Por Canuto  

El observatorio Swift de la NASA, que lleva casi 22 años en el espacio, se acerca a su reentrada en la atmósfera. La agencia indicó el 23 de octubre que esperaba el ingreso en las semanas siguientes; estima que la mayor parte de la nave se desintegrará y considera bajo el riesgo de daños, aunque algunos componentes podrían llegar a la superficie.

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  • La NASA señaló el 23 de octubre que Swift reingresaría a la atmósfera en las semanas siguientes; la fecha y la hora aún pueden cambiar.
  • La agencia calcula que existe una probabilidad de 1 entre 2.100 de que alguien en la Tierra sufra daños por fragmentos sobrevivientes.
  • El intento de elevar la órbita fracasó por problemas de control de actitud en la nave Link. La NASA sigue monitoreando el descenso.

 


 

El observatorio Swift, un telescopio espacial de la NASA que lleva casi 22 años en órbita, se acerca a su reentrada en la atmósfera terrestre. En una actualización publicada el 23 de octubre, la agencia dijo que esperaba el ingreso en las semanas siguientes. Estima que la mayor parte de la nave se quemará durante el descenso, aunque algunos componentes podrían sobrevivir y alcanzar la superficie.

La fecha y la hora de la reentrada siguen sujetas a cambios. La predicción depende de cómo evolucione la trayectoria de Swift, por lo que no conviene tratar una estimación puntual como un horario confirmado. La NASA continuará actualizando sus previsiones a medida que se acerque el descenso.

Un reingreso con horario y zona de incertidumbre

La hora prevista no constituye un momento exacto: las estimaciones pueden variar mientras se acerca la reentrada. Esa incertidumbre también influye en el lugar donde podrían caer los componentes que no se desintegren, por lo que la NASA no señala un punto de impacto determinado con antelación.

La inclinación orbital baja de Swift limita la posible trayectoria de los fragmentos sobrevivientes a una franja comprendida entre los 20,6 grados de latitud sur y los 20,6 grados de latitud norte. En otras palabras, los restos no podrían caer en cualquier lugar del planeta, aunque la zona abarca áreas de ambos hemisferios.

La NASA estima en aproximadamente 1 entre 2.100 la probabilidad de que una persona en la Tierra sufra daños por los fragmentos. Esa cifra describe un riesgo considerado poco probable, no una garantía de que todas las partes de la nave vayan a desintegrarse ni una predicción de que se producirá un impacto perjudicial.

La ubicación de una eventual caída de componentes dependerá de cuándo ocurra el ingreso en la atmósfera. La NASA y la Fuerza Espacial seguirán monitoreando el evento y publicando nuevas predicciones, con el objetivo de ajustar el panorama a medida que se reduzca la incertidumbre.

El tamaño de Swift y el intento fallido de elevar su órbita

Swift pesa alrededor de 3.200 libras y mide 5,6 metros de alto por 5,4 metros de ancho. Buena parte de esa última dimensión corresponde a los paneles solares desplegables, que amplían su silueta y ayudan a explicar por qué el observatorio se describe como una nave espacial del tamaño de un camión.

La NASA intentó evitar la caída mediante una operación para empujar el telescopio hacia una órbita más alta, pero el intento fue cancelado. La nave Link, que debía participar en el rescate, sufrió problemas técnicos con el control de actitud, un sistema necesario para orientarla durante la maniobra.

El fracaso de esa operación dejó a Swift en el camino hacia su reentrada. La agencia concentra ahora sus acciones en seguir la trayectoria y comunicar los cambios en las previsiones, mientras persiste la posibilidad de que algunos componentes lleguen a la superficie.

Las dimensiones y el peso de Swift dan escala al evento, pero por sí solos no determinan cuántas piezas sobrevivirán al paso por la atmósfera. La NASA espera que la mayor parte de la nave se queme y plantea la supervivencia de algunos componentes como una posibilidad que debe considerarse al estimar el riesgo.

Una misión que superó su objetivo inicial

Swift fue lanzado en 2004 con una misión principal prevista para durar dos años, centrada en estudiar los brotes de rayos gamma. El observatorio excedió ampliamente ese plazo y continuó operando como una plataforma capaz de observar el universo en múltiples longitudes de onda.

La actividad solar pudo contribuir al descenso acelerado de Swift. Un informe de WINS Noticias atribuye a la intensa actividad solar de los últimos años que el observatorio descendiera más rápido de lo habitual. Esto ofrece una explicación plausible para la pérdida de altitud, pero no modifica la incertidumbre sobre el momento exacto de la reentrada.

El propósito científico original de Swift y su posterior uso como observatorio de múltiples longitudes de onda forman parte del balance de una nave que funcionó mucho más allá de los dos años previstos. Su reentrada pone fin a la etapa en que podía seguir observando el cosmos desde su posición orbital.

La NASA informó el 23 de octubre que esperaba la reentrada en las semanas siguientes, sin fijar en esa actualización una fecha y hora definitivas. La agencia y la Fuerza Espacial seguirán vigilando el descenso y afinando sus cálculos mientras Swift se aproxima a la atmósfera, para estimar cuándo ocurrirá el ingreso y si alguna parte sobrevivirá.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA




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