Por Canuto  

Tony Xu afirma que los agentes de IA podrían aumentar la demanda de entregas físicas y de repartidores humanos, mientras DoorDash combina Dashers, robots y drones en una misma red logística.
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  • El CEO de DoorDash sostiene que los agentes de IA pueden automatizar tareas digitales y también generar más compras y entregas.
  • La empresa prueba robots autónomos, drones y repartidores humanos, y su plataforma decide quién debe completar cada pedido.
  • DoorDash lanzó en septiembre un agente de pedidos dentro de Apple Messages que puede usar el historial, las preferencias y el método de pago del usuario.

 


La inteligencia artificial también necesita una red física

Los agentes de inteligencia artificial podrían aumentar, y no reducir, la demanda de repartos y de mano de obra humana. Esa es la tesis de Tony Xu, cofundador y director ejecutivo de DoorDash, quien sostuvo que la automatización de tareas en internet puede generar más encargos que requieren una intervención en el mundo físico. El empresario habló el miércoles en Wave by Vento, un encuentro celebrado en Turín, durante una sesión sobre la creación de la compañía.

Xu planteó que los agentes quizá ya superan a las personas en la cantidad de tareas que realizan en línea, pero que su utilidad depende de resolver solicitudes frecuentes y repetitivas. Entre ellas mencionó actividades cotidianas como hacer compras, pedir comida, recoger objetos o devolver productos, acciones que no se completan solo con una respuesta digital. En su lectura, cuanto más se utilicen estos sistemas para organizar la vida diaria, más servicios físicos podrían necesitar, detalla un reporte publicado por TNW.

La consecuencia, dijo, sería una mayor demanda de redes logísticas y de trabajadores capaces de llevar a cabo las tareas que los programas no pueden ejecutar por sí solos. Esa perspectiva contrasta con el temor de que la automatización necesariamente desplace empleo: Xu no afirmó que la IA garantice nuevos puestos, sino que puede ampliar el volumen de actividades que requieren una entrega o una gestión presencial. La propuesta depende, por tanto, de que los usuarios efectivamente deleguen más encargos en esos agentes.

DoorDash lanzó en septiembre un agente de IA que permite hacer pedidos mediante mensajes de texto en Apple Messages. Según la información sobre la herramienta, los usuarios en Estados Unidos pueden vincular su número de teléfono y el asistente puede recurrir a su historial, preferencias y método de pago. No se han ofrecido cifras sobre su adopción. Xu conversó en el evento con Diego Piacentini, miembro del consejo de DoorDash desde mayo de 2023 y antiguo vicepresidente sénior de Amazon; la pantalla de la sesión también lo identificó como asesor de Vento, organizador del encuentro.

Un comienzo basado en entregas propias y pruebas rápidas

Xu explicó que DoorDash no nació con el reparto de comida como objetivo final, sino con la intención de ayudar a los pequeños negocios locales. Entre los ejemplos que dieron sentido a esa misión está el de su madre, quien se mudó de China a Estados Unidos. Según relató, en 2013 casi ningún restaurante estadounidense ofrecía entregas a domicilio, una limitación que llevó a los fundadores a probar el servicio en lugar de esperar a que existiera una red establecida.

El equipo comenzó haciendo las entregas por su cuenta, con sus propios automóviles económicos, mientras estudiaba en Palo Alto. Xu dijo que completaron las primeras cientos de entregas y continuaron con ese trabajo durante dos años. Esa etapa les permitió enfrentarse directamente a las necesidades de los comercios y de los clientes, en vez de construir la empresa a partir de supuestos sobre cómo debía funcionar el reparto.

La incertidumbre también marcó las proyecciones iniciales. En la solicitud de DoorDash a Y Combinator, Xu estimó que la compañía tendría USD $100 millones en ingresos durante su séptimo año, una cifra que calificó como inventada porque no disponía de datos suficientes; según dijo, la estimación terminó equivocándose por un par de órdenes de magnitud. Su conclusión fue que, cuando faltan referencias, una empresa necesita formular una hipótesis, lanzar una propuesta pronto y recopilar información del mercado.

Ese enfoque sigue presente en la manera en que DoorDash permite experimentar, de acuerdo con Xu. La empresa mantiene bajas las apuestas de cada prueba para que cualquier persona del equipo pueda presentar una idea a los clientes sin pedir autorización previa. El principio no elimina el riesgo de equivocarse, pero busca que los errores sean acotados y que la compañía aprenda con rapidez antes de comprometer recursos mayores.

Una plataforma para repartir entre personas, robots y drones

DoorDash trabaja con distintas opciones de entrega, entre ellas su robot Dot, que puede circular por la calzada, los carriles para bicicletas y las aceras. Xu lo describió como el primer vehículo autónomo comercial de su tipo en el mundo y afirmó que ya opera en Phoenix. También aseguró que ha realizado entregas reales a decenas de miles de clientes, aunque la fuente no precisa un desglose de pedidos ni el periodo considerado.

El desarrollo de estos vehículos, advirtió Xu, no equivale únicamente a diseñar un robot. A su juicio, construir un sistema autónomo supone afrontar desafíos propios de entre tres y cinco empresas, porque requiere software, hardware, permisos y políticas, además de operaciones para ponerlo en marcha. Los vehículos pueden averiarse y, cuando eso ocurre, alguien debe acudir a rescatarlos; ese trabajo muestra por qué la automatización logística todavía depende de equipos y procedimientos humanos.

En septiembre, DoorDash también presentó su propio sistema de drones, mientras que Deliveroo comenzó el lunes a desplegar robots de reparto en aceras de cinco ciudades del Reino Unido. El anuncio de otra compañía sirve como señal de que el uso de vehículos autónomos para entregas se está explorando en más de un mercado, pero no prueba que las soluciones tengan el mismo alcance o desempeño. Xu insistió en que el componente decisivo para DoorDash no es un vehículo aislado, sino la plataforma que coordina el servicio.

Para cada pedido, esa plataforma determina si conviene asignarlo a un robot terrestre, a un dron o a un Dasher humano, y también contempla que una persona y una máquina compartan una ruta. El criterio que Xu atribuyó a los clientes es práctico: no les interesa qué tecnología hizo posible la entrega, sino recibir lo que pidieron. Esa prioridad obliga a evaluar las opciones por su capacidad de completar el encargo, en lugar de presentar la autonomía como un fin independiente de la experiencia del usuario.

Aprender cada ciudad y ampliar la última milla

DoorDash opera en 40 países y, según Xu, tuvo que aprender de nuevo cómo funciona cada mercado. Las diferencias no son solo culturales: ciudades como Roma, Turín y Londres tienen calles que no siguen una cuadrícula, viviendas más densas y una mayor proporción de apartamentos. Además, cuentan con muchos restaurantes y tiendas pequeños, a menudo familiares, características que exigen adaptar la operación en vez de aplicar sin cambios un modelo concebido para Estados Unidos.

El ejecutivo fijó un horizonte de cinco años para que DoorDash se convierta en una red de última milla capaz de entregar cualquier cosa. Como argumento, señaló que cada ciudad contiene decenas de millones de artículos y que ningún producto digital sabe todavía dónde se encuentra cada uno. La ambición amplía el foco más allá de los restaurantes, aunque Xu no detalló qué categorías de productos priorizaría ni cómo mediría el cumplimiento de esa meta.

La escala urbana ayuda a explicar por qué la empresa apuesta por combinar distintas modalidades de entrega. Un robot, un dron y un repartidor pueden tener funciones diferentes según las calles, la densidad residencial y la ubicación de los comercios; la plataforma debe decidir cuál responde mejor a cada pedido. Esa coordinación es una pieza central de la visión de Xu, pero también implica resolver permisos locales, operación cotidiana y atención a las fallas, no solo sumar vehículos al sistema.

Al hablar de sus errores, Xu dijo que la mayoría ocurrió cuando no confió en su intuición, tanto al tomar decisiones sobre productos como al contratar personal. También forma parte del consejo de Meta y comentó que los mejores consejeros hacen preguntas difíciles sin comportarse como si dirigieran la compañía. Según explicó, los fundadores pueden dedicar 70 horas semanales o más a sus empresas, mientras que los miembros de un consejo suelen invertir unas 10 horas por trimestre, una diferencia que define sus responsabilidades.

Piacentini aportó otra perspectiva sobre la operación al señalar que DoorDash mide sus márgenes en puntos básicos, lo que obliga a vigilar los detalles y evitar el desperdicio. Construir un negocio con márgenes bajos resulta muy difícil, dijo, y esa presión ayuda a entender por qué la eficiencia importa tanto como la innovación tecnológica. Para la compañía, el reto no consiste únicamente en desplegar IA, robots o drones, sino en hacer que cada pedido llegue de forma confiable dentro de una economía operativa ajustada.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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