Por Canuto  

El secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, volvió a defender recortes de tasas de interés, pero ahora reconoce que la Reserva Federal podría esperar mientras evalúa el impacto inflacionario de la guerra con Irán y la reciente volatilidad del petróleo.
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  • Scott Bessent dijo que la inflación subyacente está bajo control y que las tasas deberían bajar eventualmente.
  • El funcionario también afirmó que entiende si la Reserva Federal decide esperar más claridad sobre la guerra con Irán.
  • El repunte reciente de la inflación general estuvo impulsado en gran parte por la energía, mientras los rendimientos del Tesoro han venido cayendo.

 


El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, afirmó que sigue viendo espacio para que la Reserva Federal recorte las tasas de interés a medida que avance el año. Sin embargo, también señaló que comprende si la autoridad monetaria decide actuar con prudencia hasta tener mayor claridad sobre las consecuencias económicas de la guerra con Irán.

La declaración introduce un matiz relevante frente a su tono previo. Bessent había pedido con más fuerza que la FED acelerara los recortes, pero ahora reconoce que el contexto energético y geopolítico complica el panorama para la política monetaria.

Para los mercados, el mensaje importa porque llega en un momento de tensión entre inflación, crecimiento y expectativas sobre el costo del dinero. Ese equilibrio no solo influye sobre bonos, acciones y divisas, sino también sobre activos de riesgo como bitcoin y el resto del mercado cripto, que suelen reaccionar con sensibilidad a cambios en liquidez y tasas.

De acuerdo con CNBC, Bessent habló este martes ante periodistas durante la Conferencia de Economía Mundial de Semafor en Washington, D.C. Allí dijo que tiene una “gran confianza” en que la inflación subyacente, que describió como bastante controlada, seguirá bajando en múltiples categorías.

El funcionario fue directo al resumir su postura. “Creo que las tasas deberían recortarse”, dijo. Pero enseguida añadió que, si los responsables de política monetaria quieren esperar a tener algo más de claridad, él lo entiende.

Ese matiz es importante porque la Reserva Federal enfrenta un entorno donde la inflación general ha mostrado presión reciente al mismo tiempo que el crecimiento pierde fuerza. Cuando ambas variables se mueven en direcciones incómodas, el banco central tiene menos margen para actuar con rapidez.

La inflación general repunta, pero la subyacente sigue más moderada

Los comentarios de Bessent llegaron después de que datos recientes mostraran un aumento de los precios al consumidor de 0,9% y de los precios al productor de 0,5% en marzo. Buena parte de esos incrementos estuvo vinculada al encarecimiento de la energía desde el inicio de la guerra con Irán a finales de febrero.

La distinción clave está en la inflación subyacente, que excluye componentes más volátiles y suele ser observada con atención por la FED. En ese frente, el panorama fue más contenido: los precios subyacentes al consumidor subieron 0,2%, mientras que del lado mayorista el avance fue de apenas 0,1%, según cifras de la Oficina de Estadísticas Laborales.

Para Bessent, esa diferencia sugiere que el shock reciente podría no traducirse en una espiral inflacionaria más amplia. Su lectura es que, una vez se modere el efecto energético, la trayectoria de fondo de los precios debería continuar descendente.

También indicó que los rendimientos de los bonos del Tesoro han venido cayendo, una señal que el mercado suele interpretar como reflejo de menores expectativas de inflación o de una economía menos dinámica. Según explicó, el alto el fuego ha impulsado una fuerte caída en el precio del petróleo, lo que ayuda a aliviar las presiones inflacionarias ligadas a la energía.

En otras palabras, la tesis de Bessent es que el repunte reciente de la inflación general puede ser transitorio. Si el petróleo sigue cediendo y la inflación subyacente mantiene su moderación, la FED tendría más espacio para recortar tasas sin reavivar el problema de precios.

Bessent suaviza su discurso frente a la cautela de la FED

No es la primera vez que Bessent se pronuncia sobre el rumbo monetario de la FED. De hecho, anteriormente había sostenido que Jerome Powell debía acelerar los recortes de tasas, y en enero llegó a decir que esos recortes eran “el único ingrediente que falta” para lograr un crecimiento económico todavía más fuerte.

En ese momento, su argumento era que la Reserva Federal no debía demorarse. Ahora, sin abandonar su preferencia por tasas más bajas, el secretario del Tesoro adopta un tono más cauto y más alineado con la incertidumbre del momento.

Durante una entrevista en el escenario el lunes, también en la conferencia de Semafor, Bessent ya había anticipado esa postura. “¿Creo que las tasas deberían bajarse? Eventualmente. Creo que ahora tenemos que esperar y ver”, afirmó.

La frase resume el nuevo equilibrio político y técnico. Por un lado, mantiene la idea de que un alivio monetario sería conveniente. Por el otro, concede que la guerra con Irán y sus efectos sobre la energía pueden justificar una espera adicional antes de mover la tasa de referencia.

Ese enfoque de “esperar y ver” refleja un principio básico de banca central. Cuando un shock externo altera precios de forma abrupta, pero no está claro cuánto durará, actuar demasiado pronto puede resultar costoso. Si la FED baja tasas y luego la inflación vuelve a acelerarse, su credibilidad puede verse afectada.

El dilema para Powell y la FED

La Reserva Federal tiene un mandato dual: estabilidad de precios y máximo empleo. En circunstancias normales, una desaceleración del crecimiento podría inclinar la balanza hacia recortes de tasas. Pero si al mismo tiempo la inflación sube, incluso por motivos energéticos, la decisión se vuelve mucho más compleja.

Eso es precisamente lo que ocurre ahora. Los elevados niveles de precios dificultan la tarea del banco central porque coinciden con una economía que ya no luce tan robusta como al inicio del año.

Bessent recordó ese contraste al señalar que, al salir de enero y febrero, la economía estaba muy fuerte. Esa referencia sugiere que el impulso de comienzos de año pudo haberse debilitado después, en parte por el impacto de la tensión geopolítica y el encarecimiento energético.

En este contexto, la expectativa dominante del mercado era que la FED mantuviera las tasas estables este año. Según la cotización de los futuros de fondos federales, incluso la posibilidad de un alza aparecía como mínima, lo que refleja que los inversores siguen viendo más probable una pausa prolongada que un nuevo endurecimiento.

Para los participantes del mercado, cada comentario de Bessent y Powell importa porque ayuda a calibrar el calendario de flexibilización monetaria. Menores tasas suelen abaratar el crédito, mejorar el apetito por riesgo y sostener valoraciones más altas en activos financieros. En cambio, una pausa más larga tiende a endurecer las condiciones financieras.

Trasfondo político en torno a Jerome Powell

El debate sobre las tasas no ocurre en el vacío. También está rodeado de un fuerte componente político, especialmente por la tensión entre la administración Trump y el presidente de la FED, Jerome Powell.

El mandato de Powell como presidente concluye en mayo. Sin embargo, podría verse obligado a permanecer por más tiempo si Kevin Warsh, el nominado de Trump para liderar la Reserva Federal y cuya selección contó con ayuda de Bessent, no logra la confirmación del Senado a tiempo.

El proceso enfrenta un obstáculo político concreto. El senador Thom Tillis, republicano por Carolina del Norte, prometió bloquear una votación sobre Warsh hasta que la fiscal federal Jeanine Pirro concluya su investigación penal sobre Powell relacionada con sobrecostos en edificios de la FED.

Powell ha dicho que esa investigación está diseñada para presionarlo desde la administración Trump por no haber recortado más las tasas. El señalamiento agrega una capa institucional delicada al debate, ya que la independencia de la Reserva Federal suele ser un tema central para la confianza de los mercados.

En la práctica, esto significa que la discusión monetaria en Estados Unidos se mueve hoy en varios frentes a la vez. Está el frente económico, con inflación subyacente moderada y presiones energéticas aún presentes. Está el frente geopolítico, marcado por la guerra con Irán y la posterior caída del petróleo tras un alto el fuego. Y está el frente político, donde la continuidad de Powell y la confirmación de Warsh pueden alterar el tono del debate en los próximos meses.

Por ahora, la postura de Bessent parece resumirse en una fórmula más flexible: sí a los recortes, pero no a cualquier precio ni en cualquier momento. Si la inflación subyacente sigue cediendo y la energía deja de ser una amenaza inmediata, la FED tendría margen para moverse. Si persiste la incertidumbre, la espera seguirá siendo la opción más defendible.


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Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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