradera del sistema financiero.

Pompliano enmarcó su postura como una dosis de “amor duro” para una industria que, a su juicio, necesita reconocer sus problemas antes de corregirlos. También recordó que lleva cerca de una década hablando y escribiendo sobre Bitcoin y cripto, y se definió como alguien naturalmente optimista, no inclinado a hacer críticas negativas de forma pública salvo cuando las considera necesarias.

El problema de las “cadenas fantasma” y las “monedas zombis”

La primera gran explicación de Pompliano apunta a una anomalía estructural del sector. En una industria normal, dijo, un avance tecnológico genera una oleada de nuevas empresas, algunas triunfan y muchas fracasan. Esas quiebras permiten reasignar capital y talento hacia proyectos mejores. En cripto, afirmó, ese ciclo natural no termina de cumplirse.

El motivo principal, según su análisis, es que las blockchains casi nunca se apagan y los tokens casi nunca llegan a valer exactamente cero. Mientras una o dos personas sigan ejecutando una red, esa cadena puede continuar técnicamente viva. Eso genera la ilusión de que todavía existe actividad, cuando en realidad puede tratarse de una infraestructura irrelevante. A esas redes las llamó “ghost chains”, o cadenas fantasma.

Con los tokens ocurre algo similar. No existe un mecanismo formal de bancarrota para una moneda digital. Así, aunque pierda casi todo su valor y su liquidez se evapore, el activo puede seguir circulando entre unos pocos tenedores que no logran salir. Algunas plataformas terminan excluyéndolo, pero muchas veces el token simplemente queda atrapado en la irrelevancia. Para ese caso, Pompliano usó el término “zombie coins”, o monedas zombis.

Su conclusión fue contundente: solo por la existencia de millones de monedas y miles de blockchains, ya puede sostenerse que la mayor parte de la industria está muerta. Durante una presentación en vivo, dijo haber preguntado al público si realmente creía que millones de criptoactivos prosperarían en el futuro, y aseguró que nadie levantó la mano.

De los misioneros a los mercenarios

La segunda crisis identificada por Pompliano es cultural. En su opinión, la industria antes estaba marcada por “misioneros”, personas con una visión ideológica fuerte sobre Bitcoin y el cambio que esta tecnología podía producir. Según describió, muchos de esos actores incluso habrían preferido ver triunfar a Bitcoin antes que enriquecerse personalmente.

Hoy, dijo, ese perfil escasea. En su lugar predominan los “mercenarios”, participantes que se mueven hacia donde haya mayor recompensa económica. Bajo esa lógica, el compromiso con una visión de largo plazo queda desplazado por la especulación, la captura rápida de atención y la búsqueda de rentabilidad inmediata.

Pompliano vinculó este fenómeno con varias tendencias del mercado. Mencionó los memecoins de vida corta, la presencia de estafas, la manipulación constante, las tasas crecientes del yield farming y lo que definió como lanzamientos de productos “vaporware”, concebidos más para generar ruido que para resolver problemas concretos de los usuarios.

Desde su perspectiva, cuando los mercenarios superan en número a los misioneros, el sector pasa a estar dominado por personas que ya no entienden ni comparten la visión original que impulsó a la industria en sus primeros años. Esa transformación, dijo, contribuye a la muerte de una parte importante del ecosistema.

El choque entre la cultura cripto y el capital institucional

Otro punto central de su tesis es la separación entre dos grupos. Por un lado, la clase inversora. Por el otro, lo que llamó la clase de “odiamos a los inversionistas”. Pompliano criticó abiertamente las posturas que demonizan a los fondos de capital de riesgo, rechazan a las grandes instituciones financieras o consideran innecesaria cualquier regulación.

A su juicio, esas ideas no solo son equivocadas, sino que también aceleran el deterioro del propio sector. Recordó que los fondos de venture capital financiaron gran parte de la infraestructura temprana que permitió comprar, almacenar y enviar Bitcoin durante la primera década del activo. Sin ese apoyo, sugirió, la base operativa del ecosistema habría sido muy distinta.

También resaltó el papel de las grandes instituciones financieras, que hoy están destinando capital a distintos segmentos del mercado y, en muchos casos, arrebatando cuota a las firmas cripto nativas. Para Pompliano, esto significa que una porción de la industria no solo está muriendo, sino que además está siendo sustituida por incumbentes mucho más grandes y sofisticados.

En ese proceso, dijo, algunas empresas nativas sufrirán una competencia extrema y otras incluso serán adquiridas por actores del sistema tradicional. Cada vez que eso ocurre, añadió, otra pieza de la vieja industria cripto desaparece o se integra a una estructura financiera más amplia.

Morgan Stanley, E*TRADE y la presión sobre las firmas nativas

Como ejemplo de esa transición, Pompliano citó el reciente anuncio de Morgan Stanley para lanzar trading de Bitcoin en E*TRADE. Destacó que la plataforma cuenta con 8,6 millones de clientes y que la propuesta llegará con comisiones de negociación más bajas que las de Coinbase y Charles Schwab.

Además, subrayó que Morgan Stanley, junto con otras firmas como Goldman Sachs y JPMorgan, ya ofrecía exposición a Bitcoin mediante ETF, pero no acceso directo a operaciones de Bitcoin, Solana o Ether. Ese cambio le parece relevante porque revela una apuesta más frontal por integrar servicios cripto dentro de canales tradicionales de corretaje.

También llamó la atención sobre Zero Hash, la firma de infraestructura elegida para soportar la operación. Según explicó, la empresa ya cuenta con respaldo institucional y es parcialmente propiedad de Morgan Stanley, SoFi y Apollo. A partir de ello, interpretó que los bancos y las fintech están construyendo puentes propios para conectarse a la economía digital sin depender de las empresas cripto nativas tradicionales.

Pompliano planteó entonces una pregunta incómoda para el sector: qué porcentaje del volumen de negociación cripto terminará en casas de bolsa tradicionales, ETF, la Bolsa de Nueva York o Nasdaq, en lugar de permanecer en venues puramente nativos. Dijo no saber la cifra exacta, pero estimó que será una porción importante, y lo calificó como una ruptura con narrativas previas del ecosistema.

La convergencia entre cripto y finanzas tradicionales

En paralelo, observó que las propias compañías cripto están agregando productos no cripto para sostener su crecimiento. Mencionó acciones, mercados de predicción, opciones y commodities como nuevas líneas de negocio para atraer usuarios, custodiar más activos y generar ingresos adicionales.

Esa tendencia, según explicó, borra cada vez más la frontera entre empresas cripto y brokers tradicionales. Se preguntó si Robinhood debe verse como empresa cripto o como firma de corretaje clásica. Hizo una observación similar sobre Coinbase, en un contexto donde ambas clases de compañías convergen hacia un mismo espacio competitivo.

Pompliano cree que los activos y las empresas que realmente tengan valor terminal dejarán de identificarse con la etiqueta “cripto”. Recordó que en los años noventa se hablaba de “empresas de internet”, mientras que hoy simplemente se habla de empresas. Para él, algo parecido ocurrirá aquí: lo que sobreviva dejará de ser “cripto” para pasar a ser simplemente finanzas.

Su tesis final es que los proyectos que insistan en permanecer como “solo cripto” tendrán más probabilidades de desaparecer. Los que logren integrarse al sistema financiero más amplio, en cambio, serán los que encuentren resiliencia y adopción duradera.

El comentario de Michael Saylor y las áreas que sí podrían sobrevivir

Pompliano también mencionó a Michael Saylor como muestra de que ciertas narrativas del mercado están cambiando. Recordó que, durante una llamada de resultados, Saylor señaló que en el futuro podría vender Bitcoin para financiar pagos de dividendos extendidos. Lejos de provocar una caída, observó que el precio de Bitcoin subió después de ese comentario.

Para Pompliano, esa reacción evidenció otra “violación narrativa”. Años atrás, una idea así habría sido considerada sacrilegio dentro del ecosistema. Hoy, dijo, se interpreta de forma más racional en función del modelo de negocio de Strategy y de la evolución general del mercado.

A pesar de su visión pesimista sobre la mayoría del sector, Pompliano sí identificó cuatro áreas con potencial de concentrar valor a futuro: Bitcoin, stablecoins, infraestructura y tokenización. Esos segmentos, afirmó, no solo podrían sobrevivir, sino también contribuir a modernizar el sistema financiero heredado.

Su balance de la conferencia Consensus reforzó esa división. Por un lado vio emprendedores e inversionistas serios, enfocados en resolver problemas reales. Mencionó específicamente a Mike Cagney, de Figure Technologies, como ejemplo de alguien construyendo una solución real. Por otro lado, describió un ambiente lleno de memecoins, plataformas de pump y otras iniciativas que consideró puro ruido. Incluso destacó un stand llamado “Crypto Carnival” como símbolo de un modelo que, en su opinión, ya no tiene futuro.

El mensaje final de Pompliano fue que el mercado cripto sigue siendo un libre mercado. Por eso, cree que solo las mejores ideas, proyectos y compañías lograrán atravesar la depuración actual. La advertencia, especialmente para quienes siguen apostando por la larga cola del ecosistema, fue clara: conviene reconsiderar dónde poner el tiempo y el dinero si la meta es participar en la parte del sector con posibilidades reales de transformar las finanzas.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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