Por Canuto  

Una conversación de alto perfil volvió a encender el debate sobre los UAP en Estados Unidos, luego de que un documentalista y un físico con vínculos en inteligencia afirmaran que existe evidencia clasificada de vida no humana, recuperaciones de naves y un encubrimiento de décadas dentro del aparato estatal.
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  • Dan Farah y Hal Puthoff sostienen que sectores del gobierno de EE. UU. ocultaron durante unos 80 años información sobre vida no humana y tecnología avanzada.
  • Ambos aseguran que la reciente orden de desclasificación impulsada por Donald Trump solo liberó una pequeñaparte de la evidencia disponible sobre UAPs.
  • Las afirmaciones incluyen supuestos choques, recuperación de materiales y cuerpos no humanos, actividad sobre instalaciones nucleares y resistencia burocrática interna.


El debate sobre los fenómenos anómalos no identificados, conocidos como UAP por sus siglas en inglés, volvió a escalar en Estados Unidos tras una extensa conversación entre el empresario y entrevistador Steven Bartlett, el productor Dan Farah y el físico Hal Puthoff. En ella, ambos invitados sostuvieron que existe un encubrimiento de alrededor de 80 años sobre la presencia de inteligencia no humana y sobre esfuerzos secretos para estudiar y replicar su tecnología.

La discusión se produjo en el marco del lanzamiento del documental UFO Roundtable: CIA Physicist Proves Aliens Exist!, publicado por The Diary Of A CEO el 14 de mayo de 2026. Lejos de presentar el asunto como una simple especulación cultural, Farah y Puthoff lo describieron como un problema de seguridad nacional, con ramificaciones científicas, militares y políticas.

Para lectores nuevos en el tema, UAP es el término que en los últimos años ha ganado preferencia institucional frente a “ovni”. La etiqueta busca reducir el estigma asociado al debate y ampliar el enfoque a fenómenos observados en aire, agua, espacio o entornos mixtos, sin asumir de antemano un origen extraterrestre.

En ese contexto, lo más llamativo de la conversación no fue solo la contundencia de las afirmaciones, sino el perfil de quienes las hicieron. Farah dijo haber entrevistado a figuras del más alto nivel en el gobierno, la comunidad de inteligencia y las Fuerzas Armadas de EE. UU., mientras que Puthoff se presentó como físico cuántico con trabajo previo para la NSA, la CIA y otros entornos de inteligencia.

Las afirmaciones centrales: encubrimiento, choques y cuerpos no humanos

Farah aseguró que, durante la producción de su documental a lo largo de tres años y medio, concluyó que “sí ha habido un encubrimiento de 80 años” sobre la existencia de vida inteligente no humana. Según su relato, el ocultamiento habría comenzado al menos a fines de la década de 1940 y no habría sido exclusivo de EE. UU., ya que otras naciones también habrían retenido información similar.

Su segunda tesis es que ciertos sectores del gobierno estadounidense han participado en una carrera secreta de alta tensión contra adversarios como China y Rusia para revertir o replicar tecnología de origen no humano. A su juicio, ese factor explica parte del hermetismo histórico, ya que divulgar lo conocido al público también significaría exponerlo a potencias rivales.

El productor afirmó además que varias de sus fuentes dijeron en cámara, y otras fuera de cámara, que hubo accidentes de UAP recuperados por elementos del gobierno estadounidense. En algunos casos, añadió, esos choques habrían incluido “cuerpos de no humanos”. También sostuvo que algunas personas testificaron bajo juramento ante el Congreso en ese mismo sentido.

Cuando Bartlett preguntó cuál era la base de esa evidencia, Farah admitió que, por ahora, una parte clave del caso se apoya en testigos y denunciantes con altos niveles de credibilidad. Según explicó, muchos de ellos están limitados por acuerdos de confidencialidad y por el carácter clasificado de los programas en los que participaron, por lo que no pueden divulgar todos los detalles públicamente.

Entre los nombres mencionados destacó Jay Stratton, a quien Farah describió como cocreador del programa AAWSAP y luego director de la UAP Task Force. Según su versión, Stratton declaró en el documental haber visto con sus propios ojos seres no humanos y vehículos no humanos, aunque no pudo ir más allá por razones legales y personales.

Quiénes sabrían y por qué no se habría contado todo

Farah dijo que el supuesto programa legado que resguarda esta información ha operado durante décadas al margen de la supervisión normal del Congreso y de la Casa Blanca. De forma resumida, señaló a elementos de la CIA, la Fuerza Aérea, el Departamento de Energía y algunos grandes contratistas de defensa como los principales nodos de ese entramado.

Uno de los puntos más delicados de la entrevista fue su afirmación de que históricamente incluso presidentes en funciones habrían sido mantenidos al margen. Citó en ese sentido a Marco Rubio, quien según Farah sostiene que el tema fue ocultado incluso a mandatarios sentados, mientras funcionarios de carrera con décadas en el aparato estatal podían simplemente esperar la salida de una administración y la llegada de otra.

Sobre Donald Trump, Farah sostuvo que durante su primera administración algunos miembros del gabinete fueron informados por la UAP Task Force acerca de las posibles repercusiones de decir públicamente que la humanidad no está sola en el universo. Aunque esa declaración no ocurrió entonces, aseguró que la nueva configuración política, con Rubio como secretario de Estado y asesor de seguridad nacional, habría facilitado una nueva etapa de desclasificación.

De acuerdo con su relato, Trump emitió en febrero una directiva histórica para que agencias federales comenzaran a desclasificar evidencia sobre UAP y vida inteligente no humana. Farah dijo que el primer conjunto de materiales ya fue liberado, pero que representa apenas una fracción de lo que distintas dependencias poseen.

También advirtió que la verdadera incógnita no es si la Casa Blanca quiere publicar más, sino si las agencias y ramas militares entregarán efectivamente la información. Según afirmó, existe resistencia interna y una misión activa para ubicar dónde se encuentra la evidencia, quién la retiene y qué puede divulgarse sin comprometer secretos sensibles.

Qué dicen sobre la evidencia liberada y la actividad observada

Sobre la primera tanda de archivos desclasificados, Farah habló de reportes, videos, imágenes fijas y otros materiales antes reservados o nunca publicados. A su juicio, la pieza más llamativa es una fotografía atribuida a una misión Apolo de 1972, en la que se observaría un objeto triangular sobre la Luna y por encima de astronautas.

Farah añadió que la antigua UAP Task Force revisó esa imagen años atrás y la consideró auténtica. No obstante, recalcó que apenas unos pocos organismos habrían respondido con rapidez a la orden presidencial y que, en general, solo entregaron una parte menor de lo que conservan.

Ambos invitados insistieron en que la actividad UAP no sería esporádica. Farah habló de reportes diarios de pilotos comerciales a la FAA, de observaciones de pilotos navales frente a la costa este y de actividad recurrente sobre instalaciones de armas nucleares dentro de Estados Unidos.

Puthoff reforzó ese argumento al señalar que algunos UAP habrían sobrevolado silos de misiles y desactivado sistemas, mientras que en la Unión Soviética uno de estos eventos habría incluso desencadenado una cuenta regresiva de lanzamiento. Según dijo, información de inteligencia y testimonios de personas presentes ese día respaldarían ese incidente.

Otro elemento repetido fue el carácter “transmedio” de estos objetos. Ambos hablaron de aparatos que se desplazan por aire, espacio y agua sin transición visible, incluso entrando al océano sin salpicaduras. Para Puthoff, la frecuencia y variedad de esos reportes obliga al menos a reconocer que hay un fenómeno real detrás.

La explicación física propuesta y el papel del secretismo

Puthoff sostuvo que, al estudiar datos sobre maniobras como giros abruptos o aceleraciones extremas, él y otros físicos concluyeron que el comportamiento descrito encaja con soluciones conocidas dentro de la relatividad general. En concreto, planteó que una tecnología capaz de “ingenierizar” el espacio-tiempo podría crear efectos equivalentes a los observados en algunos UAP.

En esa lógica, el vehículo no avanzaría como una aeronave convencional, sino dentro de una especie de burbuja que lo aislaría del entorno. Farah resumió la idea diciendo que la nave quedaría separada de agua, aire o materia circundante, lo que ayudaría a explicar por qué no sufriría los efectos normales de fricción o impacto y por qué también sería tan difícil fotografiarla con nitidez.

Bartlett planteó una objeción que muchos comparten: en un mundo con miles de millones de teléfonos inteligentes, ¿por qué no existe un video definitivo y claro? La respuesta de ambos fue que sí existirían grabaciones inequívocas, pero seguirían clasificadas. Farah mencionó además que, si una nave genera una distorsión espacio-temporal, eso mismo dificultaría captarla desde dispositivos comunes.

También cuestionaron el enfoque de la NASA en reportes previos que restaron peso a la hipótesis extraterrestre. Farah respondió que, como ocurre en muchas burocracias, no todos conocen la totalidad de los hechos y que algunos ejercicios institucionales habrían sido diseñados para cerrar el asunto con la conclusión de que “no hay nada que ver”.

En la conversación se mencionó incluso que miembros de antiguos grupos de estudio habrían sido disuadidos de incluir ciertas imágenes en sus informes. Según Farah, eso reforzaría la idea de un sistema en el que parte de la verdad se mantiene compartimentada, incluso dentro del propio Estado.

Escepticismo, denunciantes y la promesa de más revelaciones

Bartlett mantuvo durante buena parte del intercambio una postura cautelosa. Dijo que le cuesta basar una convicción en testimonios, por la conocida fragilidad de los relatos presenciales, y sostuvo que todavía necesita ver evidencia más sólida para concluir que hubo visitas, recuperaciones y cuerpos no humanos.

Farah y Puthoff reconocieron que ese escepticismo es razonable. Aun así, insistieron en que el volumen de personas de alto rango, procedencias distintas y accesos clasificados hace muy difícil despachar el fenómeno como un error generalizado, una histeria cultural o una tapadera para proyectos negros convencionales.

La conversación también incluyó referencias a represalias contra denunciantes. Puthoff mencionó el caso de David Grusch como ejemplo de una persona que alegó haber sufrido pérdida de autorizaciones, freno profesional y castigos tras sacar información a la luz. Farah fue más lejos al decir que conoce personas cuyas vidas habrían sido amenazadas y que algunos potenciales testigos declinaron participar por miedo.

Hacia el final, ambos sostuvieron que el proceso de desclasificación seguirá en tramos sucesivos durante las próximas semanas. Según dijeron, la expectativa es que aparezca evidencia más contundente y que eventualmente pueda producirse el momento político más simbólico de todos: un presidente de EE. UU. anunciando públicamente que la humanidad no está sola.

Más allá de que esas afirmaciones sean ciertas o no, la conversación deja claro que el tema ha abandonado los márgenes del entretenimiento y la cultura popular para instalarse en un terreno más incómodo. Allí convergen seguridad nacional, burocracia estatal, física avanzada, denunciantes, lucha por credibilidad pública y una pregunta tan antigua como poderosa: si hay algo ahí afuera, ¿qué significa para nosotros?


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