La advertencia del CEO de Saudi Aramco eleva la preocupación sobre el mercado energético mundial: el cierre del estrecho de Ormuz, recortes de producción por millones de barriles y el cierre de refinerías en Medio Oriente amenazan con extender una crisis que ya golpea al transporte, los seguros y varias industrias clave.
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- Amin Nasser, CEO de Saudi Aramco, dijo que una interrupción prolongada del suministro tendría consecuencias catastróficas para el mercado petrolero y la economía global.
- Aramco está aumentando el flujo por el oleoducto Este-Oeste, con capacidad de hasta 7 millones de barriles diarios, para evitar el estrecho de Ormuz.
- Los recortes de producción en Arabia Saudita, Irak, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos ya suman cerca de 6,7 millones de barriles diarios.
El CEO de Saudi Aramco, Amin Nasser, advirtió que nuevas interrupciones en el suministro energético global podrían tener efectos “catastróficos” si la crisis en Medio Oriente continúa escalando. Su mensaje llegó en un momento en que el mercado petrolero intenta digerir tanto la volatilidad de los precios como el deterioro de la infraestructura y la logística regional.
De acuerdo con la información reportada por Yahoo Finance, Nasser describió la guerra de Irán como “la mayor crisis que ha enfrentado la industria petrolera y de gas de la región”. La declaración no solo apunta al conflicto militar, sino al daño acumulado sobre rutas marítimas, seguros, refinación y capacidad de producción.
Para lectores menos familiarizados con este mercado, el petróleo sigue siendo una pieza central de la economía global. Su impacto no se limita a combustibles para vehículos. También influye en costos de transporte, manufactura, aviación, agricultura y cadenas industriales enteras, por lo que cualquier choque de oferta suele repercutir rápidamente en inflación, comercio y expectativas financieras.
Nasser sostuvo que la disrupción ya provocó una fuerte reacción en cadena. Según explicó, no solo se han resentido el transporte marítimo y los seguros, sino que también hay un “efecto dominó drástico” en la aviación, la agricultura, la industria automotriz y otros sectores. En su opinión, mientras más se prolongue el problema, más severas serán las consecuencias para la economía mundial.
El estrecho de Ormuz y el intento de desviar el flujo
Uno de los puntos más delicados de la crisis es el estrecho de Ormuz, una vía estratégica por la que circula cerca del 20% de los flujos mundiales de petróleo. El paso permanece cerrado al tráfico, un hecho que mantiene viva la tensión sobre la disponibilidad física de crudo aun cuando los precios han retrocedido desde sus máximos recientes.
Frente a esa situación, Saudi Aramco está aumentando el volumen de crudo que envía a través del oleoducto Este-Oeste, que cruza Arabia Saudita hasta el Mar Rojo. Se trata de una de las dos grandes infraestructuras disponibles para evitar el estrecho de Ormuz, y su papel se ha vuelto clave para sostener parte del suministro regional.
Nasser indicó que ese oleoducto tiene capacidad para mover hasta 7 millones de barriles por día. También dijo que Aramco debería alcanzar ese techo “en un par de días”. La afirmación sugiere que la empresa está tratando de compensar, al menos de forma parcial, los cuellos de botella que deja el cierre de la ruta marítima más sensible de la zona.
El ejecutivo agregó otro dato importante para el mercado. Si Aramco tuviera que reducir su producción al volumen que puede canalizar por el oleoducto Este-Oeste, es decir, 7 millones de barriles diarios, la empresa podría volver a sus niveles normales de producción “en días y no semanas”. Esa referencia fue interpretada como una señal potencialmente favorable para inversionistas preocupados por interrupciones más largas.
Precios volátiles, pero persiste el problema físico
Los futuros del Brent, referencia internacional, cotizaban alrededor de USD $87,60 por barril, mientras que el West Texas Intermediate, o WTI, se negociaba cerca de USD $90 por barril. Ambos contratos habían abierto por encima de USD $100 el domingo por la noche, después de los ataques de Estados Unidos e Israel sobre Irán.
Más tarde, los dos marcadores llegaron a rondar los USD $119 por barril antes de desplomarse el lunes. El giro se produjo luego de que el presidente Trump dijera que creía que el conflicto podría terminar pronto, lo que desató una venta acelerada de la llamada prima de guerra incorporada en los precios.
Sin embargo, el alivio en los futuros no resuelve por sí solo los obstáculos materiales del mercado. La caída desde los máximos refleja un ajuste en expectativas, pero no elimina cierres de puertos, problemas de refinación ni las limitaciones logísticas derivadas del bloqueo del estrecho de Ormuz y de los ataques en la región.
Ese matiz es importante para analistas e inversionistas. En los mercados de materias primas, un precio puede bajar por expectativa política mientras la oferta real sigue restringida. Esa desconexión entre cotización y disponibilidad física suele aumentar la incertidumbre, en especial cuando hay infraestructura crítica fuera de servicio.
Cierres de refinerías y pérdida de producción
La presión no proviene únicamente del transporte marítimo. El martes por la mañana, Emiratos Árabes Unidos anunció que estaba dejando fuera de línea su refinería de Ruwais como medida de precaución tras ataques aéreos. La instalación puede procesar alrededor de 900.000 barriles diarios de petróleo, por lo que su pausa añade más tensión al sistema regional.
El cierre de Ruwais se suma a otros ya registrados en Medio Oriente. A comienzos de la semana, Bahréin cerró su refinería Bapco Energies, la única instalación de ese tipo en el país. Estas decisiones reflejan que la crisis ya no se limita a una amenaza geopolítica abstracta, sino que está impactando activos energéticos concretos.
En los campos petroleros, la magnitud del golpe también es considerable. Las reducciones de producción en Arabia Saudita, Irak, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos suman ahora cerca de 6,7 millones de barriles por día perdidos. Esa cifra equivale a aproximadamente el 6% del suministro global, un nivel que por sí solo puede alterar balances de oferta y demanda.
Cuando una porción tan relevante del bombeo mundial se ve afectada en pocos días, los efectos suelen extenderse más allá del petróleo. El costo del transporte, la generación de electricidad en algunos mercados y la producción de bienes intensivos en energía pueden resentirse rápidamente, especialmente si las empresas enfrentan seguros más caros o rutas comerciales más largas.
Escalada militar y riesgo económico global
Las declaraciones desde Washington no ayudaron a moderar el nerviosismo. La administración Trump apuntó a una nueva intensificación de las tensiones, en contraste con la expectativa previa de una desescalada. El martes por la mañana, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, dijo que sería el “día de ataques más intensos hasta ahora”.
Ese comentario refuerza el temor de que la crisis todavía no haya alcanzado su punto máximo. En ese contexto, la advertencia de Aramco adquiere un peso mayor, ya que proviene del principal exportador de crudo del planeta y de una empresa que opera en el corazón de la infraestructura energética de la región.
Para los mercados financieros, este tipo de episodios suele traducirse en una combinación de volatilidad, cobertura defensiva y reevaluación del riesgo geopolítico. Aunque el artículo original no aborda el impacto sobre bitcoin o activos digitales, un shock petrolero prolongado tiende a influir en inflación, tasas y apetito global por riesgo, variables que también afectan a los mercados cripto.
Por ahora, el mensaje central de Nasser es claro. Mientras el estrecho de Ormuz siga cerrado, las refinerías continúen suspendiendo operaciones y millones de barriles diarios permanezcan fuera del mercado, la posibilidad de un deterioro económico más amplio seguirá sobre la mesa. La presión ya no recae solo sobre el precio del barril, sino sobre la estabilidad de varias industrias conectadas con la energía.
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