El Banco de Inglaterra dejó sin cambios su tasa de referencia en 3.75%, pero el alivio fue limitado. La inflación sigue bajo presión por el encarecimiento de la energía tras la guerra de Irán, mientras la economía británica da señales de debilidad y los mercados todavía contemplan una subida adicional antes de fin de año.
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- El Banco de Inglaterra mantuvo su tasa de interés de referencia en 3.75%, en línea con lo esperado por el mercado.
- La inflación en Reino Unido se ubicó en 2.8% en mayo y el banco advirtió que los altos precios de la energía podrían volver a empujarla al alza.
- Pese al avance diplomático entre Washington y Teherán, los operadores aún apuestan por un aumento de tasas más adelante este año.
📰 El Banco de Inglaterra mantiene sus tasas de interés en 3.75%
La inflación se sitúa en 2.8% mientras la guerra de Irán despliega presión sobre el costo energético.
Economía británica se contrae 0.1% en abril.
A pesar de avances diplomáticos, el mercado espera un posible… pic.twitter.com/rrnXhvOhQ9
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El Banco de Inglaterra decidió mantener este jueves su tasa de interés de referencia en 3.75%, en una señal de cautela frente a una economía que pierde impulso y una inflación que sigue mostrando resistencia.
La decisión coincidió con lo esperado por los economistas consultados por Reuters y reflejó el difícil equilibrio que enfrenta la autoridad monetaria británica entre contener los precios y no profundizar la debilidad del crecimiento.
Dentro del Comité de Política Monetaria no hubo unanimidad total. Siete de los nueve miembros respaldaron la pausa, mientras que Huw Pill, economista jefe del banco, y Megan Greene votaron por un aumento de 25 puntos básicos hasta 4%.
Esa división interna envía una señal relevante al mercado. Aunque la tasa no cambió, persiste dentro del banco una preocupación real por el riesgo de que la inflación vuelva a acelerarse en los próximos meses.
El telón de fondo es el alza de los costos energéticos tras la guerra de Irán. Para Reino Unido, que es importador neto de energía, ese shock externo representa una amenaza especialmente delicada para los precios y para la actividad económica.
Inflación, energía y una economía que pierde fuerza
En su resumen de política monetaria, el Banco de Inglaterra señaló que los precios energéticos bajaron desde el repunte inicial. Sin embargo, advirtió que la guerra ha hecho más difícil anticipar con claridad qué ocurrirá a continuación.
La inflación de Reino Unido se mantuvo en 2.8% en mayo. Según el reporte, el comportamiento de los precios estuvo impulsado en buena parte por el aumento de los costos del combustible para transporte.
Al mismo tiempo, la economía británica se contrajo 0.1% en abril. Ese dato refuerza la idea de una actividad débil, justo cuando las familias y las empresas siguen expuestas a una factura energética más pesada.
La inflación ya se había moderado a 2.8% en abril, pero esa caída fue interpretada como temporal. El ajuste estuvo vinculado a un cambio en el límite regulado de precios de la energía en Reino Unido.
Ese alivio podría durar poco. Se espera que el límite de precios suba 13% más adelante este verano, en un contexto en el que los costos energéticos alcanzarían un máximo de dos años.
Para el banco central, el riesgo principal no es solo el aumento puntual de la energía. El problema es que ese encarecimiento termine trasladándose al resto de la economía y haga más persistente la inflación.
La institución lo resumió con claridad al afirmar que la influencia sobre la economía y la inflación dependerá de cuánto tiempo permanezcan altos los precios de la energía. Esa variable externa escapa al control directo de la política monetaria.
El Banco de Inglaterra añadió que su trabajo no consiste en alterar los precios globales de la energía. Su objetivo, dijo, es evitar que una inflación más alta se prolongue y deje efectos duraderos sobre la economía.
También aseguró que está monitoreando la situación muy de cerca. Esa frase, habitual en momentos de incertidumbre, sugiere que el margen para nuevos movimientos de tasas sigue abierto si el entorno empeora.
La guerra de Irán sigue pesando sobre los mercados
La presión sobre la energía ha estado ligada al conflicto en Irán, que mantuvo elevados los precios del petróleo. Un factor clave ha sido el cierre efectivo del Estrecho de Ormuz, una ruta crítica para el transporte global de crudo.
Ese cuello de botella elevó la preocupación de inversionistas y autoridades monetarias en varias economías. Para países dependientes de importaciones energéticas, como Reino Unido, el impacto potencial es mayor y más inmediato.
En las últimas horas surgió una señal diplomática relevante. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, firmaron electrónicamente el miércoles un memorando de entendimiento de 14 puntos.
Ese documento busca sentar las bases para un acuerdo de paz duradero que ponga fin a la guerra de cuatro meses. Aun así, el alivio geopolítico no fue suficiente para convencer por completo a los mercados.
Según cifras de LSEG citadas antes de la reunión, los operadores seguían asignando una probabilidad de 96% a que el Banco de Inglaterra mantuviera su tasa clave sin cambios. Esa previsión terminó cumpliéndose.
Pero el dato más llamativo fue otro. Pese al avance entre Washington y Teherán, el mercado todavía apuesta a que el banco central británico elevará las tasas hacia el cierre de este año.
La lectura implícita es que los inversionistas no consideran resuelto el shock inflacionario. Incluso con perspectivas de paz, la energía puede tardar en normalizarse y sus efectos secundarios podrían permanecer por más tiempo.
En la reunión previa de abril, el Comité de Política Monetaria ya había votado por mantener la tasa en 3.75%. El encuentro de este jueves, por tanto, confirmó una estrategia de espera, aunque bajo una tensión creciente.
Los bancos centrales endurecen el tono ante la crisis energética
La decisión del Banco de Inglaterra no ocurrió en aislamiento. Llega después de que la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos también optara por dejar sin cambios sus tasas, con la de fondos federales en un rango de 3.5% a 3.75%.
Ese resultado también estaba previsto por el mercado. Sin embargo, los inversionistas reaccionaron con inquietud a la primera reunión de Kevin Warsh como presidente de la Fed, debido a algunas señales interpretadas como hawkish.
Tras esa lectura más dura, los principales promedios bursátiles cayeron. El episodio dejó claro que la sensibilidad del mercado frente a cualquier indicio de inflación persistente sigue siendo muy alta.
En Europa, el Banco Central Europeo tomó una ruta más agresiva la semana pasada. Se convirtió en el primer gran banco central en elevar su tasa clave en respuesta a la crisis energética derivada de la guerra de Irán.
Japón también se sumó al giro restrictivo. El Banco de Japón elevó el martes su tasa de política al 1%, su nivel más alto en 31 años.
Ese patrón internacional añade presión sobre Londres. Aunque el Banco de Inglaterra eligió esperar, lo hizo dentro de un ciclo global en el que otras autoridades monetarias han mostrado mayor disposición a endurecer las condiciones financieras.
Para quienes siguen mercados, divisas y activos de riesgo, este entorno importa más allá del Reino Unido. Tasas más altas o más persistentes suelen afectar la valuación de acciones, bonos, materias primas y también de bitcoin y otras criptomonedas.
Cuando la liquidez se encarece, los inversionistas suelen volverse más selectivos. Por eso, incluso una pausa como la anunciada por el banco británico puede ser leída como un mensaje ambiguo si la inflación energética no cede pronto.
En síntesis, la autoridad monetaria británica optó por no mover la tasa hoy, pero no ofreció una señal clara de relajación. El mercado salió con la idea de que la batalla contra la inflación todavía no está ganada.
Con una economía que se contrajo 0.1% en abril, una inflación de 2.8% en mayo y un esperado aumento de 13% en el límite de precios energéticos este verano, el margen de maniobra del Banco de Inglaterra luce cada vez más estrecho.
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Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA.
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