Por Canuto  

La propuesta del CEO de StarkWare de sustituir el límite de 21 millones de Bitcoin por una emisión anual de hasta 4% reabrió uno de los debates más sensibles del ecosistema: si la pérdida permanente de monedas y la caída del subsidio de bloque amenazan la seguridad futura de la red.

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  • Eli Ben-Sasson sostuvo que entre BTC 3.000.000 y BTC 4.000.000 ya se habrían perdido para siempre, reduciendo la oferta utilizable de Bitcoin.
  • Su propuesta busca mantener un subsidio permanente para los mineros con una emisión anual máxima de 4%, en vez de permitir que caiga a cero.
  • La reacción en la comunidad Bitcoin fue mayoritariamente negativa, tanto por razones filosóficas como por la dificultad práctica de cambiar la política monetaria.

 


El cofundador y CEO de StarkWare, Eli Ben-Sasson, propuso reemplazar el límite de 21 millones de Bitcoin por una tasa máxima de emisión anual de 4%.

La idea tocó uno de los principios más sensibles de la red y generó una rápida reacción adversa entre defensores de la escasez fija. El planteamiento fue publicado el 7 de julio y parte de un problema conocido desde hace años: una porción del suministro de Bitcoin se pierde de forma permanente. Eso ocurre cuando usuarios extravían claves privadas, frases semilla o dispositivos que resguardaban sus fondos.

Según el razonamiento de Ben-Sasson, esa pérdida continua no es un detalle anecdótico, sino una amenaza estructural para la economía de Bitcoin. Su tesis es que, si el suministro utilizable sigue reduciéndose mientras el protocolo se acerca a su tope, la red podría enfrentar tensiones de seguridad en el largo plazo.

La discusión no ocurre en el vacío, porque Bitcoin depende de incentivos económicos para que los mineros sigan validando transacciones y protegiendo la cadena. Hoy esos incentivos provienen de dos fuentes: el subsidio de bloque y las comisiones pagadas por los usuarios.

A medida que avanzan los halvings, el subsidio se reduce aproximadamente cada cuatro años. En algún momento, ese componente caerá a cero y las tarifas deberán sostener por sí solas el modelo de seguridad de la red.

La propuesta de emisión perpetua y su lógica económica

Ben-Sasson planteó que Bitcoin no debería permitir que el subsidio desaparezca por completo. En su lugar, propuso un esquema con emisión permanente, limitada por una tasa anual máxima de 4%.

Su argumento central es que ese flujo de nuevas monedas compensaría, al menos en parte, la pérdida constante de BTC inaccesibles. Al mismo tiempo, mantendría un incentivo relevante para los mineros, incluso cuando el subsidio programado por Satoshi Nakamoto llegue a niveles mínimos.

Las estimaciones citadas sobre monedas perdidas oscilan entre BTC 3.000.000 y BTC 4.000.000. Eso equivale aproximadamente a entre 15% y 20% del suministro total de Bitcoin.

La cifra incluye casos ya clásicos en la historia del ecosistema, como discos duros extraviados, laptops olvidadas y dueños fallecidos que nunca transmitieron sus frases semilla. En la práctica, esos BTC siguen registrados en la cadena, pero no pueden volver a circular.

Ben-Sasson procuró presentar su idea no como una política inflacionaria desordenada, sino como un sistema igualmente basado en reglas. La diferencia, según su enfoque, es que se trataría de una regla monetaria distinta a la escrita en 2009.

Desde esa perspectiva, una tasa tope de 4% anual sería más clara que un sistema que tolera una contracción efectiva del suministro utilizable. Para sus críticos, sin embargo, el problema no está solo en la magnitud de la emisión, sino en el hecho mismo de alterar el diseño original.

Por qué la comunidad Bitcoin reaccionó con rechazo

La respuesta de buena parte de la comunidad Bitcoin fue rápida y abrumadoramente negativa. Entre maximalistas y defensores de la política monetaria fija, cambiar el cronograma de emisión equivale a cuestionar la credibilidad central del protocolo.

El contraargumento más repetido frente a la preocupación por los BTC perdidos es simple: esas monedas no destruyen valor, sino que vuelven más escasas a las restantes. Si BTC 4.000.000 están fuera de circulación para siempre, el suministro efectivo estaría más cerca de BTC 17.000.000.

Esa lógica refuerza uno de los pilares narrativos de Bitcoin como activo duro. La escasez programada, incluso si se vuelve más extrema por pérdidas accidentales, es vista por muchos participantes como una ventaja y no como un defecto del sistema.

También existe un obstáculo práctico de primer orden. Bitcoin no tiene un director general, una junta ni una autoridad capaz de imponer cambios unilaterales en su política monetaria.

Modificar el esquema de emisión requeriría un consenso abrumador entre desarrolladores, mineros y operadores de nodos. Ese umbral político y técnico luce especialmente alto cuando la propuesta toca la regla más simbólica de la red.

La historia del protocolo aporta un antecedente aleccionador. Durante las guerras del tamaño de bloque de 2017, un desacuerdo importante terminó en una bifurcación de la cadena y en la creación de Bitcoin Cash.

Ese episodio sigue funcionando como recordatorio de que los cambios controvertidos pueden fragmentar a la comunidad. Por eso, aun antes de evaluar los méritos económicos del plan, muchos actores lo consideran inviable por gobernanza.

El contexto de StarkWare y lo que está en juego para Bitcoin

Ben-Sasson no habla desde fuera del sector. StarkWare es una de las firmas de infraestructura más conocidas del ecosistema cripto y se ha hecho notar por desarrollar ZK-STARKs, una tecnología de pruebas de conocimiento cero.

La compañía también ha ampliado su presencia dentro del ecosistema Bitcoin. Entre esas iniciativas se incluyen esfuerzos orientados a privacidad, como strkBTC.

Ese contexto ayuda a entender por qué el debate le importa de forma directa a la empresa. Si la economía minera se deteriora con el descenso del subsidio, las garantías de seguridad de Bitcoin podrían debilitarse para las capas y productos construidos sobre la red.

Visto así, la discusión no es puramente filosófica. También toca el valor económico de la infraestructura que depende de que Bitcoin siga siendo una base vibrante, segura y activamente utilizada.

En el artículo original, Crypto Briefing remarca que las recompensas mineras futuras importan para cualquier solución que aspire a crecer encima de Bitcoin. Si los ingresos de los mineros se vuelven insuficientes, la confiabilidad de la capa base pasaría a ser una variable crítica.

La comparación con Ethereum aparece como contraste inevitable. Esa red adoptó un camino distinto con su transición a prueba de participación y con EIP-1559, que rediseñó de forma profunda la dinámica de emisión y quema de tarifas.

Bitcoin, en cambio, ha rechazado históricamente ese tipo de flexibilidad como principio fundacional. Para muchos de sus defensores, la rigidez monetaria es precisamente lo que distingue al activo frente a otros experimentos criptográficos.

Qué deberían vigilar los inversionistas a largo plazo

Más allá de la controversia, la propuesta vuelve a poner el foco sobre una pregunta real para la próxima década. ¿Podrán las comisiones por transacción sostener por sí solas la seguridad de Bitcoin cuando el subsidio sea mucho menor?

El texto señala que las recompensas caerían por debajo de BTC 1 por bloque alrededor de 2036. A medida que esa fecha se acerque, el debate dejará de ser teórico y pasará a ocupar un lugar más visible en el análisis económico de la red.

Para inversionistas con horizonte de largo plazo, una variable clave será la relación entre ingresos por tarifas y subsidio decreciente. Esa proporción puede ofrecer pistas sobre la capacidad de Bitcoin para financiar su propia seguridad sin alterar su política monetaria.

También conviene observar si el uso de la red genera una demanda de bloque suficiente en distintos ciclos de mercado. Una base robusta de comisiones ayudaría a reducir la preocupación sobre el agotamiento gradual del subsidio.

Lo que parece claro es que los BTC perdidos no volverán al mercado. La reducción progresiva del subsidio, además, ya está programada y seguirá su curso salvo que ocurra un cambio de consenso extraordinario.

Por eso, el verdadero termómetro no será la propuesta de un ejecutivo, por influyente que sea, sino la evolución de la economía interna de Bitcoin. En última instancia, el destino del límite de 21 millones dependerá de si su diseño resiste el paso del tiempo y la realidad de los incentivos.

Por ahora, la reacción del mercado ideológico de Bitcoin sugiere que tocar esa cifra sigue siendo casi un sacrilegio. Pero el debate sobre seguridad, comisiones y monedas perdidas difícilmente desaparecerá mientras la red avance hacia un futuro con menores subsidios.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA

 


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