El Parlamento egipcio autorizó a Abdel Fattah el-Sisi a tomar medidas para apoyar la defensa de Arabia Saudita ante los ataques hutíes, pero la decisión llega cuando la economía del país depende de depósitos del Golfo y el Canal de Suez enfrenta nuevas amenazas. El análisis de Responsible Statecraft plantea que El Cairo intenta satisfacer a Riad sin convertirse en parte de una guerra que podría golpear sus ingresos, su seguridad y a sus ciudadanos en la región.
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- Arabia Saudita mantiene cerca de USD $10.300 millones depositados en el banco central egipcio, en un contexto de fuertes presiones sobre las reservas y el presupuesto.
- La autorización parlamentaria, aprobada por dos tercios de la Cámara baja, permite al presidente adoptar medidas de apoyo defensivo, aunque El Cairo sostiene que no pretende atacar Yemen.
- Los ataques hutíes y el control de puntos estratégicos en el mar Rojo amenazan al Canal de Suez, mientras una escalada regional podría afectar energía, remesas y seguridad.
🇪🇬🇸🇦 Egipto autoriza apoyo defensivo a Riad
El Parlamento facultó a Sisi ante ataques hutíes. El Cairo afirma que no planea atacar Yemen.
Arabia Saudita mantiene USD 10.300 millones en depósitos egipcios. Suez ingresó USD 4.000 millones en 2024, frente a USD 10.200 millones en… pic.twitter.com/JD9mi4KBnF
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Egipto se acerca a la guerra hutí con las finanzas y el Canal de Suez bajo presión
El Parlamento de Egipto autorizó al presidente Abdel Fattah el-Sisi a tomar medidas para ayudar a defender a Arabia Saudita frente a los hutíes, pero la decisión no equivale, por ahora, a un compromiso de atacar Yemen. La autorización fue aprobada por dos tercios de la Cámara baja el 26 de octubre, según EFE. Un análisis de Elfadil Ibrahim publicado por Responsible Statecraft el 29 de octubre describe una apuesta de equilibrio: El Cairo busca responder a las expectativas de Riad sin quedar absorbido por una guerra que podría agravar sus vulnerabilidades económicas y de seguridad.
El respaldo saudí y la presión financiera
El voto parlamentario llegó después de dos aplazamientos y de semanas de debate, un proceso inusual para una cámara que, según el análisis, suele respaldar las solicitudes presidenciales. Algunos legisladores se abstuvieron porque el Gobierno no detalló cuánto duraría la misión, cuánto costaría ni cuántas tropas podría desplegar, y sus objeciones reflejaron preocupación por involucrarse en un conflicto extranjero.
La explicación financiera ocupa un lugar central en la interpretación de Ibrahim. Arabia Saudita mantiene aproximadamente USD $10.300 millones en depósitos en el banco central egipcio; al sumar fondos de Kuwait y Qatar, el total ronda los USD $18.000 millones, cerca de un tercio de las reservas egipcias, que el texto cifra en USD $57.000 millones.
Esos recursos importan porque Egipto necesita divisas para comprar trigo, adquirir una proporción creciente de combustible en el exterior y pagar intereses a acreedores extranjeros. El análisis no afirma que Riad haya condicionado sus depósitos a una contribución militar, pero sostiene que El Cairo difícilmente puede ignorar las prioridades de uno de sus principales financiadores cuando sus necesidades de dólares exceden lo que genera por sí mismo.
La presión se refleja también en la moneda y en las cuentas públicas: la libra egipcia alcanzó un mínimo de 56 frente al dólar y el servicio de la deuda consume alrededor del 64% del presupuesto anual. Según la pieza, los pagos de intereses por sí solos superan el gasto estatal conjunto en educación, salud, salarios y subsidios, una carga que limita el margen político para rechazar las solicitudes de un socio financiero clave.
Una autorización que intenta contener la implicación militar
El temor a entrar en Yemen tiene un precedente histórico para Egipto. En 1962, el entonces presidente Gamal Abdel Nasser envió tropas para apoyar a los republicanos durante la guerra civil yemení; aunque ese bando terminó imponiéndose, el país quedó involucrado durante años y perdió miles de soldados, una experiencia que alimenta la cautela ante otra campaña en territorio yemení.
La nota también relaciona la decisión actual con un episodio reciente en Emiratos Árabes Unidos. Después de que misiles iraníes golpearan el país a comienzos de ese año, Abu Dhabi expresó su malestar por la falta de respuesta de otros gobiernos árabes; Egipto envió discretamente un destacamento de cazas Rafale, cuya presencia se hizo pública cuando medios estatales emiratíes mostraron a Sisi inspeccionando los aviones durante una visita.
Ese antecedente se vuelve más significativo por el apoyo económico emiratí: en 2024, Abu Dhabi acordó un contrato inmobiliario de USD $35.000 millones en la costa mediterránea egipcia, que el análisis describe como un salvavidas para la economía. Ibrahim interpreta el episodio como una señal de que los fondos del Golfo pueden venir acompañados de expectativas de lealtad visible, aunque no aporta pruebas de que esa relación financiera se traduzca en una condición formal.
En septiembre, el príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman viajó a El Cairo, supuestamente para solicitar ayuda ante el aumento de los ataques hutíes contra el reino. La respuesta egipcia declaró que la seguridad de Arabia Saudita forma parte de la seguridad nacional de Egipto, pero evitó nombrar a los hutíes o prometer asistencia militar concreta y, a la vez, llamó a buscar una salida política para Yemen.
Seis semanas después, el Parlamento concedió a Sisi autoridad para ir más allá de esa declaración, aunque el Gobierno presenta la misión como defensiva y afirma que no contempla un ataque contra Yemen. El ministro de Exteriores, Badr Abdelatty, insistió además en que deben explorarse todas las oportunidades para alcanzar soluciones políticas, una combinación de señales que permite a El Cairo mostrar respaldo a Riad sin anunciar una ofensiva.
El Canal de Suez y el estrecho de Bab el-Mandeb
El apoyo simbólico a Arabia Saudita no resuelve otra vulnerabilidad egipcia: el Canal de Suez, una de las principales fuentes de divisas del país y una ruta por la que circula cerca del 12% del comercio mundial. La vía generó USD $10.200 millones en 2023, pero sus ingresos bajaron a unos USD $4.000 millones en 2024, cuando los ataques hutíes contra buques en el mar Rojo llevaron a embarcaciones a desviar sus recorridos alrededor de África.
La autoridad del canal espera ingresos de USD $8.000 millones durante el año fiscal 2026-2027, aunque esa meta depende de que se reduzca la tensión en el mar Rojo. El análisis considera poco probable esa calma en el momento de su publicación, pues señala que desde julio los hutíes declararon un bloqueo al transporte marítimo saudí.
La situación se agravó, según la pieza, cuando los hutíes tomaron en septiembre los puertos yemeníes de Mocha y la isla de Mayun. Esos puntos les darían control sobre el estrecho de Bab el-Mandeb, el paso angosto en el sur del mar Rojo por el que deben transitar los barcos que se dirigen al Canal de Suez, y aumentarían su capacidad para presionar la navegación.
El Cairo habría creado una unidad de crisis y abierto canales de comunicación con los hutíes, de acuerdo con el análisis. Una fuente egipcia citada por el medio The New Arab afirmó que esos contactos buscaban presionar al grupo para que evitara una escalada y mantuviera abierto el estrecho, aunque Egipto tendría poco margen diplomático por seguir formalmente en la coalición liderada por Arabia Saudita que respalda al Gobierno yemení reconocido internacionalmente.
Una escalada que podría extender el costo a toda la economía
La decisión sobre Arabia Saudita se produce en medio de un conflicto regional más amplio entre Estados Unidos, Israel e Irán, que el análisis sitúa en su octavo mes. En ese contexto, enviados de Arabia Saudita, Turquía y Pakistán viajaron a Teherán para conversar sobre la desescalada; los tres países forman parte del llamado Pacto de Defensa de La Meca, al que Egipto dice que considera seriamente sumarse, pero las reuniones no produjeron un compromiso concreto.
Aunque no ocupó un lugar visible en esas conversaciones, El Cairo mantiene contactos diplomáticos, según Abdelatty. El ministro dijo a periodistas que Egipto habla a diario con iraníes, estadounidenses y gobiernos de la región para evitar choques militares a gran escala, que, en sus palabras, tendrían un impacto muy negativo para la población regional.
El análisis señala que Donald Trump contemplaba públicamente reanudar ataques contra Irán después de las elecciones de mitad de mandato de noviembre, mientras el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu supuestamente presionaba por nuevas operaciones en el contexto de la política interna de Israel. Un nuevo ciclo de combates, advierte Ibrahim, podría perjudicar a Egipto más que el anterior, en parte porque el país ya sufrió un incidente en una terminal de gas flotante en el puerto de Damietta.
El 29 de julio, un dron impactó esa instalación e incendió dos buques, aunque nadie reivindicó el ataque y las autoridades egipcias no divulgaron públicamente sus conclusiones. La fuente advierte que una nueva escalada podría llevar más drones o misiles a suelo egipcio, y que la decisión de respaldar formalmente la defensa saudí aumenta la exposición del país, según la advertencia atribuida a una figura hutí, quien calificó el paso de El Cairo como una declaración de guerra contra Yemen.
Los riesgos económicos no se limitarían al canal ni a la infraestructura energética: al menos 1,25 millones de egipcios trabajan en Arabia Saudita y envían remesas a sus hogares, una fuente importante de divisas para Egipto. La guerra ya presiona a las economías saudí y del Golfo, y un deterioro de esa actividad podría provocar despidos y reducir el dinero que llega a Egipto, afectando rápidamente sus reservas y su estabilidad económica.
El texto también recoge la advertencia de un funcionario iraní de que, si Irán vuelve a ser atacado, no habrá más líneas rojas, así como planes iraníes para golpear cables submarinos y amenazas contra centros de datos vinculados a Estados Unidos e instalaciones petroleras en el Golfo. Si esos riesgos se materializaran, podrían añadirse a una factura ya pesada para Egipto: deuda elevada, ingresos inciertos del Canal de Suez, dependencia de energía importada y la posibilidad de quedar más expuesto por su apoyo a Riad.
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