El oro supera los $4.400 por onza después de que la economía de EE.UU. perdiera 23.000 puestos de trabajo en julio, un dato muy por debajo de las expectativas. Los inversores se vuelcan al metal precioso ante la presión sobre la Reserva Federal para recortar las tasas, mientras los analistas elevan sus pronósticos a cifras récord.
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- El oro rompe los $4.400/oz tras conocerse que EE.UU. perdió 23.000 empleos en julio, frente a un aumento esperado de 80.000.
- La Fed queda en el centro de la escena: la debilidad del mercado laboral intensifica las apuestas por recortes de tasas, lo que abarata el costo de mantener oro.
- Los bancos de Wall Street suben sus pronósticos del metal a rangos de $4.500-$6.300 por onza, señalando factores estructurales como la compra de bancos centrales.
Un informe de empleo que sacude los mercados
Los futuros del oro superaron la barrera de los $4.400 por onza este viernes, después de que la Oficina de Estadísticas Laborales de EE.UU. reportara una pérdida de 23.000 empleos no agrícolas en julio. El mercado esperaba un aumento de 80.000 puestos, una diferencia que desencadenó una ola de aversión al riesgo en los mercados financieros.
El dato no solo fue malo, sino históricamente malo. La cifra de junio, que originalmente mostraba una ganancia modesta, fue revisada a la baja a apenas 20.000 empleos. Dos meses consecutivos de creación de empleo casi nula o negativa son un patrón que cambia las narrativas de “aterrizaje suave” a una pregunta más inquietante: ¿estamos aterrizando siquiera?
Los administradores de carteras recurrieron al activo refugio más antiguo del mundo, el oro, que ya venía cotizando en una banda amplia entre $4.067 y $4.359 por onza durante los primeros días de agosto. El informe rompió ese rango al alza, llevando los futuros a niveles nunca antes vistos.
Según los datos del mercado, el oro comenzó 2026 ya en máximos históricos, superando los $5.000 por onza en algunos momentos del año, impulsado por compras de bancos centrales y flujos hacia ETF. Después de esa euforia, se había estabilizado alrededor de los $4.000, pero el viernes volvió a dispararse.
La reacción no se hizo esperar en los mercados de derivados. La curva de futuros de tasas de interés se movió inmediatamente hacia recortes, reflejando la creciente probabilidad de que la Fed tenga que flexibilizar su política monetaria antes de lo planeado.
El oro y la Reserva Federal: la conexión clave
El vínculo entre un mercado laboral débil y el aumento del oro pasa por una institución: la Reserva Federal. Cuando el empleo se debilita, la presión sobre el banco central para recortar las tasas de interés se intensifica. Tasas más bajas reducen el costo de oportunidad de mantener oro, un activo que no paga rendimiento.
Los futuros de tasas ya mostraban una mayor probabilidad de un recorte agresivo en la próxima reunión de la Fed. Esta reevaluación es un viento de cola directo para el oro, que se beneficia de un entorno de dinero fácil y baja rentabilidad de los bonos.
Los rendimientos del Tesoro estadounidense cayeron bruscamente tras la publicación del informe de empleo. La caída refleja el aumento de las apuestas a que la Fed necesitará intervenir para sostener el crecimiento económico.
Este escenario es el que tradicionalmente impulsa al oro, que compite con los activos de renta fija. Ante la perspectiva de tasas más bajas, los inversores prefieren resguardarse en el metal precioso.
Los analistas señalan que la magnitud del fallo en el mercado laboral no da margen para que la Fed mantenga una postura restrictiva. El próximo movimiento parece más claro que nunca: recortes.
Proyecciones de los grandes bancos: ¿hasta dónde puede llegar el oro?
Antes de este informe, J.P. Morgan y Goldman Sachs ya habían elevado sus pronósticos del precio del oro para 2026, con objetivos que van desde $4.500 hasta $6.300 por onza, dependiendo de la institución y el escenario. Esos números ahora parecen conservadores.
Los analistas de Morgan Stanley también se han posicionado en el lado alcista, reflejando un consenso más amplio en Wall Street de que los impulsores estructurales del rally del oro siguen intactos. La demanda de los bancos centrales, las tendencias de desglobalización y las preocupaciones por el déficit fiscal son factores que no desaparecen con un dato de empleo.
Cryptobriefing destacó que estos pronósticos se emitieron antes de que llegara este informe, lo que sugiere que podrían ser revisados al alza en los próximos días. El mercado ya descuenta un escenario más sombrío para la economía estadounidense.
Los bancos centrales alrededor del mundo han sido compradores netos de oro durante varios años consecutivos, acumulando reservas como cobertura contra el riesgo denominado en dólares. Esta tendencia se mantiene sólida y no muestra signos de reversión.
La combinación de una Fed más flexible y la incertidumbre geopolítica crea un cóctel perfecto para el oro. Los analistas técnicos ya miran el siguiente nivel de resistencia en $4.500, y luego el máximo histórico de $5.000.
Contexto macro: señales de advertencia
Antes del informe oficial, la nómina privada de ADP ya había encendido las alarmas. El informe ADP mostró solo 44.000 empleos añadidos en julio, muy por debajo de las expectativas de entre 68.000 y 75.000. El mercado lo interpretó como un presagio del dato oficial.
La revisión a la baja del dato de junio confirma que el mercado laboral se está enfriando más rápido de lo que se pensaba. La creación de empleo de los últimos meses ha estado muy por debajo de los niveles necesarios para acompañar el crecimiento poblacional.
En este contexto, el informe de julio no es un evento aislado, sino parte de una tendencia más amplia. Los inversores ya no hablan de un “aterrizaje suave” sino de una posible recesión.
El oro, como refugio por excelencia, tiende a brillar en estos escenarios. Su comportamiento durante los últimos años lo ha consolidado como una cobertura contra la incertidumbre económica, política y financiera.
La pregunta ahora es si la Fed actuará con la suficiente rapidez para evitar un deterioro mayor. Por ahora, el mercado ya ha tomado partido: el oro se cotiza por encima de $4.400 y los inversores se preparan para más volatilidad.
Hacia dónde van los flujos de inversión
La rápida reacción del oro contrasta con la caída de otros activos de riesgo. Los inversores están rebalanceando sus carteras, vendiendo acciones y bonos corporativos para refugiarse en el metal precioso.
Los ETF de oro han registrado entradas significativas en los últimos días, según fuentes del mercado. Esta demanda institucional se suma a la de los bancos centrales, que continúan incrementando sus reservas.
La debilidad del empleo también presiona al dólar, lo que refuerza el atractivo del oro como alternativa. Un dólar más débil hace que el metal sea más barato para los tenedores de otras monedas.
El futuro inmediato del oro dependerá de los próximos datos económicos, especialmente la inflación y las decisiones de política monetaria. Si la Fed confirma un recorte en septiembre, el oro podría superar los $4.500 sin mucha resistencia.
En definitiva, el panorama para el oro se presenta alcista, con factores técnicos, macroeconómicos y de flujos alineados en su favor. La historia de los $5.000 no parece descabellada en este contexto.
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